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16 01, 2021

Merleau-Ponty. El mundo percibido: el Espacio

2021-01-16T23:27:34+01:00

Exploration du monde perçu: l´Espace. El mundo percibido: el Espacio, Maurice Merleau-Ponty, Revista RIFF-RAFF, Zaragoza, 2008.

[Este texto pertenece al conjunto de lecciones que el autor impartió a través de Radio France, difundidas en la emisora Programa Nacional de la Radiodifusión Francesa (RDF), en los últimos meses de 1948, y conservadas por el INA (Institut national de l’audiovisuel) para el uso de investigadores  y profesionales.]    

 

INA

Radiodifusión

1.

Exploración del mundo percibido: el Espacio

Maurice Merleau-Ponty, 1948.

A menudo se ha comentado que el pensamiento y el arte modernos son difíciles: es más difícil comprender y apreciar a Picasso que a Poussin o Chardin, a Giraudoux o  Malraux que a Marivaux o Stendhal. Y a veces se ha concluido de esto (como M. Blenda en La France byzantinne[1]) que los escritores modernos eran bizantinos, difíciles solamente porque no tenían nada que decir y reemplazaban el arte por la sutilidad. No hay juicio más equivocado que éste. El pensamiento moderno es difícil, defiende lo contrario del sentido común, porque tiene la preocupación por la verdad, y la experiencia, honestamente, no le permite aferrarse más a las ideas claras o simples a las que el sentido común se empeña sólo por el hecho de que le proporcionen tranquilidad.

 

[…]

 

De este obscurecimiento de las nociones más simples, de esta revisión de los conceptos clásicos que en nombre de la experiencia persigue el pensamiento moderno, querría hoy encontrar un ejemplo en la idea que parece, en primer lugar, la más clara de todas: la idea de espacio. La ciencia clásica se funda sobre una distinción clara del espacio y del mundo físico. El espacio es el medio homogéneo donde las cosas están distribuidas según tres dimensiones, y donde conservan su identidad a pesar de todos los cambios de lugar. Hay muchos casos en los que, por haber desplazado un objeto, se ve que sus propiedades cambian, como, por ejemplo, el peso si se transporta el objeto del polo al ecuador, o la forma, si el aumento de la temperatura deforma el sólido. Pero justamente estos cambios de propiedades no son imputables al desplazamiento mismo, el espacio es el mismo en el polo que en el ecuador, son las condiciones físicas de temperatura las que varían aquí y allá, el dominio de la geometría queda rigurosamente distinto del de la física, la forma y el contenido del mundo no se mezclan. Las propiedades geométricas del objeto seguirían siendo las mismas en el curso de su desplazamiento, de no ser por las condiciones físicas variables a las que se encuentra sometido. Tal era el presupuesto de la ciencia clásica. Todo cambia cuando, con las geometrías llamadas no-euclídeas, se llega a concebir el espacio como una curvatura propia, una alteración de las cosas por el solo hecho de su desplazamiento, una heterogeneidad de las partes del espacio y de sus dimensiones que ya no son substituibles unas por otras y afectan a los cuerpos que se desplazan a través de ciertos cambios. En lugar de un mundo donde la parte de lo idéntico y la del cambio están estrictamente delimitadas y referidas a principios diferentes, tenemos un mundo donde los objetos no sabrían encontrarse consigo mismos en una identidad absoluta, donde forma y contenido están como embrollados y mezclados y que, finalmente, no ofrece más esta rígida armadura que le proporcionaba el espacio homogéneo de Euclides. Se vuelve imposible distinguir rigurosamente el espacio y las cosas en el espacio, la pura idea del espacio y el espectáculo concreto que nos dan nuestros sentidos.

 

[…]

 

Las investigaciones de la pintura moderna curiosamente concuerdan con las de la ciencia. La enseñanza clásica distingue el dibujo y el color[2]: se dibuja el esquema espacial del objeto, después se le llena de colores. Cézanne, por el contrario, dice: «a medida que se pinta, se dibuja»[3] —queriendo decir que ni en el mundo percibido ni sobre el cuadro[4] que lo expresa, el contorno y la forma del objeto son estrictamente distintos del acabado o la alteración de los colores, de la modulación coloreada que debe contener todo: forma, color propio, fisonomía del objeto, relación del objeto con los objetos vecinos—. Cézanne quiere engendrar el contorno y la forma de los objetos tal como la naturaleza los engendra bajo nuestros ojos: por la disposición de los colores. Y de ahí procede que la manzana que pinta, estudiada con una infinita paciencia en su coloreada textura, acabe por hincharse, por estallar fuera de los límites que el prudente dibujo le impondría.

 

[…]

 

En este esfuerzo por recuperar el mundo tal como lo aprehendemos en la experiencia vivida, todas las precauciones del arte clásico saltan en pedazos.

 

[…]

 

La enseñanza clásica de la pintura está fundada en la perspectiva, es decir, que el pintor, en presencia de un paisaje, por ejemplo, decide no llevar sobre su tela más que una representación totalmente convencional de lo que ve. Ve el árbol cerca de él, luego fija su mirada más lejos, sobre el camino; después, finalmente, la lleva al horizonte, y, según el punto que fije, las aparentes dimensiones de los otros objetos son modificadas cada vez.

 

[…]

 

Sobre su tela, se las arreglará para no hacer figurar más que un acuerdo entre esas diversas visiones, se esforzará para encontrar un común denominador a todas esas percepciones, atribuyendo a cada objeto no el tamaño ni los colores, ni el aspecto que presenta cuando el pintor lo fija, sino un tamaño y un aspecto convencionales, los que se ofrecerían a una mirada fija sobre la línea del horizonte, en un cierto punto de fuga sobre el cual se orientan en adelante todas las líneas del paisaje que corren del pintor hacia el horizonte.

 

[…]

 

Los paisajes pintados así tienen el aspecto apacible, decente, respetuoso que les viene de estar dominados por una mirada fijada en el infinito. Están a distancia, el espectador no está comprometido con ellos, están en buena compañía[5], y la mirada se desliza con soltura sobre un paisaje sin asperezas que nada opone a su soberana facilidad. Pero no es así como el mundo se nos presenta en el contacto que tenemos con él a través de la percepción.

 

[…]

 

A cada momento, mientras nuestra mirada viaja a través del espectáculo, estamos sometidos a un cierto punto de vista, y estas sucesivas instantáneas, para una parte dada del paisaje, no son superponibles. El pintor no ha logrado más que dominar esta serie de visiones y despegar un solo paisaje eterno a condición de interrumpir el modo natural de visión: a menudo cierra un ojo, mide con su lápiz el aparente tamaño de un detalle, que modifica por ese procedimiento, y, sometiéndolos a esa visión analítica, construye así sobre su tela una representación del paisaje que no corresponde a ninguna de las visiones libres, domina su desarrollo agitado, pero también suprime la vibración y la vida.

 

[…]

 

Si muchos pintores, desde Cézanne, han rechazado a someterse a la ley de la perspectiva geométrica, es porque querían dominar y restituir el nacimiento mismo del paisaje bajo nuestros ojos, porque no se contentaban con una reseña analítica y querían llegar al estilo propio de la experiencia perceptiva. Las diferentes partes de su cuadro son, pues, vistas desde puntos de vista diferentes, dando al espectador distraído la impresión de “errores de perspectiva”, pero dando a los que miran atentamente la sensación de un mundo donde nunca dos objetos son vistos simultáneamente, donde, entre las partes del espacio, siempre se interpone la duración necesaria para llevar nuestra mirada de una a otra, donde el ser, pues, no está dado, sino que aparece o transparece a través del tiempo.

 

[…]

 

El espacio, pues, ya no es ese medio de las cosas simultáneas que podría dominar un observador absoluto igualmente próximo a todas ellas, sin punto de vista, sin cuerpo, sin situación espacial, pura inteligencia, en suma —el espacio de la pintura moderna, decía últimamente Jean Paulhan, es el «espacio sensible al corazón[6]»—, donde también estamos situados, cercano a nosotros, orgánicamente ligado a nosotros. «Puede que en un tiempo consagrado a la medida técnica, y como devorado de cantidad, añadía Paulhan, el pintor cubista celebra a su manera, en un espacio acordado no tanto a nuestra inteligencia como a nuestro corazón, alguna ceremonia y reconciliación del mundo con el hombre[7]».

 

[…]

 

Después de la ciencia y la pintura, también la filosofía y sobre todo la psicología parecen darse cuenta de que nuestras relaciones con el espacio no son las de un puro sujeto desencarnado con un objeto lejano, sino las de un habitante del espacio con su medio familiar. Sea, por ejemplo, comprender esa famosa ilusión óptica ya estudiada por Malebranche y que hace que la Luna al salir, cuando está todavía en el horizonte, nos parezca mucho más grande que cuando llega al cenit[8]. Malebranche suponía aquí que la percepción humana, por una suerte de razonamiento, sobrestima el tamaño del astro. Si en efecto lo miramos a través de un tubo de cartón o de una caja de cerillas, la ilusión desaparece. Ello es debido a que, al salir, la Luna se nos presenta más allá de los campos, los muros, los árboles, que este gran número de objetos interpuestos nos hace sensible su gran distancia, de donde concluimos que, para guardar el tamaño aparente que tiene, estando sin embargo tan alejada, es preciso que la Luna sea muy grande. El sujeto que percibe aquí sería comparable al sabio que juzga, estima, concluye, y el tamaño percibido sería en realidad estimado.

