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La desobjetivación del arte: distancia y extrañeza

2021-09-17T13:07:32+02:00

 

La desobjetivación del arte: distancia y extrañeza

 

  1. Introducción.

En la actualidad, más de cien años después de la publicación de Ideas Relativas a una Fenomenología Pura y a una Filosofía Fenomenológica, nos seguimos cuestionando el estatuto de la fenomenología, tal como fue desde un principio. Hoy, más que nunca, la filosofía fenomenológica ha ido desplegándose en diferentes genitivos, parcelándose y asumiendo diferentes aproximaciones ante la experiencia humana y ante los dinamismos y efectuaciones de la propia subjetividad en el aparecer de las cosas mismas. El interés de Husserl siempre estuvo determinado por los procesos de descripción puros de esencias. Sin embargo, fueron muy extraños los momentos en los que su análisis iba a abordar el fenómeno artístico. Es bien sabido por todos que la descripción fenomenológica de una obra de arte aparecerá como tal en la citada obra de 1913, Ideas…, al tratar de aproximarse a la modificación de la conciencia perceptiva por la que, en la contemplación estética de los objetos, éstos son neutralizados, y ya no se nos ofrecen ni como siendo ni como no siendo, en ninguna modalidad posicional, es decir, como «cuasi-entes»[1]. El propio Husserl describirá así el famoso grabado de Durero, “El caballero, la muerte y el diablo”, anunciando lo que será posteriormente el régimen fenomenológico en el que se exhibe la experiencia del arte.

Esta profunda intuición inaugurará dos grandes líneas de investigación en las consideraciones fenomenológicas sobre la estética: por un lado, el enfoque posterior desde el plano de la intencionalidad de Moritz Geiger, Oskar Becker, Roman Ingarden, Mikel Dufrenne y Eugen Fink; por otro lado, el nuevo desarrollo de la fenomenología llevado a cabo por Michel Henry, Marc Richir, Henry Maldiney y Jacques Garelli[2].

En la primavera de 1912, Husserl escribirá un pequeño texto bajo el título Fenomenología de la conciencia estética, que hoy podemos encontrar en el volumen XXIII de la Husserliana, junto a la crucial edición de Phantasie; Bildbewusstsein, Erinnerung[3]. Entre sus líneas advertiremos la caracterización fenomenológica de la actitud estética como una oscilación intermitente entre aparición y apariencia (objeto aparente). El arte no versará sobre los objetos que aparecen sino sobre su modo de aparición. La Phantasieerscheinung, o aparición de Phantasia, caracterizará un modo de aparición que surge de manera fluctuante y en ruptura con relación a la continuidad del presente del tiempo perceptivo. En este sentido, el pensamiento husserliano se acercará a las intuiciones kantianas al advertir que lo esencial en la actitud estética no es el objeto, o la cosa (Sache) que aparece, sino su modo de aparición.

La pregunta crucial será de qué modo de aparición se trata. El modo que constituye la conciencia estética parecerá ser extremadamente complejo. En la misma dirección teórica que Kant, Husserl afirmará que la sola aparición y el objeto solo no serán capaces de despertar el sentimiento estético, y que deberá ser la reflexión sobre este modo de aparición la que consiga alcanzar la oscilación fenomenológica entre la aparición y el objeto. Esta oscilación será el esquema más elemental del propio proceso de fenomenalización. Este modo de aparición será el portador de caracteres de sentimientos estéticos, que es preciso despertar a través de la reflexión sobre él mismo, es decir, por el doble movimiento de la aparición al objeto y del objeto a la aparición, de la vida en el aparecer (del objeto) al aparecer mismo, e inversamente.

Podemos confirmar que Husserl pudo intuir el proyecto de una futura Estética trascendental, planteada en términos de una «génesis pasiva» que precede a toda posible actividad de la subjetividad. Estética y Fenomenología tenderán a converger en la puesta en juego de la afectividad en un doble nivel arquitectónico: patológico y estético. Y en esto, Husserl se aproximará, una vez más, a las tesis de la tercera Crítica. Si la experiencia del arte es fenomenología será en el sentido de ser “fenomenología de la afectividad”, y si la fenomenología pretende ser “fenomenología de la afectividad”, deberá pasar necesariamente por la Estética.

Un análisis de la diversidad de modos de conciencia en los cuales se constituye la objetividad nos aportará luz al problema del origen de la experiencia del arte. De ahí que sea preciso, en primer lugar, hacer un análisis lógico de la estratificación de los diferentes tipos de experiencia y de los actos de conciencia que intervienen en el proceso de constitución del mundo objetivo, con la percepción como acto primario (análisis estático), y, posteriormente, llevar a cabo un análisis genético en el que retroceder del mundo de los objetos a los rendimientos subjetivos a partir de los cuales ellos mismos se originan. Aunque Husserl no se aproxime, en principio, al fenómeno artístico, esta cuestión fundamental determinará la concepción husserliana de la conciencia estética e inaugurará una discusión teórica que todavía hoy continúa latente en las aproximaciones contemporáneas a la naturaleza de la experiencia del arte. Tal experiencia tendrá sus condiciones de posibilidad en el mismo proceso de constitución de la cosa en general. Por consiguiente, será necesario describir las modificaciones que la subjetividad padece ante el inevitable “fracaso” de su propia intencionalidad, reducida por la imposibilidad de constituir un tipo excepcional de objetos (pseudo-objetos).

La experiencia del arte nos mostrará tanto la naturaleza misma de la subjetividad, en su intento de adueñarse del mundo, como las consecuencias que se derivan de la decepción de esta tentativa ante el paradójico extravío de su propio dinamismo. El interés de este análisis residirá, por un lado, en las implicaciones teóricas que resultan de la relación crítica entre arte y conocimiento y, por otro lado, en su relevancia para determinar los límites de la experiencia en el mismo proceso de constitución de la realidad. El arte se presentará como un banco de pruebas donde exhibir y poner en juego los dinamismos propios de la subjetividad en su relación con el mundo. De ahí que la pregunta que será necesario plantear será: «La pregunta que retrocede del mundo de la vida a los rendimientos subjetivos a partir de los cuales ella misma se origina»[4].

El problema de las síntesis asociativas espaciales y temporales, el bloqueo de la intencionalidad, el problema de la saturación, del cumplimiento, de la distanciación y del excedente de sentido, la naturaleza de las síntesis pasivas, el concepto de resonancia y ritmo en la temporalización, el régimen de Phantasia, etc., aparecerán expuestos en las obras de Husserl con una incontinencia casi patológica, describiendo el círculo entre lo intencional, lo pretendido y lo efectivo. Tal círculo abarcará de un modo brillante el problema de la naturaleza de la experiencia del arte en los límites mismos del proceso de constitución de la realidad, poniendo en evidencia la naturaleza íntima de la subjetividad en el extravío de sus propios dinamismos.  En la experiencia del arte no cabrá la constitución intencional del objeto. El exceso de la intuición superará la propia pretensión de la intencionalidad. El mundo de los meros objetos se “desobjetivará” en un paradójico y recurrente movimiento de ida y vuelta, parpadeo u oscilación (Schwingung) que caracterizará la vida del fenómeno.

El objeto aparente, pretendidamente conformado por la relación de intencionalidad, dejará de serlo, o más bien, no terminará nunca de serlo, y se invertirá tal relación. La ruptura de la continuidad (Kontinuität)[5] bloqueará la intencionalidad. Lo que ocurrirá en el curso de este bloqueo será la “detención”, en su propio proceso, de la constitución del mundo objetivo y el descubrimiento, a su vez, de una diversidad de niveles de conciencia. A tal “detención” la denominaremos «reducción estética», en clara alusión a la «reducción fenomenológica». La misma relación intencional que permite que a través de la continuidad aparezca un mundo objetivo, se invertirá ahora, poniendo en evidencia los procesos en obra.

En el objeto hay siempre un exceso de la intención sobre la intuición. Un objeto se constituye ante mi mirada porque mi intención significante, en términos de Husserl, desborda siempre en su cumplimiento los aspectos parciales del objeto. Mi intención, en tanto pretensión de que los objetos sean así, es excesiva. Por consiguiente, el mundo de los meros objetos será intuitivamente pobre, es decir, nunca estará intuitivamente saturado. Esta primitiva “pobreza” será incesantemente corregida por la “ilusión” de saturación que produce el ajuste intencional. Por el contrario, los objetos del arte se caracterizarán por ser objetos “saturantes”. La relación planteada se invertirá drásticamente, y esto supondrá un hecho excepcional y de una gran relevancia filosófica.

En la obra de arte, el mundo de los objetos estará saturado intuitivamente (strömende Hyle), y excederá la pretensión de sentido, quebrando, o bloqueando, nuestra propia intencionalidad. La riqueza contradictoria de los objetos del arte excederá a toda pretensión. El proceso de constitución se verá irremediablemente interrumpido. No cabrá la constitución intencional del objeto. El exceso de los objetos del arte producirá ahora en mí un sentimiento de saturación tal que el desajuste resultante abrirá un vacío, una distancia primordial en la que se anulará el ídolo del objeto —idola objecti— y mi subjetividad quedará recurrentemente incluida, literalmente absorbida.

Los objetos del arte retorcerán con su exceso de intuición mi pretensión de intención. El proceso de constitución quedará definitivamente interrumpido en su propio ejercicio. Esta saturación hilética del artefacto hará “implosionar” la naturaleza del objeto, “colapsando” la pretensión de un sentido intencional, es decir, doblegando la intencionalidad, retorciendo su pretensión, y apareciendo como un hiperobjeto saturado, responsable del fracaso del sentido intencional.

Esta oscilación fenoménica (Schwingung) nos permitirá “asomarnos” a un nuevo territorio, un nuevo régimen en el que no podemos “instalarnos” definitivamente, sino sólo “acceder” de un modo intempestivo, intermitente y fugaz. Este “nuevo territorio”, que como veremos corresponde al régimen de la Phantasia[6], se sustraerá al monopolio de la conciencia perceptiva, del sentido intencional, de la continuidad del espacio y del tiempo de los objetos estables. Esta «zona muda» será un extraño nivel de conciencia al que accedemos por destellos, de un modo alternante y oscilante. Hablaremos, pues, de una diversidad de «niveles de conciencia» que descubrimos en la “detención” que supone el bloqueo mismo de la intencionalidad.

 

 

  1. La teoría estética fenomenológica.

En 1906, un año antes de su habilitación, Moritz Geiger asistirá en Gotinga a las lecciones que Husserl impartirá, y junto a Reinach, Conrad, Fischer y Pfänder formará el denominado “Círculo de fenomenología de Munich”. A continuación, se editará el primer número de la revista Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung, el famoso Anuario cuyo consejo editorial él mismo integrará junto a Husserl, Pfänder, Reinach y Max Scheler. En 1913, coincidiendo con la edición de Ideen zu einer reinen Phänomenologie und phänomenologischen Philosophie[7], publicará su célebre ensayo Beiträge zur Phänomenologie des ästhetischen Genusses[8]. En él, se adivinarán las influencias de Theodor Lipps, de quien había sido discípulo a comienzos de siglo y con quien acabará doctorándose en 1904.

La descripción intuitiva de los fenómenos psicológicos alcanzará el ámbito del placer y del deleite estético, poniendo en evidencia la relevancia de dos conceptos fundamentales: la «plenitud intuitiva» y el «efecto de profundidad». Si bien ambos conceptos tendrán como referencia la aproximación psicologista de las investigaciones de Lipps, sin embargo, pondrán en evidencia un fenómeno fundamental para la aproximación fenomenológica a la naturaleza de la experiencia estética. La saturación hilética de los objetos del arte conseguirá invertir la propia pretensión de la relación intencional, proyectando en su experiencia la profundidad de las capas mismas de la conciencia, en una arquitectónica que va desde el registro de la percepción hasta el hondo registro de la Phantasia. En esta proyección se exhibirá la profundidad del “yo”, es decir, la diversidad de los dinamismos que determinan la subjetividad, en su encuentro fortuito con la profundidad de las distintas capas que configuran el proceso de constitución de los objetos. Tal relación de empatía volverá a mostrarse en su obra Aesthetik, tomando como referencia sus análisis psicologistas en torno al problema del “inconsciente”, sobre todo en sus ensayos Das Bewusstsein von Gefühlen[9] y Fragment über den Begriff des Unbewussten und die psychische Realität[10].

En 1922, en Friburgo, y bajo la dirección de Husserl, Oskar Becker defenderá su tesis de habilitación con el título Beiträge zur phänomenologischen Begründung der Geometrie und ihrer physikalischen Anwendungen[11]. Siete años después, en 1929, siendo coeditor del citado Jahrbuch, publicará su prestigioso trabajo De la fragilidad de lo bello y el carácter aventurero del artista[12]. Su concepto de «Hinfälligkeit» hará referencia, en primer lugar, al carácter evanescente y fugaz de la experiencia de la obra de arte, a su condición esquiva e inestable, que fluctúa de manera imprevisible y cuya fragilidad hace que desaparezca repentinamente, o se interrumpa, al intentar formalizarla como un objeto, aproximándonos desde nuestras categorías objetivantes. Será necesario agotar la apariencia objetiva de las obras, es decir, agotar hasta el límite el análisis objetivo de los ‘artefactos’, para que pueda tener lugar esta experiencia. Sin embargo, un exceso de pretensión intencional detendrá apresuradamente el proceso y la obra no “despegará”. Becker tomará este concepto de la propia “inestabilidad” expuesta por Solger, y tal debilidad obedecerá a la oscilación fenomenológica que caracteriza el parpadeo intermitente apariencia/aparición.

En segundo lugar, la Hinfälligkeit también remitirá a la condición lacunaria de las propias configuraciones estéticas, aludiendo a los saltos, vacíos, o lugares de indeterminación que bloquean la pretensión intencional del sujeto. Los objetos estéticos se caracterizarán por una “fragilidad” que obstaculiza o bloquea el curso de la experiencia ordinaria, deteniendo el proceso de constitución del espacio objetivo e interrumpiendo el curso del tiempo uniforme. El análisis arquitectónico de la obra nos ayudará a encontrar estos “cortes”, o “cisuras”, que provocarán el fracaso indefinido de las síntesis de cumplimiento. Éste será el objetivo principal de la citada obra de Roman Ingarden.

En 1931, coincidiendo con la publicación en Leipzig de la Habilitationschrift de Gadamer sobre la interpretación fenomenológica del Filebo[13], la editorial de Max Niemeyer publicará el célebre trabajo de Ingarden con el título Das literarische Kunstwerk[14]. En sus páginas el análisis fenomenológico de lo estético retomará la naturaleza de la indeterminación en la obra de arte para describir el potencial negativo que reside en su intento de realización. Más adelante, en la citada obra Acerca del conocimiento de la obra de arte literaria[15], el autor describirá, a través de la dialéctica fenomenológica de lo lleno (Fulle) y lo vacío (Leere), el potencial artístico que representan los aspectos “disponibles” de las obras. De este modo, Ingarden se aproximará a las consideraciones expuestas en los presupuestos husserlianos: «Al experimentar esos aspectos actualizándolos en el material intuitivo de la imaginación “reviste” a los correspondientes objetos representados con cualidades intuitivas; los ve en cierto modo “en la fantasía”, como si se desplegasen en su propia forma corpórea. De este modo el lector comienza a tener una relación casi inmediata con los objetos»[16].

El cumplimiento de la intención se hallará, una vez más, caracterizado por un horizonte interno de incumplimiento y de una indeterminación todavía determinable. Se tratará, en definitiva de describir cómo «lo vacío intenta apropiarse de lo lleno» y cómo «lo lleno parece devenir en un nuevo vacío»[17].

La obra de Husserl y los seminarios de sus discípulos en Gotinga caracterizarán las fuentes inmediatas de su pensamiento. El ámbito de la estética (Arte) exhibirá un gran proyecto filosófico que pondrá en relación las consideraciones ontológicas y gnoseológicas, en un intento de derivar estas reflexiones al problema general de la existencia del mundo (Realidad). El análisis de una modalidad específica de existencia, la de la obra de arte, será el punto central de su discusión. El autor buscará la especificidad que pone en relación las obras con los ‘objetos reales’, presuponiendo una diferencia ontológica entre estos dos tipos de objetos. La «determinación» (determinatio, Bestimmtheit) y los «lugares de indeterminación» serán las categorías fundamentales, cuyo origen ontológico se encontrará inevitablemente en la metafísica tradicional. La fuente de esta cierta determinación incompleta de la obra, su inacabamiento, será doble: por un lado, hará referencia a la realidad representada; por otro lado, formará parte de la esfera de la significación y del proceso de comprensión. En Ingarden, el objeto intencional no aparecerá después de la reducción fenomenológica, sino que resultará de un acto específico de proyección, efectuado por la conciencia imaginativa. En primer lugar, la intencionalidad originaria caracterizará el simple acto de la conciencia imaginativa, que será una proyección del objeto intencional. Entre el acto de la conciencia que imagina y el objeto imaginado habrá una relación directa. En segundo lugar, entrará en juego un tipo de intencionalidad que tenderá al cumplimiento (Erfüllung) de los caracteres esquemáticos en los objetos representados, identificando en ellos los rasgos inacabados de estos caracteres.

La «indeterminación» constituirá un momento metafísico que nos remitirá a la estructura incompletamente determinada de la existencia del mundo representada en las obras de arte. El verdadero espesor del ser deberá caracterizarse por una absoluta determinación o plenitud de su consistencia cualitativa. La experiencia estética, en cambio, será la experiencia de la determinación ontológica incompleta que se representa en la obra de arte. Para Ingarden, la creación del artista será la inexplicable operación que imprime sobre un objeto una marca indeterminable ontológicamente que se llama «interpretación», en cuyo inacabamiento reside el potencial y la riqueza de un mundo que siempre está en proceso de construcción y desmontaje.

Habrá que esperar hasta 1953, año en el que aparecerá el célebre estudio de Mikel Dufrenne, Fenomenología de la experiencia estética[18], para asistir a la primera sistematización académica de las consideraciones fenomenológicas en torno a la Estética. En sus páginas, Dufrenne sintetizará las intuiciones de Geiger, Becker e Ingarden, insistiendo sobre la primacía de la percepción y elevando lo sensible más allá de la percepción visual: «El objeto estético no es más que apariencia, pero en la apariencia es más que apariencia: su ser es aparecer, pero alguna cosa se revela en el aparecer, que es la verdad y que obliga al espectador a prestarse a su revelación»[19].

El objeto estético revela los dinamismos propios de la subjetividad en su pretensión de constituir el mundo objetivo. Por consiguiente, la experiencia del arte estará asociada al movimiento de la subjetividad. La percepción será elevada al sentimiento como modo específico de aprehensión. De este modo, en algunos de sus trabajos, reunidos bajo el título Estética y filosofía[20], Dufrenne confirmará la ilación entre la naturaleza, el arte y el conocimiento, interrogándose sobre la relación entre Filosofía de la Naturaleza, Estética y Fenomenología. La experiencia estética no será la experiencia de una determinada presencia, sino de la realidad de un objeto que requiere para ser que un “yo” le sea presente. Una cierta “alienación” (regresión) de la subjetividad detendrá el exceso de la intencionalidad, interrumpiendo el proceso de constitución y abriendo el paso a los registros no-intencionales de la conciencia. La experiencia de la obra de arte culminará en un estado de ciega pasividad sin poder pasar de la reflexión, situándose en la interferencia entre las dos. Este estado será presentado como una “oscilación”, o alternancia, entre el sentimiento y la actitud crítica. De este modo, en su ensayo de 1963, Le Poétique, Dufrenne definirá el arte como un modo originario de significación que es al mismo tiempo la condición del sentido y del propio mundo[21]. En 1930, el mencionado Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung publicará un artículo fundamental para la teoría estética fenomenológica: Representación e Imagen, contribución a la fenomenología de la irrealidad[22]. Más adelante, en 1960, dicho artículo aparecerá precedido por el prólogo de Husserl en una de las obras más destacables del panorama fenomenológico de la estética contemporánea: Spiel als Weltsymbol[23]. En sus líneas, Eugen Fink, el discípulo predilecto[24], nos mostrará la descripción más radical de la disociación fenomenológica «artefacto/obra», apelando a la neutralidad de los actos objetivantes en la constitución de lo aparente, tal como se muestra en la experiencia estética de los objetos del arte.

En dicha experiencia, los actos subjetivos constituyentes se enfrentarán a una irrealidad, pero tal modo de aparición estará aferrado a un soporte real que presentará su condición de «artefacto». La obra como tal tendrá una consistencia fenomenológica diferente a las apariciones del mundo objetivo. Las determinaciones reales del soporte limitarán las determinaciones del mundo de la imagen. De este modo, la conjugación «soporte/imagen» deberá funcionar como una oscilación fenoménica en la que la necesidad del artificio del soporte material y su no-visibilidad dejarán paso a la aparición del arte. Esta «disimulación», este “como si”, habrá de elevar la realidad del soporte, su condición estructural, a la irrealidad del mundo de la imagen. Ya en la VI Cartesianische Meditation[25], redactada a finales de octubre de 1932, aprobada por el propio Husserl, y expuesta en Friburgo en forma de habilitación, Fink había mostrado cómo el “juego” es un fenómeno originario de la situación del hombre en el mundo y cómo un modo de «epoché hiperbólica» posibilita la experiencia de un espectador separado del mundo objetivo, cuya experiencia muda es puramente inmanente en tanto que «parte de los productos terminados de la constitución y retorna sobre las fuentes constituyentes de donación de sentido»[26].

 

  1. De Kant a Husserl: los «juicios reflexionantes» y las «síntesis pasivas».

Tanto la estética como la fenomenología asumirán ambas una actividad de epoché, de suspensión del prejuicio de los prejuicios: la suposición de un mundo absoluto, existente en sí, sustrato de verdades en sí, absolutamente evidentes, y que se nos imponen como lo que es definitivamente natural y aceptado. Estética y fenomenología realizarán esta suspensión de modo diferente. Ambas tratarán del fenómeno, de lo-que-aparece. Mientras la fenomenología atenderá a la aparición, la estética se detendrá en el modo de aparecer. Este matiz, a primera vista sutil, producirá notables diferencias.

Hay, pues, una cierta pasividad que precede a toda actividad constituyente del “yo” y que supone un modo de «regresión» en el que el arte parece invertir el dinamismo propio de la subjetividad, dejando paso a la aparición de un acceso privilegiado, de una fase múltiple de presencia en un ritmo no objetivo que constituye la “plusvalía” de nuestro pensamiento. Esta zona «invisible», o preobjetiva, será el lugar kantiano de la «reflexión sin concepto», de la primitiva «cohesión sin conceptos», de una «vibración» o «reajuste» detenido en el curso de la intencionalidad. En esta «regresión», el “yo” abandonará su actividad en el mundo de los objetos y accederá a un mundo originario, proteiforme y fluctuante, inestable, discontinuo y fugaz, fruto del proceso mismo de fenomenalización, y que se presenta como una reserva originaria de sentido, una zona separada ya del régimen objetivo del mundo. Este hecho decisivo conllevará la modificación o suspensión del proceso de constitución del mundo objetivo. Será, en definitiva, una zona de “extremada conciencia”, «inconsciente fenomenológico» (Unbewusstsein)[27], separada del régimen objetivo del mundo. El “parpadeo” que caracterizará esta oscilación (Schwingung) fenoménica nos permitirá un acceso interrumpido, momentáneo y evanescente, “frágil” en definitiva. Tanto la epoché fenomenológica como esta suerte de epoché que paralelamente exponemos, nos permitirán un acceso privilegiado a la experiencia originaria de la génesis del sentido en el instante mismo de su nacimiento (Sinnbildung). El fracaso de nuestras pretensiones objetivantes conllevará el colapso del sentido «intencional», pero no significará un fracaso del sentido sin más, sino la aparición de sentidos «no-intencionales». El arte cortocircuitará el sentido «intencional», mostrándonos el “reverso” del proceso de constitución, en una región donde la pasividad gobierna el curso de la experiencia. En este régimen excepcional de conciencia, la subjetividad, amputada de su mundo, se perderá en una temporalidad sin cosas[28], volviéndose hacia las fuentes primigenias del sentido en la espontaneidad misma de su nacimiento.

Asistiremos a la ruptura de la uniformidad del tiempo, que llevará a cabo la distensión y remisión mutua de los flujos temporales, llevando al presente a una “caída libre” sobre el pasado y, a su vez, atrapando al presente en la potente gravitación del futuro. Ese “halo” de indeterminación que rodeará a la impresión originaria y su presente retencional y protencional será un conjunto de ‘intenciones vacías’ que jugarán un papel fundamental en la precisión del sentido. En este “recruzamiento” de flujos temporales en formación, el “yo” permanecerá atrapado en un laberinto de múltiples fases de presencia en desarrollo, con sus retenciones y protenciones desancladas de sus impresiones originarias —retenciones sin cabeza y protenciones sin cola— como «elementos salvajes» en resonancia y generando sentido.

La obra de arte romperá el instante y la continuidad del tiempo. A pesar de que estamos organizados por el tiempo, en el arte su administración racional se verá excepcionalmente suspendida. Una extraña región discurrirá a espaldas del tiempo objetivo, interrumpiendo la organización racional en la que habitualmente estamos instalados. En esta experiencia los horizontes temporales no se organizarán en una red de intencionalidades, sino que más bien se “entrechocarán” y “destrozarán” mutuamente. Al interrumpirse la objetividad, se quebrarán sus marcos espacio-temporales, y el tiempo continuo de los objetos estables se verá forzosamente interrumpido. Habrá un «cruce reflexivo» entre los flujos temporales, entre las «retenciones» pasadas y las «protenciones» futuras, entre el “ya se sabe… pero todavía” y el “no se sabe todavía… pero ya”, que “distenderá” el presente en un modo de espacialización. Este hecho excepcional será clave para entender la superación del tiempo físico objetivo, condición necesaria del momento estético de la obra de arteen su fase de aparición. De algún extraño modo, al “anticipar” el futuro, el pensamiento tendrá que ir más deprisa que él mismo y, a su vez, al vigilar el “cumplimiento” de lo pasado, el pensamiento tendrá que ir más despacio que él mismo. Esta extraña paradoja nos hará intuir la ruptura del tiempo uniforme en un inevitable quiasmo, donde los flujos temporales terminarán por abrir una «articulación reflexiva» entre ambos horizontes: «pasado» y «futuro». En la experiencia de lo común, la espacialidad y la temporalidad nunca podrán ser pensadas sin un continuum, en el que lo próximo se extienda hasta lo lejano, en el que el instante —estar ahora—  anticipe el futuro y, a su vez, asista al hundimiento del pasado. En la experiencia estética del arte, sin embargo, asistiremos a un acceso privilegiado, una fase múltiple de presencia en un ritmo no objetivo que constituye la “plusvalía” (Überschuss) de nuestro pensamiento, como una reserva originaria de sentido.

El arte será, de este modo, “reflexión sin concepto”. La rarificación de la «duración» en la conciencia del tiempo será una consecuencia del propio bloqueo de la intencionalidad. Los flujos temporales, ajustados por mi natural exceso de intención (ajuste intencional) sobre un mundo de objetos, de por sí, intuitivamente pobres (déficit intuitivo), se verán ahora radicalmente desajustados. En este “desacuerdo básico”, el tiempo uniforme y lineal quedará suspendido. Sus relaciones se trastocarán e invertirán, y con ellas se interrumpirá la organización racional en la que estoy inmerso: la organización conceptual que crea sentido. La cadena de retenciones y el encaje de horizontes sucesivos ya no asegurarán un paso continuo (continuum), sino más bien una “remisión fluctuante”, que será el indicio para designar un problema, y que reducirá al absurdo la realidad objetiva que se cuestiona. En este «cruce reflexivo» los horizontes temporales habrán perdido su “anclaje”, y se desplomará todo el entramado de determinaciones y referencias en los que la subjetividad está acostumbrada a orientarse. La experiencia básica de la «duración» variará radicalmente.

En la obra de arte, el pensamiento estará “fuera del orden”. En primer lugar, porque se detendrán todas las actividades en el dominio de la objetividad. En segundo lugar, porque se invertirán irremediablemente todas las relaciones habituales. Se alejará lo más próximo y se acercará lo lejano. Se convertirá en presente lo distante y resonará lo retenido en lo porvenir. Se presentará ante el “yo” aquello que físicamente está ausente, y en esta trascendencia, lo puramente visible —la apariencia— dejará paso a lo invisible —la aparición—. El tiempo se desmoronará, de manera que quedará transcendida la propia instalación natural de los objetos. En la superación del tiempo físico objetivo, la obra de arte romperá su continuidad. Será acontecimiento puro y no desplegable en el flujo temporal, el del tiempo continuo de los objetos estables, cuyos horizontes habrán quedado ya destruidos entre sí. Su ser ya no estará en el pasar. Su ser será un puro aparecer que, demorándose interminablemente en el fenómeno, desbordará el marco de las estructuras objetivas. La “presión” intencional que garantizaba el mundo de los objetos, ajustando la consistencia de los flujos temporales, perderá ahora su insistente garantía.

Un mundo proteiforme y fluctuante (Phantasia) aparecerá en el reverso de la objetividad y de la continuidad temporal. El “libre juego de las facultades”, al que Kant aludía en su tercera Crítica, no será más que la autorreferencia de una subjetividad que, abrumada, asiste a la experiencia de las condiciones que hacen posible la experiencia. En el arte el “yo” asistirá con privilegio a la experiencia de la propia génesis de los sentidos, y siguiendo la ecuación fenomenológica, sentido igual a mundo, podremos afirmar que el “yo”, en esta irreductible pasividad, concurrirá asombrado a la experiencia de la génesis del mundo. De este modo, el ritmo articulará contenidos inarticulados, ensamblando el fenómeno en una “cohesión sin concepto”, según la cual todo fenómeno del mundo se fenomenaliza como fenómeno. El objeto de las ‘síntesis pasivas’ será esta cierta «armonía» o resonancia[29] entre elementos que, de por sí, son inarticulados. Este «recubrimiento» (Deckung) no se fundará en la continuidad propia del tiempo. Será, más bien, un Überschiebender, un deslizamiento, o traslación, en un caos de impresiones originarias[30]. Por lo tanto, la fenomenalidad se concebirá como una armonía, o como una rítmica entre elementos inarticulados (ungegliederte), o esencias salvajes (Wesen sauvages), en palabras de Merleau-Ponty, que no estarán necesariamente presentes, sino que se “despertarán” (rückwirkende Weckung)[31] mutuamente en resonancia, unas a otras, en la aporía de un presente estratificado. Esta cierta resonancia entre “elementos” no objetivos será el objeto de la síntesis pasiva. Y hablaremos de una “cohesión sin concepto” porque, en definitiva, no habrá una unión lógico-eidética, lo cual dará pie a interpretarse como una cierta armonía en un caos de campos sensibles de una gran densidad y nula articulación.

La síntesis pasiva será “rítmica”, puesto que, además de llevar a cabo la “cohesión sin concepto” de los fenómenos y de ligar un fenómeno a otro, “desbordará” literalmente el desarrollo temporal, transgrediendo los límites del ahora (Jetzt). Este ritmo articulará y ensamblará los fenómenos en una transgresión del flujo uniforme y estratificado del tiempo, como un “eco” que resuena en un caos originario, recubriendo dominios sensibles, múltiples y dispares. Tal “eco” será, en definitiva, la resonancia rítmica del esquema trascendental, según el cual el mundo se “fenomenaliza” como fenómeno. Hablaremos, pues, de un ritmo «proto-temporalizante/proto-espacializante», donde funciona la pasividad de la síntesis expuesta. Y entenderemos esta espacialización/temporalización como una «rítmica» en la que se ensanchará o ampliará nuestro primitivo concepto de «presencia», donde unos elementos harán resonar a otros, despertando en una distancia que ha transgredido los estrechos límites de un presente que, de modo paradójico, habrá sido “tensionado” espacialmente. La «rítmica» (Rhythmik), en este caso, será un definitivo estado de resonancia (Resonanz), que Husserl no dudará en denominar «un nuevo modo de intencionalidad»[32].

El nuevo desarrollo de la fenomenología contemporánea caracterizará el sentido de la «rítmica» que acabamos de exponer, desplegando lo que parecerá ser una Estética trascendental. La importancia de los “vacíos” y de las “discontinuidades” nos mostrará la reactividad del arte contra la intencionalidad longitudinal de la autoconstitución del “yo”. El arte será capaz de invertir la insistencia de nuestra pretensión y, de este modo, dejará surgir, deslizando (Überschiebender) por debajo del tiempo, ritmos hiléticos, discontinuos, espaciales, siempre tras la continuidad homogénea del fluir temporal. En el proyecto husserliano, la ostentosa y aparatosa presencia de los objetos que a través de las retenciones daba origen a la continuidad homogénea del transcurso temporal, hará imposible un avance teórico sobre esa extraña región pre-objetiva y ante-predicativa que discurre a espaldas de la propia objetividad y del desarrollo uniforme del tiempo.

Los trabajos de Michel Henry en torno a la «auto-afección» marcarán un giro inesperado a la deriva estética de la fenomenología contemporánea. Su obra L´essence de la manifestation[33], publicada en 1963 por las prensas universitarias de Francia, y, sobre todo, su posterior edición, en 1990, de la Phénoménologie matérielle[34], determinarán los derroteros de un regressus a la inmanencia radical del «se sentir soi-même», más allá de la exacerbación de la trascendencia de los objetos y del mundo.

Tal como ya anunciaba Kant, hay una excepcional habilidad de los seres humanos para comunicarse, una comunicación directa del hombre con el hombre, sin pasar por el rodeo del objeto, del concepto, o de la ley[35]. Esta potencialidad transgrede el registro de la comunicación conceptual, poniendo en contacto una comunidad que se da cita en una región previa donde el mundo todavía no se ha constituido. Esta relación de comunión virtual es, tal como señalará Henry, una relación intersubjetiva primordial, pre-intencional y fusional, una especie de pathos comunitario pre-discursivo que es atravesado originariamente por el afecto, el cual, a su vez, reverbera en «auto-afección» en cada uno de los sujetos.

El conjunto de espectadores-receptores constituirán, aún sin haberse “apercibido”, una comunidad sin ninguna comunicación conceptual previa. Aparentemente, algo «objetivo» les unirá. Sin embargo, el lugar de la obra de arte no será algo objetivo, el universo de la pintura no será el de lo visible. Será en la misma suspensión de la subjetividad absoluta donde se mantendrá el ego, donde también se mantendrá su ser con el de los ‘otros’. Lo común será el pathos comunitario. Esta «circulación intersubjetiva» se dará cita en la profundidad de un Umwelt común, en el que convergerán una pluralidad abierta de individuos, una trans-individualidad compuesta por el eco mutuo de sus desfases que asistirá al encuentro de un Stiftung colectivo en la región originaria de la Phantasia, donde se ha producido la “parada” de toda discursividad, en esa fase de presencia sin presente asignable en la que se ha puesto en suspenso la fluidez temporalizadora del sentido en su propia génesis.

En 1989, desde la Universidad de Poitiers, Jean-Luc Marion, siguiendo un cierto giro teológico de herencia lévinasiana, publicará su obra Reducción y Donación[36]. En su exposición, mantendrá un axioma radical y aparentemente fenomenológico: “a más reducción más donación”. A la reducción “plana” del yo trascendental, añadirá una segunda reducción (deconstrucción) de corte heideggeriano, y, por último, completará la terna con un tercer modo de reducción en la facticidad radical, la denominada “pura forma de la interpelación”, en la que el yo se verá obligado a renunciar a la subjetividad absoluta, tendiendo hacia la alteridad, que será fuente originaria de toda donación y que coincidirá con el trastorno y la conmoción de la intencionalidad constituyente.  El sujeto no será más el ego constituyente inscrito en un horizonte, ni el Dassein abierto al mundo, sino un oyente pasivo que escucha la llamada de lo dado. Marion, aludiendo al §7 de Sein und Zeit, que presenta el fenómeno como un «mostrarse a sí mismo», caracterizará su fenomenalidad por su «saturación», es decir, como un exceso constitutivo de lo dado sobre su intención[37]. De este modo, el autor fundamentará un hecho de la máxima relevancia teórica que, por otro lado, ya habíamos advertido en los citados planteamientos husserlianos. En De surcroît[38], en un extraño y curioso viaje fenomenológico de la mano de Dionisio Aeropagita, el autor analizará la trascendencia teórica de los fenómenos saturados.  Dominique Janicaud, en Le tournant théologique de la phénoménologie française[39], llevará a cabo un estudio minucioso de esta propuesta.

