Curso de Extensión Universitaria «Arte y Salud».

En el año 2009, en el contexto de la obra Realidad, arte y conocimiento. La deriva estética tras el pensamiento contemporáneo, editada por Horsori y prologada por Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina, se hacía referencia a la trascendencia de la obra de Henri Maldiney en el panorama de la teoría estética contemporánea:

«Henri Maldiney y Jacques Garelli, cada uno desde una óptica sutil diferente y desde los mismos presupuestos de partida, desarrollarán una teoría estética de marcado carácter fenomenológico. En el caso de Maldiney, sus últimas obras Penser l´homme et la folie, L´art, l´Éclair de l´être y Ouvrier le rien: l’art nu[1], mostrarán cómo el fenómeno se manifiesta en la obra de Arte. De este modo, desde las conclusiones expuestas en los citados textos de Husserl, Maldiney definirá el Arte como la “verdad del sentir”, partiendo de que el «ritmo» es la “verdad de la aisthesis[2]. El aparecer, el fenómeno, encontrará su explicitación en las nociones de «forma» y de «ritmo». El sentido propio de la fenomenología quedará expresado en su relación con la naturaleza de la experiencia estética: «Le propre de la phénoménologie, c´est de dévoiler l´être des phénomènes à partir d´eux-mêmes»[3]. En su obra podremos advertir dos sentidos de la noción de fenómeno: en primer lugar, el sentido de la palabra griega phainesthai, en tanto aparecer sin un «il y a» previo, sin un «en-deçà»; en segundo lugar, el fenómeno como acontecimiento, como apertura, «n´est pas ce qui se produit dans un monde, il ouvre un monde»[4]. En este último sentido, hablaremos de un “campo de tensiones” irreconciliables formado por diferentes acontecimientos, estallidos, rupturas, encuentros, modulaciones, de los cuales unos, equivalentes, estarán en resonancia en el espacio, mientras que otros, opuestos, estarán en cambio recíproco y total a través de una duración monádica. El «ritmo» les conferirá su dimensión formal, o lo que es lo mismo la dimensión según la cual una «forma» se forma: «En cela ils sont intégrés à un espace unique, dont le genèse rythmique, seule, les fait formes»[5]. Su concepto de «transpossibilité», en tanto transposición arquitectónica de puras posibilidades, será decisivo para enteder la resonancia misma de los procesos de generación de sentidos. La noción de «mutación» expresará este acontecimiento del aspecto del mundo en su estado naciente, de un mundo no-objetivo. Mientras el «signo» y la «imagen» serán momentos “gnósicos”, la «forma» será el momento “fático”, que se concretará en el espacio artístico, siempre en formación (Gestaltung). De este modo, la noción de «ritmo» será la noción central de la estética fenomenológica de Henri Maldiney. Ya en su obra de 1973, Regard, Parole, Espace, en su capítulo titulado «L´esthétique des rytmes», describirá esta noción que, posteriormente, veinte años después, aparecerá en su trabajo L´art, l´Éclair de l´être, bajo la definición de su propia condición inobjetivable: «Le rytme est l´articulation du soufle»[6]

Henri Maldiney (1912-2013) fue un filósofo francés de trayectoria singular, uno de los introductores y desarrolladores más originales de la fenomenología en lengua francesa, cuya obra madura llegó tarde pero con una densidad que hoy se reconoce como excepcional. Nacido el 4 de agosto de 1912 en Meursault, en la Borgoña, y criado en la región de Franche-Comté, realizó sus estudios secundarios como becario en el liceo de Besançon antes de ingresar en la École Normale Supérieure de París, donde se formó con figuras como Léon Brunschvicg, Jean Cavaillès y Maurice Merleau-Ponty. Tras obtener la agregación en filosofía, comenzó su carrera docente en Briançon en 1938; la guerra interrumpió su trayectoria, siendo hecho prisionero entre 1940 y 1945.

Al terminar el conflicto, se trasladó a Bélgica para enseñar en el Instituto de Altos Estudios de Gante (1945-1955) y, poco después, se instaló en la Universidad de Lyon, donde ocupó, hasta su jubilación en 1980, la cátedra de Filosofía general, Antropología fenomenológica y Estética. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, Maldiney no publicó su primer libro hasta 1973, con Regard Parole Espace, obra que abrió una serie de títulos en los que entrelazó filosofía, arte, lenguaje y experiencia de los límites de la existencia. Esta tardanza editorial no refleja inactividad, sino una práctica centrada durante décadas en la enseñanza y en la elaboración oral de un pensamiento que, al pasar a la escritura, conservó un tono propio, tenso y exigente.

Su filosofía se nutre de la tradición clásica —Platón, Kant, Hegel, Schelling— y, de manera decisiva, de la fenomenología de Husserl y Heidegger, así como de la psicopatología fenomenológica de Ludwig Binswanger, Erwin Straus y Roland Kuhn. Desde estas fuentes, Maldiney construyó una reflexión sobre la existencia que pone en el centro la experiencia del sentir, la apertura al mundo y la ruptura de la oposición rígida entre sujeto y objeto. Conceptos como “transposibilidad” y “transpasibilidad” —tomados y reelaborados a partir de la obra de Straus— le permitieron describir modos de relación con el mundo en los que el sujeto no se limita a representar, sino que se deja afectar y transformar por lo que encuentra, especialmente en el arte y en la poesía.