 

[…]

 

No es así como la mayoría de los psicólogos de hoy comprenden la ilusión de la Luna en el horizonte. Han descubierto por experiencias sistemáticas que es una propiedad general de nuestro campo de percepción el conllevar una considerable constancia de los tamaños aparentes en el plano horizontal, mientras que, al contrario, disminuyen muy rápido con la distancia en un plano vertical, y esto sin duda porque para nosotros, seres terrestres, el plano horizontal es aquel donde se llevan a cabo los desplazamientos vitales, donde se desempeña nuestra actividad.

 

[…]

 

Así, lo que Malebranche interpretaba por la actividad de una pura inteligencia, los psicólogos de esta escuela lo refieren a una propiedad natural de nuestro campo de percepción, de nosotros, seres encarnados y obligados a moverse sobre la tierra. En psicología como en geometría, la idea de un espacio homogéneo ofrecido por entero a una inteligencia sin cuerpo se substituye por la idea de un espacio heterogéneo, con direcciones privilegiadas, que están en relación con nuestras particularidades corporales y con nuestra situación de seres arrojados en el mundo. Nos reencontramos aquí, por primera vez, esa idea de que el hombre no es un espíritu y un cuerpo, sino un espíritu con un cuerpo, y que no accede a la verdad de las cosas más que porque su cuerpo está como clavado en ellas.

 

[…]

 

Esto no sólo es verdadero en referencia al espacio, sino que, en general, todo ser exterior nos es accesible solamente a través de nuestro cuerpo, revestido de atributos humanos que también lo hacen una mezcla de cuerpo y espíritu.

 

París, 1948.

 

2.

Bajo el espacio del mundo percibido: Merleau-Ponty 2008

Luis Álvarez Falcón

Casi sesenta años después de que el Programa nacional de la radiodifusión francesa difundiera esta conferencia de Maurice Merleau-Ponty, y próximos a la celebración del centenario del nacimiento del autor, en Rochefort-sur-Mer, el 14 de marzo de 1908, nos aproximamos a su pensamiento con la precaución que exige la gravedad y la potente intuición de su discurso. Entre el 9 de octubre y el 13 de noviembre de 1948, Radio France retransmitió un total de seis lecciones en la emisión titulada «Heure de culture française». Sin interrupción, y sin ninguna intervención exterior, aquellos sábados radiofónicos tenían como eje central «La formation de la pensée», en un momento crítico en el que el panorama del pensamiento europeo se reorganizaba en torno a un tránsito fundacional. Tal como nos señala Stéphane Ménasé, estos discursos fueron difundidos el mismo día que Georges Davy, Emmanuel Mounier, Maxime Laignel-Lavastine y el académico Émile Henriot, pronunciaban sus conferencias en torno a la psicología y al psicoanálisis. Sin embargo, las exploraciones que Merleau-Ponty desplegaba acerca del «Mundo percibido» diferían esencialmente de los planteamientos coetáneos, y se aproximaban peligrosamente a la deriva fenomenológica que el propio Husserl había diseñado en sus manuscritos inéditos, monólogos filosóficos de un carácter inmenso y compacto, meditaciones sobre problemas muy concretos que todavía hoy continúan en curso de publicación y que alcanzan hasta un total de cincuenta mil páginas. Son escritos de investigación, sin el horizonte de un posible lector y con la fuerza de la novedad que impone el nivel último de análisis al que el maestro pudo llegar. Aunque parece obvio recordar que fue Max Scheler y Gabriel Marcel quienes, de una manera o de otra, condujeron a Merleau-Ponty hacia los derroteros de la filosofía, en 1939, fecha de la muerte de Husserl, la Revue Internacional de philosophie dedicará un monográfico a su pensamiento, y este hecho coincidirá con el viaje de Merleau-Ponty a Lovaina, donde tendrá acceso a los Archivos Husserl y, en concreto, al manuscrito de la Crisis y al volumen II de Ideas, que serán determinantes, junto a los citados manuscritos, para la gestación de su obra capital: Fenomenología de la percepción.

En 1945, tres años antes de la conferencia radiofónica que aquí presentamos, aparecerá esta obra seminal; la que, sin duda, será la reordenación más importante del pensamiento husserliano después de la muerte del maestro. El problema de fondo será la reforma y la función de la fenomenología para la cultura francesa, y en esta discusión se verán implicados tanto Merleau-Ponty como Sartre y Levinas. La renovación del pensamiento francés prescindirá de los derroteros que debería haber seguido la investigación fenomenológica diseñada por el maestro. Quizá sea en la actualidad, en un panorama dominado por autores como Michel Henry, Henry Maldiney o Jacques Garelli, y, sobre todo, por la obra en curso de Marc Richir, cuando estemos asistiendo al despliegue de una estética trascendental que Husserl advirtió como una génesis pasiva que precede a toda posible actividad del sujeto, pero que bloqueó por su deriva hacia la presencia de los objetos que da origen a la línea continua homogénea del transcurrir del tiempo producida por la retención[9].

Hay suficientes indicios para confirmar que, desde 1980, con la edición por Marbach de las investigaciones sobre la Phantasia, el recuerdo y la imagen, la fenomenología de las presentificaciones intuitivas que aparece en el tomo XXIII de la Husserliana, la ortodoxia que dominó el panorama del siglo XX en torno al pensamiento fenomenológico ha comenzado a transformar ambiciosamente la primitiva recepción del espíritu de la filosofía de Husserl. Este va a ser un hecho decisivo de aquí en adelante. La edición de los análisis sobre la síntesis pasiva de 1966, los textos sobre la intersubjetividad de 1973, los pasajes sobre cosa y espacio del mismo año, sobre fantasía, conciencia de imagen y recuerdo de 1980, sobre la teoría de la significación de 1986, así como los textos complementarios a la Krisis de 1993, etc., hacen necesaria una revisión programática que, en algunos casos, ya está apuntada en la obra de Merleau-Ponty. El panorama fenomenológico resulta más complejo que lo que la fenomenología programática había supuesto.

Una serie de acontecimientos filosóficamente trascendentes marcan el antes y el después. Debemos reconocer la contribución del registro de la Phantasia al registro de la Percepción, transposición que implica, como ya había señalado Merleau-Ponty, la «deformación coherente» que supone el cambio de registro, unido a la naturaleza de la épochè hiperbólica, de la Stiftung y de sus transposiciones arquitectónicas. Algunos de los últimos trabajos de Marc Richir, Phénoménologie en esquisses[10], Fragments phénoménologiques sur le temps et l´espace[11], entre otros, nos llevan a resaltar las potentes intuiciones que Merleau-Ponty ya había señalado en la deriva de su pensamiento. La estética trascendental que Husserl advirtió queda esbozada en el lenguaje particular que nuestro autor utilizó para describir ese espacio originario.

En la conferencia que aquí presentamos, se adivinan los planteamientos más teóricos de Fenomenología de la percepción, pero, sobre todo, aparecen las profundas descripciones que Merleau-Ponty llevará a cabo en Le doute de Cézanne[12], en 1945, y, más tarde, en la profunda reflexión de L´Oeil et l´Esprit, y de su obra inacabada publicada por Claude Lefort bajo el título Le Visible et l´Invisible, como aplicación del motivo husserliano de lo prerreflexivo, preobjetivo o antepredicativo, esta vez exhibido en la naturaleza de «la région sauvage» que anuncia las condiciones del régimen de la Phantasia y de sus implicaciones para el proyecto de una estética trascendental.