Por último, en 1995, Alain Bonfand, en L´expérience esthétique à l´epreuve de la phénoménologie, en su capítulo dedicado a Esthétique et Phénoménologie[40], hará una clara exposición de las posiciones teóricas de Marion y Henry, ilustradas por sus comentarios sobre Kandinsky, Klee y los textos de Kleist. Henry Maldiney y Jacques Garelli, cada uno desde una óptica sutil diferente y desde los mismos presupuestos de partida, desarrollarán una teoría estética de marcado carácter fenomenológico. En el caso de Maldiney, sus últimas obras Penser l´homme et la folie, L´art, l´Éclair de l´être y Ouvrier le rien: l’art nu[41], mostrarán cómo el fenómeno se manifiesta en la obra de arte. De este modo, desde las conclusiones expuestas en los citados textos de Husserl, Maldiney definirá el arte como la “verdad del sentir”, partiendo de que el ritmo es la “verdad de la aisthesis[42]. El aparecer, el «fenómeno», encontrará su explicitación en las nociones de forma y de ritmo. El sentido propio de la fenomenología quedará expresado en su relación con la naturaleza de la experiencia estética: «Le propre de la phénoménologie, c´est de dévoiler l´être des phénomènes à partir d´eux-mêmes»[43]. En su obra podremos advertir dos sentidos de la noción de «fenómeno»: en primer lugar, el sentido de la palabra griega phainesthai, en tanto aparecer sin un «il y a» previo, sin un «en-deçà»; en segundo lugar, el «fenómeno» como acontecimiento, como apertura, «n´est pas ce qui se produit dans un monde, il ouvre un monde»[44]. En este último sentido, hablaremos de un “campo de tensiones” irreconciliables formado por diferentes acontecimientos, estallidos, rupturas, encuentros, modulaciones, de los cuales unos, equivalentes, estarán en resonancia en el espacio, mientras que otros, opuestos, estarán en cambio recíproco y total a través de una duración monádica. El ritmo les conferirá su dimensión formal, o lo que es lo mismo la dimensión según la cual una «forma» se forma: «En cela ils sont intégrés à un espace unique, dont le genèse rythmique, seule, les fait formes»[45]. Su concepto de «transpossibilité», en tanto transposición arquitectónica de puras posibilidades, será decisivo para entender la resonancia misma de los procesos de generación de sentidos. La noción de «mutación» expresará este acontecimiento del aspecto del mundo en su estado naciente, de un mundo no-objetivo. Mientras el «signo» y la «imagen» serán momentos “gnósicos”, la «forma» será el momento “fático”, que se concretará en el espacio artístico, siempre en formación (Gestaltung). De este modo, la noción de ritmo será la noción central de la estética fenomenológica de Henry Maldiney. Ya en su obra de 1973, Regard, Parole, Espace, en su capítulo titulado «L´esthétique des rytmes», describirá esta noción que, posteriormente, veinte años después, aparecerá en su trabajo L´art, l´Éclair de l´être, bajo la definición de su propia condición inobjetivable: «Le rytme est l´articulation du soufle»[46].

Del mismo modo que Maldiney hará hincapié en la «discontinuidad» y el «vacío», recordando las potentes intuiciones de Roman Ingarden, Jacques Garelli describirá el despliegue rítmico de las obras de Arte, volviendo a tener presente el fenómeno de incumplimiento que estaba en la base del fracaso, o interrupción, del propio proceso de constitución objetiva de la realidad. Su gran obra Rythmes et mondes. Au revers de l´identité et de l´altérité[47] comenzará ya con una introducción acerca De la primauté du monde préindividuel sur l´étant individué, donde el análisis de la reflexión kantiana conducirá hacia una meditación minuciosa sobre la creación artística a partir del orden pre-individual, pre-reflexivo y pre-simbólico, y a partir del pensamiento de Heidegger, Merleau-Ponty, Gilbert Simondon y Marc Richir. Los ritmos de configuración y el juego de vacíos recobrarán la vieja idea kantiana de una cohesión sin conceptos tras la tiránica continuidad homogénea del flujo temporal, en el espacio originario de una resonancia entre elementos hiléticos, discontinuos, a distancia, que describirán una topología primitiva donde el sentido asiste a su propio nacimiento.

 

  1. Reducción estética y reducción fenomenológica.

De las aproximaciones teóricas descritas hasta este momento, parece seguirse un paralelismo entre dos modos de reducción, que es, en definitiva, el regressus propio de la Fenomenología. La reducción estética y la reducción fenomenológica comparten el mismo despliegue en la arquitectónica de la serie fenomenológica. Les presentaré como un ejemplo las trece tesis que Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina expuso en el año 2011, en la revista Annales de phénoménologie, con el título : “L’obscurité de l’expérience esthétique”[48] :

En las dos reducciones, fenomenológica y estética, los obstáculos que hay que superar son equivalentes. En ambos casos hay que romper en primer lugar la barrera eidética, después la barrera de lo posicional y finalmente la barrera de la identidad (estructura simbólica). Sin la suspensión previa de la eidética, los niveles arquitectónicos se desvanecerían o incluso se anularían, abatidos hacia el nivel superior o hacia el.nivel inferior, según los casos. En consecuencia, la reducción resultará imposible a su vez. Sin superar la barrera de la posicionalidad, no habrá manera de superar el régimen intencional ni de acceder por lo tanto al territorio de lo artístico que es una zona de phantasía. De lo contrario, no despegaríamos del mundo de la percepción de objetos con su correspondiente articulación categorial de propiedades. La obra de arte carece de determinaciones y propiedades que la definan. Y, finalmente, sin superar la barrera de las síntesis de identidad, no accederíamos al territorio originario donde tiene lugar la experiencia estética.

En la medida en la que avanzan ambas reducciones (regressus), se produce un desvanecimiento acentuado del tipo de operaciones del sujeto. En consecuencia, se debilitan también las posibilidades que son siempre correlativas de los actos (operaciones). Este es el territorio de la pasividad (transoperaciones) y de la transposibilidad.

El sensus communis kantiano, equivalente a la intersingularidad interfacticial  (pluralidad originaria) significa la pérdida de toda posible fijación de un ego o de un tu. En la reducción fenomenológica cualquier sí-mismo es sujeto de la reducción. La reducción estética se da cuando cualquier aquí-absoluto puede tener la misma experiencia estética.

Sentido de lenguaje y sensación hylética comparten la misma característica fundamental: el contacto con su “objeto” sin deformación de la Sache. Ni la reesquematización en lenguaje implica deformación de los esquematismos fuera de lenguaje, puesto que no hay transposición simbólica (reconocimiento por identificación), ni la “sensación” originaria supone deformación de lo sentido, pues las quinestesias vibran en el mismo ritmo que aquello en que engranan. Tal es el significado último de la remisión husserliana a las cosas mismas.

En la reducción fenomenológica procedemos yendo del sentido a la sensación, y la cuestión de fondo que se plantea es la cuestión del sentido sobre el trasfondo de la trascendencia absoluta (Marc Richir). En la experiencia estética vamos de la sensación al sentido, y la cuestión de fondo que se plantea es la cuestión de la sensación, también sobre el trasfondo de la trascendencia absoluta. Esquematismos versus hyle. Y ambas cuestiones son cuestiones límite. No hay un sentido del sentido ni una sensación de la sensación, so pena de una absurdo regressus in infinitum.

Hay un evidente parpadeo entre sensación y sentido que opera en el fondo del paralelismo entre las dos reducciones que examinamos: la fenomenológica y la estética. La sensación con sentido remite al sentido con sensación. La sensación está necesariamente revestida de sentido, pues en caso contrario su impacto sería brutal (ceguera). El sentido a su vez posibilita la sensación sin “orientarla”, pues en caso contrario sería vacío. El sentido no orienta en el nivel originario la sensación (Meinung), ni in-tencionalmente ni pre-tencionalmente. No hay pretensión de un ego actuante, que en este nivel originario está disuelto en el anonimato.

Ese sí-mismo (aquí singular) no puede ser fijado por el sentido (in fieri), y la sensación sólo lo afecta leiblich. Tal situación desestabilizada en la indeterminación no impide sin embargo el análisis fenomenológico.

Ni el sentido queda cortocircuitado simbólicamente, ni la impresión es cortocircuitada por significatividades. El territorio esquemático salvaje (sin identidad) que comprende “sensación” y “sentido” (in fieri) es un territorio de fuerza, con ritmos, pero sin harmonía. La pretendida harmonía anularía la fuerza de los ritmos que se superponen.

En ambas reducciones se accede a un territorio esquemático que comparte con el esquematismo fuera de lenguaje la indeterminación, pero también la riqueza y concreción. En ambas reducciones se asciende hasta la tensión afectiva originaria donde radica la fuerza básica que, después, paulatinamente, sufre el desgaste (determinación y abstracción) de las transposiciones en el progressus.

El sí-mismo, no intersubjetivo, que es también aquí-absoluto en intersingularidad, posee la condición básica de la apertura.  Apertura al esquematismo (y la afección) del sentido y apertura a la hýlê de la sensación.

El sensus communis (intersingularidad en interfacticidad) se modaliza, sin embargo, de manera que, en lo referente al sentido, el acceso al fenómeno (nada de ser) es diferenciado (singularidad), mientras que la sensación es la misma para todo aquí absoluto: mismidad de la afectación estética.

En ambas reducciones hay que subrayar el papel fundamental que juega la afectividad, tal como fue vigorosamente señalado por Kant en su Kritik der Urteilskraft: “El placer de esta clase de agrado que viene al ánimo por el sentido es así pasivo y puede llamarse placer de goce…En cambio el placer en lo bello no es ni un placer del goce ni el de una actividad conforme a la ley, ni tampoco el de una contemplación que razona según Ideas, sino el de la mera reflexión” (KUK. § 39). Ese placer de la mera reflexión es lo que Husserl llamaba la afección de lo “percibido pura y simplemente”, “lo percibido como tal”, “el objeto–en-el-cómo”. Es la irrupción de la afección por interrupción del conocimiento (y el reconocimiento) (Nº 20, p. 383 de Hua. XXIII).

Y, por último, hay que observar que en el progressus (katábasis), la “sensación” originaria se mantiene sin cambio hasta el nivel de la percepción de objetos (la Urempfindung es ahora Abschattung), mientras que el “sentido” se transpone animando las nuevas configuraciones de lenguaje, que Husserl llama primero “significación simple” (significatividad no intencional) y luego significación (que anima intencionalmente la percepción de objetos).

 

[1] Edmund Husserl. Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica (Madrid: F.C.E, 1985), pp. 262-263.

[2] Luis Álvarez Falcón. Realidad, arte y conocimiento. La deriva estética tras el pensamiento contemporáneo. Barcelona: Editorial Horsori, 2009.

[3] Edmund Husserl. Phantasie; Bildbewusstsein, Erinnerung, Hua. XXIII (Dordrecht-Boston-London: Kluwer Academic Publishers, 1980), pp. 386-392. Traducción francesa: Phantasia, conscience d´image, souvenir, trad. Raymond Kassis y Jean-François Pestereau (Grenoble: Ed. J. Millon, 2002), pp. 374-379.

[4] Edmund Husserl. Erfahrung und Urteil. Untersuchungen zur Genealogie del Logik, (Hamburg: Felix Meiner, 1985), p. 49.

[5] Edmund Husserl. Ding und Raum, Vorlesungen 1907, Hua. XVI, (The Hague, Netherlands: Martinus Nijhoff, 1973), p. 64, 70, pp. 99-102, 137, 167, 168; Investigaciones Lógicas II, op. cit., Inv. III, pp. 385-470; Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del tiempo, op. cit., p. 49 y ss, 68, 94, 98, 105 y ss, 119 y ss.; Ideas relativas a una fenomenología pura, (México: F. C. E., 1985), pp. 191 y ss.; Analysen zur passiven Synthesis, Hua. XI, pp. 183 y ss.; Phantasie; Bildbewusstsein, Erinnerung, Hua. XXIII, op. cit., pp. 60-64, pp. 134-135.

[6] Edmund Husserl. Phantasie; Bildbewusstsein, Erinnerung, Hua. XXIII, op. cit., pp. 54-63.

[7] Edmund Husserl. Ideen zu einer reinen Phänomenologie und phänomenologischen Philosophie. Erstes Buch. Allgemeine Einführung in die reine Phänomenologie. Ed. Karl Schuhmann. Husserliana 3/1, Martinus Nijhoff, The Hague, 1976.

[8] Moritz Geiger. «Beiträge zur Phänomenologie des ästhetischen Genusses», en Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Foreschung I, Bd, I, 2, 1913; pp. 567-684.

[9] Moritz Geiger. «Das Bewußtsein von Gefühlen», en Münchener Philosophische Abhandlungen, 1911; pp. 125-162.

[10] Moritz Geiger. «Das Unbewusste und die psychische realität», en Jahrbuch für Philsophie und phänomenologische Forschung IV, 1921; pp. 1-138.

[11] Oskar Becker. «Beträge zur phänomenologischen Begründung der Geometrie und ihrer physikalischen Anwendungen» en Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung VI. Max Niemeyer, Halle, 1923.

[12] Oskar Becker. Von de Hinfälligkeit des Schönen, Festschrift für Husserl, Halle, 1929.

[13] Hans-Georg Gadamer. Habilitationschrift, Platos dialektische Ethik: Phänomenologische Interpretationen zum Philebos, Meiner, Leipzig, 1931.

[14] Roman Ingarden. Das literarische Kunstwerk, Max Niemeyer, Halle (Saale), 1931.

[15] Roman Ingarden. Vom Erkennen des literarischen Kunstwerks, Max Niemeyer, Tübingen, 1968. Ver «Concreción y reconstrucción», en R. Warning, op. cit., p. 35.

[16] Roman Ingarden. «Concreción y reconstrucción», op. cit., p. 41.

[17] Edmund Husserl. Husserliana Bd IX, 7, Kluwer Academic Publishers, Dordrecht-Boston-London, 1965.

[18] Mikel Dufrenne. Phénoménoligie de l´expérience esthétique, P.U.F., París, 1953.

[19] Mikel Dufrenne. op. cit., pp. 288-289.

[20] Mikel Dufrenne. Esthétique et philosophie, 3 vols., Klincksieck, París, 1981.

[21] Mikel Dufrenne. Le Poétique, P.U.F. París, 1963; p. 27.

[22] Eugen Fink. «Vergegenwärtigung und Bild», en Studien zur Phänomenologie (1930-1939), Nijhoff, La Haya, 1966.

[23] Eugen Fink. Spiel als Weltsymbol, Kohlhammer, Stuttgart, 1960. Traducción francesa: Le jeu comme symbole du monde, trad. H. Hildenbrand y A. Lindenberg, Minuit, Paris, 1966.

[24] Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina. «Estética y Fenomenología», en Bozal, V. (ed.), op. cit., p. 123.

[25] Eugen Fink. VI Cartesianische Meditation. Teil 1. Die Idee einer transzendentalen Methodenlehre, Kluver Academic Publishers, Dordrecht/Boston/London, 1988. Traducción francesa: Sixième Méditation Cartésienne, trad. Nathalie Depraz, Jérôme Millon, Grenoble, 1994.

[26] Eugen Fink. VI Cartesianische Meditation, op. cit., p. 118.

[27] Edmund Husserl. Analysen zur passiven Synthesis, op. cit., p. 154 y p. 165

[28] Edmund Husserl. Phantasie; Bildbewusstsein, Erinnerung, Hua. XXIII, op. cit., pp. 90-92.

[29] Edmund Husserl. Analysen zur passiven Synthesis, op. cit., pp. 405-411.

[30] Edmund Husserl. Analysen zur passiven Synthesis, op. cit., p. 407.

[31] Edmund Husserl. Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del tiempo, op. cit., §25., p. 75 y Analysen zur passiven Synthesis, op. cit., pp. 172-184.

[32] Edmund Husserl. Analysen zur passiven Synthesis, op. cit., p. 421.

[33] Michel Henry. L´essence de la manifestation, Presses Universitaires de France, París, 1963.

[34] Michel Henry. Phénoménologie matérielle, Presses Universitaires de France, París, 1990.

[35] Inmanuel Kant. Crítica del discernimiento, op. cit., §40., p. 260. («Kritik des Urteilskraft», parágr. B160-161)

[36] Jean-Luc Marion. Réduction et donation. Recherches sur Heidegger et Husserl et phénoménologie, P.U.F., París, 1989.

[37] Jean-Luc Marion. La croisée du visible, P.U.F., París, 1996 y Étant donné, P.U.F., París, 1997.

[38] Jean-Luc Marion. De surcroît, P.U.F. París, 2001.

[39] Dominique Janicaud. Le tournant théologique de la phénoménologie française, L´eclat, Combas, 2ª ed., 2001.

[40] Alain Bonfand. L´expérience esthétique à l´epreuve de la phénoménologie, P.U.F., París, 1995; pp. 3-41.

[41] Henry Maldiney. Penser l´homme et la folie, Millon, Grenoble, 1977; L´art, l´Éclair de l´être, Collection Scalène, Éditions Comp´Act, París, 1993; Ouvrier le rien: l’art nu, Encre Marine, París, 2000.

[42] Henry Maldiney. Regard, Parole, Espace, L´Âge d´homme, París, 1973; p. 153.

[43] Henry Maldiney. L´art, l´Éclair de l´être, op. cit., p. 261.

[44] Henry Maldiney. op. cit., p. 21.

[45] Henry Maldiney. op. cit., p. 131.

[46] Henry Maldiney. op. cit., pp. 362 y ss.

[47] Jacques Garelli. Rythmes et mondes, J. Millon, Grenoble, 1991.

[48] Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina. “L’obscurité de l’expérience esthétique”, en Annales de phénoménologie, 2011, pp. 7-32.

 

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©Ilustraciones Fernando Martín Godoy
©Turning Communications Gradient

 

La desobjetivación del arte: distancia y extrañeza2021-09-17T13:07:32+02:00

The identity of art. La identidad del arte

2021-08-02T18:58:55+02:00

The identity of art es la traducción del artículo de Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina en EIKASIA, Revista de filosofía. A continuación, pueden encontrar una exposición que combina filosofía fenomenológica, teoría estética, filosofía del arte y ciencia contemporánea (matemáticas y física). Esta no es una descripción típica. Consiste en la unificación de las grandes regiones del pensamiento humano, Ciencia, Arte y Filosofía, como sucedió en las primeras décadas del siglo XX con la aparición de la física contemporánea, las vanguardias artísticas y la filosofía fenomenológica.

 

The identity of art is the translation of the article by Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina in EIKASIA, Revista de filosofía. Below, you can find an exhibition that combines phenomenological philosophy, aesthetic theory, philosophy of art and contemporary science (mathematics and physics). This is not a typical description. It consists of the unification of the great regions of human thought, Science, Art and Philosophy, as happened in the first decades of the 20th century with the appearance of contemporary physics, the artistic avant-gardes and phenomenological philosophy.

 

 

At the beginning of the 20th century there was a distinction between classical physical knowledge and quantum physical knowledge. With special relativity (space-time and the equating of energy and matter), classical physics culminates; and with the Planck quantization, a new physics begins, with strange syntheses without identity: transprobability.

But, in 1915, an even deeper distinction appeared, that of proper knowledge (which encompasses the classical and quantum), and improper knowledge. It all started when, in Einstein’s general relativity, it was not clear that the sacred principle of the conservation of energy was fulfilled. Hilbert claimed (his famous Behauptung) that it was improper knowledge; but he couldn’t explain why. It was the mathematician Emmy Noether, an expert in invariants, who, with her two theorems from 1918, explained the radical difference between proper knowledge (conservation of energy, of linear and angular moments, of «charges» …), and improper knowledge (second theorem).

But the deeper reason for improper conservation, which Noether found in Lie’s non-enumerable infinity groups, is in the purposive field of renewed phenomenology. We find it when the intentional field is traversed not “from the ground up” (the movement of the least action), but “from below upwards”: the simple invariance without attention to movement. And there we find the surprising identity of art, compared to the identity of science. Art is an improper, strong and all-encompassing form of knowledge.

 

 

The identity of art

Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina

Translation Luis Álvarez Falcón

 

In front of the surprise that the number 100 of “Eikasía. Revista de filosofía” have transformed in a homage to my person by the mere reason to having aged, have felt me, first, as somebody nude in a market of slaves; afterwards, as somebody exhibited in public auction; and, finally, as subject of a necrológica (fixation of the ambiguity) that, as it is known, is used to to abound in compliments. Finally, dress, modest and alive, what do is to thank all by his glorious articles with another, brief, on a new approach of what are the identities of the art, since the identity says of a lot of ways.
Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina.

One of the keys of my book on an phenomenological epistemology (unseen Order) is that it is necessary to distinguish between proper knowledges and improper knowledges, since the art (and the religion) do not leave to be knowledges. The art is not primariamente a subject of beauty, neither of representation, that are secondary effects; the art is a question of knowledge, although this was “improper”.

The art is knowledge for being universal; the art is not “cultural”, although, during centuries, have been impregnated by cultural attachments that did it partial. The course of the art to his universality (the autonomy) was a course of centuries, that culminated happily with the revolution of the avant-gardes, simultaneous revolution of the quantum revolution in physics and of the phenomenological revolution in philosophy. The same has happened with the religions, full of cultural adherences, even in the catholicism, in spite of his etymology of kathólou.

The cultural components: tongues, mores, mythologies, are divisional. The knowledges are universal experiences. The question that poses is, then, the following: ¿What does that some knowledges are proper and other improper?

 

The qualifying of “proper” was an occurrence of David Hilbert when it battled, in parallel with Einstein in the reconciliation of the equations of field of the general relativity, with the holy law of the conservation of the energy, that so evident seemed in the proper knowledges of the physics. It resembled Hilbert that a scientific knowledge is suitable if it adjusts  transparently to an equation of continuity. But, in the “continuity”, is the “mother of the lamb”, that only was decrypted by Emmy Noether, expert in invariants, call by Hilbert and Klein to Göttingen to help them.

Noether immediately saw that continuity is said in two ways, depending on whether its «generators» belong to the enumerable infinity or the non-enumerable infinity. They are two different continuities, the second of which encompasses the first.

This second class is the explored by the groups of Lie, of the Norwegian mathematician Sophus Lie (1842-1899), that Noether had studied deeply. In year 1918, Emmy Noether, in a brief writing (Invariante Variationsprobleme), formulated two theorems, the first on the proper knowledges, based on the enumerable continuity of the «generators», linked to an extreme principle of minimal action, and the second on improper knowledge, based on the non-enumerable continuity of the «generators» linked exclusively to an invariance, without the movement that the constrains to extreme minimum action.

That the functional (the function of functions) was only invariant, or that the functional was besides extreme, are two very separate questions. The proper physical knowledges govern by the equations of Euler-Lagrange, that resolve the movements that drive to an extreme of minima (first theorem). The improper physical knowledges receive only to the invariance, no to the extreme movements (second theorem).

And it is in the field of this second theorem, where resolved the question of the conservation of the energy in the general relativity. Neither Einstein, neither Hilbert recognised the identities of invariance that here were involved, the called “identities of Bianchi”.

Well, the identity of the art corresponds with these identities of mere invariance, without extreme movements. What means that the perceptive fantasies that compose the work of art do not go out of any extreme movement of minima, as in the transpositions of the language in the intentional field, from up and down (considering as «above» the original level).

The perceptive fantasies of the art (and his corresponding identity) arise in the mere invariance in the intentional field, from up and down. But not, as Husserl wanted, by modifying a privileged objective intentionality, but as moments of retention of hyperbasis in the conformation of the intentional field. The perceptive fantasies of art do not arise in the transposition of levels, when the intentional field is gnoseologically structured in a movement of extremes and minima. The identity of art is the identity that appears in strict invariance, without the functional being “extreme”. The identity that guides the artist in his work is an identity «against the grain» of the intentional field (de-objectification), when invariance does not take refuge in movements of extreme or minimal action.

 

“Whoever damages the painting, commits a crime against the truth”, wrote the old Filóstrato in his Images. That is to say, the painting (the art) is a form of knowledge. Now well, we can ask us: ¿Of which form of knowledge? This was out of the scope of the old Filóstrato. They needed  a lot of centuries, practically until, at the beginning of the s. XX, concluded four revolutions.

The first revolution, the earliest, began with the formidable innovations of Galois and Riemann, which changed the mathematical field into an eidetic field.

The second revolution is the culmination of the course of the art to his autonomy, autonomy attained definitively by the Avant-gardes, beginning by the transformation of the Impressionism in Expressionism. The Art was shedding its cultural attachments; first, of his context of religious culture; afterwards, of his mythological context, as we check in the glorious exhibition that takes place in the Museum del Prado while I write these lines, exhibition that gathers, for the first time in centuries, the six “mythological” poetries that Tiziano composed for Felipe II.

The third and fourth revolutions are simultaneous; they are Husserl’s phenomenological revolution, with his proposal of the objective intentional level, which inaugurates the intentional field, and the physical revolution that transforms classical physics into quantum physics.

Altogether, we can say that philosophical materialism is expanded as phenomenological materialism. There has been an unstoppable process of unification.

Newton unifies the falling motion of an apple with the motion of the planets: it is gravitation at an unbearable price, gravity transmitted instantaneously.

Maxwell unifies the electricity and the magnetism, and results the identity of the light, the constant c.

Einstein unifies space and time, mass and energy, gravity and geometry. But he didn’t realize that mass and matter don’t match. We now know that mass is not an intrinsic property of matter; it is an acquired property. There was a primeval time when particles traveled frantically without mass. Matter could not be assembled, add. Only with a subsequent cooling (with the Higgs boson), the matter was added forming protons, neutrons, electrons, atoms, molecules … until now. Until 1915, when Einstein, in his proposal for a general relativity, made the motion equal the curvature of space-time.

But then it aroused  the alarm. The formula of Eisnstein:

Rμν  – ½ R . gμν = 8 π Tμν

Examined with the magnifying glass of the mathematicians of Göttingen (Hilbert and Klein), it seemed that it did not fulfill an imprescriptible conservation: the conservation of energy.

Hilbert proposed a risky solution; what occurred was that it had changed the form of knowledge. No longer it treated of a classical knowledge, an proper knowledge, but of an improper knowledge. And it was the mathematics Noether the one who elucidated what means an improper knowledge, in his second theorem, of 1918, three years after the Eistenian proposal.

What is improper knowledge can be established in two ways. Or as the change of a functional in which the invariance is stationary, extreme, for a functional of mere invariance; or as the change of a group of transformations (whose elements or «generators» are an enumerable infinite), for a group whose elements are constituted by a non-enumerable infinite. In both cases, it is a question of sharply distinguishing invariance with an extreme functional (the motion analyzed by the Euler-Lagrange equations), and mere invariance.

It is in that mere invariance, which does not attend to the transposition of the movement, where a new identity appears, which is not the intentional identity, nor evidently the eidetic identity, but a new, strange identity: the identity of improper knowledge, which is reveals first in general relativity and then reappears in other improper knowledge, those that traverse the intentional field, not from up and down, by transposition, but from up and down, by stopping hyperbasis: first artistic de-objectification, and then aesthetic experience.

Art and Religion appear, like this, like the two regions of improper knowledges, reason by which were included in the book unseen Order, whose subject is a phenomenological epistemology.

 

Technically the proper classical knowledges abide by the independent variables: space, time and field; without subjecting them to bypass. Only there is traslaciones and rotations.

If we translate time (without deriving it), the homogeneity of time, its symmetry, grants the conservation of energy.

If we translate the space (without deriving it), the homogeneity of the space gives us the conservation of linear momentum.

If we rotate space (isotropy of space), this symmetry provides conservation of angular momentum.

And the change of the entire field (gauge transposition), does not give the conservation of charge.

All this is classical: first theorem of Noether.

The second theorem picks up Hilbert’s challenge: it was not possible to reconcile the field equation of general relativity with the conservation of energy. The previous classical model no longer worked, in which, from a clear continuity (the mere translation or rotation of space, time and the field as intact independent variables), it was clearly deduced, properly, the conservation of something: energy, movement or loading.

Now the continuity itself has changed; space and time have undergone a bypass, and it turns out that the charges then interact with the fields. Conservation has become improper. Thus, Noether’s second theorem intervenes. If there is no functional with an extreme movement, with a minimum, the meaning of the identity changes. Then some «dependencies» appear, which are nothing but components of the field not determined by the equations of motion. They are identities of simple invariance.

There are, then, two types of conservation, proper and improper, that respond to two situations of the functional: if the functional is extreme or if it is not. Since the two Noether theorems are based on sharply separating two situations of the functional: if it is extreme or if it is simply invariant.

A new type of identities appears. They are not intentional identities, which arise, by transposition, in movement with a minimal extreme, but rather more encompassing identities, which are not limited to fulfilling the equations of movement. These larger identities are improper relationships (uneigentliche Relationen), but they are strong relationships, strong conservation laws (strong); whereas the conservation laws obtained in the classical situation of the first theorem are weak laws.

The identities of the proper conservation, feeble, appear in the groups of Lie of dimension limited (enumerable infinite); the identities of the improper conservation appear in the groups of Lie of boundless dimension (infinite not enumerable).

In this second theorem, whose results are encompassing those of the first theorem, it is where the conservation of energy of general relativity is verified, and where the identities of art appear.

 

We continue with a new variation, in this system of exhibition by musical variations, that suppose necessarily some repetition.

It was in the year 1915, in April, when Emmy Noether landed in Göttingen, invited by Hilbert and by Klein, like expert in invariants. Three months after his arrival, visit Einstein Göttingen, to explain in six lessons his general theory of the relativity. Hilbert remained excited and worked in a new version of the equations of the gravitational field, that Einstein presented, in its final version, to finals of November, in the Academy Prusiana of Berlin.

As we have seen, the problem that appeared without an apparent solution was how to reconcile the theses of gravitation that geometrized physics by making gravitation equivalent to the curvature of space-time of special relativity, with the conservation of energy.

Noether quickly intuited the underlying question: the force of the application of eidetic-mathematical structures to nature, and, with it, the connection of theory with experimentation. Hilbert totally agreed, but not Klein. Klein did not see that mathematical principles of variation were essential for expressing physical laws. In a letter to Pauli, in 1921, he wrote: «The fanatical faith of those who believe that variational principles can explain the reality of nature by purely mathematical considerations» (“der fanatische Glauben an die Variationsprinzipien, die Meinung, dass man durch blossen matematisches Nachdenken give Wesen der Natur erklären könne”)[1].

I suspect that the shadow of Husserl projected  on Hilbert and on Noether. In effect, Husserl happened of Halle to Göttingen in 1905, and left Göttingen to happen to Friburg in 1916. Being so it was to 1913 when the influence husserliana arrives to his apogeo with the publication of his book-program, the Ideas for a phenomenology, in his famous “Yearbook”, recently premièred.

I want to say that, although Hilbert and Noether were not philosophers, had to suffer the “tide fenomenológica” that drove them to distinguish between own and improper knowledges. Distinction this that goes through on of the distinction between quantum physics and classical physics, since so much the quantum as the classical find  in the knowledges that subject  at the beginning of minimum action. As it writes Feynman in his fundamental Lectures on Physics : “A particle takes the way of minimum action (the path of least action) as if it sniffed all the possible ways and chose the one who supposed the lower action, by an analogous method to the of the light when it chooses the most brief time”[2].

The decisive way is the one who groups in his lathe to ways with the same phase. That is to say, the decisive is not the distinction between classical and quantum, since both subject at the beginning of minimum action, but the distinction between proper and improper, since the proposal of the general relativity of Einstein is the one of an improper knowledge, and is the phenomenology the one who finish defining the proper knowledges like knowledges inscribed in the movement of transposition of the intentional field, from above downwards, by transposition. Whereas the improper knowledges inscribe in the intentional field “doing”, in the arrest of the hipérbasis by which the epokhê launches us to the human sense in the upper limit of the intentional field.

 

The proper knowledge is later, and they are the ones that organize, in the epistemological regressus, the intentional field, by successive transpositions. For this reason, improper knowledge is encompassing of one’s proper and, among them, in addition to the initial general relativity, is art: the identity of art in the arrest of the middle level.

Although it should be noted that it is not that this «arrest» of hyperbasis equates to what Husserl believed was a modification of objective intentionality. The identity of art is produced in a technical de-objectification, which does not mean a modification of intentionality. The perceptive fantasies that define the identity of art (an echo of Bianchi’s identities in physics) are not perceptive fantasies by transposition of the original level (movement of minimal action), nor are they fantasies produced by modification of an objective intentionality; are perceptive fantasies arising in a strange arrest of hyperbasis.

It is in this identity of art that there is a collusion between the artist and the mathematician (the scientist), when both start from a special nucleus of perceptive fantasies that will serve different purposes: art and science.

It was surely Dirac the scientist that better perceived this collusion. Dirac, with his equation, was able to do increasingly precise the application of it eidetic to the physical, after the equations of Schrödinger and of Klein-Gordon. And, at the same time, it went stressing his artistic character. The equation of Dirac is simpler, linear, and is able to predict, in his four orderly functions in columns, antiparticles: electrons of positive load and antiprotones of negative load, before they could be observed experimentally.

We can ask ourselves: ¿Where did Dirac come from this approximation between the aesthetic and the physical? The answer can only be the following: the inappropriate encompasses the appropriate. In Noether’s equations, groups consisting of elements with non-enumerable infinity encompass groups with elements of countable infinity. Noether’s second theorem encompasses the first. The continuum that derives time encompasses the temporal continuum. That is, in the intentional field, the path from up and down through constitutive hyperbasis is encompassing the gnoseological path from down and up when necessarily the movement of the functional is a stationary invariance with minimums of extreme action.

The “dependencies” of Noether, that is to say, the relations between the components of the field, no determined in way any by the equations of movement, give  in the simple invariance. Noether Saw clearly that, after the proper conservation, after the laws of the classical mechanics, the electrodynamics and the quantum, appeared encompassing functions, functions of the coordinates space-temporary. And this only could  appreciate from the mathematical theory of the groups of transformation. There is a group of Lie, fundamental and encompassing, in which each point reveals like a generator of the continuous.

In the theory of the general relativity, these radical transformations affect to the metric tensor, that is the basic component of the gravitation.

 

There is as a basic identity, identity in the mere invariance. The physicists call them identities of Bianchi, in the tensor of curvature of Riemann. These dependencies, or identities of Bianchi, are the precedent of the identities of the art when we limit us to the field intencional dominant and to the internal connection of his components.

In his second theorem, Noether shows that the conservation of energy in the theory of general relativity is improper, so that matter and gravity are intrinsically coupled. One could only speak of self-conservation of energy in the entire system of the universe, with an intentional subject outside that system (God), an impossible situation. In the human situation, in which we inevitably find ourselves, there is necessarily and simultaneously proper and improper knowledge, and the former (with their conservation laws) form a subgroup of the latter.

The conservation of energy in general relativity cannot be its proper, and the identity of art in the arrest of the hyperbasis of the intentional field is not its proper either. And the improper in encompasses the proper. Which does not mean that old Protagoras’s thesis was true. Protagoras held that man is the measure of everything. It could also be said that it is things that measure man. Well, neither anthropologism nor naturalism. It must be confessed that things measure man and man measures things. The intentional field springs from the epokhê of the natural and blind movement of the physis, and this movement becomes transparent precisely from the intentional field.

Such is the situation of fundamental circularity in which humanity is inscriptionally inscribed. And it is in such a circular situation that the distinction between proper and improper knowledge is compelled. It is the same intentional field that is duplicated, if we stick to its conformation in simple invariance (improper artistic identities), or if we adhere to its conformation as the movement governed by extreme constraints: minimal action of its proper.

 

In short: Noether’s second theorem is encompassing of the first; there are improper conservation laws versus classical proper laws; there are points of non-enumerable infinity in the group of transformations versus points of enumerable infinity; there are extreme functional versus field component dependencies; there is identity of simple invariance versus an invariance dominated by motion.

If we focus on the level of intermediation, we can observe how the two directions intersect. From from up and down, perceptive fantasies (identities of the transposable) are culturally divided. From the down and up, perceptive fantasies (art identities) are universal.

Therein lies what has been called the march of art towards its autonomy. When works of art are culturally affected, their reception is no longer universal, and is limited by the sets of subjects culturally grouped by languages, mores and mythologies of justification. When art detaches itself from cultural affections and achieves the freedom of its autonomy, its reception is universal and crosses cultural borders.

The identity of art is universal; the identity of the transposable is divisive. But it is the same intentional field that houses the two dimensions, improper and proper, that run through the functional in opposite senses, so that the improper sense is the strong and encompassing one.

What Noether, with his mastery of Lie transformation groups, found in Einstein’s general relativity (the identities of Bianchi, which neither Hilbert nor Klein knew) and which allowed him to explain conservation of energy as improper conservation, we have extended to analogous territories, in which the identity of art appears. Art identity that, because it is strong and improper, is encompassing scientific identities (conservation of energy, of moments and of different kinds of «charges»), and we confirm such a strange and apparently scandalous situation, in the irremediable human circumstance that it is the fundamental circularity: «I and my circumstance.».

And the same thing that we have just analyzed at the intermediate level of the intentional field, we can verify it at the original level. What intersects here is what is usually called phenomenologization and aesthetic experience: it is the process, also governed by a law of minimal action of the «paths» that are integrated versus the free experience of movement, and attended to the mere invariance of the aesthetic experience, continuation of artistic identity, and whose mission is evidently that of a reinforcement of humanity.