El arte ocupa un lugar central en su obra. Maldiney leyó con atención a Cézanne y, sobre todo, al pintor Pierre Tal Coat, así como a los poetas Francis Ponge y André Du Bouchet, viendo en sus obras una puesta en acto de esa “verdad del sentir” que la filosofía debe intentar pensar sin traicionar. Títulos como Le legs des choses dans l’œuvre de Francis Ponge (1974), Aîtres de la langue et demeures de la pensée (1975), Art et existence (1985), L’Art, l’éclair de l’être (1993) o Ouvrir le rien, l’art nu (2000) trazan un recorrido en el que la pintura y la poesía no son meros ejemplos, sino terrenos privilegiados donde la existencia se revela en su fragilidad y su fuerza creadora.

Paralelamente, Maldiney desarrolló una reflexión profunda sobre la locura y los modos “deficientes” de existir. En Penser l’homme et la folie (1991) reunió estudios en los que la enfermedad mental no se reduce a un déficit, sino que se aborda como un flaqueamiento de las modalidades de existencia que, paradójicamente, puede iluminar aspectos oscuros de la condición humana. Esta dimensión antropólogica y psicopatológica completa su estética: en ambos campos se trata de pensar cómo el ser humano se abre al mundo, cómo esa apertura puede quebrarse y cómo, aun en la crisis, puede surgir algo nuevo.

A pesar de la fuerza de su pensamiento, Maldiney permaneció relativamente al margen de los circuitos mediáticos y de las modas intelectuales. Fue, ante todo, un maestro: sus cursos en Gante y Lyon marcaron a varias generaciones de filósofos, artistas y psicólogos, entre ellos nombres como Gilles Deleuze, Françoise Dastur o Thierry Paquot, que reconocieron en él una autoridad discreta pero intensa. Solo en las últimas décadas de su vida, y especialmente a partir de las reediciones de sus textos principales hacia 2012, su obra comenzó a ser redescubierta y valorada como una de las más rigurosas de la filosofía francesa de la segunda mitad del siglo XX.

Henri Maldiney murió el 6 de diciembre de 2013 en Montverdun, con casi cien años, sin gran ruido mediático, pero dejando una obra que invita a repensar la relación entre filosofía, arte y existencia desde una exigencia de verdad entendida como experiencia vivida y no como sistema cerrado. Su legado sigue abierto, sobre todo para quienes buscan en la filosofía no solo conceptos, sino un modo de estar en el mundo que acepte el riesgo, el temblor y la posibilidad de que algo nuevo advenga en medio de la crisis.

Henri Maldiney establece unas relaciones profundas entre el arte y la patología mental al cuestionar el enfoque objetivante y clasificatorio de la psiquiatría clásica, proponiendo una comprensión existencial y fenomenológica del padecimiento, fundada en la singularidad de la experiencia y la apertura afectiva al mundo. Articula estas ideas a través de la noción de “transpasibilidad”, donde la experiencia del cuerpo sentido se revela como el medio originario de comunicación con lo real, más allá de la mediación simbólica, y donde la dimensión artística comparte con la patología la capacidad de desestructurar y crear sentido.

Arte y Patología en Maldiney

Maldiney critica la reducción de la enfermedad mental a categorías nosológicas, rescatando el valor del testimonio y la unicidad de la vivencia del paciente, en oposición al discurso objetivante de la ciencia psiquiátrica.

Para Maldiney, el arte constituye una zona de experiencia donde la existencia humana se revela en su capacidad de apertura, vulnerabilidad y ritmo, que también son centrales en la vivencia psicopatológica. La estética se vincula así a la autogénesis del sentido y a la irrupción de lo real, en un “dónde” propio de la experiencia que permite recomponer la relación del sujeto con el mundo afectivo, tal como ocurre en la recuperación creativa ante la psicosis o el sufrimiento mental.

Tanto en el arte como en la patología, lo que está en juego es la posibilidad de la presencia y la emergencia del sentido, y no su mera representación simbólica. Por ello, Maldiney señala la comunidad estructural entre los estados afectivos y las formas simbólicas, pero subraya que la comprensión ha de ser constitutiva de la presencia y no codificada racionalmente.

Fenomenología del cuerpo en Maldiney

La fenomenología del cuerpo, influida por Husserl y Merleau-Ponty, y desarrollada por Maldiney, pone el acento en la corporalidad no como mera motricidad, sino como “inmovilidad tensionada”, es decir, como textura afectiva que posibilita nuestra vinculación espontánea y comunicativa con el mundo. El cuerpo es un ser rítmico y abierto, cuya vivencia se da en el flujo de la existencia y no en una cristalización estática.