La idea de «espacio» aparece aquí deformada por el pensamiento operacional, tal como la ciencia clásica lo ha manipulado, en un régimen de artificialidad que oscurece el fondo primordial sobre el que el ser humano todavía no se ha instalado. La pintura de Cézanne vuelve a proponernos esa suerte de versión visual de la epochè fenomenológica, poniendo en suspenso los hábitos y revelando el fondo inmemorial de lo visible. Es el esfuerzo al que se refiere Merleau-Ponty en el intento de recuperar el mundo bajo la mirada, y que el rígido formalismo de la perspectiva impide. Ese espectador no-comprometido accede a la profusión propia del aparecer, en el instante mismo en el que el paisaje comienza a constituirse como una eclosión o como una pura natividad. El arte contribuye a efectuar un movimiento de emergencia, más aquí de la opacidad que impone la ilusión de la pura geometría, racional y ordenada. Cézanne nos invitará a “abrir los ojos” sobre este paisaje desolado, a suspender nuestros hábitos en una experiencia regresiva y radicalmente pasiva que retorna sobre un orden ontológico previo y salvaje, «sin familiaridad», anterior a toda «efusión humana». Recordemos que en L´Oeil et l´Esprit, Merleau-Ponty expondrá la extraña «inversión» que caracteriza a la experiencia del arte y que reduce a la subjetividad en una ciega fascinación, en la que revive las fuentes primordiales de su poder constituyente, ofreciendo su propio nacimiento bajo nuestra mirada. Así, el arte mostrará la precesión de la realidad sobre la subjetividad en un abandono progresivo de sus poderes constituyentes. Y tal como el autor describe en sus últimas palabras y en clara concordancia con una tradición filosófica muy determinada: «La vision n´est pas un certain mode de la pensée ou présence à soi: c´est le moyen qui m´est donné d´être absent de moi-même, d´assister du dedans à la fission de l´Être, au terme de laquelle seulement je me ferme sur moi.»[13]

La figura de la «imaginación» como conciencia de imagen nos conducirá al resultado intencional del acto de imaginación: la ‘imagen física’ como producto de una ‘imagen percibida’, gracias al reconocimiento como imagen de la ‘imagen percibida’ a través de la ‘imagen mental’ que tenemos. Sin embargo, nuestra experiencia del arte no se trata de un proceso de imaginación. La imaginación debe seguir funcionando en régimen intencional. Sin embargo, el mundo proteiforme de la Phantasia está separado del mundo perceptivo, geométrico, del mundo de los ‘objetos’ y del armazón frío de sus perspectivas. De ahí que no sea un registro arquitectónico en el que me pueda instalar. Tanto la epoché fenomenológica como la epoché estética sólo me permiten un acceso intempestivo, intermitente y fugaz. Ambas trabajan en paralelo, pero no son simétricas. Estética y fenomenología realizan esta suspensión de modo diferente. Merleau-Ponty nos dirá que la condición misma es la interrupción del modo natural de visión. Hablamos de tal región como de un «inconsciente fenomenológico», en el sentido de que se sustrae al monopolio de la conciencia perceptiva, del sentido intencional y del tiempo continuo de los objetos estables. Sin embargo, es una zona de extremada conciencia. Es un extraño nivel de conciencia al que accedemos por destellos, de modo alternante, parpadeante, en lapsos, donde la subjetividad pasa de dominante a dominada, de pretendiente a pretendida. El “yo” permanece literalmente perdido, asistiendo a un espacio que ya no es el medio de las cosas simultáneas. Este espacio es, siguiendo el ejemplo tomado de Jean Paulhan por nuestro autor: «espacio sensible al corazón», es decir, una ceremonia de reconciliación del mundo originario con el hombre. El arte, con su exceso de intuición, cortocircuita el sentido intencional, y nos hace entrever el proceso mismo en el que se genera el sentido.

La experiencia del arte nos permite explorar este mundo proteiforme, fluctuante, discontinuo, intermitente y fugaz, pero directo e inmediato de la Phantasia, de tal modo que en esa extraña pasividad la subjetividad se experimenta a sí misma, desmarcándose del “yo” activo en el mundo de los objetos. Las precauciones del arte clásico vuelan en pedazos, y el mundo es recuperado tal y como lo captamos en el instante mismo de su nacimiento. Con la suspensión de la organización racional, la subjetividad desciende, cae, regresa hacia el último término, en los límites mismos donde el más allá encierra la sombra muda y definitiva del ser, y donde el más acá representa el primer instante en la génesis nativa del aparecer. El mecanicismo, en tanto ideología dominante, que posteriormente aparecerá en los comentarios de Merleau-Ponty a los tratados cartesianos de Dióptrica, tendrá aquí su lugar en las concepciones racionalistas de Malebranche sobre la percepción humana. En este caso, la relevancia del cuerpo, el anclaje del Leib, en términos husserlianos, nos recordará que en tal régimen, el “yo” es punto cero, Nullpunkt, célula insituable, con sus Stimmungen y sus quinestesias de Phantasia[14], de modo que el espacio, que no es el espacio perceptivo, se organiza en torno al cuerpo interno (Leib) como matriz única de espacialización.

Las tesis defendidas en Le doute de Cézanne aparecerán nuevamente expuestas en esta conferencia, que aquí hemos leído a la luz oscura de la fenomenología, mostrando las potentes intuiciones que Merleau-Ponty señala y que deberán ser integradas en un estudio más amplio que, partiendo de las actuales consideraciones teóricas, nos conduzca al objetivo último de su pensamiento, que ha sido siempre, en palabras de Renaud Barbaras[15], la  tentativa de acceder a una idea del ser que permita restituir una articulación originaria de lo sensible y del sentido.

 

[1] Julián Benda, La France byzantine ou le Triomphe de la littérature pure, Mallarme, Gide, Valéry, Alain, Giraudoux, Suarès, les surréalistes, essai d´une psychologie originelle du littérateur, Paris, Gallimard, 1945; reeditado en Paris, UGE, coll. «10/18», 1970.

[2] Según la grabación: “La enseñanza clásica, en pintura, distingue el dibujo y el color […]”.

[3]Émile Bernard, Souvenirs sur Paul Cézanne, Paris, À la rénovation esthétique, 1921, p. 39; retomado en: Joachim Gasquet, Cézanne, Paris, Bernheim-Jeune, 1926; reeditado en Grenoble, Cynara, 1988, p. 204.

[4] Según la grabación: “En el cuadro”.

[5] Según la grabación: “Están, se podría decir, en buena compañía”.

[6] «La pintura moderna o el espacio sensible al corazón», en La table ronde, número 2, febrero de 1948, p. 280; “el espacio sensible al corazón”, la expresión es retomada en este artículo reformado para La peinture cubiste, 1953, Paris, Gallimard, colección “Folio essais”, 1990, p. 174.

[7] La table ronde, ibid., p. 280.

[8] Malebranche, De la recherche de la verité, 1, I, cap. 7, § 5, ed. G. Lewis, Paris, Vrin, tomo I, 1945, pp. 39-40 ; en Œuvres completes, Paris, Gallimard, col. «La Pléiade», 1979, tomo I, pp. 70-71.

[9] Sánchez Ortiz de Urbina, R. «Estética y Fenomenología», en Historia de las ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas, Valeriano Bozal (ed.), Madrid 2002.

[10] Richir, M. Phénoménologie en esquisses. Nouvelles fondations. Jérôme Millon, Grenoble 2000.

[11] Richir, M. Fragments phénoménologiques sur le temps  et l´espace. Jérôme Millon, Grenoble 2006.

[12] Merleau-Ponty, M. «Le doute de Cézanne», en Fontaine, nº 8, 1945, pp. 80-100. Sens et non-sens. Nagel, Paris 1948, pp. 15-44; Gallimard, Paris 1996, pp. 13-33.

[13] Merleau-Ponty, M. L´Oeil et l´Esprit. Gallimard, Paris 1964, p. 81.

[14] Hua XIII, 301-302.

[15] Barbaras, R. De l´être du phénomène. Sur l´ontologie de Merleau-Ponty. Millon, Grenoble 2001.

 


 

Merleau-Ponty. El mundo percibido: el Espacio2021-01-16T23:27:34+01:00
13 01, 2021

El enfocamiento (focusing) y la fenomenología

2021-01-13T22:37:16+01:00

El enfocamiento (focusing) y la fenomenología. Antonio Zirión Quijano, en Filosofía en México, EIKASIA, Revista de Filosofía #33, monográfico extraordinario.  Eikasia Ediciones, Oviedo, julio, 2010.

“Es muy justa la pregunta que me hacen acerca de la relación en que está este breve ensayo —en el que se confronta la fenomenología husserliana con la disciplina o la técnica del focusing o enfocamiento— con la investigación en torno a la afectividad o, más particularmente, en torno a los “sentidos afectivos”, que vengo proponiendo desde hace algún tiempo. Proponiendo, digo, y no desarrollando, porque el estado incoativo de esa investigación no puede decirse que sea o que implique ningún desarrollo propiamente dicho —lo cual, dicho sea de paso, se aplica también, en particular, al ensayo mismo o a la confrontación que en él se inicia. Trataré de ser breve y conciso, pues a pesar de que creo ver que las cuestiones que laten aquí en el fondo son muy complejas e intrincadas, no quiero hacer pasar por una investigación hecha y derecha lo que no ha sido hasta ahora más que un atisbo o un pequeño manojo de atisbos”.

Antonio Zirión Quijano

TEXTO COMPLETO

 

El enfocamiento (focusing) y la fenomenología2021-01-13T22:37:16+01:00
12 01, 2021

Fenomenología trascendental en perspectiva española. A modo de ilustración

2021-01-12T16:56:31+01:00

Fenomenología trascendental en perspectiva española. A modo de ilustración. Agustín Serrano de Haro. EIKASIA, Revista de Filosofía #65, Eikasia Ediciones, Oviedo, julio, 2015. 