 

The year 1970 is a key date in the history of physics. It was the year that the standard model of particle physics was completed. From that date until now, our knowledge of the physical world has not changed substantially; there have been detailed advances: new bosons of the weak nuclear force, Higgs bosons, neutrino oscillations, accelerated expansion of the universe … but: “when it comes to empirical knowledge, physicists now basically know the same thing as their colleagues in 1970”[3].

1970 was also the date that Noether’s theorems of 1918 were rediscovered, half a century later. During those fifty years, physicists used to speak of Lie groups (which are at the base of these theorems) as the «plague of groups» (Gruppenpest), resisting in a strange way the mathematization of physics. It took decades for the physicist community to accept Noether’s mathematics; and many more years to recognize his decisive division between the conservation of physical laws in classical mechanics and the conservation of energy in general relativity.

 

It is the divide and proper knowledge and improper knowledge that is at the core of the term quantum gravity. Quantum gravity does not have a scientific resolution, but rather a phenomenological one, since it affects both senses of the intentional field: the sense that houses one’s own knowledge, based on the transposition of levels, when the functional one is governed by a principle of extreme action; and the sense that harbors improper, strong and encompassing knowledge: universal gravitation, the geometry of space-time.

Quantum gravity seeks to scientifically unite what, by definition and previously, is separate: proper and improper knowledge, which are only phenomenologically reconciled.

The identity of art and the theory of general relativity are improper knowledge because both refer, in the same way, to space-time: space-time is transformed in them in such a way that the infinitesimal generator parameter (ε) does not retain its value. Space and time are subject, in both cases, to derivation. The derivative is the parameter ε itself; what results is an identity of mere invariance, an identity that highlights «dependencies» of the intentional field, components of the field not determined by the equations of movement.

Physicist Dwight Neuenschwander sums all this up in this sentence: “Noether’s second theorem drives home the point that to functional being an extremal and being invariant plough separate considerations[4].

 

It is possible, to curl the curl, and finish, the realization that there is, in addition, a certain hierarchy between the identities of art. There seem to be art identities with a potential for improper knowledge superior to that of other related ones.

Take a well-known example. Vinteuil’s sonata is a fictional sonata of Proust in his great novel, but it is clear that its identity is superior in improper potential to the identity of the Cesar Franck sonata from which it appears to have been inspired.

 

*        *        *

 

The style of presentation of this article is evident. It is a carbon copy of what, in music, is called variations. There are contents that cannot be expressed linearly, but only as a series of successive musical variations, as the coordinates change, in a differentiated repetition; musical variations that can test a reader’s impatience.

In other words, it is the content that has been imposed here on its form of exposure.

RICARDO SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA
Guadarrama, 11 de junio, 2021.

 

[1] I. KOSMANN – SCHWANZBACH, The Noether Theorems, Springer, 2018, p. 27.

[2] R. FEYNMAN, Lectures of Physics, v. II, 19-9, California Institut of Technology, 1964.

[3] P. NARANJO, The quantum gravity, Madrid, RBA, 2019, p. 141.

[4] D. And. NEUENSCHWANDER, Emmy Noether’s wonderful theorem, Baltimore, Hopkings Universty Press, 2017, p. 197.

 

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A principios del siglo XX se produjo la distinción entre conocimientos físicos clásicos y conocimientos físicos cuánticos. Con la relatividad especial (el espacio-tiempo y la equiparación de energía y materia), culmina la física clásica; y con la cuantización de Planck, se inicia una física nueva, con extrañas síntesis sin identidad: transprobabilidad.

Pero, en 1915, apareció una distinción aún más profunda, la de los conocimientos propios (que engloban lo clásico y lo cuántico), y los conocimientos impropios. Todo empezó cuando, en la relatividad general de Einstein, no estaba claro que se cumpliese el principio sagrado de la conservación de la energía. Hilbert afirmó (su famosa Behauptung) que se trataba de un conocimiento impropio; pero no supo explicar el porqué. Fue la matemática Emmy Noether, experta en invariantes, la que, con sus dos teoremas de 1918, explicó la diferencia radical entre conocimientos propios (conservación de la energía, de los momentos lineal y angular, de las “cargas” …), y los conocimientos impropios (segundo teorema).

Pero la razón más profunda de la conservación impropia, que Noether encontró en los grupos de infinito no enumerable de Lie, está en el campo intencional de la fenomenología renovada. La encontramos cuando se recorre el campo intencional no “desde arriba hacia abajo” (el movimiento de la mínima acción), sino “desde abajo hacia arriba”: la simple invariancia sin atención al movimiento. Y ahí encontramos la sorprendente identidad del arte, frente a la identidad de la ciencia. El arte es una forma de conocimiento impropio, fuerte y englobante.

La identidad del arte

Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina

 

Ante la sorpresa de que el número 100 de “Eikasía” se haya transformado en un homenaje a mi persona por la mera razón de haber envejecido, me he sentido, primero, como alguien desnudo en un mercado de esclavos; después, como alguien exhibido en pública subasta; y, finalmente, como sujeto de una necrológica (fijación de la ambigüedad) que, como es sabido, suele abundar en halagos. Finalmente, vestido, modesto y vivo, lo que hago es dar las gracias a todos por sus magníficos artículos con otro, breve, sobre un nuevo enfoque de lo que son las identidades del arte, puesto que la identidad se dice de muchas maneras.

 

Una de las claves de mi libro sobre una epistemología fenomenológica (Orden oculto) es que hay que distinguir entre conocimientos propios y conocimientos impropios, dado que el arte (y la religión) no dejan de ser conocimientos. El arte no es primariamente un asunto de belleza, ni de representación, que son efectos secundarios; el arte es una cuestión de conocimiento, aunque este sea “impropio”.

El arte es conocimiento por ser universal; el arte no es “cultural”, aunque, durante siglos, haya estado impregnado por aditamentos culturales que lo hacían parcial. La marcha del arte hacia su universalidad (la autonomía) fue una marcha de siglos, que culminó felizmente con la revolución de las vanguardias, revolución simultánea de la revolución cuántica en física y de la revolución fenomenológica en filosofía. Lo mismo ha pasado con las religiones, llenas de adherencias culturales, incluso en el catolicismo, pese a su etimología de kathólou.

Los componentes culturales: lenguas, mores, mitologías, son divisorios. Los conocimientos son experiencias universales. La cuestión que se plantea es, pues, la siguiente: ¿Qué hace que unos conocimientos sean propios y otros impropios?

 

El calificativo de “propio” fue una ocurrencia de David Hilbert cuando batallaba, en paralelo con Einstein en la reconciliación de las ecuaciones de campo de la relatividad general, con la ley sagrada de la conservación de la energía, que tan evidente parecía en los conocimientos propios de la física. Le parecía a Hilbert que un conocimiento científico es propio si se ajusta limpiamente a una ecuación de continuidad. Pero, en la “continuidad”, está la “madre del cordero”, que sólo fue descifrada por Emmy Noether, experta en invariantes, llamada por Hilbert y Klein a Göttingen para ayudarles.

Noether vio inmediatamente que la continuidad se dice de dos maneras, según que sus “generadores” pertenezcan al infinito enumerable o al infinito no enumerable. Son dos continuidades diferentes, la segunda de las cuales engloba a la primera.

Esta segunda clase es la explorada por los grupos de Lie, del matemático noruego Sophus Lie (1842-1899), que Noether había estudiado profundamente. En año 1918, Emmy Noether, en un breve escrito (Invariante Variationsprobleme), formuló dos teoremas, el primero sobre los conocimientos propios, basados en la continuidad enumerable de los “generadores”, ligados a un principio extremo de acción mínima, y el segundo sobre los conocimientos impropios, basados en la continuidad no enumerable de los “generadores” ligados exclusivamente a una invariancia, sin el movimiento que la constriñe a una acción extrema de mínimos.

Que el funcional (la función de funciones) sea sólo invariante, o que el funcional sea además extremo, son dos cuestiones bien separadas. Los conocimientos físicos propios se rigen por las ecuaciones de Euler-Lagrange, que resuelven los movimientos que conducen a un extremo de mínimos (primer teorema). Los conocimientos físicos impropios se acogen únicamente a la invariancia, no a los movimientos extremos (segundo teorema).

Y es en el ámbito de este segundo teorema, donde se ventilaba la cuestión de la conservación de la energía en la relatividad general. Ni Einstein, ni Hilbert reconocieron las identidades de invariancia que aquí estaban implicadas, las llamadas “identidades de Bianchi”.

Pues bien, la identidad del arte se corresponde con estas identidades de mera invariancia, sin movimientos extremos. Lo que significa que las fantasías perceptivas que componen la obra de arte no salen de ningún movimiento extremo de mínimos, como en las transposiciones del lenguaje en el campo intencional, de arriba hacia abajo (considerando como “arriba” el nivel originario).

Las fantasías perceptivas del arte (y su identidad correspondiente) surgen en la mera invariancia en el campo intencional, de abajo haca arriba. Pero no, como quería Husserl, por modificación de una intencionalidad objetiva privilegiada, sino como momentos de retención de la hipérbasis en la conformación del campo intencional. Las fantasías perceptivas del arte no surgen en la transposición de niveles, cuando se estructura gnoseológicamente el campo intencional en un movimiento de extremos y mínimos. La identidad del arte es la identidad que aparece en la estricta invariancia, sin que el funcional sea “extremal”. La identidad que guía al artista en su trabajo es una identidad “a contrapelo” del campo intencional (la des-objetivación), cuando la invariancia no se refugia en movimientos de acción extrema, ni mínima.

 

“Quien daña la pintura, delinque contra la verdad”, escribió el viejo Filóstrato en su Imágenes. Es decir, la pintura (el arte) es una forma de conocimiento. Ahora bien, podemos preguntarnos: ¿De qué forma de conocimiento? Esto estaba fuera del alcance del viejo Filóstrato. Se necesitaron muchos siglos, prácticamente hasta que, a principios del s. XX, concluyeron cuatro revoluciones.

La primera revolución, la más madrugadora, comenzó con las formidables innovaciones de Galois y Riemann, que cambiaron el campo matemático en un campo eidético.

La segunda revolución es la culminación de la marcha del arte hacia su autonomía, autonomía lograda definitivamente por las Vanguardias, empezando por la transformación del Impresionismo en Expresionismo. El arte se fue despojando de sus adherencias culturales; primero, de su contexto de cultura religiosa; después, de su contexto mitológico, como comprobamos en la magnífica exposición que tiene lugar en el Museo del Prado mientras escribo estas líneas, exposición que reúne, por primera vez en siglos, las seis “poesías” mitológicas que Tiziano compuso para Felipe II.

La tercera y cuarta revoluciones son simultáneas; son la revolución fenomenológica de Husserl, con su propuesta del nivel intencional objetivo, que inaugura el campo intencional, y la revolución física que transforma la física clásica en física cuántica.

En conjunto, podemos decir que el materialismo filosófico se amplía como materialismo fenomenológico. Ha habido un proceso imparable de unificaciones.

Newton unifica el movimiento de caída de una manzana con el movimiento de los planetas: es la gravitación a un precio insoportable, la gravedad transmitida instantáneamente.

Maxwell unifica la electricidad y el magnetismo, y resulta la identidad de la luz, la constante c.

Einstein unifica el espacio y el tiempo, la masa y la energía, la gravedad y la geometría. Pero no se dio cuenta de que la masa y la materia no coinciden. Ahora sabemos que la masa no es una propiedad intrínseca de la materia; es una propiedad adquirida. Hubo un tiempo primigenio en que las partículas viajaban frenéticamente sin masa. La materia no se podía congregar, agregar. Sólo con un posterior enfriamiento (con el bosón de Higgs), la materia se agregó formando protones, neutrones, electrones, átomos, moléculas… hasta ahora. Hasta 1915, cuando Einstein, en su propuesta de una relatividad general, hace que el movimiento equivalga a la curvatura del espacio-tiempo.

Pero entonces se suscitó la alarma. La fórmula de Eisnstein:

Rμν  – ½ R . gμν = 8 π Tμν

examinada con la lupa de los matemáticos de Göttingen (Hilbert y Klein), parecía que no cumplía una conservación imprescriptible: la conservación de la energía.

Hilbert propuso una solución arriesgada; lo que ocurría era que había cambiado la forma de conocimiento. Ya no se trataba de un conocimiento clásico, un conocimiento propio, sino de un conocimiento impropio. Y fue la matemática Noether la que dilucidó lo que significa un conocimiento impropio, en su segundo teorema, de 1918, tres años después de la propuesta eisteniana.

Qué sea un conocimiento impropio se puede establecer de dos maneras. O bien como el cambio de un funcional en el que la invariancia es estacionaria, extrema, por un funcional de mera invariancia; o bien como el cambio de un grupo de transformaciones (cuyos elementos o “generadores” son un infinito enumerable), por un grupo cuyos elementos están constituidos por un infinito no enumerable. En ambos casos, se trata de distinguir tajantemente la invariancia con un funcional extremo (el movimiento analizado por las ecuaciones de Euler-Lagrange), y la mera invariancia.

Es en esa mera invariancia, que no atiende a la transposición del movimiento, donde aparece una nueva identidad, que no es la identidad intencional, ni evidentemente la identidad eidética, sino una nueva identidad, extraña: la identidad de los conocimientos impropios, que se revela primero en la relatividad general y luego reaparece en otros conocimientos impropios, los que recorren el campo intencional, no de arriba hacia abajo, por transposición, sino de abajo hacia arriba, por detención de la hipérbasis: primero des-objetivación artística, y luego experiencia estética.

Arte y Religión aparecen, así, como las dos regiones de conocimientos impropios, razón por las que fueron incluidas en el libro Orden oculto, cuyo tema es una epistemología fenomenológica.

 

Técnicamente los conocimientos clásicos propios se atienen a las variables independientes: espacio, tiempo y campo; sin someterlas a derivación. Sólo hay traslaciones y rotaciones.

Si trasladamos el tiempo (sin derivarlo), la homogeneidad del tiempo, su simetría, otorga la conservación de la energía.

Si trasladamos el espacio (sin derivarlo), la homogeneidad del espacio nos da la conservación del momento lineal.

Si rotamos el espacio (isotropía del espacio), esta simetría proporciona la conservación del momento angular.

Y el cambio del campo entero (transposición gauge), no da la conservación de la carga.

Todo esto es clásico: primer teorema de Noether.

El segundo teorema recoge el desafío de Hilbert: no era posible conciliar la ecuación de campo de la relatividad general con la conservación de la energía. Ya no funcionaba el modelo clásico anterior, en el que, de una clara continuidad (la mera traslación o rotación del espacio, del tiempo y del campo como variables independientes intactas), se deducía claramente, propiamente, la conservación de algo: la energía, el movimiento o la carga.

Ahora ha variado la continuidad misma; el espacio y el tiempo han sufrido una derivación, y resulta que, entonces, las cargas interaccionan con los campos. La conservación se ha vuelto impropia. Interviene, así, el segundo teorema de Noether. Si no hay un funcional con un movimiento extremo, con un mínimo, cambia el significado de la identidad. Aparecen entonces unas “dependencias”, que no son sino componentes del campo no determinadas por las ecuaciones del movimiento. Son identidades de la simple invariancia.

Hay, pues, dos tipos de conservación, propia e impropia, que responden a dos situaciones del funcional: si el funcional es extremo o si no lo es. Puesto que los dos teoremas de Noether se basan en separar tajantemente dos situaciones del funcional: si es extremo o si es simplemente invariante.

Aparece un nuevo tipo de identidades. No son identidades intencionales, que surgen, por transposición, en el movimiento con un extremo mínimo, sino identidades más englobantes, que no se limitan a cumplir las ecuaciones de movimiento. Estas identidades más amplias son relaciones impropias (uneigentliche Relationen), pero son relaciones fuertes, leyes de conservación fuerte (strong); mientras que las leyes de conservación obtenidas en la situación clásica del primer teorema son leyes débiles.

Las identidades de la conservación propia, débil, aparecen en los grupos de Lie de dimensión limitada (infinito enumerable); las identidades de la conservación impropia aparecen en los grupos de Lie de dimensión ilimitada (infinito no enumerable).

En este segundo teorema, cuyos resultados son englobantes de los del primer teorema, es donde se constata la conservación de la energía de la relatividad general, y donde aparecen las identidades del arte.

 

Continuemos con una nueva variación, en este sistema de exposición por variaciones musicales, que suponen necesariamente alguna repetición.

Fue en el año 1915, en abril, cuando Emmy Noether aterrizó en Göttingen, invitada por Hilbert y por Klein, como experta en invariantes. Tres meses después de su llegada, visita Einstein Göttingen, para explicar en seis lecciones su teoría general de la relatividad. Hilbert quedó entusiasmado y trabajó en una nueva versión de las ecuaciones del campo gravitatorio, que Einstein presentó, en su versión definitiva, a finales de noviembre, en la Academia Prusiana de Berlín.

Como hemos visto, el problema que se presentó sin aparente solución fue cómo conciliar las tesis de la gravitación que geometrizaban la física haciendo que la gravitación equivaliese a la curvatura del espacio-tiempo de la relatividad especial, con la conservación de la energía.

Noether intuyó rápidamente la cuestión de fondo: la fuerza de la aplicación de estructuras eidético-matemáticas a la naturaleza, y, con ello, la conexión de la teoría con la experimentación. Hilbert estaba totalmente de acuerdo, pero no Klein. Klein no veía que los principios matemáticos de variación fuesen esenciales para expresar leyes físicas. En una carta a Pauli, en 1921, llegó a escribir: “La fe fanática de los que creen que los principios variacionales puedan explicar la realidad de la naturaleza por consideraciones puramente matemáticas” (“der fanatische Glauben an die Variationsprinzipien, die Meinung, dass man durch blossen matematisches Nachdenken das Wesen der Natur erklären könne”)[1].

Sospecho que la sombra de Husserl se proyectó sobre Hilbert y sobre Noether. En efecto, Husserl pasó de Halle a Göttingen en 1905, y dejó Göttingen para pasar a Friburg en 1916. Siendo así que fue hacia 1913 cuando la influencia husserliana llega a su apogeo con la publicación de su libro-programa, las Ideas para una fenomenología, en su famoso “Anuario”, recién estrenado.

Quiero decir que, si bien Hilbert y Noether no eran filósofos, debieron sufrir la “marea fenomenológica” que les condujo a distinguir entre conocimientos propios e impropios. Distinción esta que pasa por encima de la distinción entre física cuántica y física clásica, puesto que tanto lo cuántico como lo clásico se encuentran en los conocimientos que se someten al principio de acción mínima. Como escribe Feynman en su fundamental Lectures on Physics: “Una partícula toma el camino de acción mínima (the path of least action) como si husmease todos los caminos posibles y eligiese el que supusiese la acción menor, por un método análogo al de la luz cuando elige el tiempo más breve”[2].

El camino decisivo es el que agrupa en su torno a caminos con la misma fase. Es decir, lo decisivo no es la distinción entre clásico y cuántico, puesto que ambos se someten al principio de acción mínima, sino la distinción entre propio e impropio, puesto que la propuesta de la relatividad general de Einstein es la de un conocimiento impropio, y es la fenomenología la que acaba definiendo los conocimientos propios como conocimientos inscritos en el movimiento de transposición del campo intencional, de arriba hacia abajo, por transposición. Mientras que los conocimientos impropios se inscriben en el campo intencional “haciéndose”, en la detención de la hipérbasis por la que la epokhê nos lanza hacia el sentido humano en el límite superior del campo intencional.

 

Los conocimientos propios son posteriores, y son los que organizan, en el regressus gnoseológico, el campo intencional, por sucesivas transposiciones. Por eso, los conocimientos impropios son englobantes de los propios y, entre ellos, además de la relatividad general inicial, está el arte: la identidad del arte en la detención del nivel medio.

Si bien hay que observar que no se trata de que esta “detención” de la hipérbasis equivalga a lo que Husserl creía era una modificación de la intencionalidad objetiva. La identidad del arte se produce en una des-objetivación técnica, que no significa una modificación de la intencionalidad. Las fantasías perceptivas que definen la identidad del arte (un eco de las identidades de Bianchi en la física) no son fantasías perceptivas por transposición del nivel originario (movimiento de mínima acción), ni son fantasías producidas por modificación de una intencionalidad objetiva; son fantasías perceptivas surgidas en una extraña detención de la hipérbasis.

Es en esa identidad del arte donde se da una connivencia entre el artista y el matemático (el científico), cuando ambos parten de un núcleo especial de fantasías perceptivas que servirán para menesteres diferentes: arte y ciencia.

Fue seguramente Dirac el científico que mejor percibió esta connivencia. Dirac, con su ecuación, fue capaz de hacer cada vez más precisa la aplicación de lo eidético a lo físico, tras las ecuaciones de Schrödinger y de Klein-Gordon. Y, al mismo tiempo, se fue acentuando su carácter artístico. La ecuación de Dirac es más simple, lineal, y es capaz de predecir, en sus cuatro funciones ordenadas en columnas, antipartículas: electrones de carga positiva y antiprotones de carga negativa, antes de que pudieran ser observadas experimentalmente.

Podemos preguntarnos: ¿De dónde le viene a Dirac esa aproximación entre lo estético y lo físico? La respuesta sólo puede ser la siguiente: lo inapropiado engloba lo apropiado. En las ecuaciones de Noether, los grupos constituidos por elementos con infinitud no enumerable engloban los grupos con elementos de infinitud numerable. El segundo teorema de Noether abarca el primero. El continuo que hace derivar el tiempo engloba el continuo temporal. Es decir, en el campo intencional, el recorrido de abajo hacia arriba por hipérbasis constitutiva es englobante del recorrido gnoseológico de arriba hacia abajo cuando necesariamente el movimiento del funcional es una invariancia estacionaria con mínimos de acción extrema.

Las “dependencias” de Noether, es decir, las relaciones entre los componentes del campo, no determinadas en modo alguno por las ecuaciones de movimiento, se dan en la simple invariancia. Noether vio claramente que, tras la conservación propia, tras las leyes de la mecánica clásica, la electrodinámica y la cuántica, aparecían funciones englobantes, funciones de las coordenadas espacio-temporales. Y esto sólo se podía apreciar desde la teoría matemática de los grupos de transformación. Hay un grupo de Lie, fundamental y englobante, en el que cada punto se revela como un generador del continuo.

En la teoría de la relatividad general, estas transformaciones radicales afectan al tensor métrico, que es el componente básico de la gravitación.

 

Hay pues una identidad básica, identidad en la mera invariancia. Los físicos las llaman identidades de Bianchi, en el tensor de curvatura de Riemann. Estas dependencias, o identidades de Bianchi, son el precedente de las identidades del arte cuando nos limitamos al campo intencional dominante y a la conexión interna de sus componentes.

En su segundo teorema, Noether demuestra que la conservación de la energía en la teoría de la relatividad general es impropia, de manera que la materia y la gravedad están intrínsecamente acopladas. Sólo podría hablarse de conservación propia de la energía en el sistema entero del universo, con un sujeto intencional fuera de ese sistema (Dios), situación imposible. En la situación humana, en la que inevitablemente nos encontramos, hay necesaria y simultáneamente conocimientos propios e impropios, y los primeros (con sus leyes de conservación) forman un subgrupo de los segundos.

La conservación de la energía en la relatividad general no puede ser propia, y la identidad del arte en la detención de la hipérbasis del campo intencional tampoco es propia. Y lo impropio en engloba lo propio. Lo cual no significa que la tesis del viejo Protágoras fuese cierta. Protágoras sostenía que el hombre es la medida de todo. También pudiera decirse que son las cosas las que miden al hombre. Pues bien, ni el antropologismo ni el naturalismo. Hay que confesar que las cosas miden al hombre y el hombre mide las cosas. El campo intencional brota por la epokhê del movimiento natural y ciego de la physis, y este movimiento se hace transparente precisamente desde el campo intencional.

Tal es la situación de circularidad fundamental en la que está inscrita imprescriptiblemente la humanidad. Y es en tal situación circular donde queda obligada la distinción entre conocimientos propios e impropios. Es el mismo campo intencional el que se duplica, si nos atenemos a su conformación en la simple invariancia (identidades artísticas impropias), o si nos atenemos a su conformación como el movimiento regido por constricciones extremas: acción mínima de lo propio.

 

En síntesis: el segundo teorema de Noether es englobante del primero; hay leyes impropias de conservación versus leyes propias clásicas; hay puntos de infinito no enumerable en el grupo de transformaciones versus puntos de infinito enumerable; hay dependencias componentes del campo versus funcionales extremos; hay identidad de la simple invariancia versus una invariancia dominada por el movimiento.

Si nos centramos en el nivel de intermediación, podemos observar cómo se cruzan las dos direcciones. De arriba hacia abajo, las fantasías perceptivas (identidades de lo transposible) se parten culturalmente. De abajo hacia arriba, las fantasías perceptivas (identidades del arte) son universales.

Ahí radica lo que se ha llamado la marcha del arte hacia su autonomía. Cuando las obras de arte están afectadas culturalmente, su recepción deja de ser universal, y queda acotada por los conjuntos de sujetos agrupados culturalmente por lenguas, mores y mitologías de justificación. Cuando el arte se despega de afecciones culturales y consigue la libertad de su autonomía, su recepción es universal y cruza las fronteras culturales.

La identidad del arte es universal; la identidad de lo transposible es divisoria. Pero es el mismo campo intencional el que alberga las dos dimensiones, impropias y propias, que recorren el funcional en sentidos contrapuestos, de manera que el sentido impropio es el fuerte y englobante.

Lo que Noether, con su dominio de los grupos de transformación de Lie, encontró en la relatividad general de Einstein (las identidades de Bianchi, que ni Hilbert ni Klein conocieron) y que le permitió explicar la conservación de la energía como conservación impropia, lo hemos extendido a territorios análogos, en los que aparece la identidad del arte. Identidad del arte que, por ser fuerte e impropia, es englobante de las identidades científicas (conservación de la energía, de momentos y de “cargas” de diverso tipo), y confirmamos tal situación extraña y aparentemente escandalosa, en la irremediable circunstancia humana que es la circularidad fundamental: “Yo y mi circunstancia”.

Y lo mismo que acabamos de analizar en el nivel intermedio del campo intencional podemos comprobarlo en el nivel originario. Lo que aquí se cruza es lo que suele llamarse fenomenologización y experiencia estética: es el proceso, también regido por una ley de acción mínima de los “caminos” que se integran versus la experiencia libre de movimiento, y atenida a la mera invariancia de la experiencia estética, continuación de la identidad artística, y cuya misión es evidentemente la de un reforzamiento de la humanidad.

 

El año 1970 es una fecha clave en la historia de la física. Fue el año en el que se completó el modelo estándar de la física de partículas. Desde tal fecha hasta ahora, no ha variado sustancialmente nuestro conocimiento del mundo físico; ha habido avances de detalle: nuevos bosones de la fuerza nuclear débil, bosones de Higgs, oscilaciones de neutrinos, expansión acelerada del universo… pero: “en lo que se refiere a conocimiento empírico, los físicos saben básicamente ahora lo mismo que sus colegas de 1970”[3].

1970 fue también la fecha en que se redescubre los teoremas de Noether de 1918, medio siglo después. Durante esos cincuenta años, los físicos acostumbraron a hablar de los grupos de Lie (que están en la base de dichos teoremas) como de la “peste de los grupos” (Gruppenpest), resistiéndose de modo extraño a la matematización de la física. Se necesitaron décadas para que la comunidad de físicos aceptase la matemática de Noether; y muchos más años para reconocer su decisiva división entre la conservación de las leyes físicas en la mecánica clásica y la conservación de la energía en la relatividad general.

 

Es la divisoria y conocimientos propios y conocimientos impropios lo que está en el núcleo de la expresión gravedad cuántica. La gravedad cuántica no tiene una resolución científica, sino fenomenológica, puesto que afecta a los dos sentidos del campo intencional: el sentido que alberga los conocimientos propios, atenidos a la transposición de niveles, cuando el funcional se rige por un principio de acción extrema; y el sentido que alberga los conocimientos impropios, fuertes y englobantes: la gravitación universal, la geometría del espacio-tiempo.

La gravedad cuántica pretende aunar científicamente lo que, por definición y previamente, está separado: los conocimientos propios e impropios, que sólo se reconcilian fenomenológicamente.

La identidad del arte y la teoría de la relatividad general son conocimientos impropios porque ambos se refieren, del mismo modo, al espacio-tiempo: el espacio-tiempo se transforma en ellos de manera que el parámetro infinitesimal generador (ε) no conserva su valor. Espacio y tiempo están sometidos, en ambos casos, a derivación. Es el propio parámetro ε el derivado; lo que resulta es una identidad de la mera invariancia, una identidad que pone de relieve “dependencias” del campo intencional, componentes del campo no determinadas por las ecuaciones de movimiento.

El físico Dwight Neuenschwander resume todo esto en esta frase: “Noether’s second theorem drives home the point that a functional being an extremal and being invariant are separate considerations” (“El segundo teorema de Noether subraya el punto, según el cual, que el funcional sea extremo o que sea invariante, son dos consideraciones separadas”)[4].

 

Cabe, para rizar el rizo, y terminar, la constatación de que hay, además, una cierta jerarquía entre las identidades del arte. Parece haber identidades de arte con un potencial de conocimiento impropio superior al de otras afines.

Valga un ejemplo muy conocido. La sonata de Vinteuil es una sonata ficticia de Proust en su gran novela, pero es evidente que su identidad es superior en potencial impropio a la identidad de la sonata de Cesar Franck en la que, al parecer, se inspiró.

 

*        *        *

 

Es evidente el estilo de exposición de este artículo. Es un calco de lo que, en música, se llama variaciones. Hay contenidos que no se pueden expresar linealmente, sino sólo como una serie de sucesivas variaciones musicales, según vayan cambiando las coordenadas, en una repetición diferenciada; variaciones musicales que pueden poner a prueba la impaciencia de algún lector.

Es decir, es el contenido el que se ha impuesto aquí a su forma de exposición.

 

RICARDO SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA
Guadarrama, 11 de junio, 2021.

 

[1] I. KOSMANN – SCHWANZBACH, The Noether Theorems, Springer, 2018, p. 27.

[2] R. FEYNMAN, Lectures of Physics, v. II, 19-9, California Institut of Technology, 1964.

[3] P. NARANJO, La gravedad cuántica, Madrid, RBA, 2019, p. 141.

[4] D. E. NEUENSCHWANDER, Emmy Noether’s wonderful theorem, Baltimore, Hopkings Universty Press, 2017, p. 197.

 

©Ilustración Francisco Cajal Remón
©Eikasia Ediciones
©Turning Communications Gradient

 

The identity of art. La identidad del arte2021-08-02T18:58:55+02:00

Sobre una fenomenología del Diseño

2021-07-07T01:23:03+02:00

Coloquio (virtual) Internacional de Investigadores en Diseño
VI Edición 2021

Del 19 al 23 de julio 2021.

Universidad de Palermo y Universidad de Mendoza, Argentina.

Creatividad, Emoción y Espacio (C15)

Esta Comisión tendrá sus sesiones online el Miércoles 21 de Julio de 2021, a las 12.00 hs. (ARG). Para participar de forma libre y gratuita inscribirse aquí

Coordinación: Sandra Navarrete (Universidad de Palermo y Universidad de Mendoza, Argentina)

En esta comisión se presenta Creatividad, Emoción y Espacio II” con el Avance del Proyecto del mismo nombre, que dirige la Doctora Sandra Navarrete (Universidad de Palermo y Universidad de Mendoza, Argentina).

Se aborda la comprensión del espacio desde la concepción fenomenológica en la que se incorporan los modos de aprehender el mundo a través de la experiencia sensible.  En la práctica proyectual se involucran experiencias estéticas, sensibles, para lograr una aproximación integradora y humanizada a la idea generadora de la obra a diseñar. El objetivo es consolidar y desarrollar una temática de gran interés que en la actualidad se encuentra dispersa, para alcanzar mayor profundidad en la generación del espacio desde la mirada de la multidisciplina, fortalecer la perspectiva creativa, emocional y sensorial en la producción artística y cultural contemporánea. 

Toda la información y documentación de las Líneas, los Proyectos y Publicaciones puede consultarse en forma libre y gratuita en https://www.palermo.edu/dyc/investigacion_desarrollo_diseno_latino/index.html

La colección completa de Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación está disponible en forma libre y gratuita en https://fido.palermo.edu/servicios_dyc/publicacionesdc/index.php

Espacialidad, temporalidad y afectividad en el diseño de la imagen del mundo
Luis Álvarez Falcón. Universidad de Zaragoza. España

Esta exposición es una aproximación fenomenológica al diseño de las imágenes. Pretende ser una continuación de una fenomenología del diseño, concretada en los aspectos espaciales, temporales y afectivos. En un mundo en constante cambio y sometido a nuevas y excepcionales situaciones, es urgente resituar la vivencia del espacio, del tiempo y de la afectividad en el contexto del diseño de las imágenes que constituyen nuestra realidad.

Luis Álvarez Falcón (Zaragoza, España, 1967). Es profesor de Filosofía en la Universidad de Zaragoza, España. Compagina su actividad docente con la investigación transinstitucional. Especialista en Teoría Estética y Fenomenología, es miembro de la Sociedad Española de Fenomenología (SEFE), del Círculo Latinoamericano de Fenomenología (CLAFEN) y de la Sociedad Española de Estética y Teoría de las Artes (SEyTA). Ha publicado numerosos libros, artículos y monográficos sobre las relaciones realidad, arte y conocimiento. 

Spaciality, temporality and affectivity in the design of the image of the world
Luis Álvarez Falcón. Universidad de Zaragoza. España

This exhibition is an phenomenological approximation to the design of the images. It pretends to be a continuation of the phenomenology of the design, concretised in the space appearances, temporary and affective. In a world in constant change and subjected to new and exceptional situations, is urgent relocate the vivencia of the space, of the time and of the affectivity in the context of the design of the images that constitute our reality.

Luis Álvarez Falcón (Saragossa, Spain, 1967). It is professor of Philosophy in the University of Saragossa, Spain. It share his educational activity with the investigation transinstitutional. Specialist in Aesthetic Theory and Phenomenology, is member of the Spanish Society of Phenomenology (SEFE), of the Latin American Circle of Phenomenology (CLAFEN) and of the Society Spanish of Aesthetics and Theory of the Arts (SEyTA). It has published numerous books, articles and monographs about them reality, art and knowledge.

Diseño Bauhaus

 

Esta exposición tiene como punto de partida dos textos iniciales. El primer texto es la intervención del autor en el XII Congreso Internacional de la Sociedad Española de Fenomenología (SEFe) y en las IV Jornadas Ibéricas de Fenomenología, celebrados en Ciudad Real, España, en octubre de 2018, bajo un título único: La expresión por la imagen. La fenomenología y los nuevos medios. En esta ocasión, la ponencia de clausura llevaba por título: “Tesis fenomenológica establecida de la imagen”. Posteriormente, en el año 2019, el resultado de esta investigación apareció en el libro A las imágenes mismas. Fenomenología y nuevos medios, editado por las autoras, Mª Carmen López Sáenz y Karina P. Trilles Calvo, y publicado por Apeiron Ediciones bajo el título: “Ampliación fenomenológica de la imagen en los nuevos medios”.

El segundo texto es la intervención del autor en el V Coloquio internacional de investigadores en diseño, celebrado en la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo, Argentina. Sus conclusiones fueron expuestas en el Cuaderno 109 del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación, y como resultado de la citada exposición, se publicó el trabajo: “Fenomenología del diseño: la reproducibilidad”.

A ello habrá que añadir la última intervención, todavía en prensas, en el 2º Congreso Interinstitucional de Investigación en Diseño. Escenarios de acción para el diseño. Facultad de Diseño. Universidad de La Salle Bajío, 22-23 de abril de 2021, León. Guanajuato. México. 

La síntesis es la propuesta de una aproximación fenomenológica al fenómeno del diseño contemporáneo, en toda su extensión, como aquello que debe repetirse, difundirse y reproducirse para configurar o conformar una nueva visión en la creación de objetos, espacios, artefactos, marcas, prendas y accesorios, telas y patrones, interfaces digitales y software, productos impresos, creación de logotipos, identidades visuales, escenografías y estilos visuales de producción, objetos de comunicación visual relacionados con la promoción y difusión de mensajes comerciales, objetos de producción industrial para el uso humano, espacios habitables e interiores, carteles, tipografías, revistas, portadas de libros, sitios web, y un interminable etcétera.

Esta propuesta teórica es radicalmente fenomenológica y afecta a la filosofía, a la teoría estética, a la filosofía del arte, a la tecnología industrial, la arquitectura, y la producción y difusión comercial, ingeniería, diseño editorial, diseño de ropa y calzado, diseño y negocio, diseño en envase, empaque y embalaje, etcétera.

Por otro lado, implica todo tipo de producción y recepción de objetos e imágenes: ordenaciones urbanas, edificios y construcciones, moda, utensilios, vehículos, muebles, publicidad, dispositivos, electrodomésticos, telefonía, tipografía, recipientes, instrumentos, tecnología industrial, etcétera.