En este marco, el arte tiene la capacidad de reactivar el ritmo propio del cuerpo, restituir su apertura, y por ello puede funcionar como vía de reconstitución existencial para el sufrimiento psíquico: tanto arte como patología manifiestan el riesgo y la posibilidad del acontecimiento.

La “transpasibilidad” (posibilidad de ser afectado, abierto), que Maldiney destaca como constitutiva de lo humano, se expresa corporalmente en la experiencia artística y en la patológica. En ambas se produce una apertura ontológica al acontecimiento y al sentido, donde el cuerpo es espacio de vulnerabilidad y emergencia del sentido existencial.

Relación entre arte, patología y fenomenología del cuerpo

Maldiney conecta el proceso artístico y el padecimiento psíquico como modos privilegiados donde la estructura significante y la existencia se entrelazan directamente, sin intermediación simbólica ni racionalización excesiva. El arte no “cura” en el sentido médico, pero abre el espacio para la recomposición de la presencia y el sentido, donde se inscribe el cuerpo en su apertura rítmica y afectiva.

El modo en que el cuerpo se habita y se expresa artística o patológicamente es para Maldiney el indicador del grado de apertura existencial, el lugar donde la fenomenología de la corporalidad permite pensar la emergencia creativa ante el trauma o el desarraigo psíquico.

Maldiney entiende que tanto el arte como la patología revelan dimensiones profundas de la experiencia corporal y afectiva, constituyendo zonas de riesgo y apertura donde la fenomenología del cuerpo permite comprender la emergencia del sentido y la presencia en lo humano.

[1] Maldiney, H. Penser l´homme et la folie, Millon, Grenoble, 1977; L´art, l´Éclair de l´être, Collection Scalène, Éditions Comp´Act, París, 1993; Ouvrier le rien: l’art nu, Encre Marine, París, 2000.

[2] Maldiney, H. Regard, Parole, Espace, L´Âge d´homme, París, 1973; p. 153.

[3] Maldiney, H. L´art, l´Éclair de l´être, op. cit., p. 261.

[4] Maldiney, H. op. cit., p. 21.

[5] Maldiney, H. op. cit., p. 131.

[6] Maldiney, H. op. cit., pp. 362 y ss.

Bibliografía

Maldiney, H. (1973). Regard, parole, espace. Lausanne: L’Âge d’Homme.

Maldiney, H. (1974). Le legs des choses dans l’œuvre de Francis Ponge. Lausanne: L’Âge d’Homme.

Maldiney, H. (1975). Aîtres de la langue et demeures de la pensée. Lausanne: L’Âge d’Homme.

Maldiney, H. (1985). Art et existence. Paris: Klincksieck.

Maldiney, H. (1988). In media vita. Seyssel: Comp’Act.

Maldiney, H. (1990). L’espace du livre. La Sétérée: Éditions La Sétérée.

Maldiney, H. (1991). Penser l’homme et la folie: À la lumière de l’analyse existentielle et de l’analyse du destin. Grenoble: Jérôme Millon.

Maldiney, H. (1993). L’art, l’éclair de l’être. Seyssel: Comp’Act.

Maldiney, H. (1993). Le vouloir dire de Francis Ponge. La Versanne/Fougères: Encre marine.

Maldiney, H. (1995). Aux déserts que l’histoire accable: L’art de Tal Coat. La Versanne/Fougères: Deyrolle.

Maldiney, H. (1997). Avènement de l’œuvre. Saint-Maximin: Théétète.

Maldiney, H. (1999). L’avènement de la peinture dans l’œuvre de Bazaine. La Versanne/Fougères: Encre marine.

Maldiney, H. (2000). Ouvrir le rien: L’art nu. La Versanne/Fougères: Encre marine.

Maldiney, H. (2001). Existence: Crise et création. La Versanne/Fougères: Encre marine.

Maldiney, H. (2007). Penser l’homme et la folie: À la lumière de l’analyse existentielle et de l’analyse du destin (3.ª ed.). Grenoble: Jérôme Millon.

Maldiney, H. (2010). Ouvrir le rien: L’art nu (reed.). Paris: Les Belles Lettres.

Maldiney, H. (2012). Regard, parole, espace (reed.). Paris: Les Éditions du Cerf.

Maldiney, H. (2012). Le legs des choses dans l’œuvre de Francis Ponge (reed.). Paris: Les Éditions du Cerf.

Maldiney, H. (2012). Aîtres de la langue et demeures de la pensée (reed.). Paris: Les Éditions du Cerf.

Maldiney, H. (2012). L’art, l’éclair de l’être (reed.). Paris: Les Éditions du Cerf.

Maldiney, H. (2013). In media vita (reed.). Paris: Les Éditions du Cerf.

Maldiney, H. (2013). Aux déserts que l’histoire accable (reed.). Paris: Les Éditions du Cerf.

Maldiney, H. (2022). Espace, rythme, forme: Les concepts fondamentaux d’une philosophie de l’art. Paris: Les Éditions du Cerf.

Maldiney, H. (2025). Art et pathologie: Écrits et conférences 1 (A. Jdey, Ed.). Grenoble: Jérôme Millon.