“Si en una fingida encuesta se planteara la cuestión más bien extraña, quizá un punto absurda -como las de tantos otros sondeos de las opiniones de las gentes-, acerca de cuál es la obra que mejor expresa el derrotero histórico de la fenomenología en España a lo largo del siglo XX, yo al menos, sin pretender condicionar la dóxa de nadie, contestaría señalando no a una obra original sino a una peculiar traducción de Husserl al castellano. Dicha traducción, que iba precedida de un largo estudio introductorio, se publicó incompleta, y, por si fuera poco, apareció además fuera de España: en México, en el año incierto de 1942. De una imprenta de la Ciudad de México salía al mundo en esa fecha, en efecto, la notable versión que José Gaos preparó de las Meditaciones cartesianas de Edmund Husserl. O mejor, salía a la luz su traducción de las cuatro primeras meditaciones, pues la versión castellana de la meditación quinta desapareció bajo los escombros del piso madrileño en que la familia Gaos vivía antes de la guerra (calle de Marqués de Urquijo 15)”.

TEXTO COMPLETO

 

Agustín Serrano de Haro. Doctor en filosofía  por la Universidad Complutense en 1990, con la tesis doctoral “Fenomenología trascendental y ontología” realizada bajo la dirección de Miguel García-Baró. Becario predoctoral de Formación de Personal Investigador y becario posdoctoral de la Fundación Oriol-Urquijo y de la Fundación Caja Madrid. Investigador autorizado del Archivo Husserl de Colonia. En 1999 ganó una plaza de científico titular en el Instituto de Filosofía del CSIC. Ha sido miembro de los proyectos de investigación “Filosofía después del Holocausto”, “Fundamentos filosóficos de la idea de solidaridad” y “La Escuela de Madrid y la búsqueda de una filosofía primera a la altura de los tiempos”. Actualmente es investigador principal del proyecto de investigación “Fenomenología del cuerpo y análisis del dolor”. Ha impartido docencia en las Universidades Complutense y Comillas, en la Fundación Xavier Zubiri y en la “Escuela de Filosofía” de Madrid, de cuya Fundación es patrono. Presidente de la Sociedad Española de Fenomenología entre 2006-12, es miembro del comité ejecutivo de la Organization of Phenomenological Organizations. Presidió asimismo el Comité Organizador del IV Congreso Mundial de Fenomenología, celebrado en Segovia en el 2011. Ha sido profesor invitado en la Universidad Michoacana de “San Nicolás de Hidalgo” (México), en la Católica de Santa Fe (Argentina) y en las Universidades de Los Andes y de la Frontera (Chile), y ha dirigido (2000-16) una colección de filosofía en la editorial Encuentro (43 títulos). Su trabajo se centra en la fenomenología trascendental, con un especial interés por el análisis de la corporalidad, y en la filosofía de la Historia del siglo XX, con especial interés en la obra de Hannah Arendt.


 

Fenomenología trascendental en perspectiva española. A modo de ilustración2021-01-12T16:56:31+01:00
7 01, 2021

Espacio, geografía y mundo de la vida

2021-01-07T20:45:39+01:00

Fenomenología del sur.

Espacio, geografía y mundo de la vida

[Conferencia impartida en Belém, Estado de Pará. Brasil. 23/10/2020]

 

 

Ejercicio y representación. ― Los presupuestos fenomenológicos del mundo de la vida en el sur. ― Los dinamismos y efectuaciones de la subjetividad en la constitución del espacio. ― El espacio de intermediación. ― El nivel de la interfacticidad. Comunidad fenomenológica. ― Inconsciente simbólico. ― La deriva fenomenológica de la geografía.

Fenomenología del sur no es un concepto geográfico. Es un concepto estrictamente fenomenológico. Su distinción implica dilucidar lo que entendemos por “vida en el sur”, comprometiendo tanto el estatuto epistemológico de la filosofía fenomenológica como las concepciones contemporáneas de la geografía y el desarrollo histórico de la cultura en los mundos del sur. Plantear así este genitivo, “del sur”, implica una relación de posesión o pertenencia, expresa el todo del que se extrae una parte. Como concepto fenomenológico no debe conducir sólo a una lectura fragmentaria, regional, local, sino que debe evitar su abdicación como sistema, aunque sea como un sistema oculto, y quizá no formulable.

La filosofía fenomenológica debe exponer la vida como sistema sin anular la vida. Desde el mundo de la vida al imaginario colectivo, el sur, su tonalidad y su colorido afectivo determinan una transmisión diversa que da sentido a la presencia de una determinada corriente filosófica. La génesis de la fenomenología en América Latina y en el sur de Europa es diferenciable en su desarrollo por múltiples factores y aspectos. Estos factores y aspectos han quedado expuestos en una aproximación historicista y culturalista que adolece de un cierto prejuicio naturalista, amparado por una herencia positivista y un culturalismo aglutinante, inevitable en la narración de los acontecimientos de la filosofía en el sur[1].

[Ejercicio y representación.]

El éxito, auge y fracaso de las diferentes sistematizaciones y corrientes teóricas en América Latina (escolástica, liberalismo, positivismo, marxismo, estructuralismo, etc.), que se concretan en una determinada lengua filosófica y en una lectura histórico-crítica, se unen al amplio problema de las fórmulas filosóficas, a la oscilación inevitable entre el ejercicio y la representación, y al inevitable carácter sistemático de la filosofía. Las cosas mismas, ¿son representables? ¿Qué significa una fórmula filosófica? Hay una oscilación insalvable entre su ejercitación y su representación, entre lo que los escolásticos llamaban signación (in actu signato) y lo que llamaban ejercicio (in actu exercito). La fenomenología no es una fórmula expresada en definiciones. Husserl califica la filosofía como telos unitario e intento sistemático, pero su discurrir entraña lo que en otros momentos hemos calificado como “mirada fenomenológica”; un ejercicio no tematizado de experiencia previo a todo intento de sistematización y que debe aspirar a representarse como sistema.

La obra de Husserl es el más claro exponente de esta vieja dicotomía entre el ejercicio y la representación. En la introducción de Paul Janssen a la edición alemana de La idea de la fenomenología se habla de una crisis existencial en Husserl[2]. El 25 de septiembre de 1906, tal como Walter Biemel menciona en el año 1947, en su introducción a la mencionada La idea de la fenomenología, Husserl hace explícita esta tensión:

“Sin dilucidar, en rasgos generales, el sentido, la esencia, los métodos, los puntos de vista capitales de una crítica de la razón; sin haber pensado, esbozado, averiguado y demostrado un bosquejo general de ella, yo en verdad no puedo vivir sinceramente. Bastante he probado los suplicios de la oscuridad, de la duda que vacila de acá para allá. Tengo que llegar a íntima firmeza. Sé que se trata de algo grande, inmenso; sé que grandes genios han fracasado en la empresa”[3].

La “duda que vacila de acá para allá” muestra la imposibilidad de convertir en sistema su formulación filosófica. Sabemos que los esfuerzos programáticos de Husserl, sus intentos de resituación sistemática no fueron vanos, y que desembocaron en dos publicaciones centrales: el texto programático Filosofía como ciencia estricta[4] de 1911 e Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica[5] de 1913. Son los continuos, y siempre insuficientes, intentos de búsqueda de una exposición completa, aunque imposible, de la fenomenología, y que nos mostrarán la honda preocupación del pensador de Friburgo por una definitiva, aunque inalcanzable, resituación sistemática de su filosofía. El objetivo último de la fenomenología será ejercitar y representar, ser capaz de repetir algo sin que su fórmula se convierta en un texto sacralizado, pero sin renunciar al sistema. Tal como he dicho en otras ocasiones, hablamos de ese zu den Texten selbst (a los textos mismos) que parece sustituir perversamente al original zu den Sachen selbst (a las cosas mismas).

Paradójicamente, en su última obra, la Krisis, Husserl volverá a la dicotomía ejercicio y representación en un excepcional apéndice (Beilage XXVIII) que cierra el círculo de su ingente empresa filosófica y que aporta luz al sentido de la fenomenología de la vida en el sur. Citaremos en toda su extensión este texto en la traducción de Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina[6]:

“Seamos más claros. Lo que yo pretendo bajo el título de Filosofía, como meta y campo de mi trabajo, es algo que naturalmente yo sé. Y, sin embargo, no lo sé. ¿Quién es el auto-pensador a quien este “saber” le ha bastado siempre? ¿Quién es aquel para quien, en su vida de filósofo, la “filosofía” ha dejado de ser un enigma? Enigma, es decir, el sentido teleológico que llamamos “filosofía”, a cuya realización ha dedicado su vida empleando ciertas fórmulas expresadas en definiciones. Pero sólo los pensadores de segundo orden que, en realidad, no deberían ser llamados filósofos, descansan en sus definiciones, matando con sus conceptos verbales el telos problemático del filosofar. Lo histórico está metido en ese “saber” oscuro como en los conceptos verbales de las fórmulas; lo histórico es, en su sentido propio, la herencia espiritual del que filosofa; y es evidente que incluye también a los otros con los que está en conexión y filosofa en amistad o enemistad críticas. Y, filosofando así, está también en conexión consigo mismo, con su manera anterior de entender y hacer filosofía; sabiendo que, en este proceso, la tradición histórica, tal como la ha entendido y utilizado, no ha dejado nunca de intervenir para motivarlo espiritualmente. La imagen de la historia que se hace, en parte formada por sí mismo, en parte recibida, su “poema de la historia de la filosofía”, sabe que es algo fijo y no fijo; y, sin embargo, cada “poema” le sirve, y puede servirle para comprenderse a sí mismo y a su proyecto en relación con el proyecto de los otros y con su “poema”; y le sirve finalmente para comprender lo común a todos: la filosofía como telos unitario y como intento sistemático de cumplir el sentido para todos, en conexión con los filósofos del pasado (en tanto que podamos dar de ese pasado versiones poéticas con sentido para nosotros)”[7].