Metodologías fenomenológicas multisectoriales (MPhM)
Turning Communicatios Gradient (TCG)
is a non-Institutional Academic Platform. Main objective: social visualization of research in transdisciplinary areas.

 

Sobre una fenomenología del Diseño2021-07-07T01:23:03+02:00

Los límites de lo pensado y el confín de la filosofía

2021-07-01T00:02:52+02:00

Les limites de la pensée et la frontière de la philosophie

[“Lo impensado de la no-filosofía: Merleau-Ponty 1908-2011”, ANÁLISIS, Revista de Humanidades, Universidad de Santo Tomás, Bogotá, Colombia, 2010.]
Gracias a la Universidad de Santo Tomás, en Bogotá, Colombia.

«La philosophie a son ombre portée qui n´est pas simple absence de fait de la future lumière».
Maurice Merleau-Ponty

1.

 

Entre los años 1960 y 1961, y justo antes de su repentina desaparición, en los cursos Husserl aux limites de la phénoménologie[1] y Philosophie et non-philosophie depuis Hegel[2], Maurice Merleau-Ponty expondrá su personal concepción sobre el pensamiento del maestro. Dos textos tardíos, pero fundamentales en la etapa final de Husserl, pondrán de relieve la extraña concordancia de los intereses de ambos en los últimos años de sus vidas: L´origine de la géométrie, anexo III de la Krisis[3] del año 1932, publicado por Eugen Fink en 1939, y un texto de 1934, publicado por Martin Farber en 1940, Umsturz der kopernikanischen Lehre in der gewöhnlichen weltanschaulichen Interpretation. Die Ur-Arche Erde bewegt sich nicht. Grundlegende Untersuchungen zum phänomenologischen Ursprung der Köperlichkeit der Räumlichkeit der Natur in ersten naturwissenschaftlichen Sinne. Alles notwendige Anfangsuntersuchungen[4]. Merleau-Ponty mostrará un especial interés por estos dos trabajos, y el curso de 1960 girará en torno a las potentes intuiciones que Husserl expondrá en ellos[5].

Tan sólo un año antes, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Husserl, y mientras Eugen Fink presentaba su importante aportación «La filosofía tardía de Husserl en la época de Friburgo», en el nº 4 de «Phaenomenologica», bajo la dirección de Van Breda y Taminiaux, nuestro autor publicará su artículo «Le philosophe et son ombre»[6]. En sus líneas se advertirá la efectividad propia de la fenomenología y de sus propias y primitivas intenciones, recordando el planteamiento inicial que ya aparecía en Ideen II:

 

«Quand on dit que la chose perçue est saisie “en personne” ou “dans sa chair” (leibhaft), cela est à prendre à la lettre: la chair du sensible, ce grain serré qui arrête l´exploration, cet optimum qui la termine reflètent ma propre incarnation et en sont la contrepartie. Il y a là un genre de l´être, un univers avec son “sujet” et son “objet” sans pareils, l´articulation de l´un sur l´autre et la définition une fois pour toutes d´un “irrélatif” de toutes les “relativités” de l´expérience sensible, qui es “fondement de droit” pour toutes les constructions de la connaissance»[7].

 

Este “irrelativo” de todas las “relatividades” abrirá el paso a la efectividad de los niveles de experiencia en su dimensión “vertical”, a un pensamiento comprometido con la experiencia antepredicativa, que exige recuperar y prolongar un saber anónimo y pre-categorial[8]. Se tratará en definitiva de un modelo de pensamiento que, tal como definirá Merleau-Ponty en el curso del lunes de 1961, operará en lo imaginario, o más bien en la Phantasia, puesto que se considerará a sí mismo como su expresión y, por consiguiente, jamás se separará de él. Cuando el pensamiento interrogue radicalmente de esta forma hará posible una «filosofía de la no-filosofía».

En efecto, en 1961, a escasos días de su desaparición, Merleau-Ponty hablará de la filosofía como de una «no-filosofía»[9]. Ya en 1959, en su mencionado artículo «Le philosophe et son ombre», nuestro autor advertía que Husserl había planteado esta cuestión en la exploración de la arquitectónica que configura los diferentes niveles de la experiencia, capas escalonadas (couches étagées), y cuya estructura no puede ser de por sí eidética, puesto que la propia Filosofía aparece como un modo de institucionalización simbólica en uno de esos niveles. Entre las “capas profundas” y las “capas superiores” de la constitución situará esa singular relación de Selbstvergessenheit (olvido de sí mismo), tematizada por Schopenhauer[10], que ya Husserl había avistado en Ideen II, y que Merleau-Ponty situará, siguiendo a Kant, en un «Logos du monde esthétique»[11].

Las vivencias de la conciencia estarán siempre, explícita o implícitamente, aprehendidas en el tejido extremadamente complejo de un doble encadenamiento: “horizontal”, conforme a lo que constituye la coherencia (racional) de la vida de la conciencia, y “vertical”, según el cual no habrá vivencia que no implique una base y un fundamento (Fundament) sobre el que se edifique toda la profundidad y estratificación de la experiencia[12]. La Filosofía, como institución simbólica racional, en su dimensión meramente horizontal, se habrá vuelto impositiva. Será un pensamiento de survol, una instancia de sobrevuelo que impone el sentido, ya sea desde un supuesto Ser en el límite superior, ya sea desde unas condiciones trascendentales de posibilidad, o ya sea desde un límite inferior, desde los datos como realidades últimas.

Tal “Filosofía” vivirá sobre todo en el pasado, fósil y estancada como una historia de la filosofía. La no-filosofía será, en las palabras de Merleau-Ponty en la preparación del curso del 6 de marzo de 1961, «la filosofía verdadera»[13], es decir, una filosofía de la experiencia que se da entre las diferentes couches étagées (estratos escalonados), intencionalidades que no pueden adecuarse a un espíritu constituyente universal y cuya articulación es no-eidética. Esta no-filosofía será únicamente posible, o bien como “luz negra” de la fenomenología, capaz de exhibir todo lo que queda oculto y encubierto por la antesala del eidos, y que parece quedar fuera de todo orden simbólico, o bien como el hermano bastardo del inmenso y razonado desarreglo, dérèglement, de todos los sentidos: el Arte. Se tratará, pues, de una filosofía negativa que deberá entenderse, tal como posteriormente insinuará el propio Jan Patoĉka en sus ya célebres ensayos[14], como una «a-filosofía». En esto, Merleau-Ponty será concluyente al recordar en el citado curso del lunes, en el Collège de France, este locus classicus o fragmento clave:

 

«Il s’agit d’une philosophie qui veut être philosophie en étant non-philosophie, d’une «philosophie négative» (au sens de «théologie négative»), qui s’ouvre accès à l’absolu, non comme «au-delà», second ordre positif, mais comme un autre ordre qui exige l’en-deçà, le double, n’est accessible qu’à travers lui-la vraie philosophie se moque de la philosophie, est a-philosophie»[15].

 

El interés de nuestro autor por esta «a-filosofía» nos anticipará el giro inesperado que la fenomenología dará a partir del año 1966, con la aparición de la edición por la Husserliana de las investigaciones sobre la Síntesis Pasiva[16], y de otros textos como la Fenomenología de la Intersubjetividad[17] de 1973, los pasajes de las lecciones de 1907 sobre Cosa y Espacio[18], editadas también en el año 1973, o Phantasia, conciencia de imagen y recuerdo[19] de 1980, y un largo etcétera[20]. Si bien Merleau-Ponty no podrá conocer la mayoría de estas ediciones, sin embargo, habrá sido capaz de intuir el despliegue implícito en el pensamiento de Husserl: el recorrido “vertical”, de ida y vuelta, entre las regiones de lo Visible y de lo Invisible. El sentido auténtico de la fenomenología, tal como nos describirá Renaud Barbaras en su ensayo sobre la ontología de Merleau-Ponty[21], será la tentativa de llevar la experiencia muda a la expresión pura de su propio sentido, desarrollando una parte de no-filosofía, un orden que se resiste a la conciencia constituyente.

Aunque el término «no-filosofía»[22], acuñado como tal, no apareciese más que discretamente mencionado en sus últimos cursos[23], sin embargo, la extensión y radicalidad de su significado teórico comenzará a exhibirse desde el inicio de sus planteamientos fenomenológicos. De este modo, la verdad de la fenomenología residirá en el lugar mismo de sus límites, en el confín mismo de su “sombra”, donde comienza su relación con la «a-filosofía», o con la «no-filosofía». Esta “sombra” hará referencia a tres umbrales muy significativos, y que Merleau-Ponty habrá puesto al descubierto, llevando al límite el programa de la fenomenología de Husserl, en cuanto filosofía de la experiencia que se da necesariamente entre estratos resonantes. En primer lugar, tal “sombra” hará referencia al eco persistente de ambos pensadores tras el cruce teórico de sus herencias inconclusas, en el advenimiento de una nueva concepción fenomenológica de la filosofía. En segundo lugar, su fulgente oscuridad nos traerá la noticia del umbral de acceso a la «no-filosofía» en los límites de un ascenso vertical de la reducción. En tercer lugar, este subumbrare será el testimonio de la zona o región a la que, por una u otra causa, no llega la actividad constituyente del “yo”, delimitando la patencia de un límite, de un final y de un comienzo, de un origen que procede de la cesación de las luces y que tiene su comienzo en una nueva penumbra: un en-deça y un au-delà.

Si tras el giro copernicano, el pensamiento de Kant determinó la primera inversión trascendental, la fenomenología, como “luz oscura” de la no-filosofía, habrá dispuesto con la máxima claridad esta segunda inversión: la inversión entre el Ser y el Fenómeno. Mientras el Ser se refugiará en la estabilidad de lo Visible, la no-filosofía producirá un descentramiento que irá desde la identidad y la posicionalidad a la pluralidad y la indeterminación del Fenómeno. Merleau-Ponty será preciso al advertir que «La realidad es un tejido sólido»[24]. Lo que hay, eso que es lo Invisible, plural, no figurado e indeterminado, es la riqueza de la realidad que se va empobreciendo al contraerse por centramiento al territorio de lo Visible. La no-coincidencia y el inevitable sobreadvenimiento de este horizonte soberano e inaccesible dará primacía a la novedad y la imprevisibilidad de aquello que el propio Heidegger calificara de Impensado (das Ungedachte), o “sombra” que acompaña a todo pensamiento impositivo, a toda filosofía de la conciencia que desde el pasado sobrevuela como instancia de survol, imponiendo el sentido, en una Sinngebung capaz de dominar el mundo en vez de verse hundido en él.

 

2.

 

En el citado curso de los lunes de 1961[25], Merleau-Ponty utilizará el ejemplo de un pensamiento que, a pesar de presentarse como filosofía, resultará ser un paradigma de la no-filosofía. Nos referimos a la introducción de doce páginas en dieciséis párrafos que Hegel añadió a su Fenomenología del Espíritu. El fenómeno como Erscheinung (Aparición), y no como Darstellung (lo que aparece), emergerá como relación con el absoluto, pero no como Ser sino como schon bei uns, como algo que ya está previamente entre nosotros y que ha de desvelarse por su propio esplendor. Tal texto ya había sido comentado por Martin Heidegger en su seminario de 1943, pero en este caso será esgrimido por Merleau-Ponty para anunciar esa segunda inversión, más allá de la inversión trascendental kantiana, que se ha producido en la fenomenología.

En la página 202 de Signes, en la edición original de 1960, dentro de su modesta contribución al centenario del nacimiento de Husserl, nuestro autor expondrá centralmente esta concepción de lo Impensado, que desde su origen y lamento heideggeriano dejará importantes secuelas en toda su obra. De este modo, aquí podremos advertir, además de la presencia fulgurante de los versos de Angelus Silesius, aquella cita de la lección novena de La proposición del fundamento en torno a Kant y Leibniz:

 

«Cuanto más grande es la obra del pensar de un pensador –cosa que en absoluto queda cubierta por la extensión y el número de sus escritos– tanto más rico es lo impensado que hay en esta obra del pensar, es decir, aquello que por primera vez y únicamente por esta obra del pensar aflora como lo aún no pensado. Esto no pensado no atañe desde luego a algo que un pensador haya pasado por alto o sido incapaz de dominar, y que después una posteridad más sabia tuviera que retomar»[26].

 

Lo propio de un pensamiento es lo que busca todavía por decir, su Impensado, que solamente puede revelarse en una reflexión, convirtiéndose en el eco de aquella región que está en-deça u au-delà de la filosofía misma como Institución simbólica racional (Stiftung). En este sentido, en la confrontación con Husserl que Merleau-Ponty llevará a cabo será difícil separar lo que pertenece a cada uno de ellos; más bien, será preciso advertir que las tesis del último Husserl y las tesis del último Merleau-Ponty terminarán confluyendo, precisamente, en aquello que por primera vez, y únicamente por esta obra del pensar, aflora como lo aún no pensado: su no-filosofía.

A la edición póstuma del curso sobre Philosophie et non-philosophie depuis Hegel habrá que añadir una edición más reciente, pero también fundamental, que llevará por título: La philosophie aujourd´hui[27]. Será el curso, en principio sin título, que el autor impartirá en el Colegio de Francia, entre enero y mayo de 1959. En este curso, Merleau-Ponty se aproximará, quizá más que nunca, a la “sombra” inconclusa del maestro, distinguiendo la articulación precisa de su pensamiento en torno a tres ejes principales. Por un lado, el eje de los descubrimientos en torno a la relación «intencionalidad, esencia y facticidad»; por otro lado, la regresión idealista de la fenomenología; y, por último, la retractación del idealismo y la profundización en el pensamiento vertical. Estos tres ejes corresponderán a su vez con el periodo inicial de Investigaciones Lógicas; con el periodo idealista, y más ortodoxo, de Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica; y, por último, con el periodo de Meditaciones Cartesianas. En este último intervalo, la investigación sobre las dimensiones verticales aproximará al autor a las nociones de Leib, pasividad e intersubjetividad, que serán, en definitiva, las nociones a partir de las cuales Merleau-Ponty desarrollará toda su concepción de la fenomenología en su aproximación a lo Impensado por ambos pensadores. La caracterización de una «pasividad originaria» pondrá en tela de juicio la concepción de la reflexión, o reducción trascendental, desvelando esa estratificación escalonada y vertical en la que aparecerá lo no tético en la naturaleza misma de la conciencia y contra la adecuación misma de un espíritu constituyente universal[28].

Desde el curso de 1959, y teniendo en cuenta los citados cursos de 1960 y 1961 («Husserl en los límites de la fenomenología» y «Filosofía y no-filosofía después de Hegel»), Merleau-Ponty intentará incansablemente pensar el régimen arquitectónico de un pensamiento vertical, repensando a su vez la noción misma de pasividad frente a la actividad constituyente del “yo”. Desde la región de lo Visible, desde las nociones de sujeto, naturaleza y síntesis activa, ascenderá, o descenderá, a la región de lo Invisible, donde descubrirá el Leib, la hylé y la proto-hylé, y las síntesis pasivas, en definitiva, sus controvertidas nociones de la chair, del quiasmo, y de las wesen sauvages. La fenomenología se habrá convertido en ese recorrido de ida y de vuelta entre lo Visible y lo Invisible. Merleau-Ponty estará más cerca que nunca de eso que había de Impensado en la obra del pensar husserliano. De ahí que en las Notes de travail de su inconclusa obra Le visible et l´invisible, en noviembre del mismo año 1959, confirmase que la filosofía no había hablado jamás de la pasividad de nuestra actividad, es decir, citando a Valéry, de un «cuerpo del espíritu» (corps de l´esprit). Y aquí, me permitiré la licencia de reproducir en toda su extensión la claridad de esta pequeña anotación:

 

«L´âme pensé toujours: c´est en elle une propriété d´état, elle ne peut pas ne pas penser parce qu´un champ a été ouvert où s´inscrit toujours quelque chose ou l´absence de quelque chose. Ce n´est pas là une activité de l´âme, ni une production de pensées au pluriel, et je ne suis pas même l´auteur de ce creux qui se fait en moi par le passage du présent à la rétention, ce n´est pas moi qui me fais penser pas plus que ce n´est moi qui fais battre mon cœur. Sortir par là de la philosophie des Erlebnisse et passer à la philosophie de notre Urstiftung…»[29].

 

La conclusión será radical, rotunda y definitiva: salir de la filosofía de las vivencias (Erlebnisse) y pasar a la filosofía de nuestra institución originaria de sentido (Urstiftung), es decir, de nuestra protofundación o protoinstitución. En definitiva, su propuesta anunciará la necesidad de prescindir de un pensamiento “horizontal”, de una filosofía de la conciencia, aplastantemente configurada en un pensamiento de survol, y ascender “verticalmente” en busca de la estratificación originaria donde resituar la «no-filosofía» de lo impensado, tanto por Husserl como por él mismo y por toda la tradición de una filosofía cuyo origen, exigencia y necesidad sólo puede presentarse como filosofía fenomenológica. Tal radical pretensión pasará por aquel dérèglement que el mismo Rimbaud ejemplificase, anunciado por esa extraña y providente misiva merleau-pontiana que tantas resonancias trae al pensamiento contemporáneo: «no soy yo quien me hace pensar como no soy yo quien hace latir mi corazón».

El mismo Husserl, en sus últimos trabajos, y contra el supuesto idealista que había sostenido en el periodo de Ideas, apoyará este combate contra la filosofía de la conciencia. El descubrimiento de la subjetividad como Leib quinestésico, la transposibilidad de las «síntesis pasivas» frente a la posibilidad de las síntesis activas, y el horizonte ineludible de la «interfacticidad» frente a la intersubjetividad de la identidad simbólica, terminarán por distinguir un pensamiento vertical en su propia genealogía de la verdad, y la filosofía de Merleau-Ponty acabará por convertirse en «no-filosofía», cuyo objeto de estudio será, en definitiva, el fenómeno en cuanto fenómeno, es decir, ese “ser salvaje” (être sauvage), vertical y ontológicamente primero, que ocupa el dominio mismo de lo Invisible en el límite más extremo de la epoché.

 

3.

 

Por extraño que pueda parecer, lo Impensado de la no-filosofía de Maurice Merleau-Ponty aparecerá ya anunciado en 1945, en la nota 9 del capítulo IV de la primera parte de su Phénoménologie de la perception. Recordemos que este capítulo estaba dedicado a «La síntesis del propio cuerpo», exponiendo las cuestiones de la espacialidad y la corporeidad, de la unidad del cuerpo y de la obra de arte y del hábito perceptivo como adquisición de un mundo. Pues bien, al tratar precisamente del hábito y utilizando el ejemplo del “bastón del ciego”, Merleau-Ponty hará una certera alusión a Husserl:

 

«Husserl, por ejemplo, definió durante largo tiempo la conciencia o la imposición de un sentido por el esquema Auffassung-Inhalt y como una beseelende Auffassung. Un paso definitivo lo da al reconocer, desde las Conferencias sobre el tiempo, que esta operación presupone otra más profunda por la que el contenido se prepara para esta captación. Toda constitución no se hace según el esquema Auffassunginhalt-Auffassung”. Vorlesungen zur Phänomenologie des inneren Zeitbewusstseins, p. 5, nota 1.»[30].

 

En efecto, en Las Lecciones sobre la conciencia interna del tiempo del año 1905, en su Introducción, y al hablar de la «Desconexión del tiempo objetivo», en concreto, al exponer la distinción entre un tiempo «sentido» y un tiempo percibido, Husserl hace la siguiente advertencia:

 

«”Lo sentido” indicaría, pues, un concepto de relación que por sí solo nada diría acerca de si lo sentido es sensual, siquiera acerca de si es inmanente en el sentido en que lo sensual lo es. Quedaría abierto, en otras palabras, si lo sentido mismo está ya constituido, y quizá de un modo muy distinto del de lo sensual. Pero toda esta diferenciación es mejor dejarla al margen. No toda constitución responde al esquema “contenido de aprehensión-aprehensión”»[31].

 

En estos dos textos convergerá lo Impensado de ambos pensadores, con la expresa advertencia de que esta cuestión, que según Husserl, y en ese momento, “es mejor dejarla al margen”, conllevará tanto todo el despliegue del pensamiento merleau-pontiano como el despliegue mismo que el pensamiento husserliano mostrará en las mencionadas ediciones posteriores a 1966 y que Merleau-Ponty nunca llagará a conocer. Valga advertir que Rudolf Boehm, el editor de Sobre la fenomenología de la conciencia temporal inmanente (1893-1917), ya hará una especial referencia a esta nota en el tomo X de la Husserliana[32]. Parece, pues, que no es posible generalizar la intencionalidad entendida como imposición de sentido. Esto sería contradictorio con la noción de fenómeno en tanto modo de aparición (Erscheinung). Por consiguiente, la conciencia es algo más que actividad, y ese algo más no es consistente con el esquema Auffassunginhalt-Auffassung (Contenido de aprehensión-Aprehensión).

En efecto, encontraremos una pasividad originaria en el interior mismo de la conciencia, y aquí Merleau-Ponty desarrollará aquella intuición que ya había anunciado en el Prólogo de su Fenomenología de la percepción[33], al advertir, tras citar la Crítica del juicio, que Husserl ya había distinguido la intencionalidad de acto de otro tipo de intencionalidad, una noción más ampliada de intencionalidad que permitiría a la fenomenología convertirse en una fenomenología de la génesis y al pensamiento en un pensamiento vertical de los diferentes estratos, o capas escalonadas (couches étagées), anteriores a los actos. Se trataba de la intencionalidad operante y latente (fungierende Intentionalität) que constituiría la unidad natural y antepredicativa del mundo y de nuestra vida, la que se manifestaba en nuestros deseos, nuestras evaluaciones, nuestro paisaje, de una manera más clara y rotunda que en el conocimiento objetivo.

En los doce años que transcurren entre las dos ediciones de Investigaciones Lógicas, la de 1901 y la de 1913, el pensamiento de Husserl sufrirá una crisis profunda y una honda transformación. Se hará patente lo que hasta entonces había permanecido de un modo latente y casi oculto: los resortes filosóficos básicos de la reducción y la constitución. Esta crisis aparecerá ostensiblemente en el citado curso de 1905 sobre la conciencia íntima del tiempo, que editará Heidegger en 1928, y en el curso de 1907 sobre la idea de fenomenología, que no aparecerá editado hasta 1950, por Biemel, en el volumen II de la Husserliana[34]. Las modificaciones introducidas en la segunda edición de las Investigaciones, tal como se puede apreciar en la edición definitiva de Elmar Holenstein, en 1975, en el volumen XVIII y siguientes de la Husserliana[35], son un testimonio de esta autoconciencia operada, que en 1901 es todavía una intuición no consciente de sus consecuencias. La crisis de 1905 y la primera exposición formal de la fenomenología del curso de 1907 serán el fiel testimonio de la conexión entre la primera edición de las Investigaciones de 1901 y la segunda de 1913. En este fecundo periodo, entre mayo y agosto de 1907, en Gotinga, Husserl impartirá la segunda parte de un curso titulado inicialmente: «Fragmentos principales de la fenomenología y de la crítica de la razón». Tal curso corresponderá al texto del manuscrito husserliano FI13, llamado por Husserl «Dingvorlesung».

Las cinco lecciones de introducción general a la fenomenología transcendental de dicho curso serán, tal como hemos apuntado, publicadas por Biemel en 1950, bajo el título: Die Idee der Phänomenologie. Sin embargo, el gran grueso del curso no será publicado hasta 1973, cuando Ulrich Claesges, en el volumen XVI de la Husserliana, edite estas lecciones, bajo el enigmático título: Ding und Raum, Vorlesungen 1907[36]. El traductor de la edición francesa, Jean-François Lavigne, será concluyente en su introducción al confirmar un hecho filosóficamente decisivo en la historia del pensamiento contemporáneo: las lecciones del verano de 1907 sobre la cosa espacial inaugurarán la fenomenología de la percepción[37]. Es evidente que Merleau-Ponty no podrá conocer este texto, pero lo sorprendente resultará comprobar que, muy a pesar de ello, habrá sido consciente de la trascendencia teórica que conllevan sus conclusiones.

En la página 285 de la edición de Ulrich Claesges, en correspondencia con la lección final del 3 de agosto de 1907, Husserl comenzará de este modo su última consideración:

 

«Pertenece a la esencia de la cosa en general ser una unidad intencional idéntica que se “constituye” en una cierta multiplicidad de apariciones efectivas o posibles, se legitima según su ser y su ser-así respectivo en el encadenamiento de apariciones reglado y cada vez motivado. Pero el encadenamiento es un encadenamiento de apariciones entre-acordadas, que se llenan unas en otras, y son portadas por una conciencia de creencia que las atraviesa, o, si se prefiere, una conciencia posicional, conciencia de ser. Saber qué relación mantiene esta conciencia posicional con las simples apariciones necesitaría de investigaciones más profundas»[38].

 

La relación imposible entre esta consideración y la mencionada nota nº 9 del capítulo IV de la primera parte de la Fenomenología de la Percepción, nos hará suponer que la convergencia de ambos pensadores tiene lugar en la sombra misma de sus Impensados, a través, en el caso de Merleau-Ponty, del conocimiento previo de Las Lecciones sobre la conciencia interna del tiempo del año 1905, donde Husserl ya advierte esta propuesta radical[39]. Otra cosa sería ya elucubrar sobre el derrotero que el pensamiento merleau-pontiano hubiera tomado si en 1961 no se hubiera cumplido el fatal designio de Rimbaud: «on me pensé».

Rota la estructura bimembre Auffassunginhalt-Auffassung (Contenido de aprehensión- Aprehensión), la “vertical” quedará abierta para un ascenso hacia lo Impensado, es decir, para aquella no-filosofía que tanto Husserl como Merleau-Ponty vislumbraron como la extraña distancia (écart) que separa al sujeto mismo y que aleja cada cosa de su posible identidad[40]. Ambos establecerán una nueva estructura trimembre: Auffassung-Erscheinung-Darstellung (Aprehensión o acto intencional, Aparición o contenido de aprehensión, Exposición u objeto). De este modo, Merleau-Ponty estaba en lo cierto al advertir que la conciencia o la imposición de sentido seguía el esquema husserliano Auffassung-Inhalt, y beseelende Auffassung (Aprehensión animada), y que, por consiguiente, suponía otra operación más profunda mediante la cual el contenido era preparado para la aprehensión. Todo el pensamiento merleau-pontiano partirá de esta consideración.

La estructura bimembre de la percepción será la filosofía de la conciencia que Merleau-Ponty descalificará por su naturaleza impositiva y de “sobrevuelo”; aquella que anula el eje vertical de la Erscheinung, de la Aparición. Entre la intencionalidad de la Auffassung, de la Aprehensión o el Acto, y la identidad de la Darstellung, Exposición u Objeto, habrá una extraña connivencia, una complicidad que abrirá la vertical de las diferentes couches étagées (estratos escalonados) sobre el eje de la Erscheinung, de la Aparición. Aunque tanto la Erscheinung (Aparición) como la Darstellung (Exposición) sean ambas “fenómenos”, sin embargo, el eje de la Erscheinung (Aparición) será el eje de los fenómenos en sentido estricto: el fenómeno en cuanto fenómeno. Esta vertical nos pondrá directamente en contacto con la trascendencia, con el “ser salvaje” (être sauvage), vertical y ontológicamente primero.

Como es bien sabido[41], Husserl doblará la reducción trascendental mediante una reducción eidética, es decir, que en su etapa idealista (Ideen) utilizará la «reducción trascendental» (reducción cartesiana, kantiana y psicológica) para partir de la Auffassung (Aprehensión) y llegar a una “Subjetividad trascendental”, y, a su vez, tal reducción arrastrará una «reducción eidética» para partir de la Darstellung (Exposición) y llegar a las primeras síntesis. Sin embargo, Merleau-Ponty propondrá una reducción a partir del fenómeno en tanto fenómeno, de la Erscheinung (Aparición). Tal reducción por la vertical central será completamente autónoma e irá desde la Erscheinung, o Apariencia, a la Ereignis, o Quiasmo. Este será el eje que propiciará una «no-filosofía» frente a una filosofía de survol que sobrevuela e impera, es decir, la vía de acceso hacia lo Invisible, hacia lo Impensado de la «no-filosofía». Merleau-Ponty se enfrentará al Husserl idealista a favor del pensamiento último del maestro, a pesar de no haber llegado a vislumbrar más que su “sombra” inconclusa, sustituyendo la «reducción trascendental» y la «reducción eidética» por una verdadera «reducción central fenomenológica», accediendo de este modo al verdadero espesor del mundo, de la naturaleza, de la realidad, en definitiva.

Aunque esta estructura trimembre no se mantenga en su ascenso desde lo Visible, por el pensamiento vertical, hacia la región de lo Invisible, sin embargo, su controvertido concepto de la Chair se corresponderá en la reducción con el sujeto y los actos de aprehensión intencional; los esquicios o contenidos de aprehensión se corresponderán a su vez con su noción principal de Quiasmo; y las Eide, esencias o eidos, se corresponderán con las Wesen sauvages. En definitiva, y tal como nos advertirá el propio pensador, encontraremos en el Ser bruto, salvaje, vertical, presente, una dimensión que no es la de la representación ni la del en-sí. El resto de lo Impensado en Maurice Merleau-Ponty se irá ubicando escalonadamente en los diferentes registros gnoseológicos que son, concomitantemente, registros de realidad y que el propio Edmund Husserl, a partir de su “sombra”, de las ediciones que irán apareciendo desde el año 1966, configurará en una tectónica de regímenes bien diferenciados, en una «no-filosofía» de lo Impensado, del Ser vertical, tal como en adelante describiré, en lo que probablemente serán las Notas de Curso de una futura publicación.  

 

 

[1] Merleau-Ponty, M. Husserl aux limites de la phénoménologie (curso del lunes, en el Collège de France, enero-mayo de 1960), notas de preparación de Merleau-Ponty, Biblioteca Nacional, volumen XVIII, 51 ff.; transcripción, presentación y anotaciones de Franck Robert, en Notes de cours sur L´origine de la géométrie de Husserl, seguido de Recherches sur la phénoménologie de Merleau-Ponty, bajo la dirección de Renaud Barbaras, P.U.F., París, 1998, pp. 11-92.

[2] Merleau-Ponty, M. Philosophie et non-philosophie depuis Hegel (curso del lunes, en el Collège de France, enero-mayo de 1961) notas de preparación de Merleau-Ponty, Biblioteca Nacional, volumen XX, 145 ff.; texto presntado por Claude Lefort en Textures, nº8-9, 1974, pp. 83-129 y nº10-11, 1975, pp. 145-173; recogido en Notes de cours 1959-1961, Gallimard, París, 1996, pp. 269-352 y en Annuaire du Collège de France, 61º año, 1961, p. 163.

[3] Husserl, E. Die Krisis der europäischen Wissenschaften und die transzendentale Phänomenologie, Einleitung in die Phänomenologische Philosophie, Editado por W. Biemel, Husserliana VI, Martinus Nijhoff, La Haya, 1969.

[4] Husserl, E. Umsturz der kopernikanischen Lehre in der gewöhnlichen weltanschaulichen Interpretation. Die Ur-Arche Erde bewegt sich nicht. Grundlegende Untersuchungen zum phänomenologischen Ursprung der Köperlichkeit der Räumlichkeit der Natur in ersten naturwissenschaftlichen Sinne. Alles notwendige Anfangsuntersuchungen, Texto D 17 (1934). En Marvin Farber (ed.), Philosophical Essays in Memory of Edmund Husserl, Cambridge (Mass.) 1940; pp. 307-325. Traducción francesa: L´arche-originaire Terre ne se meut pas. Recherches fondamentales sur l´origine phénoménologique de la spatialité de la nature, trad. D. Franck, en La Terre ne se meut pas, Minuit, Paris 1989. Traducción española: La Tierra no se mueve, trad. Agustín Serrano de Haro, Facultad de Filosofía, Universidad Complutense, Madrid 1995.

[5] Merleau-Ponty, M. «Husserl aux limites de la phénoménologie» (resumen del curso del lunes, en el Collège de France), Annuaire du Collège de France, 60º año, pp. 169-173; recogido en Résumés de cours 1952-1960, Gallimard, París, 1968, pp. 159-170.

[6] Merleau-Ponty, M. «Le philosophe et son ombre», en Edmund Husserl 1859-1959, ed. H.-L. Van Breda y J. Taminiaux, Martinus Hijhoff, La Haye 1959, «Phaenomenologica», nº4, pp. 195-220; recogido en Signes, Ed. Gallimard, Paris 1960, pp. 259-295.

[7] Merleau-Ponty, M. o. c. pp. 272

[8] Bech, J. M. Merleau-Ponty: una aproximación a su pensamiento, Ed. Anthropos, Barcelona, 2005; p. 61.

[9] Merleau-Ponty, M. Notes de cours 1959-1961, Gallimard, París, 1996, pp. 269-352.

[10] «[…] un estado de pura contemplación, de apertura a la intuición, que nos lleva a perdernos en el objeto y a olvidarnos de cualquier individualidad, superando el conocimiento regulado por el principio de razón suficiente», en Schopenhauer, A. Lecciones sobre metafísica de lo bello, Lección VIII, Sobre el componente subjetivo del placer estético, trad. Manuel Pérez Cornejo, Publicaciones de la Universitat de València, Valencia 2004, p. 150.

[11] Merleau-Ponty, M. «Le philosophe et son ombre», en Signes, Ed. Gallimard, Paris 1960, pp. 281-282.

[12] Álvarez Falcón, L. «Comunidad, historia y sentido», en IX Congreso Internacional de Fenomenología, Segovia, España, 2009. Investigaciones fenomenológicas, vol. monográfico 3: Fenomenología y política (2011).

[13] Merleau-Ponty, M. «Philosophie et non-philosophie depuis Hegel», en Notes de cours 1959-1961, Gallimard, París, 1996; p. 312.

[14] Patoĉka, J. «El subjetivismo de la fenomenología husserliana y la posibilidad de una fenomenología asubjetiva» y «El subjetivismo de la fenomenología husserliana y la exigencia de una fenomenología asubjetiva», en El movimiento de la existencia humana, Ediciones Encuentro, Madrid, 2004; pp. 93-135.

[15] Merleau-Ponty, M. o. c., p. 275.

[16] Husserl, E. Analysen zur passiven Synthesis. Aus Vorlesungs- und Forschungsmanuskripten, 1918-1926. Edited by Margot Fleischer. The Hague, Netherlands: Martinus Nijhoff, 1966.

[17] Husserl, E. Zur Phänomenologie der Intersubjektivität. Texte aus dem Nachlass. Erster Teil. 1905-1920. Zweiter Teil. 1921-28. Dritter Teil. 1929-35. Edited by Iso Kern. The Hague, Netherlands: Martinus Nijhoff, 1973.

[18] Husserl, E. Ding und Raum. Vorlesungen 1907. Edited by Ulrich Claesges. The Hague, Netherlands: Martinus Nijhoff, 1973.

[19] Husserl, E. Phäntasie, Bildbewusstsein, Erinnerung. Zur Phänomenologie der anschaulichen Vergegenwartigungen. Texte aus dem Nachlass (1898-1925). Edited by Eduard Marbach. The Hague, Netherlands: Martinus Nijhoff, 1980.

[20] Álvarez Falcón, L. Realidad, Arte y Conocimiento. La deriva estética tras el pensamiento contemporáneo, Editorial Horsori, Barcelona, 2009; pp. 173-206.

[21] Barbaras, R. De l´être du phénomène. Sur l´ontologie de Merleau-Ponty, Éd. Jérôme Million, Grenoble, 2001; p. 99.

[22] «Non-Philosophie et Philosophie avec deux inédits sur la musique», en Chiasmi International nº3, Vrin, Mimesis, University of Memphis, 2001 y «Philosophy and Non-Philosophy since Merleau-Ponty», editado con una introducción de Hugh J. Silverman, Noethwestern Univ. Press, 1997.

[23] Saint-Aubert, E. Vers une ontologie indirecte. Sources et enjeux critiques de l´appel à l´ontologie chez Merleau-Ponty, Ed. Vrin, Paris, 2006; p. 61 y ss.

[24] Merleau-Ponty, M. Fenomenología de la Percepción, Ed. Península, Barcelona, 2000; p. 10.

[25] Merleau-Ponty, M. Philosophie et non-philosophie depuis Hegel (curso del lunes, en el Collège de France, enero-mayo de 1961),  Notes de cours 1959-1961, o. c., pp. 269-352.

[26] Heidegger, M. Der Satz vom Grund, pp. 123-124.

[27] Merleau-Ponty, M. La philosophie aujourd´hui, (curso sin título, en el Collège de France, enero-mayo de 1959), notas de preparación de Merleau-Ponty, Biblioteca Nacional, volumen XVIII, 69 ff.; transcripción y notas de Stéphanie Ménasé en Merleau-Ponty, M. Notes de cours 1959-1961, o. c., pp. 37-148 y pp. 379-388.

[28] Merleau-Ponty, M. Notes de cours 1959-1961, o. c., p. 68.

[29] Merleau-Ponty, M. Le visible et l´invisible, Éd. Gallimard, París, 1999 ; p. 270.

[30] Merleau-Ponty, M. Fenomenología de la Percepción, Ed. Península, Barcelona, 2000; p. 169.

[31] Husserl, E. Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del tiempo, trad. Agustín Serrano de Haro, Ed. Trotta, Madrid, 2002; p. 29.

[32] Husserl, E. Zur Phänomenologie des inneren Zeitbewusstesens (1893-1917). Editado por Rudolf Boehm, Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1969.

[33] Merleau-Ponty, M. o. c., pp. 17-18.

[34] Husserl, E. Die Idee der Phänomenologie. Fünf Vorlesungen. Editado por Walter Biemel, Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1973.

[35] Husserl, E. Logische Untersuchungen. Erster Teil. Prolegomena zur reinen Logik. Text der 1. und der 2. Auflage, Halle: 1900, rev. ed. 1913. Editado por Elmar Holenstein,  Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1975; Logische Untersuchungen. Zweiter Teil. Untersuchungen zur Phänomenologie und Theorie der Erkenntnis. In zwei Bänden, Editado por Ursula Panzer. Halle: 1901; rev. ed. 1922, Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1984; Logische Untersuchungen. Ergänzungsband. Erster Teil. Entwürfe zur Umarbeitung der VI. Untersuchung und zur Vorrede für die Neuauflage der Logischen Untersuchungen (Sommer 1913), Edited por Ulrich Melle, Kluwer Academic Publishers, The Hague, Netherlands, 2002. Husserliana XVIII, XIX y XX.

[36] Husserl, E. Ding und Raum. Vorlesungen 1907, Editado por Ulrich Claesges, Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1973.

[37] Husserl, E. Chose et espace. Leçons de 1907, traducción e introducción de Jean-François Lavigne, P.U.F., París, 1989; p. 5.

[38] Husserl, E. Ding und Raum. Vorlesungen 1907, o. c., p. 285.

[39] Husserl, E.  Die ‘Bernauer Manuskripte’ über das Zeitbewußtsein (1917/18), Editado por Rudolf Bernet y Dieter Lohmar, Kluwer Academic Publishers, Dordrecht, Netherlands, 2001.

[40] Bech, J. M. «El pensamiento de la no-coincidencia», en Convivium nº 16, Departament de Filosofia, Facultat de Filosofia, Universitat de Barcelona, Barcelona, 2003; pp. 57-94.

[41] Husserl, E. Zur phänomenologischen Reduktion. Texte aus dem Nachlass (1926-1935). Editado por Sebastian Luft, Kluwer Academic Publishers, Dordrecht, Netherlands, 2002.

 

Les limites de la pensée et la frontière de la philosophie

«La philosophie a son ombre portée qui n´est pas simple absence de fait de la future lumière».
Maurice Merleau-Ponty

1.

 

Entre les ans 1960 et 1961, et juste avant de sa soudaine disparition, dans les cours Husserl aux limites de la phénoménologie[1] et Philosophie et non-philosophie depuis Hegel[2], Maurice Merleau-Ponty exposera son personnel conception sur la pensée du maître. Deux textes tardifs, mais fondamentaux dans l’étape finale d’Husserl, mettront de relais la bizarre concordancia des intérêts de tous les deux dans les derniers ans de ses vies: L´origine de la géométrie, annexe III de la Krisis[3] de l’an 1932, publié par Eugen Fink en 1939, et un texte de 1934, publié par Martin Farber en 1940, Umsturz der kopernikanischen Lehre in  der gewöhnlichen weltanschaulichen Interpretation. Die Ur-Arche Erde bewegt sich nicht. Grundlegende Untersuchungen zum phänomenologischen Ursprung der Köperlichkeit der Räumlichkeit der Natur in ersten naturwissenschaftlichen Sinne. Alles notwendige Anfangsuntersuchungen[4]. Merleau-Ponty montrera un spécial intérêt par ces deux travaux, et le cours de 1960 il tournera autour des puissantes intuitions que Husserl exposera en ils[5].

Seulement un an avant, en coïncidant avec le centenaire de la naissance d’Husserl, et tant qu’Eugen  Fink présentait son important apport «La philosophie tardive d’Husserl à l’époque de Fribourg», dans le nº 4 de «Phaenomenologica», sous la direction de Van Breda et Taminiaux, notre auteur publiera son article «Le philosophe et son ombre»[6]. Dans ses lignes il s’avertira l’effectivité propre de la fenomenología et de ses propres et primitivas intentions, en rappelant l’exposé initial que déjà apparaissait en Ideen II:

 

«Quand on dit que la chose perçue est saisie “en personne” ou “dans sa chair” (leibhaft), cela est à prendre à la lettre: la chair du sensible, ce grain serré qui arrête l´exploration, cet optimum qui la termine reflètent ma propre incarnation et en sont la contrepartie. Il y a là un genre de l´être, un univers avec son “sujet” et son “objet” sans pareils, l´articulation de l´un sur l´autre et la définition une fois pour toutes d´un “irrélatif” de toutes les “relativités” de l´expérience sensible, qui es “fondement de droit” pour toutes les constructions de la connaissance»[7].

 

Ce “irrelativ” de toutes les “relativités” ouvrira le pas à l’effectivité des niveaux d’expérience dans sa dimension “verticale”, à une pensée engagée avec l’expérience anteprédicatif, qu’exige récupérer et prolonger un savoir anonyme et pre-categorial[8]. Il se traitera en définitive d’un modèle de pensée que, telle comme définira Merleau-Ponty dans le cours du lundi de 1961, opérera en l’imaginaire, ou plutôt en la Phantasia, puisque se envisagera à soi même comme son expression et, par conséquent, il ne se séparera jamais d’il. Lorsque la pensée interrogez radicalement de cette forme fera possible une «philosophie de la non-philosophie».

Certes, en 1961, à des rares jours de sa disparition, Merleau-Ponty parlera de la philosophie comme d’une «non-philosophie»[9]. Déjà en 1959, dans son mentionné article «Le philosophe et sont ombre», notre auteur avertissait qu’Husserl avait posé cette question dans l’exploration de l’arquitectonique que configure les différents niveaux de l’expérience, capes étagées (couches étagées), et dont la structure ne peut être de par soi eidetique, puisque la propre Philosophie apparaît comme une façon d’institucionalización symbolique en un de ces niveaux. Entre les “capes profondes” et les “capes supérieures” de la constitution il situera cette singulière relation de Selbstvergessenheit (oubli de soi même), à thème par Schopenhauer[10], que déjà Husserl y avait pointé en Ideen II, et que Merleau-Ponty situera, en suivant à Kant, dans un «Logos du monde esthétique»[11].

Les expériences de la conscience seront toujours, explicite ou implícitamente, appréhendées dans le tissu extrêmement complexe d’un double enchaînement: “horizontale”, conformément à ce que constitue la cohérence (rationnelle) de la vie de la conscience, et “verticale”, selon lequel n’y aura pas expérience qu’il n’implique pas une base et un fondement (Fundament) sur lequel s’edifique toute la profondeur et stratification de l’expérience[12]. La Philosophie, comme institution symbolique rationnelle, dans sa dimension simplement horizontale, se sera revenu fiscale. Il sera une pensée de survol, une instance de survol qu’impose le sens,  il déjà soit depuis une supposition Être dans la limite supérieure, déjà soit depuis quelques conditions trascendentales de possibilité, ou déjà soit depuis une limite inférieure, depuis les données comme des réalités dernières.

Telle “Philosophie” habitera surtout par le passé, fossile et stagnant comme une histoire de la philosophie. La non-philosophie sera, dans les mots de Merleau-Ponty dans la préparation du cours du 6 mars 1961, «la philosophie véritable»[13], c’est-à-dire, une philosophie de l’expérience qu’il se donne entre les différentes couches étagées (strates étagés), intentionnalités que ne peuvent pas s’adapter à un esprit constituant universel et dont l’articulation est non-eidetique. Celle-ci non-philosophie sera uniquement possible, ou bien comme “lumière noire” de la phénoménologie, capable d’exhiber tout ce que reste occulte et celé par l’antichambre de l’eidos, et que semble rester en dehors de tout ordre symbolique, ou bien comme le frère bâtard de l’immense et raisonné désordre, dérèglement, de tous les sens: l’Art. Il se traitera, donc, d’une philosophie négative que devra se comprendre, telle comme postérieurement va insinuer le propre Jan Patoĉka dans ses déjà célèbres essais[14], comme une «à-philosophie». En ceci, Merleau-Ponty sera concluant au rappeler dans le cité cours du lundi, en le Collège de France, ce locus classicus ou fragment clef:

 

«Il s’agit d’une philosophie qui veut être philosophie en étant non-philosophie, d’une «philosophie négative» (au sens de «théologie négative»), qui s’ouvre accès à l’absolu, non comme «au-delà», second ordre positif, mais comme un autre ordre qui exige l’en-deçà, le double, n’est accessible qu’à travers lui-la vraie philosophie se moque de la philosophie, est a-philosophie» [15].

 

L’intérêt de notre auteur par cette «à-philosophie» nous anticipera le virement inattendu que la phénoménologie donnera à partir de l’an 1966, avec l’apparition de l’édition par l’Husserliana des recherches sur la Synthèse Passive[16], Et d’autres textes comme la phénoménologie de l’intersubjectivité. [17] De 1973, les passages des leçons de 1907 sur Chose et Espace[18], éditées aussi dans l’an 1973, ou Phantasia, conscience d’image et souvenir[19] de 1980, et un long etcetera[20]. Si bien Merleau-Ponty ne pourra pas connaître la plupart de ces éditions, pourtant, il aura été capable d’intuir le déploiement implicite dans la pensée d’Husserl: le parcours “vertical”, d’aller-retour, entre les régions du Visible et de l’Invisible. Le sens véritable de la fenomenología, telle comme nous décrira Renaud Barbaras dans son essai sur l’ontología de Merleau-Ponty[21], il sera la tentative de porter l’expérience muette à l’expression pure de son propre sens, en développant une part de non-philosophie, un ordre qui se résiste à la conscience constituante.

Bien que le terme «non-philosophie»[22], frappé comme tel, il n’apparût pas plus que discrètement mentionné dans ses derniers cours[23], pourtant, l’extension et radicalité de sa signification théorique il commencera à se exhiber depuis le début de ses exposés phénoménologiques. De cette manière, la vérité de la phénoménologie résidera dans le lieu même de ses limites, en le confín même de sa “ombre”, où commence sa relation avec la «à-philosophie», ou avec la «non-philosophie». Cette “ombre” fera référence à trois seuils très significatifs, et que Merleau-Ponty aura mis au découvert, en portant à la limite le programme de la phénoménologie d’Husserl, dès que philosophie de l’expérience  que se donne nécessairement entre strates de résonance. En premier lieu, telle “ombre” fera référence à l’écho persistente de les deux penseurs après le croisement théorique de ses héritages inachevé, en l’advenimiento d’un nouveau conception phénoménologique de la philosophie. Deuxièmement, son fulgente obscurité nous amènera la nouvelle du seuil d’accès à la «non-philosophie» dans les limites d’une hausse verticale de la réduction. En troisième lieu, ce subumbrare sera l’attestation de la zone ou région à celle que, par une ou une autre cause, n’arrive pas l’activité constituante du “je”, delimitando la perméabilité d’une limite, d’une fin et d’un début, d’une origine que procède de la cessation des lumières et qu’il a son début dans une nouvelle pénombre: un en-deça et un au-delà.

Si après le virement copernicien, la pensée de Kant a déterminé le premier investissement trascendental, la phénoménologie, comme “lumière obscure” de la non-philosophie, aura disposé avec la maximale clarté ce deuxième investissement: l’investissement entre l’Être  et le Phénomène. Tant que l’Être il se réfugiera dans la stabilité du Visible, la non-philosophie produira un s’épuiser qu’ira depuis l’identité et la positionnalité à la pluralité et l’indeterminación du Phénomène. Merleau-Ponty sera précis à l’avertir que «La réalité est un tissu solide»[24]. Ce que y a, cela qui est l’Invisible, pluriel, ne figuré et indéteminé, est la richesse de la réalité ce qui se passe en appauvrissant au se contracter par centrage au territoire du Visible. La non- coïncidence et l’inévitable suravent de cet horizon souverain et inaccessible donnera primauté à la nouveauté et l’ imprévisibilité de cela que le propre Heidegger qualifiât d’Impensé  (das Ungedachte), ou “ombre” qui accompagne à toute pensée fiscale, à toute philosophie de la conscience que depuis le passé survole comme instance de survol, en imposant le sens, en une Sinngebung capable de dominer le monde au lieu de se voir effondré en il.

 

2.

 

Dans le cité cours des lundis de 1961[25], Merleau-Ponty utilisera l’exemple d’une pensée que, malgré se présenter comme philosophie, résultera être un paradigme de la non-philosophie. Nous nous rapportons à l’introduction de douze pages en seize paragraphes qu’Hegel a ajouté à son Phénoménologie de l’Esprit. Le phénomène comme Erscheinung (Apparition), et ne comme Darstellung (ce que apparaît), il émergera comme relation avec l’absolu, mais ne comme Être mais comme schon bei uns, comme quelque chose que déjà est préalablement entre nous et qu’il y a de se dévoiler par son propre esplendor. Tel texte avait déjà été commenté par Martin Heidegger dans son séminaire de 1943, mais dans ce cas sera brandi par Merleau-Ponty pour annoncer ce deuxième investissement, au-delà de l’investissement trascendental kantien, que s’est produit en la phénoménologie.

Dans la page 202 de Signes, dans l’édition originale de 1960, dedans de sa modeste contribution au centenaire de la naissance d’Husserl, notre auteur exposera centralement ce conception de l’Impensé, que depuis son origine et lamentation heideggerien laissera des importantes séquelles en toute son oeuvre. De cette manière, nous ici pourrons avertir, outre la présence brûlant des vers d’Angelus Silesius, ce rendez-vous de la leçon neuvième de la proposition du fondement autour de Kant et Leibniz:

 

«Combien plus grand est l’oeuvre du penser d’un penseur –chose qu’absolument pas reste couverte par l’extension et le nombre de ses écrits– tellement plus riche est l’impensé qu’y a dans cette oeuvre du penser, c’est-à-dire, cela que pour la première fois et uniquement par cette oeuvre du penser affleure comme l’encore ne pensé. Ceci ne pensé ne concerne pas bien entendu à quelque chose qu’un penseur soit passé par grand ou été incapable de dominer, et qu’après une postérité plus savante dût reprendre»[26].

 

Le propre d’une pensée est ce que il cherche encore par dire, son Impensé, que seulement peut se révéler dans une réflexion, en se convertissant dans l’écho de cette région qu’est en-deça ou au-delà de la philosophie même comme Institution symbolique rationnelle (Stiftung). Dans ce sens, dans la confrontation avec Husserl que Merleau-Ponty mènera à terme il sera difficile séparer ce que il appartient à chacun d’ils; plutôt, il sera précis avertir que les thèses du dernier Husserl et les thèses du dernier Merleau-Ponty termineront en confluant, précisément, en cela que pour la première fois, et uniquement par cette oeuvre du penser, il affleure comme l’encore ne pensé: son non-philosophie.

À l’édition posthume du cours sur Philosophie et non-philosophie depuis Hegel y aura qu’ajouter une édition une plus récente, mais aussi fondamentale, que portera par titre: La philosophie aujourd´hui[27]. Il sera le cours, en principe sans titre, que l’auteur impartirá dans le Collège de France, entre janvier et mai de 1959. Dans ce cours, Merleau-Ponty s’approchera, peut-être plus que jamais, à la “ombre” inachevé du maître, en distinguant l’articulation précise de sa pensée autour de trois axes principaux. D’une part, l’axe des découvertes autour de la relation «intentionnalité, essence et facticité»; d’autre part, la régression idéaliste de la phénoménologie; et, finalement, la rétraction de l’idéalisme et l´approfondissement dans la pensée verticale. Ces trois axes correspondront à son tour avec la période initiale de Recherches Logiques; avec la période idéaliste, et plus ortodoxe, d’Idées relatives à une phénoménologie pure et une philosophie phénoménologique; et, finalement, avec la période de Méditations Cartésien. Dans ce dernier intervalle, la recherche sur les dimensions verticale approchera à l’auteur aux notions de Leib, passivité et intersubjectivité, que seront, en définitive, les notions à partir desquelles Merleau-Ponty développera tout son conception de la phénoménologie dans son approximation à l’Impensé par les deux penseurs. La caractérisation d’une «passivité originaire» mettra en étoffe de jugement le conception de la réflexion, ou réduction trascendental, en dévoilant cette stratification étagé et vertical dans laquelle apparaîtra le non tético dans la nature même de la conscience et contre l’adéquation même d’un esprit constituant universel[28].

Depuis le cours de 1959, et en ayant en compte les cités cours de 1960 et 1961 («Husserl dans les limites de la phénoménologie» et «Philosophie et non-philosophie après Hegel»), Merleau-Ponty essayera inlassablement penser le régime architectural d’une pensée verticale, repense à son tour la notion même de passivité face à l’activité constituante du “je”. Depuis la région du Visible, depuis les notions de sujet, nature et synthèse active, montera, ou il descendra, à la région de l’Invisible, où découvrira le Leib, l’hylé  et la proto-hylé, et les synthèses passives, en définitive, ses controversées notions de la chair, du quiasmo, et des wesen sauvages. La phénoménologie se sera converti dans ce parcours d’aller et de tour entre le Visible et l’Invisible. Merleau-Ponty sera plus près que jamais de cela qu’y avait d’Impensé  dans l’oeuvre du penser husserliano. De là en les Remarques de travail de son inachevé oeuvre Le visible et l´invisible, en novembre du même an 1959, confirmât que la philosophie n’avait pas parlé jamais de la passivité de notre activité, c’est-à-dire, en citant à Valéry, d’un «corps de l’esprit» (corps de l´esprit). Et ici, je me permettrai la licence de reproduire en toute son extension la clarté de cette petite annotation:

 

«L´âme pensé toujours: c´est en elle une propriété d´état, elle ne peut pas ne pas penser parce qu´un champ a été ouvert où s´inscrit toujours quelque chose ou l´absence de quelque chose. Ce n´est pas là une activité de l´âme, ni une production de pensées au pluriel, et je ne suis pas même l´auteur de ce creux qui se fait en moi par le passage du présent à la rétention, ce n´est pas moi qui me fais penser pas plus que ce n´est moi qui fais battre mon cœur. Sortir par là de la philosophie des Erlebnisse et passer à la philosophie de notre Urstiftung…»[29].

 

Le conclusion sera radical, catégorique et définitive: sortir de la philosophie des expériences (Erlebnisse) et passer à la philosophie de notre institution originaire de sens (Urstiftung), c’est-à-dire, de notre proto-fondation ou proto-institution. En définitive, sa proposition annoncera le besoin de faire abstraction d’une pensée “horizontale”, d’une philosophie de la conscience, écrasante configurée dans une pensée de survol, et monter “verticalement” en recherche de le stratification originaire où resituar la «non-philosophie» de l’impensé, autant par Husserl comme par il même et par toute la tradition d’une philosophie dont l’origine, exigence et besoin seulement peut se présenter comme philosophie phénoménologique. Tel radicale prétention passera par ce dérèglement que le même Rimbaud a illustré, annoncé par cette bizarre et prévoyant missive merleau-pontiana que tellement retentissements amène à la pensée contemporaine: «ce n’est pas moi qui me fait penser, pas plus que ce n’est moi qui fait battre mon coeur».

Le même Husserl, dans ses derniers travaux, et contre la supposition idéaliste qu’avait soutenu dans la période d’Idées, soutiendra ce combat contre la philosophie de la conscience. La découverte de la subjectivité comme Leib kinesthésique, la transpossibilité des «synthèses passives» face à la possibilité des synthèses actives, et l’horizon ineludible de la « interfactivité » face à l’intersubjectivité de l’identité symbolique, termineront par distinguer une pensée verticale en sa propre généalogie de la vérité, et la philosophie de Merleau-Ponty finira par se convertir en «non-philosophie», dont l’objet d’étude sera, en définitive, le phénomène dès que phénomène, c’est-à-dire, ce “être sauvage” (être sauvage), vertical et ontologiquement premier, qu’occupe la domination même de l’Invisible  dans la limite la plus extrême de l’epoché .

 

3.

 

Par bizarre que puisse sembler, l’Impensé de la non-philosophie de Maurice Merleau-Ponty apparaîtra déjà annoncé en 1945, dans la note 9 du chapitre IV de la première part de sa Phénoménologie de la perception. Nous rappelions que ce chapitre était consacré à «La synthèse du propre corps», en exposant les questions de l’spatialité et la corporéité, de l’unité du corps et de l’oeuvre d’art et de l’habit perceptif comme acquisition d’un monde. Donc bien, au traiter précisément de l’habit et en utilisant l’exemple de la “canne de l’aveugle”, Merleau-Ponty fera une certera allusion à Husserl:

 

«Husserl, par exemple, a défini pendant long temps la conscience ou le dépôt d’un sens par le schéma Auffassung-Inhalt et comme une beseelende Auffassung. Un pas définitif le donne au reconnaître, depuis les Conférences sur le temps, que cette opération presupone une autre plus profonde pour laquelle le contenu se prépare pour ce captage. “Toute constitution ne se fait pas selon le schéma Auffassunginhalt-Auffassung”. Vorlesungen zur Phänomenologie Donnes inneren Zeitbewusstseins, p. 5, Il remarque 1.»[30].

 

Certes, dans Les Leçons sur la conscience interne du temps de l’an 1905, dans son Introduction, et au parler de la « Déconnexion du temps objectif», en concret, à l’exposer la distinction entre un temps «senti» et un temps perçu, Husserl fait le suivant avertissement:

 

«”Le senti” indiquerait, donc, un concept de relation que par soi seulement rien dirait sur si le senti est sensuel, au moins sur si est immanent dans le sens en que le sensuel l’est. Il resterait ouvert, en d’autres termes, si le senti même est déjà constitué, et peut-être d’une façon très diverse du sensuel. Mais toute cette différenciation est mieux la laisser au marge. Ne toute constitution répond au schéma “contenu d’aprehensión-aprehensión”»[31].

 

Dans ces deux textes convergerá l’Impensé de les deux penseurs, avec l’exprime avertissement de que cette question, que selon Husserl, et dans ce moment, “est mieux la laisser au marge”, comportera autant tout le déploiement de la pensée merleau-pontienne comme le déploiement même que la pensée husserliane montrera dans les mentionnées éditions postérieures à 1966 et que Merleau-Ponty ne connaîtra pas jamais. Il vaille avertir que Rudolf Boehm, l’éditeur de Sur la phénoménologie de la conscience temporelle immanent (1893-1917), déjà fera une spéciale référence à cette note dans le tome X de l’Husserliana. [32]. Il semble, donc, qu’il n’est pas possible généraliser l’intentionnalité comprise comme dépôt de sens. Ceci serait contradictoire avec la notion de phénomène en tellement façon d’apparition (Erscheinung). Par conséquent, la conscience est quelque chose plus que activité, et celui-là quelque chose plus n´est pas consistante avec le schéma Auffassunginhalt-Auffassung (Contenu d’ Appréhension- Appréhension).

Certes, nous trouverons une passivité originaire dans l’intérieur même de la conscience, et ici Merleau-Ponty développera cette intuition qu’il avait déjà annoncé dans le Prologue de son Phénoménologie de la perception[33], À l’avertir, après citer la Critique du jugement, que Husserl avait déjà distingué l’intentionnalité d’acte d’un autre type d’intentionnalité, une notion une plus élargie d’intentionnalité que permettrait à la phénoménologie se convertir en une phénoménologie de la genèse et à la pensée dans une pensée verticale des différents couches, ou capes étagées (couches étagées), antérieures aux actes. Il s’agissait de l’intentionnalité opérant et latent (fungierende Intentionalität) que constituerait l’unité naturelle et anteprédicatif du monde et de notre vie, celle qui se manifestait dans nos désirs, nos évaluations, notre paysage, d’une façon une plus claire et catégorique que dans la connaissance objective.

Dans les douze ans qui passent entre les deux éditions de Recherches Logiques, celui de 1901 et celui de 1913, la pensée d’Husserl souffrira une crise profonde et une profonde transformation. Il se fera patent ce que avait jusqu’alors demeuré d’une façon latente et presque occulte: les resortes philosophiques basiques de la réduction et la constitution. Cette crise apparaîtra en apparence dans le cité cours de 1905 sur la conscience intime du temps, qu’éditera Heidegger en 1928, et dans le cours de 1907 sur l’idée de phénoménologie, que n’apparaîtra pas édité jusqu’à 1950, par Biemel, dans le volume II de l’Husserliene. [34]. Les modifications introduites dans la deuxième édition des Recherches, telle comme se peut apprécier dans l’édition définitive d’Elmar  Holenstein, en 1975, dans le volume XVIII et suivants de l’Husserliene. [35], Ils sont une attestation de cette autoconscience opérée, qu’en 1901 est encore une intuition pas conscient de ses conséquences. La crise de 1905 et le premier exposé formel de la phénoménologie du cours de 1907 seront la fidèle attestation de la connexion entre la première édition des Recherches de 1901 et la deuxième de 1913. En ce fertile période, entre mai et août de 1907, à Göttingen, Husserl donnera la deuxième part d’un cours intitulé initialement: «Fragments principaux de la phénoménologie et de la critique de la raison». Tel cours correspondra au texte du manuscrit husserliano FI13, appelé par Husserl «Dingvorlesung».

Les cinq leçons d’introduction générale à la phénoménologie transcendental de dit cours seront, tel comme avons visé, publiées par Biemel en 1950, sous le titre: Die Idée der Phänomenologie. Pourtant, le grand empatement du cours ne sera pas publié jusqu’à 1973, lorsqu’Ulrich Claesges, dans le volume XVI de l’Husserliene, édite ces leçons, sous l’énigmatique titre: Ding und Raum, Vorlesungen 1907[36]. Le traducteur de l’édition française, Jean-François Lavigne, sera concluante dans son introduction au confirmer un fait philosophiquement décisif dans l’histoire de la pensée contemporaine: les leçons de l’été de 1907 sur la chose spatiale inaugureront la phénoménologie de la perception[37]. Il est évident que Merleau-Ponty ne pourra pas connaître ce texte, mais l’étonnant résultera vérifier que, très malgré cela, aura été conscient de la transcendance théorique qu’ils comportent ses constats.

Dans la page 285 de l’édition d’Ulrich Claesges, en correspondance avec la leçon finale du 3 août 1907, Husserl commencera de cette manière son dernier égard:

 

«Il appartient à l’essence de la chose en générale être une unité intencional identique que se “constitue” en une certaine multiplicité d’apparitions effectives ou possibles, est légitimé selon son être et son être-ainsi respectif en l’enchaînement d’apparitions réglementé et chaque fois motivé. Mais l’enchaînement est un enchaînement d’apparitions entre-convenues, que se remplissent quelques en autrui, et ils sont portées par une conscience de croyance qu’il les traverse, ou, si il se préfère, une conscience positionnel, conscience d’être. Savoir quelle relation il maintient cette conscience positionnel avec les simples apparitions préciserait de recherches plus profondes»[38].

 

La relation impossible entre cet égard et la mentionnée remarque nº 9 du chapitre IV de la première part de la Phénoménologie de la Perception, nous fera supposer que la convergence de les deux penseurs a lieu dans l’ombre même de ses Impensée, à travers, dans le cas de Merleau-Ponty, de la connaissance préalable des Leçons sur la conscience interne du temps de l’an 1905, où Husserl déjà avertit cette proposition radicale[39]. Une autre chose serait déjà élucubrer sur le cours que la pensée merleau-pontienne eût pris si en 1961 il ne se fût pas accompli le conception fatale de Rimbaud: «on m’ai pensé».

Cassée la structure bimembre Auffassunginhalt-Auffassung (Contenu d’ Appréhension- Appréhension), la “verticale” restera ouverte pour une hausse vers l’Impensé, c’est-à-dire, pour celle-là non-philosophie qu’autant Husserl comme Merleau-Ponty ils ont aperçu comme la bizarre distance (écart) que sépare au sujet même et qu’il éloigne chaque chose de sa possible identité[40]. Tous les deux établiront une nouvelle structure triple: Auffassung-Erscheinung-Darstellung (Appréhension ou acte intencional, Apparition ou contenu d’Appréhension, Exposé ou objet). De cette manière, Merleau-Ponty était en le vrai à l’avertir que la conscience ou le dépôt de sens suivait le schéma husserlien Auffassung-Inhalt, et beseelende Auffassung (Appréhension animée), et que, par conséquent, supposait une autre opération une autre plus profonde moyennant laquelle le contenu était préparé pour l’Appréhension. Toute la pensée merleau-pontienne partira de cet égard.

La structure bimembre de la perception sera la philosophie de la conscience que Merleau-Ponty va disqualifier par sa nature fiscale et de “survol”; celle-là qui annule l’axe vertical de l’Erscheinung , de l’Apparition. Entre l’intentionnalité de l’Auffassung, de l’Appréhension ou l’Acte, et l’identité de la Darstellung, Exposé ou Objet, y aura une bizarre connivence, une complicité qui ouvrira la verticale des différentes couches étagées (couches étagés) sur l’axe de l’Erscheinung, de l’Apparition. Bien que autant l’Erscheinung  (Apparition) comme la Darstellung  (Exposé) soyez toutes les deux “phénomènes”, pourtant, l’axe de l’Erscheinung  (Apparition) sera l’axe des phénomènes en sens strict: le phénomène dès que phénomène. Cette verticale nous mettra directement en contact avec la transcendance, avec le “être sauvage” (être sauvage), vertical et ontológicamente premier.

Comme est bien su[41], Husserl se pliera la réduction trascendental moyennant une réduction eidética, c’est-à-dire, que dans son étape idealista (Ideen) il utilisera la «réduction trascendental» (réduction cartésienne, kantienne et psychologique) pour partir de l’Auffassung  (Appréhension) et arriver à une “Subjectivité transcendental”, et, à son tour, telle réduction traînera une «réduction eidétique» pour partir de la Darstellung (Exposé) et arriver aux premières synthèses. Pourtant, Merleau-Ponty proposera une réduction à partir du phénomène en tellement phénomène, de l’Erscheinung  (Apparition). Telle réduction par la verticale centrale sera complètement autonome et il ira depuis l’Erscheinung , ou Apparence, à l’Ereignis, ou Quiasmo. Celui-ci sera l’axe qui favorisera une «non-philosophie» face à une philosophie de survol que survole et règne, c’est-à-dire, la voie d’accès vers l’Invisible, vers l’Impensé de la «non-philosophie». Merleau-Ponty se fera face à l’Husserl idéaliste en faveur de la pensée dernière du maître, malgré n’y avoir arrivé à vislumbrar plus que sa “ombre” inachevé, en substituant la «réduction transcendental» et la «réduction eidétique» par une véritable «réduction centrale phénoménologique», en accédant de cette manière à la véritable épaisseur du monde, de la nature, de la réalité, en définitive.

Bien que cette structure triple ne se maintienne pas dans son hausse depuis le Visible, par la pensée verticale, vers la région de l’Invisible,  pourtant, son controversé concept de la Chair se correspondra dans la réduction avec le sujet et les actes d’Appréhension intentionnel; les schicios ou contenus d’Appréhension se correspondront à son tour avec sa notion principale de Quiasmo; et les Eide, essences ou eidos, se correspondront avec les Wesen sauvages. En définitive, et telle comme nous avertira le propre penseur, nous trouverons dans l’Être brut, sauvage, vertical, présent, une dimension qui n’est ni celle de la représentation ni celle de l’en-soi. Le reste de l’Impensé en Maurice Merleau-Ponty se situera progressivement dans les différents registres gnoséologiques qui sont, concomitamment, des registres de réalité et que le propre Edmund Husserl, à partir de sa “ombre”, des éditions qu’iront en apparaissant depuis l’an 1966, configurera dans une tectonique de régimes bien différenciés, dans une «non-philosophie» de l’Impensé, de l’Être vertical, comme je le décrirai ci-après, dans ce qui sera probablement les Notes de Cours d’une future publication.  

 

 

[1] Merleau-Ponty, M. Husserl aux limites de la phénoménologie (curso del lunes, en el Collège de France, enero-mayo de 1960), notas de preparación de Merleau-Ponty, Biblioteca Nacional, volumen XVIII, 51 ff.; transcripción, presentación y anotaciones de Franck Robert, en Notes de cours sur L´origine de la géométrie de Husserl, seguido de Recherches sur la phénoménologie de Merleau-Ponty, bajo la dirección de Renaud Barbaras, P.U.F., París, 1998, pp. 11-92.

[2] Merleau-Ponty, M. Philosophie et non-philosophie depuis Hegel (curso del lunes, en el Collège de France, enero-mayo de 1961) notas de preparación de Merleau-Ponty, Biblioteca Nacional, volumen XX, 145 ff.; texto presntado por Claude Lefort en Textures, nº8-9, 1974, pp. 83-129 y nº10-11, 1975, pp. 145-173; recogido en Notes de cours 1959-1961, Gallimard, París, 1996, pp. 269-352 y en Annuaire du Collège de France, 61º año, 1961, p. 163.

[3] Husserl, E. Die Krisis der europäischen Wissenschaften und die transzendentale Phänomenologie, Einleitung in die Phänomenologische Philosophie, Editado por W. Biemel, Husserliana VI, Martinus Nijhoff, La Haya, 1969.

[4] Husserl, E. Umsturz der kopernikanischen Lehre in der gewöhnlichen weltanschaulichen Interpretation. Die Ur-Arche Erde bewegt sich nicht. Grundlegende Untersuchungen zum phänomenologischen Ursprung der Köperlichkeit der Räumlichkeit der Natur in ersten naturwissenschaftlichen Sinne. Alles notwendige Anfangsuntersuchungen, Texto D 17 (1934). En Marvin Farber (ed.), Philosophical Essays in Memory of Edmund Husserl, Cambridge (Mass.) 1940; pp. 307-325. Traducción francesa: L´arche-originaire Terre ne se meut pas. Recherches fondamentales sur l´origine phénoménologique de la spatialité de la nature, trad. D. Franck, en La Terre ne se meut pas, Minuit, Paris 1989. Traducción española: La Tierra no se mueve, trad. Agustín Serrano de Haro, Facultad de Filosofía, Universidad Complutense, Madrid 1995.

[5] Merleau-Ponty, M. «Husserl aux limites de la phénoménologie» (resumen del curso del lunes, en el Collège de France), Annuaire du Collège de France, 60º año, pp. 169-173; recogido en Résumés de cours 1952-1960, Gallimard, París, 1968, pp. 159-170.

[6] Merleau-Ponty, M. «Le philosophe et son ombre», en Edmund Husserl 1859-1959, ed. H.-L. Van Breda y J. Taminiaux, Martinus Hijhoff, La Haye 1959, «Phaenomenologica», nº4, pp. 195-220; recogido en Signes, Ed. Gallimard, Paris 1960, pp. 259-295.

[7] Merleau-Ponty, M. o. c. pp. 272

[8] Bech, J. M. Merleau-Ponty: una aproximación a su pensamiento, Ed. Anthropos, Barcelona, 2005; p. 61.

[9] Merleau-Ponty, M. Notes de cours 1959-1961, Gallimard, París, 1996, pp. 269-352.

[10] «[…] un estado de pura contemplación, de apertura a la intuición, que nos lleva a perdernos en el objeto y a olvidarnos de cualquier individualidad, superando el conocimiento regulado por el principio de razón suficiente», en Schopenhauer, A. Lecciones sobre metafísica de lo bello, Lección VIII, Sobre el componente subjetivo del placer estético, trad. Manuel Pérez Cornejo, Publicaciones de la Universitat de València, Valencia 2004, p. 150.

[11] Merleau-Ponty, M. «Le philosophe et son ombre», en Signes, Ed. Gallimard, Paris 1960, pp. 281-282.

[12] Álvarez Falcón, L. «Comunidad, historia y sentido», en IX Congreso Internacional de Fenomenología, Segovia, España, 2009. Investigaciones fenomenológicas, vol. monográfico 3: Fenomenología y política (2011) .

[13] Merleau-Ponty, M. «Philosophie et non-philosophie depuis Hegel», en Notes de cours 1959-1961, Gallimard, París, 1996; p. 312.

[14] Patoĉka, J. «El subjetivismo de la fenomenología husserliana y la posibilidad de una fenomenología asubjetiva» y «El subjetivismo de la fenomenología husserliana y la exigencia de una fenomenología asubjetiva», en El movimiento de la existencia humana, Ediciones Encuentro, Madrid, 2004; pp. 93-135.

[15] Merleau-Ponty, M. o. c., p. 275.

[16] Husserl, E. Analysen zur passiven Synthesis. Aus Vorlesungs- und Forschungsmanuskripten, 1918-1926. Edited by Margot Fleischer. The Hague, Netherlands: Martinus Nijhoff, 1966.