Este fragmento final de la obra de Husserl nos descubre la continua duda y el irresoluble dilema que siempre acompañó a su empeño como filósofo y al programa de una filosofía fenomenológica futura. El pensador dedicó su vida a la realización de la filosofía, empleando ciertas “fórmulas” expresadas en definiciones. El asunto que preocupaba a Husserl era el de estas fórmulas filosóficas, el de la oscilación inevitable entre el ejercicio y la representación, y el del inevitable carácter sistemático de toda filosofía. Sus continuos meandros filosóficos, como si de un caudaloso río se tratase, van dibujando la resistencia a la sistematización y su propia exigencia, al igual que muestran la necesidad de una formulación como ejercicio frente a la solidez infecunda de las definiciones y a la sacralización de los textos. Los manuscritos estenografiados de Lovaina, el Kleingeld, la “calderilla”, y los intentos infructuosos de sistematización son la expresión de la dicotomía ejercicio y representación, y contra lo que pudiera haber parecido en un principio, los textos programáticos de Husserl bloquean, en general, el desarrollo de la fenomenología, el despliegue de la idea de intencionalidad, que es más evidente en los manuscritos de investigación[8].

“Emplear ciertas fórmulas expresadas en definiciones”, tal como Husserl señala en la Krisis, ha sido la dedicación de su vida. Sin embargo, sólo “los pensadores de segundo orden”, expresión muy contundente en este contexto, que, en realidad, no deberían ser llamados filósofos, descansan en sus definiciones, “matando con sus conceptos verbales el telos problemático del filosofar”. La conclusión de Husserl es definitiva y presenta el gran problema de la Fenomenología. La solidificación de los textos, de sus definiciones, el zu den Texten selbst (a los textos mismos), no corresponde al Dichtung de la filosofía, a “fórmulas expresadas en definiciones”, a la expresión de su ejercicio más allá de su representación. Sin embargo, es preciso ser capaz de repetir algo sin que su fórmula se convierta en un texto sacralizado y sin renunciar al sistema.

La Fenomenología del sur se convierte en una formulación, en una composición filosófica en la que descansa un sistema oculto, una tarea común, un telos unitario y un intento sistemático. Si esta propuesta no fuera más que una noción geográfica, estaríamos hablando de un eslogan propagandístico. La suma de las aproximaciones fenomenológicas que se formulan en los países del sur geográfico no da como resultado una fenomenología del sur. Es necesario indagar en la posibilidad de un sistema oculto que no descansa ni en fórmulas evidentes ni en textos sacralizados; un saber oscuro, no formulable, que no reposa en definiciones y que se muestra ante el ejercicio de la “mirada fenomenológica”.

La Fenomenología del sur es ese Dichtung de la historia de la filosofía al que alude Husserl, la búsqueda desesperada de lo común, del sentido para todos, que se muestra en una oscilación entre el ejercicio y su representación y que resuena en el mundo de la vida en tanto mundo intencional de objetos que supone observar, operar, recordar, imaginar, compartir. Mundo vivido no homogéneo sino modulado con anterioridad a la diversidad de los círculos culturales, contribuyendo esta misma modulación a su capacidad englobante de absorción en una universalidad borrosa típica donde resuena la universalidad de lo puramente humano.

[Los presupuestos fenomenológicos del mundo de la vida en el sur.]

El factum previo es un modo de descripción que alude al mundo de la vida (Lebenswelt) en una amplia extensión del término. El mundo vivido debe estar en la base misma de esta formulación espacial, topológica, geográfica. No habría disritmia si no fuese porque en la experiencia básica del mundo vivido, la universalidad puramente eidética es gestionada por referencia a otra universalidad, no eidética: la universalidad propiamente humana de una comunidad. Esta comunidad de singulares, no sustantivable sin embargo, en una acepción naturalista y metafísica, ni como pueblo, ni como nacionalidad, ni como especie humana, ni como humanidad, es previa a cualquier intento de substrucción, de substruere, poner un cimiento innecesario, en el sentido de basamento para obtener una superficie en terreno accidentado. El mundo de la vida en el sur es este terreno accidentado, sobre el que se han ido depositando capas sedimentadas de sentido, institucionalizado simbólicamente y descrito en múltiples aproximaciones teóricas reduccionistas. Estas aproximaciones han constituido un ejercicio histórico-social por el que este mundo se ha constituido como tal, en un ejercicio crítico por el que deberíamos estar obligados a acceder a las cosas mismas en todo su esplendor y materialidad.

Esta posición central del mundo vivido como globalización básica hace que esa configuración suya de mundo de objetos compartidos con sus operaciones, con una universalidad borrosa típica, equidiste, por decirlo así, de otro tipo de universalidad, nada borrosa, pero muy diferente: el estrato donde se elaboran los sentidos, el nivel específicamente fenomenológico, donde se generan y deshacen interminablemente esbozos de sentidos, donde se dan las impresiones realmente originarias, desde donde se piensa, y donde se establece la universalidad de lo humano. Dice Husserl en la Krisis: “La intersubjetividad universal en la que se acaba resolviendo toda objetividad, es decir, toda síntesis, todo ser en general, no puede ser manifiestamente ninguna otra más que la humanidad que innegablemente es una parte componente del mundo”[9].

Podríamos resumir los presupuestos de este mundo vivido de la siguiente forma:

1.- Excluye un a priori universal previo. Es decir, no hay una ontología general, sino simplemente materia.

2.- Constituye una típica, no una eidética. Tipo es lo morfológicamente correcto y reconocible, coherente, familiar. Típica ligada a una praxis de enriquecimiento de sentidos.

3.- Supone una doxa compartida. Es algo subjetivo-relativo, determinado-indeterminado, pero con una objetividad que permite predicaciones no idealizadas.

4.- Es un mundo de evidencias originales con un horizonte de experiencia posible, que implica una normalidad, es decir, no hay todavía en este análisis partición de lo humano por mitologías en cuanto reduplicaciones de sentido, que estarían en la base de los círculos culturales en sentido estricto.

5.- Es una totalización sintética, con operaciones ligadas y abiertas, validaciones disponibles y renovadas (fungierenden Geltungen), con confirmaciones-denegaciones constantes. Unidad de una diversidad de experiencias infinitamente abiertas.

6.- Si bien la certeza está dada, el horizonte no está dado, ni cabe anticiparlo como proyecto.

7.- Es lo idéntico a aquello de que se habla: flujo de una lengua general, interpretable en la generalidad empírica.

8.- Supone una espacio-temporalidad objetiva, con simultaneidad y sucesividad continua.

9.- En el mundo vivido los otros sujetos son implicados intencionales de mi vida intencional original.

El mundo vivido es compartido intersubjetiva e interobjetivamente en el mismo espacio de referencia y en el mismo curso temporal continuo. Este presente simultáneo se extiende hacia atrás y hacia adelante, en forma de recuerdos y expectativas, conformando la realidad humana. A la posicionalidad actual, hay que añadir lo anterior y lo posterior. Lo pasado y lo anticipado constituyen uno y el mismo mundo objetivo, y ese mundo vivido puede considerarse como mundo de vida (Lebenswelt) de la humanidad. La Lebenswelt es el mundo al que se accede con anterioridad a cualquier ciencia. El mundo objetivo queda igualado con el mundo de la vida en cuanto comunidad completa de comunicación posible. El mundo vivido pasa a ser mundo de la vida en cuanto campo de batalla entre el enfoque de las ciencias humanas y el enfoque de las ciencias naturales.

[Los dinamismos y efectuaciones de la subjetividad en la constitución del espacio.]

Nos centraremos ahora en cómo se constituye la espacialidad en este mundo de la vida[10]. La afirmación provocadoramente anticopernicana, pero no ptolemaica, de que “la tierra (arkhé originaria) no se mueve”[11] significa que la fenomenología ha reconocido un hecho de la máxima radicalidad, que la realidad entera ha dejado de ser simplemente cósmica para pasar a ser realidad humana[12] y, a su vez, ha dejado de ser omnigea para ser geolocal.