[17] Husserl, E. Zur Phänomenologie der Intersubjektivität. Texte aus dem Nachlass. Erster Teil. 1905-1920. Zweiter Teil. 1921-28. Dritter Teil. 1929-35. Edited by Iso Kern. The Hague, Netherlands: Martinus Nijhoff, 1973.

[18] Husserl, E. Ding und Raum. Vorlesungen 1907. Edited by Ulrich Claesges. The Hague, Netherlands: Martinus Nijhoff, 1973.

[19] Husserl, E. Phäntasie, Bildbewusstsein, Erinnerung. Zur Phänomenologie der anschaulichen Vergegenwartigungen. Texte aus dem Nachlass (1898-1925). Edited by Eduard Marbach. The Hague, Netherlands: Martinus Nijhoff, 1980.

[20] Álvarez Falcón, L. Realidad, Arte y Conocimiento. La deriva estética tras el pensamiento contemporáneo, Editorial Horsori, Barcelona, 2009; pp. 173-206.

[21] Barbaras, R. De l´être du phénomène. Sur l´ontologie de Merleau-Ponty, Éd. Jérôme Million, Grenoble, 2001; p. 99.

[22] «Non-Philosophie et Philosophie avec deux inédits sur la musique», en Chiasmi International nº3, Vrin, Mimesis, University of Memphis, 2001 y «Philosophy and Non-Philosophy since Merleau-Ponty», editado con una introducción de Hugh J. Silverman, Noethwestern Univ. Press, 1997.

[23] Saint-Aubert, E. Vers une ontologie indirecte. Sources et enjeux critiques de l´appel à l´ontologie chez Merleau-Ponty, Ed. Vrin, Paris, 2006; p. 61 y ss.

[24] Merleau-Ponty, M. Fenomenología de la Percepción, Ed. Península, Barcelona, 2000; p. 10.

[25] Merleau-Ponty, M. Philosophie et non-philosophie depuis Hegel (curso del lunes, en el Collège de France, enero-mayo de 1961),  Notes de cours 1959-1961, o. c., pp. 269-352.

[26] Heidegger, M. Der Satz vom Grund, pp. 123-124.

[27] Merleau-Ponty, M. La philosophie aujourd´hui, (curso sin título, en el Collège de France, enero-mayo de 1959), notas de preparación de Merleau-Ponty, Biblioteca Nacional, volumen XVIII, 69 ff.; transcripción y notas de Stéphanie Ménasé en Merleau-Ponty, M. Notes de cours 1959-1961, o. c., pp. 37-148 y pp. 379-388.

[28] Merleau-Ponty, M. Notes de cours 1959-1961, o. c., p. 68.

[29] Merleau-Ponty, M. Le visible et l´invisible, Éd. Gallimard, París, 1999 ; p. 270.

[30] Merleau-Ponty, M. Fenomenología de la Percepción, Ed. Península, Barcelona, 2000; p. 169..

[31] Husserl, E. Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del tiempo, trad. Agustín Serrano de Haro, Ed. Trotta, Madrid, 2002; p. 29

[32] Husserl, E. Zur Phänomenologie des inneren Zeitbewusstesens (1893-1917). Editado por Rudolf Boehm, Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1969

[33] Merleau-Ponty, M. o. c., pp. 17-18.

[34] Husserl, E. Die Idee der Phänomenologie. Fünf Vorlesungen. Editado por Walter Biemel, Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1973.

[35] Husserl, E. Logische Untersuchungen. Erster Teil. Prolegomena zur reinen Logik. Text der 1. und der 2. Auflage, Halle: 1900, rev. ed. 1913. Editado por Elmar Holenstein,  Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1975; Logische Untersuchungen. Zweiter Teil. Untersuchungen zur Phänomenologie und Theorie der Erkenntnis. In zwei Bänden, Editado por Ursula Panzer. Halle: 1901; rev. ed. 1922, Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1984; Logische Untersuchungen. Ergänzungsband. Erster Teil. Entwürfe zur Umarbeitung der VI. Untersuchung und zur Vorrede für die Neuauflage der Logischen Untersuchungen (Sommer 1913), Edited por Ulrich Melle, Kluwer Academic Publishers, The Hague, Netherlands, 2002. Husserliana XVIII, XIX y XX.

[36] Husserl, E. Ding und Raum. Vorlesungen 1907, Editado por Ulrich Claesges, Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1973.

[37] Husserl, E. Chose et espace. Leçons de 1907, traducción e introducción de Jean-François Lavigne, P.U.F., París, 1989; p. 5.

[38] Husserl, E. Ding und Raum. Vorlesungen 1907, o. c., p. 285.

[39] Husserl, E.  Die ‘Bernauer Manuskripte’ über das Zeitbewußtsein (1917/18), Editado por Rudolf Bernet y Dieter Lohmar, Kluwer Academic Publishers, Dordrecht, Netherlands, 2001.

[40] Bech, J. M. «El pensamiento de la no-coincidencia», en Convivium nº 16, Departament de Filosofia, Facultat de Filosofia, Universitat de Barcelona, Barcelona, 2003; pp. 57-94.

[41] Husserl, E. Zur phänomenologischen Reduktion. Texte aus dem Nachlass (1926-1935). Editado por Sebastian Luft, Kluwer Academic Publishers, Dordrecht, Netherlands, 2002.

 

Los límites de lo pensado y el confín de la filosofía2021-07-01T00:02:52+02:00

La construcción de una nueva Pangea

2021-06-11T00:26:42+02:00

Fenomenología, espacio y geografía. La construcción de una nueva Pangea

El nueve de mayo de 1934, Edmund Husserl escribirá el famoso manuscrito titulado «Inversión de la teoría copernicana según la interpreta la cosmovisión habitual. El arca originaria “Tierra” no se mueve. Investigaciones básicas sobre el origen fenomenológico de la corporeidad, de la espacialidad de la Naturaleza en el sentido científiconatural primero. Necesarias investigaciones iniciales». A partir de entonces, una multitud de ámbitos de conocimiento, pertenecientes a las diferentes ontologías regionales descritas por Husserl, han aplicado el método fenomenológico para describir nuestra representación del mundo. En la presente investigación, trataremos de definir estas referencias fenomenológicas en la descripción geológica de la corteza terrestre, su efectividad en la determinación del concepto de «lugar», como sistema de acciones posibles, y sus referencias con el Leib y con el proceso de constitución del espacio. En esta exposición trataremos de conjugar las concepciones de la geología contemporánea y de la geografía fenomenológica con el estatus fenomenológico de nuestra concepción del relieve terrestre.

Desde Metodologías Fenomenológicas Multisectoriales (MPhM) les presentamos la segunda investigación de la serie Fenomenología, espacio y geografía. En esta ocasión, nos centraremos en el fenómeno de la globalización, en sus modulaciones físicas, gráficas y espaciales.

 

Uno de los cambios más notables de la época actual con relación al pasado ha sido y es la posibilidad de conocerlo todo a escala planetaria. Uno de los componentes de este proceso es lo que se ha denominado, en un principio, internacionalización, luego mundialización y, ahora, globalización. Sin entrar a especificar la carga significativa de cada uno de los términos, lo cierto es que este proceso existe: mundialización de los procesos productivos, de la comercialización, de los intercambios de capital y de mercados, de las finanzas, del modelo de utilización de los recursos mediante técnicas universalmente interrelacionadas, del mercado de trabajo, de la conciencia sobre medio ambiente, de los gustos y del consumo, de la enfermedad, y hasta del espacio. Pero si la globalización es un concepto reciente, no lo es el significado. Sin despojarla de su carga ideológica, política y económica, también podemos hablar de globalización como la tendencia a la homogeneización en acciones y procesos, o la pretensión de hacer un mundo uniformizado.

 

En este artículo pretendemos afrontar esta cara de la globalización: la globalización física, la globalización gráfica y la globalización espacial.

 

La globalización física tuvo lugar hace 200 millones de años. Hoy, a pesar de la imposibilidad de tener un mundo único, los instrumentos de la globalización han conseguido superar las barreras geomorfológicas. Un proceso que contrasta con el efecto de las fuerzas internas de la Tierra, que en su devenir han unido y separado los continentes varias veces a lo largo de la historia de la Tierra; con la Tectónica de Placas se pudo confirmar la existencia de la última Pangea conocida.

 

En la inconsciencia de este mecanismo movilizador, el hombre, además, ha deseado tener una visión global del mundo y plasmarla gráficamente gracias a la cartografía. La exploración de nuevas tierras ofreció la oportunidad de ensanchar las miras hacia un mundo cada vez más amplio. La evolución de esta disciplina ha permitido explicar la necesidad innata del hombre de representar el mundo conocido y deducir cuáles eran los intereses de cada representación o, más bien, cómo los mapas representan, más allá del grafismo, la mentalidad de la época en la que se produjeron. La aplicación de métodos cada vez más sofisticados ha permitido situar las coordenadas de cualquier lugar del mundo, ha permitido cuantificar el espacio y ofrecer una nueva conciencia espacial.

 

Pero el espacio no sólo hay que conocerlo y situarlo, sino también definirlo y percibirlo, tanto en sus componentes como en las acciones que allí se producen, acciones determinadas hoy por la fuerza de la globalización. Llegar a diferenciar o a coaligar el espacio local y el espacio global, nos permitirá conocer si existe una globalización del espacio.

 

Relacionar estos tres conceptos, espacio físico, espacio gráfico y espacio percibido, a través de un nexo conductor de la globalización es el objetivo de esta investigación: bucear en las fuentes históricas de la geología y la geografía para provocar una reflexión sobre la dimensión espacial de la globalización.

 

Conocimiento de la evolución del planeta

 

Uno de los aspectos más complicados en Geología es la interpretación global o a gran escala de la evolución cortical mediante la “lectura” de los datos registrados en las rocas de la corteza terrestre y de los datos obtenidos del interior de la Tierra mediante los métodos geofísicos. Los indicadores litológicos, geoquímicos, geofísicos y paleobiológicos nos han permitido obtener resultados para avanzar en el conocimiento de la distribución de tierras y mares. La integración e interpretación de estos resultados nos ha dado el registro histórico del planeta.

 

La idea de que los continentes se mueven se remonta al primer cuarto del siglo XVII, cuando el filósofo inglés Francis Bacon puso de manifiesto la coincidencia que existe entre las costas orientales de Sudamérica y las occidentales de África. Sin embargo, la idea no comenzó a considerarse seriamente hasta el año 1915 cuando el meteorólogo alemán Alfred Wegener expuso las ideas que conformaron la teoría de la deriva continental. Esta teoría modificada y ampliada está insertada en la Teoría de la Tectónica de Placas, y constituye los fundamentos que dieron lugar a la actual Tectónica Global.

 

Wegener afirmaba que los continentes formaron parte originariamente de un único bloque, Pangea, rodeado de un vasto océano denominado Pantalasa. Dicho supercontinente se dividió posteriormente en los continentes que hoy conocemos. Suponía Wegener que los bloques continentales estaban constituidos por sial, compuesto a su vez por rocas graníticas formadas por silicatos alumínicos. Este sial, rígido y de baja densidad, flotaba sobre el sima, constituido por rocas basálticas formadas por silicatos magnésicos, mucho más denso y plástico. Los continentes se moverían deslizándose hacia el oeste, como gigantescas balsas, impulsadas por fuerzas generadas por la rotación terrestre e interferidas por la atracción mutua de la Tierra y la Luna.

 

Este supuesto “motor” de los bloques fue el aspecto menos consistente de la teoría de Wegener y por tanto ampliamente criticado por el geofísico inglés, Harold Jeffreys, quien demostró que ni el mecanismo físico del movimiento, ni la movilidad del sial sobre el sima, eran posibles. En 1929, Arthur Holmes formuló una alternativa, según este autor, sial y sima, comportándose en conjunto como una capa rígida, se movían sobre material fluido del manto, donde las corrientes convectivas que originaban los magmas del interior terrestre daban lugar al movimiento de los continentes. El holandés Vening Meinesz avaló esta idea puesto que permitía explicar las anomalías gravimétricas que él detectó sobre las fosas abisales de las Indias orientales. Meinesz, al igual que Holmes, supuso que en el manto existían corrientes convectivas que forman un conjunto, de tal manera que cuando se encuentra una corriente convectiva descendente, ésta arrastra hacia abajo parte del material de la corteza, formando una especie de “raíz”, que sería, a juicio de Meissner, responsable de la anomalía gravimétrica. Arthur Holmes siguió perfeccionando su idea sobre las corrientes de convección y en 1944 publicó Principles of Geology, donde plasmó su idea de que la deriva continental se inicia cuando las corrientes ascienden y se separan por debajo de un bloque continental. Estas fuerzas serían responsables de la rotura y subsiguiente separación de los fragmentos en que se divide el bloque inicial.

 

Los numerosos estudios posteriores sobre la topografía submarina y la geología de los fondos oceánicos dieron lugar al descubrimiento de las dorsales, se localizan las fosas abisales y se establece la topografía de la llanura abisal. Con estos datos, los norteamericanos Hess y Dietz, en 1960, propusieron la teoría de la expansión de los fondos oceánicos. Esta se produce a partir de las dorsales oceánicas consideradas como zonas de efusión del magma que ascendía del manto subyacente. Apareció la denominación de litosfera a la capa rígida constituida por la corteza terrestre y la parte más externa del manto y la de astenosfera, una capa más plástica, responsable de las corrientes convectivas. Estas capas fueron confirmadas por estudios sísmicos que realizó en primer lugar Beno Gutemberg.

 

La tectónica de placas, que incluye la teoría de la expansión de los fondos oceánicos, supone que las placas tectónicas, y por tanto los continentes incluidos en ellas, se mueven unas respecto a otras y que ese movimiento es el responsable de gran parte de la dinámica cortical, localizándose en los bordes de las placas las causas y los efectos de ese movimiento. Numerosos autores siguieron trabajando para aportar más datos a esta teoría, Wadati y Benioff, sismólogos, calcularon la curvatura de las placas descendentes, Vine y Matthews, estudiaron las anomalías magnéticas de los fondos oceánicos y así se fue formando el cuerpo de la actual Tectónica Global. Esta teoría proporciona una explicación coherente de los procesos dinámicos que causan la movilidad y evolución de la corteza a gran escala. La formación de las grandes cadenas, la distribución de volcanes y terremotos, la movilidad de los continentes y la formación de los océanos, encajan como las piezas de un rompecabezas cuando se ven a la luz de esta teoría.

 

Aunque la teoría de la Tectónica Global constituye el actual paradigma de la geología, existen también detractores de la misma, puesto que no llega a explicar fenómenos puntuales registrados en la corteza terrestre. Aún así, lo que nadie pone en duda es que los continentes situados encima de las placas tectónicas se han separado y que estuvieron unidos hace 200 millones de años conformando la última Pangea conocida.

 

La fragmentación de la gran Pangea dio lugar a los continentes tal como los conocemos hoy en día. Este proceso supuso la migración de enormes masas de tierra desplazándose hacia latitudes muy alejadas de su conformación original, además esta separación y la formación de nuevos fondos oceánicos provocó, a su vez, en la última orogenia, la elevación de las grandes cordilleras actuales. En definitiva, surgió la enorme diversidad geotectónica actual, así como una gran diversidad geomorfológica producida a su vez por la variabilidad de climas que aparecieron como resultado de las posiciones latitudinales que adoptan los continentes, por la mayor oceanidad, por su situación respecto a las corrientes y por el resto de factores que determinan la climatología. Una evolución geológica que determina la distribución y la abundancia de los seres vivos y por tanto la diversidad biológica.

 

Frente a esta diversidad, geológica y biológica, la homogeneización constituye un proceso contranatura, un proceso que se opone a las fuerzas internas de la Tierra generadoras de contrastes geomorfológicos. Una globalización que obvia el marco físico y que lo supera ampliamente a través de la sustitución de un medio natural que ha sido determinante para el hombre por un medio técnico e informacional creado por él mismo. Las barreras geográficas que el hombre ha ido rebasando a lo largo de su historia no suponen un impedimento para este proceso, pero forman y conforman cada paisaje, cada región, cada espacio y cada lugar.

 

La visión global del mundo

 

La cartografía ofreció la primera inspiración a la idea de un mundo único, la conciencia espacial que se adquirió con la representación gráfica del espacio permitió la intuición que surgió al comparar las costas de los continentes africano y americano, y esto es lo que dio paso a una investigación profunda que nos ha llevado a obtener las conclusiones actuales sobre la evolución de la Tierra.

 

Además, la Historia de la Cartografía nos aporta multitud de datos acerca de la necesidad de conocer el espacio. No es posible enumerarlos todos, ni es ésta la finalidad de este trabajo, pero sí es interesante recordar algunos hitos dentro de la evolución de los mapas. La concepción global del mundo se ha ido gestando al superar las concepciones parciales de cada época, concepciones mediatizadas tanto por el pensamiento imperante en ese momento, este sería el caso de los griegos, como por los nuevos descubrimientos que otorgaron una nueva dimensión a la concepción espacial del mundo. Y aunque la historia de los descubrimientos y su vinculación con la colonización habría significado una primera forma de uniformización del mundo, tanto si se colocaba bajo el estandarte del oro, como de Cristo o la civilización (Ferro,2000), queremos centrarnos no en las implicaciones sociales de este hecho, que tienen su semejanza con el que actualmente se está produciendo con la imposición de un modelo global, para los pueblos más desfavorecidos, sino en las implicaciones de perspectiva sobre el mundo, es decir la visión global.

 

El hacer mapas es una aptitud innata en la Humanidad: la necesidad de conocer la dirección y el recorrido de las trayectorias del hombre nómada y comunicarlas, llevó al inicio de la cartografía en las sociedades más primitivas. Las civilizaciones india, babilónica o china nos muestran la gran destreza de esos primeros cartógrafos, pero el principio de nuestro sistema actual cartográfico es atribuido a los griegos. Los griegos admitieron la forma esférica de la Tierra, con los polos, el ecuador y los trópicos, introdujeron el sistema de longitudes y latitudes, construyeron las primeras proyecciones y calcularon el tamaño de nuestro planeta. De este periodo destacan los primeros mapas jónicos, no conservados pero sí descritos, como el de Anaximandro de Mileto que hizo un mapa de todo el ámbito de la Tierra con todos los mares y todos los ríos. En estos mapas se considera la Tierra como un disco, a cuyo alrededor estaban las aguas de los océanos.  La concepción esférica de la Tierra más filosófica que astronómica pudo ser confirmada y aceptada más tarde y fue reflejada en los mapas de Eratóstenes, Hiparco, Crates y Ptolomeo.

 

La cartografía romana es el reflejo de una mentalidad práctica, por eso el mapa está elaborado para unos fines militares y administrativos. Se vuelve al mapa de disco, despreciando las proyecciones. Su “Orbis Terrarum” contenía los tres grandes continentes con una Italia de forma ensanchada para poder representar las provincias romanas.

 

Completamente penetrado del sentido cristiano de lo sobrenatural, el cartógrafo medieval no representó al mundo tal como es en realidad. En vez de ello, interpretó su propio pensamiento, concentrado en una idea expresionista y simbólica de profundo significado artístico. Utiliza el mapamundi circular de los romanos, pero con tantas modificaciones que perdió su exactitud geográfica. En su forma más esquemática se le conocía con el nombre de mapa de la T en la O: Asia ocupaba la mitad superior de la O, con Europa y África a medias en la parte inferior.

 

El mundo árabe dotó a este periodo oscuro de hábiles geógrafos y cartógrafos, favorecidos al conservar el texto de Ptolomeo. Siguiendo las directrices de los griegos, estudiaron las proyecciones y construyeron esferas celestes. La obra más importante es el mapamundi de Edrisi, basado en una tosca proyección rectangular en el que África y China no están unidas. El mapa está orientado hacia el Sur.

 

En la segunda mitad del siglo XIII aparecen las cartas portulianas, ideadas por los almirantes y capitanes de la flota portuguesa, representan el Mar Mediterráneo y el Mar Negro con gran exactitud, y el océano Atlántico hasta Irlanda de modo deficiente. Estos mapas están orientados al norte magnético y contienen un minucioso sistema de rosas de los vientos y rumbos que se entremezclan por sobre todo el mapa.

 

Finalizada la Edad Media, al renacimiento de la cartografía contribuyen tres hechos importantes: el redescubrimiento de la Geographia de Ptolomeo, la imprenta y el grabado, que permitió la divulgación y proliferación de la cartografía y los grandes descubrimientos. Con motivo de la modernización del mapa de Ptolomeo por parte del danés Clavus se amplió, por primera vez, el horizonte cartográfico más allá de los límites septentrionales del mundo clásico incluyéndose Noruega, Islandia y Groenlandia.

 

Los territorios descubiertos fueron representados en distintos mapas, entre ellos cabe destacar el de Juan de la Cosa, en el que aparecen las Indias, el de Waldseemüller donde aparecen las Américas, la del Norte y la del Sur, netamente separadas de Asia y el de Diego Ribero donde queda reflejado el estrecho de Magallanes y  la vasta inmensidad del océano Pacífico. Estos mapas reflejan un nuevo concepto del mundo.

 

A partir de este momento la cartografía proliferó y se fue perfeccionando, los errores de los mapas antiguos se fueron corrigiendo con la ayuda de nuevos instrumentos de cálculo más preciso, se elaboraron globos terráqueos

 

Otro paso importante en la evolución de la concepción global del mundo fue la elaboración de Cosmogonias, que figuran entre los libros más populares del renacimiento, textos que aunaban la Geografía, la Astronomía y la Historia natural, vastamente ilustrados con mapas y figuras. Dos de las más populares fueron la de Pedro Apiano, en 1524, quien, además, inventó la proyección estereográfica y la de Sebastián Münster, publicada en 1544, que tuvo gran importancia por la difusión de los conocimientos geográficos a los que dio lugar. Mercator, padre de la cartografía holandesa, liberó a la Cosmografía de la influencia ptolemaica, examinando con sentido crítico los mapas más antiguos. La proyección que ideó y lleva su nombre es la única que presenta rectas las líneas correspondientes a rumbos magnéticos, muy útiles en la navegación.

 

De aquí se pasaron a las grandes obras cartográficas, los Atlas, como el Theatrum Orbis Terrarum de Ortelio, de 1570, o el Atlas Novus de Blaeu, de 1634. En la cartografía francesa destaca la familia Sanson , cuyos mapas, más científicos que los holandeses contienen numerosas notas descriptivas y aclaraciones de tipo geográfico. De la escuela inglesa cabe destacar al cartógrafo Cristobal Saxton y el mapamundi de 1559 donde aparecen los descubrimientos en las rutas de Nordeste y del Noroeste, que es, según Rietz (1985) uno de los mejores mapas de su tiempo.

 

A finales del siglo XVII, comienza la reforma de la cartografía, a partir de las determinaciones de longitudes efectuadas por la Academia Francesa, el resultado fue un nuevo mapamundi trazado por Cassinni en 1696, en el pavimento del Observatorio de París, que constituye uno de los mapas fundamentales de la Historia. Todo esto se fue perfeccionando en los siglos posteriores.

 

Pero el salto definitivo hacia una cartografía minuciosa se produjo a principios del siglo XX con la aparición de la fotografía aérea, el instrumento más eficaz y preciso que condujo a una representación enormemente fiable, pero trabajando a escalas no inferiores a 1:20000. Un gran avance en los sistemas de teledetección, que comienza con la fotointerpretación y que nos permite volver al concepto de visión global del mundo, es sin duda la aplicación de los satélites y el procesado digital de documentos multiespectrales aportados por las imágenes que nos ofrecen. Las imágenes de satélite nos aportan una cobertura global y periódica, una rapidez de adquisición y puesta a disposición del usuario, una visión panorámica, la posibilidad de trabajar con áreas amplias, homogeneidad en la toma de datos y una visión sintética de los efectos producidos por una gran cantidad de variables. En definitiva, constituye una herramienta multidisciplinar con un potencial considerable en la actualidad y con un futuro a medio plazo, realmente prometedor. Este hecho no ha pasado desapercibido en la reflexión filosófica sobre la globalización, Michel Serre, citado por Santos (2000) dice “hoy, tenemos una nueva relación con el mundo, porque lo vemos por entero. A través de los satélites, tenemos imágenes de la Tierra absolutamente entera”.

 

Este salto cuantitativo y cualitativo pone en evidencia el impacto producido al cambiar el punto de vista del observador. El paso de una cartografía hecha desde el terreno al paso de una cartografía hecha a través de la información recogida desde un satélite, es decir el mundo visto desde arriba, desde donde se concibe el Planeta como un todo ofrece una nueva dimensión espacial.

 

A través de este pequeño recorrido por la evolución de los mapas podemos constatar que para el hombre en general y para el geógrafo en particular se presenta un problema de perspectiva sobre el espacio (Gómez, 2001), Del resultado de este proceso cuantitativo tenemos la cartografía, que es la forma de expresar dicha perspectiva espacial en las distintas escalas de trabajo. La evolución cartográfica, fruto de nuevos conocimientos de la Tierra junto a los avances tecnológicos que permiten precisar su localización y ajustar lo más posible la representación a la realidad ha dado lugar a una toma de conciencia de la imbricación entre extensiones cada vez más grandes. En cuanto al espacio físico pasamos de un Mundo Antiguo circunscrito a unos cuantos miles de kilómetros, a un leve cambio, en la Edad Media, con los viajes de Marco Polo, hasta el descubrimiento de América y la circunnavegación de la Tierra  que obligó a ensanchar la cartografía del mundo y ofreció una nueva dimensión espacial, una vez que el mundo se ha conocido y descubierto, prácticamente por entero, la dimensión global viene respaldada por la cercanía y accesibilidad de la imagen del mundo continuamente actualizada.

 

La dimensión espacial de la globalización

 

El proceso de mundialización de las relaciones sociales, económicas y políticas, de constitución de un nuevo sistema mundial obligan a la revisión del concepto de espacio y a reconocer la influencia espacial de este proceso. El espacio está cargado de significados, espacio como escenario físico, marco en el que se sitúan los objetos y se desarrollan los fenómenos, espacio dinámico y funcional, espacio percibido vinculado a la experiencia vital, espacio que, en definitiva, está determinado por la fuerza de la globalización.

 

El primer problema que se plantea ante las numerosas connotaciones del concepto de espacio es la definición del mismo, siendo como es, el objeto de estudio de la Geografía, en este sentido el espacio se constituye en problema-clave dentro de la Geografía pero también es el que permite integrar bajo un prisma común las diferentes corrientes actuales del hacer geográfico (Capel, 1981). La Geografía carece de un sistema taxonómico aceptado para las unidades espaciales, por lo que tampoco hay un lenguaje consensuado, la diversidad de las perspectivas y métodos utilizados en los estudios geográficos lo impide. Se hable de región o paisaje, en la línea de la Geografía Tradicional, o de espacio geográfico, en la línea de la Nueva Geografía, y a pesar de que la distinción entre región, paisaje y espacio es una necesidad epistemológica, siempre se hace referencia a la superficie terrestre en su fragmentación. En este sentido, la historia de la Geografía puede considerarse como la historia del concepto de espacio y de la conciencia espacial por parte de las sociedades humanas (Méndez, 1988). Es indispensable, por tanto, una preocupación ontológica, un esfuerzo interpretativo desde dentro, lo cual contribuye tanto a identificar la naturaleza del espacio, como a encontrar las categorías de estudio que permitan analizarlo correctamente (Santos, 2000).

 

Desde la perspectiva de la Teoría de Sistemas, el espacio se define como un conjunto de objetos, las características de esos objetos y sus interrelaciones. Sin revivir esta propuesta Milton Santos (2000), define el espacio como un conjunto indisoluble de sistemas de objetos y sistemas de acciones, conjunto solidario y también contradictorio, de tal manera que los sistemas de objetos y de acciones no se consideran aisladamente, sino como el contexto único en el que se realiza la historia. Para Puyol (1988), el espacio terrestre, real, concreto, viene dado, producido, vivido y percibido. El espacio viene dado porque posee una doble dimensión, física y ecológica. Así mismo, el espacio terrestre es un producto resultante de la acción de las sociedades humanas; es un producto social en el que todas las dimensiones del hombre se implican en la producción del espacio terrestre, lo económico, social, cultural, político e ideológico. El espacio terrestre dado y producido socialmente es asimismo vivido y percibido y de aquí parte el concepto de lugar.

 

El lugar, además de ser un espacio con una localización, forma, estructura y actividad que lo individualiza de otros, posee un carácter específico y singular que procede de los valores y aspiraciones sentidas y experimentadas por el hombre. Para la Geografía Fenomenológica el lugar es aquello que sitúa al hombre de tal forma que le revela los lazos exteriores de su existencia y al mismo tiempo la profundidad de su libertad y realidad; no consideran el lugar como un simple agregado, sino un conjunto de significados y valores.

 

La globalización se manifiesta en cada una de las características del espacio, quizá de una manera más radical en el dinamismo espacial, entendiendo por tal el conjunto de las redes de flujo técnico, comercial e informacional que de forma cada vez más densa y en áreas más extensas tienden a relacionar los diversos componentes del espacio si consideramos al espacio uno, pero diferenciado. De esta manera podríamos entrar en la consideración de si existe un espacio global, globalización del espacio o espacios de la globalización. Existen dos interpretaciones, al respecto, que pueden convivir sin contradicción. Gómez Rojas siguiendo la corriente fenomenológica aplicada a la Geografía defiende la idea de los espacios concéntricos. Para este autor el ser humano se circunscribe en espacios concéntricos, desde el vivencial hasta el universal. El espacio mundial, concéntrico, cubre al espacio cotidiano, de ese modo, la experiencia inmediata de la inmensidad, en un espacio envolvente, se amplía al diversificarse, cosa que sucede hoy en día en la medida de los conceptos de aldea global y globalización (Gómez Rojas 2001). Sin embargo, para Santos de acuerdo con su definición de espacio, la globalización como acción tienen lugar en determinados espacios, por eso para este autor no existe una globalización del espacio sino espacios de la globalización, espacios mundializados reunidos por redes (Santos, 2000). Considera dichas acciones como desterritorializadas y sólo volviendo al lugar, podemos hacer que las acciones de la globalización se territorialicen.

 

Es precisamente el espacio vivido, el lugar donde se desarrollan las experiencias vitales, el espacio local, el que debe cobrar protagonismo dentro del contexto de la globalización por dos razones: su oposición y su integración en dicho contexto, es decir, por la formación de la dialéctica espacio local y espacio global o localización y globalización. La inmersión del lugar en el Mundo nos impide dar una connotación exclusivamente individualista del lugar que no permita una conexión global con el espacio, el lugar se enfrenta al Mundo, pero también lo afronta (Santos, 2000).

 

Lo que parece evidente es que el microcosmos de lo local, se ve cada vez más determinado por fuerzas externas que escapan a su control. Estas fuerzas que afectan de una manera directa al orden cotidiano que se ha visto enriquecido por los enormes recursos de información y la comunicación y por lo tanto la percepción de la globalización aparece de una forma singular en espacio vivido. Por eso el redescubrimiento de la dimensión local es un factor determinante en la dimensión espacial de la globalidad. Cada lugar es a la vez una puerta de acceso a la globalidad, en el sentido de que va a ser el marco de referencia pragmático de las acciones de la globalización y por otro lado constituye una barrera por la oposición entre la fuerza del “aquí” y la fuerza de la homogeneización. La fuerza del “aquí”, con un sentido individual que está determinada por el espacio de experiencia, diverso y múltiple confeccionado con la acumulación de los legados transmitidos por tradición en un marco físico concreto determinante y determinado por su relación con el hombre, y la fuerza de la globalización que se entiende desde el lugar como una influencia exógena. El lugar crea una respuesta frente a la globalización, pero esta respuesta será diferente según cada espacio de experiencia, en definitiva, la localidad se opone a la globalidad, pero también se confunde con ella (Santos, 2000).

 

Conclusión

 

Entendiendo globalización como unión, la única globalización real, la de un mundo unificado tuvo lugar cuando los continentes estaban unidos, hecho hoy probado y fehacientemente demostrado. Esta unión física está siendo sustituida por la tendencia de la mundialización, debido a la sustitución del medio natural por un medio técnico-científico-informacional por lo que el medio físico ha sido ampliamente superado y no constituye una barrera que se oponga a este proceso, un proceso que a su vez produce espacios que constituyen el soporte de las principales acciones globalizadas. Por esta razón, la creación de una Pangea es una ilusión, una Pangea virtual que ha obviado el terreno, soporte de la diversidad, de los objetos y de las acciones.

 

La dimensión espacial de la globalidad se percibe a través de la visión global del mundo, que a través de su representación gráfica y de la evolución de ésta, resultado de hechos históricos de descubrimientos y de instrumentos tecnológicos cada vez más precisos, ha producido una conciencia planetaria y una nueva relación con el mundo. A la vez, la respuesta del lugar o del espacio local, la “fuerza del aquí “, se contrapone al espacio global, pero conviven dialécticamente.

 

La noción de un espacio global, homogeneizado y uniforme, concebido como un todo frente a la heterogeneidad del devenir, se impone como una construcción contemporánea que refleja una determinada concepción de nuestra institución simbólica racional. La dialéctica globalidad-localidad refleja el marco adecuacionista en el que se enmarca nuestro concepto de Razón. El mundo aparece como una totalidad frente a la diversidad adecuada de los fenómenos, dialéctica que refleja la oposición “Mundo-Territorio-Lugar”. La vieja contraposición entre lo Universal y lo Particular aparece como enfrentamiento y reacción entre la diversidad empírica y el fracasado intento por uniformizar los fenómenos sociales, culturales e históricos. La “fuerza del aquí” se enfrenta radicalmente con la “fuerza del todo”, consecuencia de una racionalidad avasalladora, fuente inagotable de identidad, unidad y objetividad. La compulsión de unidad y regularidad es el diagnóstico de la patología moderna, que subsume la diferencia y su radical pluralidad en un régimen uniforme de pensamiento y acción: una nueva “Pangea” inmersa en la triunfante identidad del mundo global.

 

Bibliografía

 

Boillot, G. (1984). Geología de los márgenes continentales. Editorial masson. Barcelona, 141 p.

 

Capel,H. (1981). Filosofía y ciencia en la Geografía contemporánea. Ed. Barcanova. Barcelona

 

Gribbin, J. La Tierra en movimiento. Bibiloteca científica Salvat.

 

Ferro, M. (2000). Malestar en la Globalización. Le Monde Diplomatique. Año V, nº 60.

 

Puyol, R., Méndez, R. y Estébanez, J. (1988). Geografía Humana. Ediciones Cátedra. 727 p.

 

Raisz, Erwin (1984). Cartografía General. Ediciones Omega. Barcelona. 436 p.

 

Uyeda, S. (1980). La nueva concepción de la Tierra. Continentes y océanos en movimiento. Editorial Blume. Barcelona. 269 p.


 

La construcción de una nueva Pangea2021-06-11T00:26:42+02:00

El jardín de Guadarrama. Materialismo y Fenomenología

2021-05-28T18:24:10+02:00

El jardín de Guadarrama. Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina. Materialismo y Fenomenología

Artículo publicado en el #100 de EIKASIA, Revista de filosofía, monográfico extraordinario dedicado a la obra del pensador español, revista bimestral, mayo-junio 2021 – ISSN 1885-5679

Resumen
Esta es la síntesis de la presentación de Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina en las Jornadas Fenome­nológicas de la Universidad de Coimbra, Portugal, que se desarrollaron en marzo del 2020 en torno a su obra. En la ya conocida Conferencia de Coimbra, se hizo un reconocimiento expreso al trabajo desarro­llado por el autor a partir de la aparición en el año 2014 de su obra Estromatología. Teoría de los nive­les fenomenológicos. En estos momentos, justo en el tiempo de la próxima publicación de Orden oculto. Ensayo de una epistemología fenomenológica, urge una contextualización prescriptiva de la trascenden­cia teórica del pensamiento del autor en el panorama filosófico del siglo XXI.
Palabras clave: materialismo, fenomenología, es­tromatología, ciencia, filosofía.
Abstract
The garden of Guadarrama. Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina. Materialism and phenomenology This is the synthesis of the presentation of Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina in the Phenomenological Conference of the University of Coimbra, Portugal, that developed in March of the 2020 around his work. In the already known Conference of Coimbra, did a recognition express to the work developed by the author from the apparition in the year 2014 of his work Estromatología. Teoría de los niveles fenomenológicos. In these moments, just in the time of the next publication of Orden oculto. Ensayo de una epistemología fenomenológica, a prescriptive contextualization is urgently needed of the theoretical transcendence of the thought of the author in the philosophical panorama of the 21st century.
Keywords: materialism, phenomenology, stromatology, science, philosophy.

 

Exordio. Reformulación filosófica.― Materialismo filosófico, estética y fenomenología. ― Materialismo fenomenológico y Estromatología. ― Laudatorio. El jardín de Guadarrama.  

[Exordio. Reformulación filosófica.]

Esta es la síntesis de la presentación de Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina en las Jornadas Fenomenológicas de la Universidad de Coimbra, Portugal, que se desarrollaron en marzo del 2020 en torno a su obra. En la ya conocida Conferencia de Coimbra[1], se hizo un reconocimiento expreso al trabajo desarrollado por el autor a partir de la aparición en el año 2014 de su obra Estromatología. Teoría de los niveles fenomenológicos[2]. En estos momentos, justo en el tiempo de la próxima publicación de Orden oculto. Ensayo de una epistemología fenomenológica, urge una contextualización prescriptiva de la trascendencia teórica del pensamiento del autor en el panorama filosófico del siglo XXI.

Mi diagnóstico es el resultado de un permanente aprendizaje con el Dr. Urbina, quien siempre ha mostrado una disposición pedagógica excepcional y una cierta sensibilidad por la filosofía fenomenológica. Su refundición, en el sentido metalúrgico, de la fenomenología contemporánea es una reformulación filosófica.

La proporcionalidad que establece entre las diferentes escalas, natural y fenomenológica, cuestionan el estatuto mismo de la ciencia y de la filosofía. Los recursos expositivos de esta reformulación resitúan la relevancia de las vanguardias artísticas, de la filosofía fenomenológica, y de las matemáticas y la física contemporáneas, como si de pronto, los acontecimientos de la primera mitad de siglo XX encontrasen su concreción cien años después.

A continuación, podrán leer tres textos. El primero de ellos lleva por título Materialismo filosófico, estética y fenomenología. En él podrán descubrir una resituación bibliográfica del autor. En el segundo texto, bajo el título Materialismo fenomenológico y Estromatología, hallarán una exposición programática de las principales tesis en el contexto teórico vigente. Por último, en el epílogo, con el título principal de esta exposición, El jardín de Guadarrama, encontrarán el laudatorio. Los tres textos se pueden leer linealmente o por separado, eligiendo libremente el orden de lectura.

 

[Materialismo filosófico, estética y fenomenología.]

En 1992, en la editorial española Pentalfa, Gustavo Bueno publicaba la introducción general a la Teoría del cierre categorial. El mismo año, en noviembre de 1992, aparecían en Francia las Meditaciones fenomenológicas del pensador belga Marc Richir. Tras un periodo fructífero de veinte años, el materialismo filosófico se presentaba como una Ontología y como una Gnoseología generales. Su gestación aparecerá ya citada en los años setenta, coincidiendo con la publicación por Taurus de los Ensayos materialistas. La gran empresa del profesor Bueno parecía irrumpir sistemáticamente y de un modo consistente e imparable. El pensamiento de Gustavo Bueno se esperaba en las aulas y su filosofía se había convertido en un recurso metodológico aplicable a numerosas ontologías regionales. Nacía una segunda generación en la recepción de esta obra. Las condiciones formales del discurso, su terminología, su gran articulación y su consistencia teórica hacían de la Teoría del cierre categorial una fiel ortodoxia. Su escolástica seducía a los que nos acercábamos tímidamente a la filosofía en Asturias y en España.

Alrededor de los años 70, en el contexto de sus exploraciones fenomenológicas, Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina visita los Archivos Husserl en Lovaina, conociendo personalmente a Herman Leo Van Breda. Fruto de sus primeras investigaciones, en el año 1976, presentará, bajo la dirección del Dr. Ángel González Álvarez, su tesis doctoral: La idea de verdad en la filosofía de Husserl (331 folios, T-9754). Ocho años después, en el otoño de 1984, la Editorial Pentalfa publicará la plúmbea y maciza síntesis de dichas investigaciones, bajo el sólido rótulo La fenomenología de la verdad: Husserl.

En 1977, y en el contexto de la enseñanza secundaria, la editorial Bruño publicará el manual de filosofía Dialéctica[3], cuya autoría compartirá con Manuel Sánchez Ortiz de Urbina. En la inercia de un largo periodo pedagógico, en el que su capacidad de traductor y su compromiso con la didáctica de una enseñanza todavía en gestación se combinarán con el oportuno impulso de una concepción programada de la enseñanza y con la sociología de la educación, el Dr. Sánchez Ortiz de Urbina reafirmará su posición intelectual en la mítica Historia de la Filosofía de 1978, que la Editorial Anaya publicará junto a la autoría del Dr. Hidalgo Tuñón y del Dr. Iglesias Fueyo. En su capítulo sobre la Fenomenología, quedarán impresas estas conclusiones:

“Si nos quedamos en el plano de los hechos, la historia es una sucesión ininteligible, exterior a nosotros. Pero si efectuamos la reducción eidética, encontraremos que la historia es el movimiento de los “sentidos intencionales” que se implican y se van sedimentando. Toda formación cultural es susceptible de un análisis intencional que desvela las implicaciones escondidas y nos remite a una génesis de sentidos”[4].

Tales palabras, dirigidas a aquellos incautos alumnos del Curso de Orientación Universitaria, el antiguo COU, constituirán las intenciones programáticas de su posterior labor docente en la Cátedra de Filosofía de la Universidad de Valladolid. La “génesis del sentido” ocupará su intención primordial: la descripción de las legalidades esenciales del aparecer de lo que aparece como tal.

En el periodo que transcurre entre los años 70 y la publicación de la obra de Bueno, el panorama filosófico español se dilata ante el nuevo advenimiento de un contexto teórico de cambios, en algunos casos escasamente arriesgados y filosóficamente poco comprometidos. No será el caso del trabajo de Urbina, calificado por el propio Dr. Bueno como “el rescate de multitud de componentes del idealismo fenomenológico para el materialismo gnoseológico”. Esta afirmación pondrá los puntos sobre las íes y anunciará uno de los principales prejuicios del materialismo filosófico sobre la fenomenología renovada.

La hýlê, la materialidad hylética, significa, en cualquiera de los niveles de experiencia, el contacto inmediato de las kinestesias del cuerpo vivo (Leib) del sujeto con la “materia indeterminada” en lo que ésta tiene de radical trascendencia. El sujeto es corpóreo. Gustavo Bueno parece proponer una suerte de anamorfosis que resultará un ejercicio fenomenológico (no representado), transportando a la serie natural un análisis producido en la escala fenomenológica. La tripartición -operaciones intersubjetivas, contenidos materiales y síntesis objetivas- abarca, en una catábasis, los tria genera materialium. Lo que de modo abstracto son las operaciones, términos y relaciones, de modo concreto son esos tres géneros de materialidad como refracción en la primordialidad de la materialidad indeterminada.

La obra de Gustavo Bueno y la de Marc Richir convergen en Urbina. En su Seminario Doctoral de 1995, en la Universidad de Valladolid, bajo el título Teorías Estéticas en el Siglo XX, además de conocer el contexto teórico de base, leímos por primera vez la exposición de 1988 que Marc Richir pronunció en el Collège International de Philosophie, en colaboración con el Centre Archives Husserl de Paris, el CNRS y l´Ecole Normale Supérieure de la Rue d´Ulm, con motivo del cincuenta aniversario de la muerte de Husserl. Su título era profundamente esclarecedor: «Synthèse passive et temporalisation/spatialisatión». El Dr. Sánchez Ortiz de Urbina, tal como siempre nos había acostumbrado, adelantaba las conclusiones del volumen XI de la Husserliana. Aunque faltaban tres años para la primera traducción al francés de los cursos del periodo de 1918 a 1926, comenzábamos, excepcionalmente en la universidad española, a indagar en una refont de la fenomenología. Tal refundición parecía refutar tanto el idealismo que subyacía en la fenomenología más estándar como las posibles insuficiencias mostradas por el materialismo filosófico, aquello que el propio Richir calificaría así al final de su intervención parafraseando a Hölderlin:

“Nous risquons de perdre le sens à l´étranger. Ce sens pour lequel, peut-être, Husserl a eu trop peur. Mais il était le premier et peut-être la terre promise lui a-t-elle paru effrayante. C´est là encore une autre histoire, que je n´évoque que pour lui rendre hommage: il a eu tout au moins la grandeur d´ouvrir la philosophie à du tout autre, meme si ce fut à son corps defendant, ce qui l´a, au reste, prémuni contre la folie des grandeurs”.

En este quiasmo, las obras de Bueno y Richir parecen ignorarse. Tanto los Ensayos materialistas como la Teoría del cierre categorial coinciden con la aparición de las Meditations phenomenologiques y de Phenomenologie en esquisses – Nouvelles fondations. Tal metafórica “ignorancia” obedece a los dos citados prejuicios: el del idealismo larvado de la fenomenología y el del corporeísmo necesario del materialismo filosófico. Bueno vs. Richir. Materialismo vs. Fenomenología. La mesentante, el desacuerdo, vendrá a confirmarse en el célebre artículo de EIKASIA, Revista de Filosofía: «¿Para qué el Ego Trascendental?». En sus líneas, Urbina definía el problema:

“El materialismo supone, pues, un descentramiento doble: del Ser y del Sujeto. Supuesto este doble descentramiento, y denunciado todo idealismo espiritualista y subjetivista, se nos presenta el Ego Trascendental (E) con una doble función, la del “ejercicio histórico-social por el que el Mundo se constituye como tal”, y la del ejercicio crítico por el que accedemos a la idea de Materia”[5].

En lo sucesivo, y pese a sus veleidades socráticas, el Dr. Sánchez Ortiz de Urbina nos mostrará el derrotero ineludible que habrá de terminar en el Curso sobre Fenomenología que la Sociedad Asturiana de Filosofía organizará en Oviedo en la primavera del 2009.

Veinte años antes, en octubre de 1989, en el contexto de El Basilisco, referencia inexcusable para todos nosotros, aparecerá su artículo «La estética de la recepción desde la teoría platónica del arte»[6]. El profundo ingreso en el dominio de la Estética vendrá avalado por la premisa de partida que ya había destacado el Dr. Bueno en su Prólogo a La fenomenología de la verdad: Husserl, la confluencia del materialismo gnoseológico y la fenomenología.

El mismo año, en un claro compromiso intelectual, nuestro autor traducirá la Terminología filosófica[7] de Adorno. Posteriormente, en 1990, en el mismo contexto, publicará su artículo «El lugar de la crítica del arte»[8]. En este momento, sus preocupaciones fenomenológicas se enraizarán en la obra de Benjamin y Adorno, resolviendo la encrucijada del panorama de la teoría estética contemporánea bajo las premisas de la Schwingung primitiva entre el “artefacto” y la “obra”, residuo de la resonancia rítmica del esquema trascendental, según el cual el mundo se “fenomenaliza” como fenómeno.

Ya en 1978, en el mismo contexto de El Basilisco[9], habíamos asistido a la confrontación polémica entre Adorno y Husserl, en un artículo que anticipaba el desarrollo intelectual que íbamos a presenciar posteriormente. En 1996 y en 1999, en el marco de la célebre Historia de las ideas estéticas y de las teorías estéticas contemporáneas, y bajo la coordinación de su colega Valeriano Bozal Fernández, tendremos la oportunidad de asistir a tres exposiciones de la máxima relevancia teórica: «Estética y Fenomenología», «Gadamer» y «La recepción en la obra de arte»[10]. Su impronta destacará firmemente en la selección del segundo volumen, sobre todo en lo que respecta al primero de los artículos donde, claramente, hará una rotunda y definitiva declaración de los fundamentos históricos de las relaciones Estética-Fenomenología, rescatando a Moritz Geiger, Oskar Becker, Roman Ingarden y Mikel Dufrenne, pero, sobre todo, indicando la relevancia de Eugen Fink y del despliegue de esa Estética Trascendental que Husserl avistó como tierra prometida, en tanto génesis pasiva que precede a toda posible actividad del sujeto, pero que bloqueó por su deriva hacia la presencia de los objetos que da origen a la línea continua homogénea del transcurrir del tiempo producida por la retención. En este artículo aparecerán, frescos y recién editados, por primera vez en el panorama español, los trabajos de Michel Henry, Marc Richir, Henry Maldiney y Jacques Garelli. Este acontecimiento coincidirá con los continuos viajes del Dr. Sánchez Ortiz de Urbina a París.

A continuación, se sucederán una serie de trabajos, la inmensa mayoría inéditos, que corroborarán la talla del nivel de reflexión ante el que nos enfrentamos. El 26 de febrero de 1999, en la Fundación Segundo Santiago Montes de Valladolid, bajo el título «¿Qué hace el arte?»[11], pronunciará una conferencia plagada de referencias a la Stiftung simbólica racional, cuyos contenidos fenomenológicos desembocarán en la Lichtzwang de Paul Celan. El 26 de noviembre del mismo año, en el contexto del I Congreso Internacional sobre Ciencia y Sociedad, en deuda con los planteamientos del Dr. Bueno en su Teoría del Cierre Categorial[12], y ante un pasmado aforo de historiadores de la filosofía y un caluroso público de fervientes estudiantes, que en esos momentos exigían el rigor de un discurso honesto, el Dr. Sánchez Ortiz de Urbina comenzará su exposición sobre Ciencia y Arte[13] con las palabras de Paul Dirac a propósito de la función de onda de un corpúsculo en un campo establecida por Erwin Schröndinger: “Es más importante que una ecuación tenga belleza que pretender, a la fuerza, que coincida con la experiencia”. Las claves del discurso quedarán definidas desde un principio. Su brillante exposición dejará abierta la dialéctica entre una fenomenología material y un materialismo fenomenológico.

El 16 de noviembre del año 2000, desde el lugar privilegiado de su conocimiento de la filosofía antigua, expondrá su lección magistral «Filosofía y Tragedia», en clara influencia de la lectura de La naissance des dieux de Marc Richir[14]. No sólo asistiremos a un análisis primitivamente fenomenológico, sino que, además, podremos advertir la calidad literaria de su labor de traducción y exégesis, tal como en 1993 nos había demostrado en la traducción de la obra de Fränkel: Poesía y Filosofía de la Grecia Arcaica[15], y que, posteriormente, veremos en la traducción de la obra de Safo y Arquíloco[16]. Un mes antes, el 17 de octubre del 2000, habíamos asistido al encargo del Departamento de Filología Clásica de la Universidad de Valladolid para el Curso “¿Tienen ideología los clásicos?”, bajo el título: «Grecia: fascinación o pretexto». En su discurso descubriremos la influencia de Richir unida a la hermenéutica filológica de Bollack y Peter Szondi. No obstante, el momento crucial estaba por llegar.

El 14 de diciembre de 2000, con una nota manuscrita que indica lo siguiente: «Perdona que no te haya escrito antes, Luis. He hecho un viaje rápido a París (diez días) que me han cortado lo que tenía entre manos», este discípulo que escribe recibirá la entrega de un trabajo manuscrito que será definitivo. «Interpretación y escucha a la luz de la fenomenología» aparecerá, posteriormente, en el año 2001, en la recopilación El tiempo en las músicas del siglo XX[17]. En sus líneas quedará demarcada y diferenciada claramente la denominada fenomenología estándar de una fenomenología no-estandar, material, o no objetiva, y que el Dr. Sánchez Ortiz de Urbina advierte que está en pleno desarrollo. Por primera vez, oiremos hablar del “Inconsciente fenomenológico” y de las consecuencias de los volúmenes XI y XXIII de la Huserliana[18]. Richir y su Phénoménologie en esquisses[19] resonarán a lo largo de todo su discurso. Las conclusiones serán tan productivas que inaugurarán una recepción de la fenomenología en España, más allá de la ortodoxia programática que se debate en las sociedades al uso.

En este impasse el Dr. Sánchez Ortiz de Urbina continuará su exploración fenomenológica en dos conferencias fundamentales: «Norte contra Sur (en la encrucijada del romanticismo)» y su lección magistral del 9 de septiembre de 2000, titulada: «La identidad de la obra de arte». En esta última, la cuestión de la teoría estética contemporánea quedará expuesta con crudeza, desde sus traducciones de la recopilación de Rainer Warning, Estética de la recepción[20]; de la obra de Hans Robert Jauss, Las transformaciones de lo moderno[21]; del ensayo de Peter Bürger, Crítica de la estética idealista[22], y del célebre trabajo de Christoph Menke, La soberanía del arte. La experiencia estética según Adorno y Derrida[23], hasta sus agudos análisis de la obra de Danto, Genette, Schaeffer, Rochlitz o Goodman, pasando, claramente, por Adorno y Benjamin, y por su deuda intelectual con el Dr. Bueno. De paso, y con su especial atención sobre las cosas, nos seguirá seduciendo con su mirada prístina sobre los paisajes y las iglesias románicas de Clermont-Ferrand.

El 26 de septiembre del año 2000, treinta y nueve años después de que el Dr. Sánchez Ortiz de Urbina se incorporase, como Catedrático de Filosofía, al Cuerpo de Catedráticos Numerarios de Institutos Nacionales de Enseñanza Media de España, desempeñando su cometido en el Instituto Gabriel y Galán de Plasencia y en el Instituto Femenino de Oviedo, la Junta de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Valladolid, y en su nombre, el Ilmo. Decano D. Basilio Calderón, decidirá otorgarle la concesión honorífica de Catedrático Emérito, en honor al rigor, a la generosidad, y a su valía y honestidad intelectual.

Llegados hasta este momento, en junio del año 2001, con motivo de los cien años de la publicación de las Logische Untersuchungen[24], el Dr. Sánchez Ortiz de Urbina nos sorprenderá con uno de sus trabajos más esclarecedores para la denominada “fenomenología no estándar”, más allá de la ortodoxia fenomenológica: «En el centenario de las Investigaciones Lógicas de Husserl». En su conferencia advertiremos una denuncia expresa. La recepción de la fenomenología en los últimos cien años se ha llevado a cabo a partir de los textos programáticos (el polo intencional). Una segunda recepción de Husserl está descubriendo la ignorancia de un desnivel fundamental: lo intencional y lo efectivo. La gran novedad de la fenomenología ha sido reactualizar con su pareja conceptual reducción-constitución lo que siempre ha hecho la filosofía con su dialéctica regressus-progressus. Será la primera vez que nuestro pensador exponga sistemáticamente las consideraciones fenomenológicas de Marc Richir, que ya comienzan a alcanzar un peso teórico considerable en el panorama europeo.

En abril de 2002, en la primavera de Guadarrama, surge la contribución a los ciclos de conferencias que tienen lugar en Cuenca, en torno a las pinturas con las que el artista Jesús Mateo recubre el interior de la Iglesia desafectada de San Juan Bautista de Alarcón. Su título será muy significativo: «Imagen y fantasía en el arte». El tema fundamental será la dialéctica que tiene lugar entre la imagen y la fantasía en el arte, a la luz de los desarrollos fenomenológicos más contemporáneos. Será, probablemente, uno de sus trabajos fundamentales. Las alusiones, descripciones y citas quedarán perfectamente conjugadas en torno a un problema fenomenológico fundamental: el régimen arcaico de Phantasia.

Inmediatamente a continuación, en mayo del mismo año, y en el mismo e incomparable marco de Alarcón, asistiremos a su lección: «Fuera y dentro: la cámara de descompresión»[25]. Nuevamente, veremos expuesta la Schwingung fenomenológica y el libre juego de las síntesis pasivas en el registro del cuerpo interno como condición de posibilidad de la experiencia del arte. Las descripciones fenomenológicas, alimentadas por la lectura del volumen XI de la Husserliana, se combinarán excepcionalmente con las descripciones del arte y los versos de Rainer Maria Rilke.

En noviembre del mismo año 2002, y comenzando con una cita expresa a La fenomenología de la verdad: Husserl, nuestro maestro presentará una de sus lecciones más determinantes, bajo un título contundente y muy expresivo: «Estética y Fenomenología». No se tratará de su colaboración de 1999 para la edición de Valeriano Bozal, sino de un ejercicio puramente fenomenológico, alejado de cualquier descripción historicista, que resituará con rigor los términos fundamentales del problema.

A partir de este momento, sus seminarios y sus artículos proliferarán, recreando una constelación de consideraciones teóricas que van a ir exigiendo una sistematización. En el año 2004, en el número 34 de El Basilisco, aparecerá su artículo «Kant y Husserl»[26]. Posteriormente, el 11 de abril de 2005, en el contexto de la cuadragésima segunda edición de los trabajos de los llamados “filósofos jóvenes”, aparecerá la lección que, en principio, se iba a titular «Fenomenología y cine», pero que él mismo acabará titulando «La experiencia del cine: un análisis fenomenológico». Dos meses más tarde, el 16 de junio de 2005, pronunciará su conferencia «Sartre versus Merleau-Ponty». El 27 de mayo de 2007 asistiremos a su lección «¿La fenomenología del espíritu como Bildungsroman?»[27]. Todo parecerá indicar que el tiempo en su salvaje jardín de Guadarrama, su producción artística, y el congénito tesón de sus raíces euskaldunas, parecerán conflagrarse en una actividad frenética que, lejos de cualquier sistematización, empuja ex abrupto para abrirse paso a través de una extraordinaria intuición filosófica, ajeno a las sociedades de fenomenología, a los círculos académicos y al devaneo del pensamiento de survol.

En marzo de 2008, en el marco del Círculo de Bellas Artes de Madrid, y ante un impávido público que asistía atónito a la presentación de la primera traducción al castellano de la obra completa de Safo[28], el Dr. Sánchez Ortiz de Urbina volvió a sorprendernos con una insólita lección de filosofía fenomenológica. Ya nos había advertido de ello en su artículo «La poética de Safo» (Valladolid 1993), publicado en la revista vallisoletana El signo del gorrión, junto a otra colaboración titulada «Teoría del efecto trágico» (Valladolid, 1994). En junio del presente año, y tras algún que otro enfrentamiento con la academia, aparecerá el Prólogo que, amablemente, discurriera el maestro para el primer ensayo de este discípulo que les narra, Realidad, Arte y Conocimiento[29], y que la Editorial Horsori de Barcelona acabará publicando en un tiempo de adversidad. En adelante, con la colaboración fundamental de los compañeros, de la Sociedad Asturiana de Filosofía, del grupo Eikasia, con el entusiasmo de Pelayo Pérez García, y el tesón de Alberto Hidalgo Tuñón, de Román García Fernández, de Silverio Sánchez Corredera, de Fernando Miguel Pérez Herranz y de otros muchos colegas, condiscípulos y alumnos, en el otoño asturiano del 2008, se hizo posible el Congreso Internacional «¿La realidad virtual es real?», donde el Dr. Sánchez Ortiz de Urbina delimitó el estado de la cuestión más allá de la pregunta sobre el fundamento con una exposición rotunda: «La “realidad” de la realidad virtual: el Pliegue»[30].

En el año 2011, coincidiendo con la presentación de La sombra de lo invisible. Merleau-Ponty 1961-2011[31], aparecerá por primera vez el término “materialismo fenomenológico”. Urbina no se refería a la fenomenología material de Michel Henry, sino a un aparente oxímoron que representa una “fenomenología no estándar”, más allá del idealismo larvado en una ortodoxia fenomenológica que ha bebido del Husserl más canónico y doctrinal. El materialismo fenomenológico resultará ser así una ampliación del materialismo filosófico, de manera parecida a como en las matemáticas los números complejos son una ampliación de los números reales. En el proyecto de una renovación de la fenomenología, que no es sino la profundización de la génesis descubierta por Husserl en los años 20, la reducción tiene lugar a partir del segundo y tercer elemento de la correlación fundamental, los ejes hylético y sintético, subordinando, frente a la fenomenología clásica, el eje de la subjetividad. Es ahí donde, en mi opinión, se produce una convergencia entre materialismo y fenomenología, pese a las reticencias, más bien “culturales” que puede suscitar el término de “materialismo”.

El materialismo fenomenológico parece “desalojar” las perspectivas metafísicas y positivistas, pero además parece “desterrar” la ociosidad de nada que pudiera funcionar como una ontología general y la articulación de tal “realidad” por el sistema ampliado de los tres géneros de materialidad, en transposibilidad. La aparición de un “cimiento innecesario” ponía en sospecha la confluencia de la constitución y la regresión, cuando se funden las dimensiones crítica y constituyente. El intento de Urbina será mostrar que, en una filosofía de corte materialista, el Ego Trascendental es un filosofema, al menos, ocioso.

Dos fechas determinarán el giro definitivo al que hoy asistimos. El 4 de abril de 2008, en el estudio de Guadarrama, se gestará la primera entrega de una polémica anunciada desde antaño: «¿Para qué el Ego Trascendental?». Recordemos que, en 1984, en su Prólogo a La fenomenología de la verdad: Husserl, el Dr. Bueno había abierto la herida:

“Por estas razones, insistimos en poner, ante todo, la verdad filosófica de la Idea de Verdad fenomenológica en su propio método de regresión crítica (la reducción) hacia las fuentes operatorias de la verdad, hacia el sujeto trascendental (gnoseológico, no psicológico) operatorio. Pero este Ego trascendental (eminentemente, el Sujeto operatorio) no habrá que entenderlo como una actividad sustancialmente distinta de aquélla que actúa en el ámbito categorial de cada ciencia”[32].

La respuesta será concluyente. Desde una fenomenología no estándar, desde la exigencia de una fenomenología asubjetiva, el Dr. Sánchez Ortiz de Urbina será ahora irrebatible:

“¿Para qué el Ego Trascendental? Para nada, si se entiende en detrimento de esa pluralidad originaria de singulares en interfacticidad. Parece más bien una surrepción (de surripere, deslizarse por debajo, subrepticiamente), que acaba en una substrucción  (de substruere, construir un cimiento bajo tierra). En este caso fundamentum substruere, poner un cimiento innecesario”[33].

El citado artículo será el principio de una nueva y renovada voluntad filosófica que arrasa con su propia tradición, a base de coligar la madurez filosófica y el nivel último de análisis que exhibe in fieri su potente intuición intelectual. No habrá ningún desperdicio, pese a quien pese. El materialismo fenomenológico desalojará las perspectivas metafísica y positivista que conspiran contra una arquitectónica de niveles gnoseológicos y de realidad. De donde resultará, por un lado, la ociosidad de nada que pudiera funcionar como una ontología general; por otro lado, la ampliación de lo real por un plano (Sachlichkeit) en el que se dan verdaderas síntesis que, aunque pasivas y sin identidad, permiten verdadero conocimiento; y, por último, la articulación de tal “realidad” por el sistema ampliado de los tres géneros de materialidad, en transposibilidad. Ni más, ni menos.

El materialismo filosófico siempre había negado la acusación de «corporeísmo» porque, además de las realidades corpóreas (que se incluyen en un primer género de materialidad) reconoce la realidad de un segundo género de materialidad incorpóreo pero temporal (por ejemplo, un dolor de apendicitis) y de un tercer género de materialidad inespacial e intemporal (como pueda serlo un teorema matemático). Desde la perspectiva del materialismo filosófico, el Ego trascendental no es un sujeto que se halle fuera del Mundo como una sustancia aparte, sino una materialidad más que forma parte de él y que desempeña un papel esencial en su constitución. Su trascendentalidad, en tanto que desborda a cualquier sujeto empírico, es positiva, no metafísica. A diferencia del sujeto trascendental kantiano, el Ego trascendental es una realidad derivada, siendo originarios los sujetos concretos. Se le puede considerar en tanto que idea-límite como aquella entidad que se identificará con el Mundo dado a escala del sujeto operatorio.

Ni Bueno ni Richir acertarán en sus prejuicios, pero su crítica mostrará las insuficiencias tanto del materialismo filosófico como de la fenomenología. El idealismo larvado de la fenomenología quedará al descubierto, exigiendo una reordenación del ordo doctrinae de Husserl. El presunto corporeísmo del materialismo filosófico quedará justificado por sus propias limitaciones, quedando explicado al transportar a la serie natural un análisis producido en la escala fenomenológica. La tesis de que el sujeto es corpóreo permitirá el acceso a la materialidad a lo largo de una vertical abierta por la reducción.

 

[Materialismo fenomenológico y Estromatología.]

La suspensión del naturalismo, la concepción de la epojé y la reducción, el proceso de humanización en el nivel fenomenológicamente originario, el nivel intermedio donde se da el proceso de simbolización y, por último, el proceso de intencionalidad operatoria frente a la eidética científica, el problema de la Crisis de las ciencias europeas de Husserl, serán claves para describir la escala fenomenológica y el cambio de escala natural, genética o en desarrollo. La cuestión de las ciencias humanas, frente a la autonomía de la eidética científica de las ciencias naturales, continuará siendo el escollo definitivo, tanto para el materialismo filosófico como para la fenomenología.

En primer lugar, el supuesto idealismo larvado de la fenomenología quedará justificado en esta exposición. En segundo lugar, la concepción arquitectónica de la fenomenología nos mostrará su ruptura con una ortodoxia a la que Gustavo Bueno calificaba de idealista. Por último, la estromatología de Urbina justificará las insuficiencias del idealismo fenomenológico y del materialismo filosófico, pero también mostrará la insuficiencia del supuesto prejuicio corporeísta del materialismo filosófico. De este modo, sin entrar ya en la obra de Bueno, Marc Richir revelará la lectura de un “otro Husserl”; ese que Donn Welton anunciará en el año 2000. Para terminar, las tesis de Urbina contribuirán a una aclaración sistemática de la posibilidad de un materialismo fenomenológico.

La primera de las lecturas de la obra de Husserl ocupa lo que denominamos fenomenología estándar, o en otros casos, hablamos de una ortodoxia, por su desarrollo histórico, su recepción y el origen de sus tesis. La segunda lectura, como ampliación de su propio sentido kantiano, ocupa el lugar de una arquitectónica, y en ella ubicamos nuestra lectura de la obra de Marc Richir. La tercera de estas lecturas es la refundición de Urbina: “Estromatología”. Servirá esta última como reseña de la actualidad de la fenomenología, de su relación con sus orígenes, con su contextualización europea y con la teoría de niveles estromatológicos propuesta en ella, siendo un nexo que amplía el programa husserliano y la refundación arquitectónica de Richir. Una refundición fenomenológica[34], en definitiva, que se presenta como una reformulación filosófica.

El desarrollo de la fenomenología no estándar como estromatología supone, en primer término, la propuesta de una ordenación sistemática de los registros arquitectónicos según niveles fenomenológicos[35]. Esta propuesta es una consecuencia de la fenomenología genética que aparece en Husserl y de la aproximación arquitectónica de la fenomenología de hoy.

Tal visión sistemática implica que la intencionalidad no se asigna en exclusiva y preferentemente a la percepción, sino que el campo entero de la conciencia es intencional. Por consiguiente, la idea de intencionalidad se amplía a todos los niveles fenomenológicos, modulando su naturaleza en cada registro.

La interrupción del naturalismo que inauguró la fenomenología, tal como mencionamos en un principio, se interpreta ahora como una inversión del proceso óntico (progressus), y en ella se produce una escisión de la eidética y la intencionalidad, en tanto que dos dimensiones gnoseológicas inconmensurables.

Una excepcional anástrofe, como diría Urbina, parece guiar la separación entre la intentio y el eidos. El progressus clásico, en tanto que catábasis óntica, se prolonga como anábasis fenomenológica. El regressus clásico no es sino la catábasis fenomenológica prolongada por la anábasis óntica. Tal inversión nos muestra una verdadera ampliación de la escala clásica, óntica o en desarrollo, a la escala fenomenológica.

Se supone que los registros del nivel fenomenológico superior de la Phantasia implican, para su necesaria interacción con los registros del nivel fenomenológico objetivo, la “intermediación” de un nivel. La estructura intencional de este nivel de intermediación tendrá en común, con el nivel superior de la Phantasia, las transoperaciones del polo subjetivo y, con el nivel inferior de la objetividad, la identidad de las síntesis del polo objetivo[36].

En consecuencia, este nivel de intermediación aparece constituido por fantasías perceptivas o apercepciones de fantasía. La apercepción implica la identidad de lo sintetizado y la fantasía supone la transoperatividad en lo transposible. Las fantasías perceptivas son fantasías con transoperaciones en la pasividad y conectan con el nivel originario superior de la estromatología propuesta por Urbina: el nivel de las fantasías libres o meras fantasías. Por otro lado, en tanto que apercepciones, conectan con el nivel inferior de los objetos compartidos operatoriamente.

La transposición de los registros hace que los niveles sean analizables a partir del nivel superior. La resonancia o transpasibilidad[37] de armónicos desde el nivel intencional inferior asegura la unidad y normalidad de la conciencia. Tal resonancia[38] (resonancia de la arquitectónica) será la responsable de la unificación intencional de la serie fenomenológica en la fenomenología no estándar. La unificación de la serie fenomenológica ha significado la articulación no eidética, arquitectónica o estromatológica, de todos los niveles intencionales, implicados por transpasibilidad resonante. En consecuencia, en todos los niveles tiene que seguirse dando, en su fondo más primitivo, el sentido originario que los anima.

En la anábasis fenomenológica que culmina el progressus clásico, se descubre el nivel estrictamente fenomenológico, inmune a la eidética, caracterizado por su concreción, su rigor y su energía. Es el nivel de lo humano y de su ética.

El empobrecimiento del sentido en la transposición del hiato brutal que separa el dominio de lo transposible del dominio de la identidad (posibilidad) se ve compensado con la necesaria “reduplicación” del sentido por la incorporación de la eidética de origen no intencional. Lo eidético surgirá después, en uno de los niveles de la serie, cuando se produzca esta “reduplicación” del sentido. Luego esta necesaria “reduplicación” emergerá en el nivel de intermediación para compensar el necesario empobrecimiento que se produce en el progressus clásico, cuando los sentidos atraviesan la identidad para traducirse en objetos y objetos efectivos. De este modo, tal como las instancias de la Filosofía, del Arte y de la Mitología, los componentes del espíritu absoluto en el pensamiento de Hegel, aparecerán tres grandes regiones: lo eidético, lo estético y lo mítico.

En consecuencia, la correspondencia que se establece entre la serie de la catábasis fenomenológica y la serie de la anábasis óntica impide en la fenomenología cualquier tentación de escepticismo científico[39]. Las ciencias y la filosofía fenomenológica aparecen como dos sképsis colaboradoras.

La tesis inmutable sobre la naturaleza de la subjetividad a lo largo del despliegue de los niveles fenomenológicos y desde el origen mismo de la filosofía fenomenológica ha supuesto el mayor obstáculo para una obra sistemática. Tras el derrumbe de las tesis más dogmáticas, se han abierto las transposibilidades de la fenomenología y la posibilidad de diseñar una refundición de las grandes intuiciones de la obra de Husserl, desarrolladas ahora por las aproximaciones contemporáneas expuestas. De este modo, una fenomenología no estándar, más allá de la ortodoxia canónica del Husserl del idealismo fenomenológica, se presentará hoy como fenomenología arquitectónica y estromatología, pero, sobre todo, aparecerá como ampliación de la filosofía clásica en forma ahora de materialismo fenomenológico. Es la aportación de Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina.

 

[Laudatorio. El jardín de Guadarrama.]

Como si de un orden oculto se tratase, la disposición de la obra de Urbina nos recuerda un frondoso jardín sin sendas ni paseos; un espeso vergel lleno de especies silvestres y sin ningún claro de bosque. En el más profundo sentido volteriano, el paseo por este jardín exige una navegación relativa al terreno. Si bien se atisba la espesura de un crecimiento desordenado, sin embargo, pronto podremos advertir que hay una multiplicidad de travesías, todas ellas transposibles e insinuadas en la vasta obra de este autor.

En su ingreso se advierte el rótulo: Ἀγεωμέτρητος μηδείς εἰσίτω, “aquí no entra nadie que no sepa geometría”. Geometría significa construcción con Ideas filosóficas. Por lo tanto, la filosofía es necesariamente sistemática. No es necesario que el sistema sea tan evidente como en Hegel; puede estar oculto como en el caso de Nietzsche o como cuando, en sus últimos libros, Marc Richir lo construye en “fragmentos”, “variaciones”, “esquicios” o “esbozos”. De este modo, el pensador traza un recorrido zigzagueante, entre espesos matojos e impenetrables veredas, trochas y ramales. Pero tal geometría responde a una geografía de lugares que plantea con crudeza la dialéctica ejercicio/representación.

El paseante que se dé cita en este trabado jardín deberá adentrarse en su espesura, no pudiéndose aferrar a las fórmulas, a los textos, sino a las cosas mismas, teniendo en cuenta que, en esta frondosidad, hay un sistema. El sistema puede estar más o menos oculto, pero siempre “funciona”. Acostumbrados, como estamos, a las guías para caminantes, vagantes y perplejos, no podremos, en este caso, diseñar itinerarios o hacer rutas, cruces o atajos. Si está en nuestro empeño adentrarnos en este jardín, deberemos partir de la honestidad y de la generosidad del que nos conduce, y dejar algunas migas por las veredas, con el prudente sentido del que teme perderse y no volver a encontrar el camino de vuelta, en medio de la fragilidad del transeúnte, fiel y firme al rumbo de sus derroteros.