El argumento de Husserl nos muestra el acceso a otra espacialidad, a otro nivel de espacialidad distinto del espacio copernicano en el que, evidentemente, la tierra se mueve. Esa espacialidad, exterioridad sin puntos ni distancias, es necesaria para que los cuerpos “funcionen”. La idea de espacio con la que hemos vivido es una idea en la que han confluido la ciencia clásica y la actitud naturalista. Es una idea de espacio práctica que implica nociones claras (puntos, instantes, distancias, simultaneidad) y que, sin embargo, resulta confusa. En escalas donde las actitudes clásicas no valen, cuando consideramos el espacio exterior desde el interior del Leib, del cuerpo vivido, hay que tener en cuenta los diferentes niveles de espacialidad y espacialización.

A la irreversibilidad, sucesividad y continuidad temporal, en implicación mutua, les corresponden ahora la exclusión, la exterioridad, y la distancia, también en relación de implicación. En el caso del espacio, es el juego de la inclusión/exclusión lo que hace la espacialización, el hacerse del espacio. En la serie fenomenológica distinguimos tres niveles de espacio: espacialización, espacialidad como exterioridad y espacialidad como distancia. Hay que distinguir tres niveles de espacialidad, aunque, en rigor, uno es de espacialización y los otros dos de espacialidad, en conjugación con lo que ocurre con el tiempo.

Hay, en contraposición con el hacerse del espacio y el tiempo, una espacialidad y temporalidad ya hechas, como espacio métrico, con puntos y distancias, conjugado con el tiempo continuo de presentes, siendo la simultaneidad la que liga la continuidad espacial a la temporal. En resonancia con este espacio, que denominamos diastemático, hay una espacialidad de orientación. Si la temporalidad espaciada, de mera sucesión, es mediadora entre la temporalización y la temporalidad de presentes, así también hay una espacialidad de mediación, la espacialidad de orientación, que media entre la espacialización y el espacio métrico de distancias de las operaciones intersubjetivas en el mundo efectivo.

[El espacio de intermediación.]

La mayor dificultad se encuentra en esa extraña configuración de espacialidad temporalizada sin distancias y de temporalidad espacializada sin presentes, esa espacialidad/temporalidad central y mediadora, donde se da la orientación y donde se distingue la interioridad de la exterioridad. Aparece de este modo el papel central de mediación de la espacialidad de orientación, donde se manifiesta la interioridad frente a una exterioridad dimensionada, sin que esa espacialidad necesite el anclaje de unas distancias fijas.

Clásicamente, a este espacio se le ha denominado lugar, tópos, pero podemos hablar de un espacio de intermediación como espacio topológico, o espacio de situación, de sinere, asignar un lugar, con sus dos funciones básicas de orientación y exteriorización. Esta topología fenomenológica se corresponde en otro nivel con la topología matemática, con sus nociones precisas de entorno abierto, vecindad, puntos límites o de acumulación, conjuntos cerrados, clausura, frontera, etc. La espacialidad diastásica o topológica es la que intermedia entre la espacialidad diastemática métrica y la espacialización de mera alteridad.

La suspensión y la inversión de lo natural rompen la continuidad aparente de la scala naturæ, dando lugar a una escala fenomenológica, con sus niveles fenomenológicos. Sólo entonces la espacialidad se escinde en una espacialidad de orientación y otra métrica. La espacialidad topológica de orientación anima, desde dentro, la espacialidad métrica de distancias. Sólo la consideración del espacio de intermediación como espacio topológico (orientación-localización-exterioridad) permitirá que el espacio métrico intersubjetivo “aguante” la llamada “primera idealización”, la generalización eidética de la típica, sin que el mundo vivido pierda su capacidad de absorción de la “segunda idealización”, la eidética científica.

Si la Tierra “no se mueve” y si el Leib “no se mueve”, no habrá una geografía naturalista, sino una geografía fenomenológica: la Tierra como suelo de la intersubjetividad. En lugar de un centro absoluto de coordenadas, tenemos un centro de orientación y, previo al espacio medible según dimensiones exactas, tenemos direcciones privilegiadas de acción: aproximación-lejanía, derecha-izquierda, arriba-abajo, Norte-Sur. El espacio de orientación sigue siendo un espacio transposible volcado hacia el futuro como la temporalidad espaciada.

La espacialidad topológica que media entre la espacialización y el espacio objetivo, es un espacio de orientación, no de coordenadas; un espacio de lugares, no de distancias, y un espacio en el que se abre la interioridad frente a la exterioridad. La orientación la impone la Tierra que se manifiesta como suelo, no como cuerpo que se mueve. Es por la Tierra por lo que el movimiento de sus partes o de otros cuerpos tiene sentido. Si la Tierra, en este espacio de intermediación, no es cuerpo sino suelo, es que hay una connivencia entre ella y el “reposo” o “movimiento” absolutos de los cuerpos que habitan en ella. Ahí tiene sentido nuestra Vida en el Sur. En ese caso, no hay distancias desde un centro privilegiado, sino direcciones privilegiadas desde un centro de orientación cuyo aquí absoluto es un topos, un lugar. Los ejes de orientación del cuerpo son previos a los ejes cartesianos de la espacialidad del siguiente nivel[13]. Además de espacio de orientación, el espacio intermedio es un espacio de lugar. Si la Tierra no es un cuerpo, sino que sólo tiene partes implícitas como cuerpos, es, sin embargo, un sistema de lugares. Husserl habla de la unificación en un solo lugar-suelo de una multiplicidad de lugares-suelos, de lugares-hogares

[El nivel de la interfacticidad. Comunidad fenomenológica.]

¿Hay un aquí privilegiado? El aquí absoluto es, paradójicamente, un “interior” exterior. Y precisamente ese aquí absoluto como lugar privilegiado nos proporciona la tercera característica de este espacio de intermediación, la interioridad, después de la orientación y la localidad. Sólo la visión naturalista concibe vulgarmente lo psíquico como interior. Tal “interioridad” sería puramente espacial, natural. La interioridad del Leib no es sino su lugar, el límite inmóvil, aunque insituable en el espacio, que envuelve al Leibkörper. Ese lugar “interior” envuelve “exteriormente” al cuerpo. Se cruzan la interioridad-exterioridad del espacio de distancias y la interioridad-exterioridad del espacio de lugares. Como el Leib no es un cuerpo, la noción aristotélica de lugar como límite inmóvil inmediato de un todo físico, se rompe, y el Leib como lugar desborda el cuerpo para ir al encuentro de otros aquíes absolutos como lugares análogos en una comunidad humana, más allá de la comunidad intersubjetiva de egos operatorios. Para esa comunidad “interfáctica” concreta de singulares no egoicos es el Sur nuestro punto cero de espacialización, conectado con la multiplicidad de los caminos de sentido como comunidad completa de comunicación posible, como una subjetividad colectiva in fieri, haciéndose.

[Inconsciente simbólico.]

El espacio de esta comunidad es un espacio compartido en interfacticidad, donde comienza el procedimiento de construcción conjunta de sentidos desde un inconsciente puramente fenomenológico a un inconsciente simbólico. Hay que derivar el inconsciente simbólico de este inconsciente fenomenológico. Cuando la subjetividad anónima, no egoica, aterriza en el territorio simbólico, con identidad y de mayor intencionalidad, se produce la inserción concreta y singular del sujeto en la institución simbólica. Es el paso, difícil, de la singularidad fenomenológica a la singularidad simbólica, trastienda inconsciente donde se elabora minuciosamente el sentido. En el inconsciente simbólico se produce la sedimentación de un núcleo de hábitos que al consolidarse el sentido se han instituido prematuramente “sin haber sido vividos”. Es una especie de intriga simbólica que propende a la repetición y a su institucionalización apresurada en una comunidad cuyo índice climático tiene ya las señas simbólicas del Sur.

[La deriva fenomenológica de la geografía.]

La aportación de la geografía fenomenológica es, entonces, significativa, al menos para distinguir un nivel de espacialidad diferente de la espacialidad del mundo vivido después de la reducción. En este sentido nos atrevemos a decir que pensar la geografía como ciencia exige partir inexcusablemente de una descripción fenomenológica del espacio. De este modo, los conceptos de espacio, paisaje, región, territorio y lugar aparecen asociados, no a una espacialidad diastemática, también objetiva, tridimensional, con puntos y distancias, sino a un espacio temporalizado diastásico, que es justamente la exterioridad frente a la interioridad, la espacialidad topológica estricta donde aparece el índice climático del Norte y el Sur.

 

La geografía, aun manteniéndose en un estadio naturalista, fenomenológicamente ingenuo, ha acabado rompiendo tales nociones confusas y naturales, iniciando un movimiento “regresivo” que guarda grandes concomitancias y correspondencias con las configuraciones de los niveles fenomenológicos[14]. Superando el estadio “clásico”, la geografía debe delimitar las configuraciones que exceden el espacio diastemático, inscribiéndose claramente en niveles que se corresponden con los niveles fenomenológicos de exterioridad o de mera alteridad. Esto quiere decir que ya no son de recibo ni la actitud “filosofista” de aquellos para los que la geografía es una reflexión humanista sobre la posibilidad de acceder a modos subjetivos del conocimiento, ni la actitud “cientifista” de aquellos para los que no hay más conocimiento efectivo que el “positivo”. En las nuevas ciencias, que superan el estadio clásico, hay resultados que se corresponden con las configuraciones establecidas en la serie fenomenológica, de ahí la necesidad de una nueva geografía, una geografía fenomenológica, aún por hacer, y que tiene en la vida del sur su mundo de la vida.

 

[1] Álvarez Falcón, L. “América Latina y la Fenomenología del Sur”, en EIKASIA, Revista de Filosofía, n. 94, julio 2020.

[2] Janssen, P. «Einleitung», en Husserl, E, Die Idee der Phänomenologie, Fünf Vorlesungen, Hrg. u. eing. Walter Biemel. Husserliana vol. II, Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1973. p. IX. Vid. Biemel, W. «L´idée de la phénomenologie chez Husserl», en Écrits sur la Phénoménologie, Ed. Ousia, Bruxelles, 2009; pp. 21-46.

[3] Biemel, W. «Edmund Husserl. Persönliche Aufzeichnungen», en: Philosophy and Phenomenological Research, XVI, 1956, pp. 293 y ss. La agenda se encuentra en el Archivo bajo la signatura X x 5.

[4] Husserl, E. Philosophie als strenge Wissenschaft, editado por Wilhelm Szilasi, Vittorio Klostermann, Frankfurt am Main, 1965.

[5] Husserl, E. Ideen zu einer reinen Phänomenologie und phänomenologischen Philosophie. Allgemeine Einführung in die reine Phänomenologie, Max Niemeyer Verlag, Tübingen, 1993. Traducción al español: Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica, traducción de D. José Gaos, Fondo de Cultura Económica, México, 1997.

[6] Sánchez Ortiz de Urbina, R. «¿Fenomenología del Sur?», en EIKASIA, Revista de Filosofía, n. 95, septiembre, 2020.

[7] Husserl, E. Die Krisis der europäischen Wissenschaften und die transzendentale Phänomenologie, Einleitung in die Phänomenologische Philosophie, Editado por W. Biemel, Husserliana vol. VI, Beilage XXVIII. Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1969. Traducción al español: Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina.

[8] Álvarez Falcón, L. «Ortodoxia fenomenológica, fenomenología arquitectónica y estromatología», en VV.AA. Anuario Colombiano de Fenomenología. Volumen IX. Compiladores: Julio César Vargas Bejarano, Jeison Andrés Suárez Astaiza, Volumen IX, Colombia, 2017.

[9] Husserl, E. La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, trad. Julia V. Iribarne, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2008, p. 220.

[10] Sánchez Ortiz de Urbina, R. Estromatología. Teoría de los niveles fenomenológicos, Brumaria-Eikasia, Madrid, 2014, p. 405-425.

[11] Husserl, E. Umsturz der kopernikanischen Lehre in der gewöhnlichen weltanschaulichen Interpretation. Die Ur-Arche Erde bewegt sich nicht. Grundlegende Untersuchungen zum phänomenologischen Ursprung der Köperlichkeit der Räumlichkeit der Natur in ersten naturwissenschaftlichen Sinne. Alles notwendige Anfangsuntersuchungen, Texto D 17 (1934), en Marvin Farber (ed.), Philosophical Essays in Memory of Edmund Husserl, Cambridge (Mass.), 1940, pp. 307-325. Traducción francesa: L´arche-originaire Terre ne se meut pas. Recherches fondamentales sur l´origine phénoménologique de la spatialité de la nature, trad. D. Franck, en La Terre ne se meut pas, Paris: Minuit, 1989. Traducción española: La Tierra no se mueve, trans. Agustín Serrano de Haro, Madrid: Facultad de Filosofía, Universidad Complutense, 1995.

[12] Sánchez Ortiz de Urbina, R. op. cit. p. 383.

[13] Richir, M. “L’espace lui-même: libres variations phénoménologiques”, Épokhè, nº 4, 1994, p. 161.

[14] Santos, M. Por uma geografia Nova, Editora da Universidade de São Paulo, 6ª edición, São Paulo, 2004.


 

Espacio, geografía y mundo de la vida2021-01-07T20:45:39+01:00
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Filosofía de lo Imprevisible. Reflexiones para la Pandemia

2020-12-07T11:59:55+01:00

Filosofía de lo imprevisible, reflexiones para la pandemia. Alberto Constante López, Ramón Chaverry Soto. Editores y Viceversa, México 2020. 648 págs|21 cm. ISBN: 978-607-96976-9-3. Ensayo filosófico

 

Presentación del Libro

Filosofía de lo Imprevisible

En este nuevo libro, los editores, Alberto Constante y Ramón Chaverri, compilan veintinueve textos en los que se exploran distintas aristas relativas a la pandemia de la COVID19, en los que se abordan problemáticas y categorías como el neoliberalismo, el humanismo, la biopolítica, la Polis, el Estado, y el propio quehacer de la filosofía ante la incertidumbre que ha provocado la aparición del nuevo coronavirus del SARS-COV2. Todo ello nos acerca, como lo indica el título del libro, a lo imprevisible.

 

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Prólogo

Capítulo 1. Pandemónium y distopía. Luis Álvarez Falcón

Capítulo 2. El coronavirus, el individualismo y el colectivismo digitalizado. Alberto J. L. Carrillo Canán

Capítulo 3. La sociedad de la furia. Alberto Constante

Capítulo 4. China y el tablero geobiopolítico de la COVID-19: la nueva economía y su rescate del capitalismo. Luis Fernando Contreras Gallegos

Capítulo 5. Acerca de un dejo biopolítico en las lecturas filosóficas de la actualidad. Ramón Chaverry

Capítulo 6. Maíz o maleza. Mariana Chendo

Capítulo 7. Pandemia. El problema del Estado y nuestro problema. Gerardo de la Fuente Lora

Capítulo 8. Sobre enfermedad y existencia en sentido extragripal. Francisco De León

Capítulo 9. Individualismo y pandemia: consecuencias y riesgos globales. Esteban Dipaola

Capítulo 10. COVID-19 y la administración de la muerte. Roberto García Salgado

Capítulo 11. En este momento. Pilar Gilardi

Capítulo 12. La exclusión de la lepra y el control de la peste. Un análisis de la pandemia desde la obra de Michel Foucault. Gary Gómez

Capítulo 13. Crítica del pandemónium. Enrique Guerrero Aviña

Capítulo 14. Infecto corona. Tramas virales historias y políticas. Donovan Adrián Hernández Castellanos

Capítulo 15. La invención de Europa y el coronavirus: entre imaginarios y realidades. Miriam Hernández Reyna

Capítulo 16. Lidiar con lo desconocido: en la búsqueda de una postura ética frente a la COVID-19. Jonas Holst

Capítulo 17. El carácter pragmático del virus y su impulso biopolítico. Marco A. Jiménez

Capítulo 18. COVID-19. La desaparición del neoliberalismo más no del capitalismo ni de la globalización. Jairo Vladimir Llano Franco

Capítulo 19. Un monstruo de mil cabezas. Ernesto Méndez Prado

Capítulo 20. El claustro: hacia una crítica a la productividad moderna. Isabella Muñoz Gutiérrez

Capítulo 21. De la pandemia al pandemonio. Mayra E. Nava Becerra. Víctor M. Alvarado García

Capítulo 22. Crisis de la humanidad mundial y tareas de un humanismo por venir. Mario Teodoro Ramírez

Capítulo 23. La extracción de la piedra de la locura. Alicia Ramos González

Capítulo 24. Armonía y justicia: dialéctica polis y peste. Roberto Rivadeneyra

Capítulo 25. La nulidad del coronavirus: nada nuevo bajo el sol. Arturo Romero Contreras

Capítulo 26. Pandemia, estado policial y biopolítica: ¿fin del neoliberalismo?, desde la obra de Michel Foucault. Javier Santiago–Lucerna

Capítulo 27. La filosofía como el búho de Minerva: COVID-19 o el agotamiento de la teoría crítica en la sociedad capitalista. Daniel Sicerone

Capítulo 28. COVID-19: potencias dentro de las ficciones. Valentina Tolentino Sanjuan

Capítulo 29. Comunidad inmunizada y biopolítica en tiempos de pandemia. Ana María Valle

 


 

Filosofía de lo Imprevisible. Reflexiones para la Pandemia2020-12-07T11:59:55+01:00
2 12, 2020

Más allá del rostro. Conferencia César Moreno Márquez

2021-01-13T23:44:59+01:00

Curso “Más allá del rostro”. Museo Carmen Thyssen Málaga. Conferencia César Moreno Márquez. Universidad de Sevilla. España. 

Conferencia “La deuda infinita. Deconstrucción y salvación de la máscara”. César Moreno Márquez. Catedrático de Filosofía de la Universidad de Sevilla. Museo Carmen Thyssen Málaga. 1 de diciembre de 2020.

La exposición Máscaras. Metamorfosis de la identidad moderna plantea una reflexión sobre estos objetos como elementos transformadores de la representación de la figura humana en el arte moderno. Partiendo de un uso festivo tradicional vinculado al carnaval y al disfraz —que también se mantendrá en la vanguardia en los personajes de la Commedia dell’arte—, la máscara cobra en la obra de Goya un significado más amplio proyectando su fina ironía y hondo descontento social. Durante el siglo XIX su dimensión se asocia a lo grotesco y a la muerte, incluso a un gusto por lo inquietante e irrumpe, durante los inicios del siglo XX, como referencia para el trabajo del rostro en la vanguardia a partir de la influencia de máscaras etnográficas de culturas no europeas.

 

Museo Carmen Thyssen Málaga

 

Durante este curso se reflexiona sobre la importancia artística, sociológica y psicológica de la máscara. Se pensará en su evolución desde objeto afiliado al enmascaramiento ritual o lúdico a una asimilación con el propio rostro, que supondrá, en las vanguardias, un cuestionamiento de la identidad, la individualidad y la subjetividad. Su presencia revolucionará el concepto de retrato en movimientos como el cubismo, expresionismo, surrealismo o dadaísmo. Se trazará así una genealogía de la identidad moderna, cuya construcción encuentra en el arte uno de sus principales campos de reflexión y experimentación.

César Moreno

César Moreno Márquez. Catedrático de la Universidad de Sevilla. Ha sido presidente de la Sociedad Española de Fenomenología desde 1998 a 2006. Es autor de numerosos artículos de filosofía (con especial atención al pensamiento contemporáneo y a la problematicidad del mundo actual), publicados en revistas y obras especializadas, así como de cuatro libros: La intención comunicativa (Sevilla, 1989), Tráfico de almas. Ensayo sobre el deseo de alteridad (Valencia, 1998), Fenomenología y filosofía existencial (Madrid, 2000) y De Mundo a Physis. Indagaciones heideggerianas (Sevilla, 2006). Prepara actualmente un volumen que recoja sus escritos sobre fenomenología y vanguardia. Hoy por hoy, sus intereses se centran, globalmente, en el proyecto general acerca de la ampliación, flexibilización y profundización del campo de fenomenalidad. Los autores que más asiduamente “visita” son Husserl, Heidegger, Lévinas, Merleau-Ponty, Marion y Henry, entre otros. 

© Museo Carmen Thyssen Málaga 
© César Moreno Márquez

 

Más allá del rostro. Conferencia César Moreno Márquez2021-01-13T23:44:59+01:00
27 11, 2020

La Teoría de la Evolución hoy

2020-11-27T16:23:12+01:00

La Teoría de la Evolución hoy muestra cómo en la primera década del s. XX se produjo, en diferentes áreas culturales -física, biología, música, filosofía…-, un cambio de orientación que podría calificarse como el paso de una situación “clásica” a otra “no clásica”, o post-clásica.

En la Teoría de la Evolución la ampliación deberá plantear un nuevo cambio de escala de análisis, descendiendo en la escala filogenética, naturalista, dejando de engranar con los materiales y los fenómenos, planteando la crisis del darwinismo y la necesidad de una nueva teoría de la evolución.

 

JORNADAS DARWIN (1ª Parte)

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De la misma manera que, en la física, la persistencia del infinito clásico provocaba la catástrofe ultravioleta, la persistencia, en la música, del infinito implicado en la igualación temperada de la tonalidad, daba lugar a la catástrofe estética de la monotonía musical; y la persistencia del infinito en las filosofías con dominancia eidética suscitaba la catástrofe de una humanidad entendida como especie natural y, en consecuencia, mecanizada o robotizada; la persistencia del infinito en la teoría de la evolución daba lugar a la catástrofe en la continuidad. variabilidad (mutacionismo, teoría sintética).

Tanto la física, como el arte, como la filosofía, comenzaron clásicamente explicando lo particular, hasta darse cuenta de que lo particular no es sino el caso límite de lo general. la física clásica explicaba muy bien lo particular, el mundo macroscópico, que no es sino el caso límite, particular, de la física de lo que se da en la escala de Planck, lo más “general”, lo cuántico.

En la teoría de la evolución podemos, a su vez, distinguir tres periodos: el antiguo, de Lamarck a Darwin; el medio, neodarwinista, de Darwin a la Teoría Sintética de la evolución; y el nuevo, quizá desde Lynn Margulis, y otros, a una futura teoría de la complejidad estructural de la vida.

La idea de evolución está vinculada a las especies, y sólo a través de ellas a los géneros e individuos. la evolución es una idea que se constituye a escala de especies, y por ello la evolución sólo tiene sentido en el contexto de las especies vivientes, en un sentido análogo al nivel el que se afirma que el concepto de polígono se conforma “a escala” de lados y ángulos.

La idea general de evolución, en cuanto idea absorbente de las peculiaridades que la evolución orgánica pueda reclamar, desvirtúa o destruye el concepto mismo de la evolución orgánica.

 

JORNADAS DARWIN (2ª Parte)

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Universidad de Zaragoza,  Institut français de Zaragoza, 2013

 

La Teoría de la Evolución hoy2020-11-27T16:23:12+01:00
16 11, 2020

Investigaciones Fenomenológicas sobre la Corporalidad

2020-11-17T10:56:42+01:00
Coordinadores: Rubén Muñoz, Jorge Medina Delgadillo, Roberto Casales García.
Editorial Tirant lo Blanch, Colección Plural, 1ª Edición / 228 págs. / Rústica / Castellano / Libro
ISBN Papel: 9788417973827
ISBN Ebook: 9788417973834

Bajo el título “Investigaciones fenomenológicas sobre la corporalidad” se presentan una serie de trabajos que tiene como eje central un tema fundamental de la filosofía contemporánea: el cuerpo. Este constituye una de las principales líneas de investigación en diversas ramas del saber. Sin ser un asunto exclusivo de la filosofía, es la filosofía la ciencia que se cuestiona radicalmente por él para desentrañar su sentido. Si la tradición filosófica pospuso de alguna manera o relegó el papel del cuerpo a una posición secundaria respecto de la vida anímica o de la racionalidad misma, diversas corrientes del pensamiento contemporáneo, principalmente la fenomenología, se han dado a la tarea de repensar el lugar que ocupa el cuerpo vivido en los procesos de constitución del mundo, del valor ético de la corporalidad y sus diversos vínculos con los sentimientos y la vida afectiva. Desde el punto de vista antropológico, la corporalidad aparece como una más de las dimensiones de la persona humana, como el lugar desde el cual se lleva a cabo cualquier actividad, incluyendo por supuesto las actividades intelectivas. Comprender la constitución de este cuerpo vivo y avanzar en la descripción de elementos cada vez más complejos de la vida corporal, es uno de los objetivos de este trabajo colaborativo.
Índice
Introducción 9
CUERPO, COMUNIDAD, TRADICIÓN 15
Luis Román Rabanaque
CUERPO VIVO Y EXPRESIÓN 35
Rubén Sánchez Muñoz
REIVINDICACIÓN DEL CUERPO EN LA ÉTICA CONTEMPORÁNEA 51
Diego I. Rosales Meana
CORPOREIDAD Y PERSPECTIVISMO EN LEIBNIZ 77
Roberto Casales García
CUERPO SINTIENTE, CUERPO VIDENTE. RICHIR CON MERLEAU-PONTY 89
Sacha Carlson
EL CUERPO INTERMEDIO. UNA APROXIMACIÓN FENOMENOLÓGICA 117
Luis Álvarez Falcón
CUERPO PROPIO COMO POTENCIALES (LEIB ALS VERMÖGENS) —FINK, MERLEAU-PONTY, SIMONDON— 137
Germán Vargas Guillén
Lina Marcela Gil Congote
Alessandro Ballabio
REFLEXIONES FENOMENOLÓGICAS SOBRE MATIÈRE ET MÉMOIRE DE HENRI BERGSON 169
Ramsés Leonardo Sánchez Soberano
Síntesis curricular de autores 223

 

 

Investigaciones Fenomenológicas sobre la Corporalidad2020-11-17T10:56:42+01:00
1 11, 2020

I Encuentro de Filosofía Iberoamericana. Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. México

2020-11-03T19:30:35+01:00

I Encuentro de Filosofía Iberoamericana. Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. México. 3-5 noviembre 2020

Cartel

La Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, México, convoca el I Encuentro de Filosofía Iberoamericana. 

Informes: cintiacandelaria.robles@upaep.mx

https://meet.google.com/spe-mgpx-orm

Programa oficial:

Programa


 

I Encuentro de Filosofía Iberoamericana. Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. México2020-11-03T19:30:35+01:00
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