La ciencia siempre ha sido el punto de partida de esta travesía. La formación y el bagaje de nuestro autor resuenan en sus ideas e ilustran todos sus escritos, desde la juventud hasta la madurez. Hablamos, pues, de un profundo conocedor del lenguaje científico, de su historia y de los grandes hitos, de sus logros, desde la antigüedad hasta nuestros días. De ahí que en sus textos haya una permanente alusión a los múltiples resultados del pensamiento científico en la matemática, la física, la geología o las ciencias humanas. Tales alusiones no son meramente ilustrativas, descriptivas, sino que obedecen a una concepción unitaria del saber en la que se expresa su sentido radical de filosofía. Quien no sepa reconocer esto último, puede ver de modo extravagante las continuas alusiones a personajes como Dirac, Planck, Maxwell, Hilbert, Gauss o Feynman, por citar algunos.

El dilatado camino sobre la ciencia demuestra el amplio conocimiento de nuestro autor, entregado permanentemente a la lectura del periodo histórico que coincide con las vanguardias artísticas de comienzo de siglo, los avances en la física contemporánea y la aparición de la fenomenología. Urbina es testigo de la detención y, en algunos casos, involución que sufrió el siglo XX tras la publicación de La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental de Edmund Husserl, coincidiendo con la Segunda Guerra Mundial y la crisis del modelo clásico de conocimiento, tanto en la ciencia como en el arte y en la filosofía.

Al igual que algunos otros, y teniendo en mente a Merleau-Ponty, Jan Patočka o Marc Richir, nuestro autor ha sabido retomar la evolución de un pensamiento interrumpido, después de un tiempo liderado por herejías, reduccionismos y doctrinarios de una larga tardomodernidad. La vuelta al punto de partida, cien años después, ha supuesto una invitación, un reclamo para la revisión exhaustiva del estado de la cuestión en uno de los momentos cruciales del pensamiento contemporáneo. Por ello, Urbina es un autor de este todavía desconocido centenario, que nos devuelve a los años veinte de un nuevo siglo sobre el que resuenan, inacabablemente, las poderosas intuiciones de dos décadas prodigiosas; aquellas que van desde la publicación de las Investigaciones lógicas y la catástrofe de la ciencia clásica, la inconmensurabilidad de la mecánica galileo-newtoniana, el electromagnetismo maxwelliano y la termodinámica de Boltzman, hasta la formulación de la ecuación de Schrödinger, pasando por el dodecafonismo, el expresionismo y las vanguardias irreductibles del arte contemporáneo.

Sin pena ni gloria, el retorno al centenario del primer tercio del siglo XX es una seña de identidad. La sociedad actual del conocimiento retoma las profundas consecuencias que señalan el final de una época clásica y el ingreso en una situación postclásica. El impase que va desde los años treinta hasta los años noventa, ha estado dominado por todo tipo de “ismos”, corrientes y reducciones teóricas, oportunamente cosméticas y ancladas en la confusión y el dominio ideologizante de una larga crisis de fundamentos. La vuelta a las cosas mismas se ha impuesto a la sacralización de los textos y de sus desproporcionadas figuras. De este modo, una lección de humildad descansa sobre el honesto propósito de pensar lo impensado y de hacer de la filosofía una no-filosofía. Esta lección y ambos propósitos son las notas que caracterizan la obra de este inusual “jardinero”, músico y escultor, educador, profesor y maestro, artista e, irreductiblemente, filósofo.

La concepción de la historia que nos ha transmitido Urbina es una concepción operante, un modo de comprensión que articula paratácticamente el hondo resonar de la institución simbólica en la pura reflexión humana. Desde Arquíloco y Safo hasta Proust o Paul Celan, hemos ido recorriendo la historia de la literatura universal, en una pirueta de docto funambulista de las artes, las ciencias y las letras. Este retorno iniciático, programáticamente intencionado por el autor, nos ha llevado de Bach a Schönberg, de Platón a Kafka, del Laocoonte a Eduardo Chillida, o de Andrea Palladio a Walter Gropius. Su mirada fenomenológica es un ejemplo de intuición, rigor intelectual, honestidad y generosidad. Estos ingredientes se han sumado a la evidencia, siempre advertida, de estar ante un personaje, ante un pensador de nuestro tiempo. Muchas veces nos acercamos a intelectuales de talla, a grandes profesores, a mujeres y hombres de su tiempo. Pocas veces tenemos la certeza de estar ante un Filósofo en un tiempo, ante un geómetra de ideas, tímido y lúcido, y siempre creativo y desprendido.

La vasta producción teórica de nuestro pensador es fruto de una irreprimible perseverancia y de una incontinencia patológica. Mirar, perseguir los rastros, asombrarse y transmitir entusiasmo son las notas características del sujeto pensador; aquel que dedica toda su vida a desentrañar misterios y arcanos en la simplicidad del mundo, del sentido de las cosas, para luego, ante un desnudo papel, dibujar esquemas, matrices, cuadrados mágicos, nuevas terminologías, relaciones dialécticas fecundas que paren ideas como si de una madre fáustica se tratase. Esa desobediente creación es un sobrio ejercicio de rebeldía que le hace ser testigo privilegiado de su tiempo. Por ello, y, en consecuencia, no ha cedido responsabilidad alguna ante ninguna exigencia académica; y no ha perdido su autenticidad y su vigente actualidad, cautivando de por sí en esta siempre prístina aproximación a los fenómenos de mundo, en su docencia y en su investigación.

El jardín de Guadarrama, el bosque de Urbina, es el enmarañado paisaje de un tiempo por venir, el lugar antiguo de la academia, del liceo; el espacio de situación de donde partir para continuar la eterna vagancia de este deambular que se expresa como ciencia, arte o filosofía, y siempre con la humildad del que siempre está iniciando el camino. Sus alumnos, Maripaz, Ángel, Mikel, Olvido, Macarena, Juan Carlos, Jesús, Adela, et caeteri, somos testigos privilegiados de tan potente compromiso. Un buen maestro, como un buen discípulo, siempre es un buen alumno.

[1] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, R. Conferencia de Coimbra, Universidade de Coimbra, marzo 2020.

[2] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, R. Estromatología. Teoría de los niveles fenomenológicos, Eikasia/Brumaria, Madrid, 2014.

[3] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo y SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Manuel. Dialéctica: 3º bachillerato, Ed. Bruño, Madrid 1977.

[4] HIDALGO TUÑÓN, Alberto; IGLESIAS FUEYO, Carlos; SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. Historia de la Filosofía, Ed. Anaya, Madrid 1978.

[5] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. “¿Para qué el Ego trascendental?”, Eikasía, Revista de Filosofía, año III, n. 18, mayo 2008.

[6] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. «La estética de la recepción desde la teoría platónica del arte», en El Basilisco, Revista de Filosofía, ciencias humanas, teoría de la ciencia y de la cultura, Segunda Época, nº1, Septiembre-Octubre 1989; pp. 33-40.

[7] ADORNO, T. W. Terminología filosófica. Vol. I. Trad. Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina, Taurus ediciones, Madrid 1989.

[8] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. «El lugar de la crítica del arte», en El Basilisco, Revista de Filosofía, ciencias humanas, teoría de la ciencia y de la cultura, Segunda Época, nº4, Septiembre-Octubre 1990; pp. 3-11.

[9] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. «Adorno y Husserl: dos dialécticas», en El Basilisco, Revista de Filosofía, ciencias humanas, teoría de la ciencia y de la cultura, Primera Época, nº5, Noviembre-Diciembre 1978; pp. 48-56.

[10] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. «Estética y Fenomenología», «Gadamer» y «La recepción de la obra de Arte», en Historia de las ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas, Vol. II, Valeriano Bozal (ed.), Antonio Machado Libros, Madrid 2002; pp. 118-129; 130-135; 213-227.

[11] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. «¿Qué hace el arte», en Complejidad, año 2, nº4, enero-marzo 1999.

[12] BUENO, Gustavo. Teoría del cierre categorial, Pentalfa ediciones, Oviedo 1992.

[13] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. «Ciencia y Arte», en Racionalidad científica y racionalidad humana, coord. por Alfredo Marcos Oteruelo, Margarita Vega, Carlos E. Maldonado, Valladolid 2001; pp. 181-202.

[14] RICHIR, Marc. La naissance des dieux, Hachette, Paris 1998.

[15] FRÄNKEL, Hermann. Poesía y Filosofía de la Grecia Arcaica, trad. Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina, Visor, Madrid 1993.

[16] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. Safo y sus discípulas. Poemas. Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2009.

[17] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. «Interpretación y escucha a la luz de la fenomenología», en El tiempo en las músicas del siglo XX, coord.. por Margarita Vega Rodríguez, Carlos Villar-Taboada, Valladolid 2001; pp. 149-158.

[18] HUSSERL, Edmund. Analysen zur passiven Synthesis. M. Nijhoff, Den Haag 1966. Traducción francesa: De la synthèse passive. Trad. B. Bégout y J. Kessler con la colaboración de Natalie Depraz y Marc Richir, Ed. Jérôme Millon, Grenoble 1998. Phantasie; Bildbewusstsein, Erinnerung. Husserliana XXIII. Kluwer Academic Publishers, Dordrecht-Boston-London 1980. Traducción francesa: Phantasia, conscience d´image, souvenir. Trad. Raymond Kassis y Jean-François Pestureau, Jérôme Millon, Grenoble 2002.

[19] RICHIR, Marc. Phénoménologie en esquisses. Nouvelles fondations, Jérôme Millon, Grenoble 2000.

[20] WARNING, Rainer. Estética de la recepción, Visor, Madrid 1989.

[21]  JAUSS, Hans Robert. Las transformaciones de lo moderno. Estudios sobre las etapas de la modernidad estética, traducción de Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina, Visor, Madrid 1995.

[22] BÜRGER, Peter. Zur Kritik der idealistischen Ästhetik, Suhrkamp Verlag, Frankfurt am Main, 1983. Traducción española: Crítica de la estética idealista, trad. Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina, Visor, Madrid 1996.

[23] MENKE, Christoph. La soberanía del arte. La experiencia estética según Adorno y Derrida, Trad. Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina. Visor, Madrid 1997.

[24]  HUSSERL, Edmund. Logische Untersuchungen. Husserliana Gesammelte Werke. Max Niemeyer Verlag, Tübingen 1968. Traducción española: Investigaciones Lógicas 1 y 2. Trad. Manuel G. Morente y José Gaos, Alianza Editorial, Madrid 1999.

[25] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. «Fuera y dentro: la cámara de descompresión», en Ensayos: pinturas contemporáneas de Jesús Mateo, 2018, págs. 129-140.

[26] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. «Kant y Husserl», en El Basilisco, Revista de Filosofía, ciencias humanas, teoría de la ciencia y de la cultura, Segunda Época, nº34, Enero-Junio 2004; pp. 3-12.

[27] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. «¿La fenomenología del espíritu como Bildungsroman?», en Eikasia. Revista de Filosofía, nº15, 2007; pp. 99-112.

[28] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. Safo y sus discípulas. Poemas, Edición de Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid 2009.

[29] ÁLVAREZ FALCÓN, Luis. Realidad, Arte y Conocimiento. La deriva estética tras el pensamiento contemporáneo, prólogo de Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina, Ed. Horsori, Barcelona 2009.

[30]  SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. “La “realidad” de la realidad virtual: el Pliegue”, en Eikasia. Revista de Filosofía, nº24 extra, 2009.

[31] ÁLVAREZ FALCÓN, Luis. La sombra de lo invisible. Merleau-Ponty 1961-2011 (siete lecciones). Editorial Eutelequia, Madrid, 2011.

[32] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. “La verdad de la fenomenología”. Prólogo de Gustavo Bueno en La fenomenología de la verdad: Husserl, Pentalfa Ediciones, Gijón 1984, p. 7-12.

[33] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. “¿Para qué el Ego trascendental?”, Eikasía, Revista de Filosofía, año III, n. 18, mayo 2008.

[34] RICHIR, Marc. «La refonte de la phénoménologie», Amiens, Annales de phénoménologie, nº 7, 2008, p. 199.

[35] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. Estromatología. Teoría de los niveles fenomenológicos. Eikasia ediciones, Editorial Brumaria, Madrid, 2014.

[36] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. “L’obscurité de l’expérience esthétique”, en Annales de phénoménologie, 2011, pp. 7-32.

[37] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. “Merleau-Ponty desde el materialismo fenomenológico”, en ÁLVAREZ FALCÓN, Luis. (ed.). La Sombra de lo Invisible. Merleau-Ponty 1961-2011. Madrid: Editorial Eutelequia, 2011.

[38] MALDINEY, Henri. L´art, l´Éclair de l´être, Collection Scalène, París: Éditions Comp´Act, 1993.

[39] SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo. “Le príncipe de correspondance”, en Annales de phénoménologie, nº12, 2013.

 


 

El jardín de Guadarrama. Materialismo y Fenomenología2021-05-28T18:24:10+02:00

Una aproximación fenomenológica al diseño: imágenes, espacios, tiempos y afectos

2021-04-20T01:37:45+02:00

Fenomenología del diseño

2º Congreso Interinstitucional de Investigación en Diseño. Escenarios de acción para el diseño

Facultad de Diseño. Universidad de La Salle Bajío

22-23 de abril de 2021

León. Guanajuato. México. 

 

Inauguración. Ponencia magistral

Luis Álvarez Falcón
Fenomenología del diseño: la reproducibilidad y el diseño de las imágenes, de los espacios, de los tiempos y de los afectos
Universidad de Zaragoza, España

Esta exposición tiene como punto de partida dos textos iniciales que se sintetizan como propuesta de una aproximación fenomenológica al fenómeno del diseño contemporáneo, en toda su extensión, como aquello que debe repetirse, difundirse y reproducirse para configurar o conformar una nueva visión en la creación de objetos, espacios, artefactos, marcas, prendas y accesorios, telas y patrones, interfaces digitales y software, productos impresos, creación de logotipos, identidades visuales, escenografías y estilos visuales de producción, objetos de comunicación visual relacionados con la promoción y difusión de mensajes comerciales, objetos de producción industrial para el uso humano, espacios habitables e interiores, carteles, tipografías, revistas, portadas de libros, sitios web, y un interminable etcétera.

Fenomenología del diseño

Una aproximación fenomenológica al diseño: imágenes, espacios, tiempos y afectos2021-04-20T01:37:45+02:00

Fenomenología, espacio y geografía

2021-04-20T09:36:48+02:00

Fenomenología, espacio y geografía. Ejercicio y representación

Conferencia pronunciada en Belém, estado de Pará, Brasil, el día 23 de octubre de 2020, bajo el auspicio de A Rede Estadual do Pará e o Grupo de Estudos Livres Geografia e Fenomenologia Amazônica, en el contexto de Pitadas Fenomenológicas da Sexta y con el auspicio del profesor Wallace Pantoja de la Universidade de Brasília.
[Podcast y texto íntegro]
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Ejercicio y representación. ― Los presupuestos fenomenológicos del mundo de la vida en el sur. ― Los dinamismos y efectuaciones de la subjetividad en la constitución del espacio. ― El espacio de intermediación. ― El nivel de la interfacticidad. Comunidad fenomenológica. ― Inconsciente simbólico. ― La deriva fenomenológica de la geografía.

Fenomenología del sur no es un concepto geográfico. Es un concepto estrictamente fenomenológico. Su distinción implica dilucidar lo que entendemos por “vida en el sur”, comprometiendo tanto el estatuto epistemológico de la filosofía fenomenológica como las concepciones contemporáneas de la geografía y el desarrollo histórico de la cultura en los mundos del sur. Plantear así este genitivo, “del sur”, implica una relación de posesión o pertenencia, expresa el todo del que se extrae una parte. Como concepto fenomenológico no debe conducir sólo a una lectura fragmentaria, regional, local, sino que debe evitar su abdicación como sistema, aunque sea como un sistema oculto, y quizá no formulable.

La filosofía fenomenológica debe exponer la vida como sistema sin anular la vida. Desde el mundo de la vida al imaginario colectivo, el sur, su tonalidad y su colorido afectivo determinan una transmisión diversa que da sentido a la presencia de una determinada corriente filosófica. La génesis de la fenomenología en América Latina y en el sur de Europa es diferenciable en su desarrollo por múltiples factores y aspectos. Estos factores y aspectos han quedado expuestos en una aproximación historicista y culturalista que adolece de un cierto prejuicio naturalista, amparado por una herencia positivista y un culturalismo aglutinante, inevitable en la narración de los acontecimientos de la filosofía en el sur[1].

[Ejercicio y representación.]

El éxito, auge y fracaso de las diferentes sistematizaciones y corrientes teóricas en América Latina (escolástica, liberalismo, positivismo, marxismo, estructuralismo, etc.), que se concretan en una determinada lengua filosófica y en una lectura histórico-crítica, se unen al amplio problema de las fórmulas filosóficas, a la oscilación inevitable entre el ejercicio y la representación, y al inevitable carácter sistemático de la filosofía. Las cosas mismas, ¿son representables? ¿Qué significa una fórmula filosófica? Hay una oscilación insalvable entre su ejercitación y su representación, entre lo que los escolásticos llamaban signación (in actu signato) y lo que llamaban ejercicio (in actu exercito). La fenomenología no es una fórmula expresada en definiciones. Husserl califica la filosofía como telos unitario e intento sistemático, pero su discurrir entraña lo que en otros momentos hemos calificado como “mirada fenomenológica”; un ejercicio no tematizado de experiencia previo a todo intento de sistematización y que debe aspirar a representarse como sistema.

La obra de Husserl es el más claro exponente de esta vieja dicotomía entre el ejercicio y la representación. En la introducción de Paul Janssen a la edición alemana de La idea de la fenomenología se habla de una crisis existencial en Husserl[2]. El 25 de septiembre de 1906, tal como Walter Biemel menciona en el año 1947, en su introducción a la mencionada La idea de la fenomenología, Husserl hace explícita esta tensión:

“Sin dilucidar, en rasgos generales, el sentido, la esencia, los métodos, los puntos de vista capitales de una crítica de la razón; sin haber pensado, esbozado, averiguado y demostrado un bosquejo general de ella, yo en verdad no puedo vivir sinceramente. Bastante he probado los suplicios de la oscuridad, de la duda que vacila de acá para allá. Tengo que llegar a íntima firmeza. Sé que se trata de algo grande, inmenso; sé que grandes genios han fracasado en la empresa”[3].

La “duda que vacila de acá para allá” muestra la imposibilidad de convertir en sistema su formulación filosófica. Sabemos que los esfuerzos programáticos de Husserl, sus intentos de resituación sistemática no fueron vanos, y que desembocaron en dos publicaciones centrales: el texto programático Filosofía como ciencia estricta[4] de 1911 e Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica[5] de 1913. Son los continuos, y siempre insuficientes, intentos de búsqueda de una exposición completa, aunque imposible, de la fenomenología, y que nos mostrarán la honda preocupación del pensador de Friburgo por una definitiva, aunque inalcanzable, resituación sistemática de su filosofía. El objetivo último de la fenomenología será ejercitar y representar, ser capaz de repetir algo sin que su fórmula se convierta en un texto sacralizado, pero sin renunciar al sistema. Tal como he dicho en otras ocasiones, hablamos de ese zu den Texten selbst (a los textos mismos) que parece sustituir perversamente al original zu den Sachen selbst (a las cosas mismas).

Paradójicamente, en su última obra, la Krisis, Husserl volverá a la dicotomía ejercicio y representación en un excepcional apéndice (Beilage XXVIII) que cierra el círculo de su ingente empresa filosófica y que aporta luz al sentido de la fenomenología de la vida en el sur. Citaremos en toda su extensión este texto en la traducción de Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina[6]:

“Seamos más claros. Lo que yo pretendo bajo el título de Filosofía, como meta y campo de mi trabajo, es algo que naturalmente yo sé. Y, sin embargo, no lo sé. ¿Quién es el auto-pensador a quien este “saber” le ha bastado siempre? ¿Quién es aquel para quien, en su vida de filósofo, la “filosofía” ha dejado de ser un enigma? Enigma, es decir, el sentido teleológico que llamamos “filosofía”, a cuya realización ha dedicado su vida empleando ciertas fórmulas expresadas en definiciones. Pero sólo los pensadores de segundo orden que, en realidad, no deberían ser llamados filósofos, descansan en sus definiciones, matando con sus conceptos verbales el telos problemático del filosofar. Lo histórico está metido en ese “saber” oscuro como en los conceptos verbales de las fórmulas; lo histórico es, en su sentido propio, la herencia espiritual del que filosofa; y es evidente que incluye también a los otros con los que está en conexión y filosofa en amistad o enemistad críticas. Y, filosofando así, está también en conexión consigo mismo, con su manera anterior de entender y hacer filosofía; sabiendo que, en este proceso, la tradición histórica, tal como la ha entendido y utilizado, no ha dejado nunca de intervenir para motivarlo espiritualmente. La imagen de la historia que se hace, en parte formada por sí mismo, en parte recibida, su “poema de la historia de la filosofía”, sabe que es algo fijo y no fijo; y, sin embargo, cada “poema” le sirve, y puede servirle para comprenderse a sí mismo y a su proyecto en relación con el proyecto de los otros y con su “poema”; y le sirve finalmente para comprender lo común a todos: la filosofía como telos unitario y como intento sistemático de cumplir el sentido para todos, en conexión con los filósofos del pasado (en tanto que podamos dar de ese pasado versiones poéticas con sentido para nosotros)”[7].

Este fragmento final de la obra de Husserl nos descubre la continua duda y el irresoluble dilema que siempre acompañó a su empeño como filósofo y al programa de una filosofía fenomenológica futura. El pensador dedicó su vida a la realización de la filosofía, empleando ciertas “fórmulas” expresadas en definiciones. El asunto que preocupaba a Husserl era el de estas fórmulas filosóficas, el de la oscilación inevitable entre el ejercicio y la representación, y el del inevitable carácter sistemático de toda filosofía. Sus continuos meandros filosóficos, como si de un caudaloso río se tratase, van dibujando la resistencia a la sistematización y su propia exigencia, al igual que muestran la necesidad de una formulación como ejercicio frente a la solidez infecunda de las definiciones y a la sacralización de los textos. Los manuscritos estenografiados de Lovaina, el Kleingeld, la “calderilla”, y los intentos infructuosos de sistematización son la expresión de la dicotomía ejercicio y representación, y contra lo que pudiera haber parecido en un principio, los textos programáticos de Husserl bloquean, en general, el desarrollo de la fenomenología, el despliegue de la idea de intencionalidad, que es más evidente en los manuscritos de investigación[8].

“Emplear ciertas fórmulas expresadas en definiciones”, tal como Husserl señala en la Krisis, ha sido la dedicación de su vida. Sin embargo, sólo “los pensadores de segundo orden”, expresión muy contundente en este contexto, que, en realidad, no deberían ser llamados filósofos, descansan en sus definiciones, “matando con sus conceptos verbales el telos problemático del filosofar”. La conclusión de Husserl es definitiva y presenta el gran problema de la Fenomenología. La solidificación de los textos, de sus definiciones, el zu den Texten selbst (a los textos mismos), no corresponde al Dichtung de la filosofía, a “fórmulas expresadas en definiciones”, a la expresión de su ejercicio más allá de su representación. Sin embargo, es preciso ser capaz de repetir algo sin que su fórmula se convierta en un texto sacralizado y sin renunciar al sistema.

La Fenomenología del sur se convierte en una formulación, en una composición filosófica en la que descansa un sistema oculto, una tarea común, un telos unitario y un intento sistemático. Si esta propuesta no fuera más que una noción geográfica, estaríamos hablando de un eslogan propagandístico. La suma de las aproximaciones fenomenológicas que se formulan en los países del sur geográfico no da como resultado una fenomenología del sur. Es necesario indagar en la posibilidad de un sistema oculto que no descansa ni en fórmulas evidentes ni en textos sacralizados; un saber oscuro, no formulable, que no reposa en definiciones y que se muestra ante el ejercicio de la “mirada fenomenológica”.

La Fenomenología del sur es ese Dichtung de la historia de la filosofía al que alude Husserl, la búsqueda desesperada de lo común, del sentido para todos, que se muestra en una oscilación entre el ejercicio y su representación y que resuena en el mundo de la vida en tanto mundo intencional de objetos que supone observar, operar, recordar, imaginar, compartir. Mundo vivido no homogéneo sino modulado con anterioridad a la diversidad de los círculos culturales, contribuyendo esta misma modulación a su capacidad englobante de absorción en una universalidad borrosa típica donde resuena la universalidad de lo puramente humano.

[Los presupuestos fenomenológicos del mundo de la vida en el sur.]

El factum previo es un modo de descripción que alude al mundo de la vida (Lebenswelt) en una amplia extensión del término. El mundo vivido debe estar en la base misma de esta formulación espacial, topológica, geográfica. No habría disritmia si no fuese porque en la experiencia básica del mundo vivido, la universalidad puramente eidética es gestionada por referencia a otra universalidad, no eidética: la universalidad propiamente humana de una comunidad. Esta comunidad de singulares, no sustantivable sin embargo, en una acepción naturalista y metafísica, ni como pueblo, ni como nacionalidad, ni como especie humana, ni como humanidad, es previa a cualquier intento de substrucción, de substruere, poner un cimiento innecesario, en el sentido de basamento para obtener una superficie en terreno accidentado. El mundo de la vida en el sur es este terreno accidentado, sobre el que se han ido depositando capas sedimentadas de sentido, institucionalizado simbólicamente y descrito en múltiples aproximaciones teóricas reduccionistas. Estas aproximaciones han constituido un ejercicio histórico-social por el que este mundo se ha constituido como tal, en un ejercicio crítico por el que deberíamos estar obligados a acceder a las cosas mismas en todo su esplendor y materialidad.

Esta posición central del mundo vivido como globalización básica hace que esa configuración suya de mundo de objetos compartidos con sus operaciones, con una universalidad borrosa típica, equidiste, por decirlo así, de otro tipo de universalidad, nada borrosa, pero muy diferente: el estrato donde se elaboran los sentidos, el nivel específicamente fenomenológico, donde se generan y deshacen interminablemente esbozos de sentidos, donde se dan las impresiones realmente originarias, desde donde se piensa, y donde se establece la universalidad de lo humano. Dice Husserl en la Krisis: “La intersubjetividad universal en la que se acaba resolviendo toda objetividad, es decir, toda síntesis, todo ser en general, no puede ser manifiestamente ninguna otra más que la humanidad que innegablemente es una parte componente del mundo”[9].

Podríamos resumir los presupuestos de este mundo vivido de la siguiente forma:

1.- Excluye un a priori universal previo. Es decir, no hay una ontología general, sino simplemente materia.

2.- Constituye una típica, no una eidética. Tipo es lo morfológicamente correcto y reconocible, coherente, familiar. Típica ligada a una praxis de enriquecimiento de sentidos.

3.- Supone una doxa compartida. Es algo subjetivo-relativo, determinado-indeterminado, pero con una objetividad que permite predicaciones no idealizadas.

4.- Es un mundo de evidencias originales con un horizonte de experiencia posible, que implica una normalidad, es decir, no hay todavía en este análisis partición de lo humano por mitologías en cuanto reduplicaciones de sentido, que estarían en la base de los círculos culturales en sentido estricto.

5.- Es una totalización sintética, con operaciones ligadas y abiertas, validaciones disponibles y renovadas (fungierenden Geltungen), con confirmaciones-denegaciones constantes. Unidad de una diversidad de experiencias infinitamente abiertas.

6.- Si bien la certeza está dada, el horizonte no está dado, ni cabe anticiparlo como proyecto.

7.- Es lo idéntico a aquello de que se habla: flujo de una lengua general, interpretable en la generalidad empírica.

8.- Supone una espacio-temporalidad objetiva, con simultaneidad y sucesividad continua.

9.- En el mundo vivido los otros sujetos son implicados intencionales de mi vida intencional original.

El mundo vivido es compartido intersubjetiva e interobjetivamente en el mismo espacio de referencia y en el mismo curso temporal continuo. Este presente simultáneo se extiende hacia atrás y hacia adelante, en forma de recuerdos y expectativas, conformando la realidad humana. A la posicionalidad actual, hay que añadir lo anterior y lo posterior. Lo pasado y lo anticipado constituyen uno y el mismo mundo objetivo, y ese mundo vivido puede considerarse como mundo de vida (Lebenswelt) de la humanidad. La Lebenswelt es el mundo al que se accede con anterioridad a cualquier ciencia. El mundo objetivo queda igualado con el mundo de la vida en cuanto comunidad completa de comunicación posible. El mundo vivido pasa a ser mundo de la vida en cuanto campo de batalla entre el enfoque de las ciencias humanas y el enfoque de las ciencias naturales.

[Los dinamismos y efectuaciones de la subjetividad en la constitución del espacio.]

Nos centraremos ahora en cómo se constituye la espacialidad en este mundo de la vida[10]. La afirmación provocadoramente anticopernicana, pero no ptolemaica, de que “la tierra (arkhé originaria) no se mueve”[11] significa que la fenomenología ha reconocido un hecho de la máxima radicalidad, que la realidad entera ha dejado de ser simplemente cósmica para pasar a ser realidad humana[12] y, a su vez, ha dejado de ser omnigea para ser geolocal.

El argumento de Husserl nos muestra el acceso a otra espacialidad, a otro nivel de espacialidad distinto del espacio copernicano en el que, evidentemente, la tierra se mueve. Esa espacialidad, exterioridad sin puntos ni distancias, es necesaria para que los cuerpos “funcionen”. La idea de espacio con la que hemos vivido es una idea en la que han confluido la ciencia clásica y la actitud naturalista. Es una idea de espacio práctica que implica nociones claras (puntos, instantes, distancias, simultaneidad) y que, sin embargo, resulta confusa. En escalas donde las actitudes clásicas no valen, cuando consideramos el espacio exterior desde el interior del Leib, del cuerpo vivido, hay que tener en cuenta los diferentes niveles de espacialidad y espacialización.

A la irreversibilidad, sucesividad y continuidad temporal, en implicación mutua, les corresponden ahora la exclusión, la exterioridad, y la distancia, también en relación de implicación. En el caso del espacio, es el juego de la inclusión/exclusión lo que hace la espacialización, el hacerse del espacio. En la serie fenomenológica distinguimos tres niveles de espacio: espacialización, espacialidad como exterioridad y espacialidad como distancia. Hay que distinguir tres niveles de espacialidad, aunque, en rigor, uno es de espacialización y los otros dos de espacialidad, en conjugación con lo que ocurre con el tiempo.

Hay, en contraposición con el hacerse del espacio y el tiempo, una espacialidad y temporalidad ya hechas, como espacio métrico, con puntos y distancias, conjugado con el tiempo continuo de presentes, siendo la simultaneidad la que liga la continuidad espacial a la temporal. En resonancia con este espacio, que denominamos diastemático, hay una espacialidad de orientación. Si la temporalidad espaciada, de mera sucesión, es mediadora entre la temporalización y la temporalidad de presentes, así también hay una espacialidad de mediación, la espacialidad de orientación, que media entre la espacialización y el espacio métrico de distancias de las operaciones intersubjetivas en el mundo efectivo.

[El espacio de intermediación.]

La mayor dificultad se encuentra en esa extraña configuración de espacialidad temporalizada sin distancias y de temporalidad espacializada sin presentes, esa espacialidad/temporalidad central y mediadora, donde se da la orientación y donde se distingue la interioridad de la exterioridad. Aparece de este modo el papel central de mediación de la espacialidad de orientación, donde se manifiesta la interioridad frente a una exterioridad dimensionada, sin que esa espacialidad necesite el anclaje de unas distancias fijas.

Clásicamente, a este espacio se le ha denominado lugar, tópos, pero podemos hablar de un espacio de intermediación como espacio topológico, o espacio de situación, de sinere, asignar un lugar, con sus dos funciones básicas de orientación y exteriorización. Esta topología fenomenológica se corresponde en otro nivel con la topología matemática, con sus nociones precisas de entorno abierto, vecindad, puntos límites o de acumulación, conjuntos cerrados, clausura, frontera, etc. La espacialidad diastásica o topológica es la que intermedia entre la espacialidad diastemática métrica y la espacialización de mera alteridad.

La suspensión y la inversión de lo natural rompen la continuidad aparente de la scala naturæ, dando lugar a una escala fenomenológica, con sus niveles fenomenológicos. Sólo entonces la espacialidad se escinde en una espacialidad de orientación y otra métrica. La espacialidad topológica de orientación anima, desde dentro, la espacialidad métrica de distancias. Sólo la consideración del espacio de intermediación como espacio topológico (orientación-localización-exterioridad) permitirá que el espacio métrico intersubjetivo “aguante” la llamada “primera idealización”, la generalización eidética de la típica, sin que el mundo vivido pierda su capacidad de absorción de la “segunda idealización”, la eidética científica.

Si la Tierra “no se mueve” y si el Leib “no se mueve”, no habrá una geografía naturalista, sino una geografía fenomenológica: la Tierra como suelo de la intersubjetividad. En lugar de un centro absoluto de coordenadas, tenemos un centro de orientación y, previo al espacio medible según dimensiones exactas, tenemos direcciones privilegiadas de acción: aproximación-lejanía, derecha-izquierda, arriba-abajo, Norte-Sur. El espacio de orientación sigue siendo un espacio transposible volcado hacia el futuro como la temporalidad espaciada.

La espacialidad topológica que media entre la espacialización y el espacio objetivo, es un espacio de orientación, no de coordenadas; un espacio de lugares, no de distancias, y un espacio en el que se abre la interioridad frente a la exterioridad. La orientación la impone la Tierra que se manifiesta como suelo, no como cuerpo que se mueve. Es por la Tierra por lo que el movimiento de sus partes o de otros cuerpos tiene sentido. Si la Tierra, en este espacio de intermediación, no es cuerpo sino suelo, es que hay una connivencia entre ella y el “reposo” o “movimiento” absolutos de los cuerpos que habitan en ella. Ahí tiene sentido nuestra Vida en el Sur. En ese caso, no hay distancias desde un centro privilegiado, sino direcciones privilegiadas desde un centro de orientación cuyo aquí absoluto es un topos, un lugar. Los ejes de orientación del cuerpo son previos a los ejes cartesianos de la espacialidad del siguiente nivel[13]. Además de espacio de orientación, el espacio intermedio es un espacio de lugar. Si la Tierra no es un cuerpo, sino que sólo tiene partes implícitas como cuerpos, es, sin embargo, un sistema de lugares. Husserl habla de la unificación en un solo lugar-suelo de una multiplicidad de lugares-suelos, de lugares-hogares

[El nivel de la interfacticidad. Comunidad fenomenológica.]

¿Hay un aquí privilegiado? El aquí absoluto es, paradójicamente, un “interior” exterior. Y precisamente ese aquí absoluto como lugar privilegiado nos proporciona la tercera característica de este espacio de intermediación, la interioridad, después de la orientación y la localidad. Sólo la visión naturalista concibe vulgarmente lo psíquico como interior. Tal “interioridad” sería puramente espacial, natural. La interioridad del Leib no es sino su lugar, el límite inmóvil, aunque insituable en el espacio, que envuelve al Leibkörper. Ese lugar “interior” envuelve “exteriormente” al cuerpo. Se cruzan la interioridad-exterioridad del espacio de distancias y la interioridad-exterioridad del espacio de lugares. Como el Leib no es un cuerpo, la noción aristotélica de lugar como límite inmóvil inmediato de un todo físico, se rompe, y el Leib como lugar desborda el cuerpo para ir al encuentro de otros aquíes absolutos como lugares análogos en una comunidad humana, más allá de la comunidad intersubjetiva de egos operatorios. Para esa comunidad “interfáctica” concreta de singulares no egoicos es el Sur nuestro punto cero de espacialización, conectado con la multiplicidad de los caminos de sentido como comunidad completa de comunicación posible, como una subjetividad colectiva in fieri, haciéndose.

[Inconsciente simbólico.]

El espacio de esta comunidad es un espacio compartido en interfacticidad, donde comienza el procedimiento de construcción conjunta de sentidos desde un inconsciente puramente fenomenológico a un inconsciente simbólico. Hay que derivar el inconsciente simbólico de este inconsciente fenomenológico. Cuando la subjetividad anónima, no egoica, aterriza en el territorio simbólico, con identidad y de mayor intencionalidad, se produce la inserción concreta y singular del sujeto en la institución simbólica. Es el paso, difícil, de la singularidad fenomenológica a la singularidad simbólica, trastienda inconsciente donde se elabora minuciosamente el sentido. En el inconsciente simbólico se produce la sedimentación de un núcleo de hábitos que al consolidarse el sentido se han instituido prematuramente «sin haber sido vividos». Es una especie de intriga simbólica que propende a la repetición y a su institucionalización apresurada en una comunidad cuyo índice climático tiene ya las señas simbólicas del Sur.

[La deriva fenomenológica de la geografía.]

La aportación de la geografía fenomenológica es, entonces, significativa, al menos para distinguir un nivel de espacialidad diferente de la espacialidad del mundo vivido después de la reducción. En este sentido nos atrevemos a decir que pensar la geografía como ciencia exige partir inexcusablemente de una descripción fenomenológica del espacio. De este modo, los conceptos de espacio, paisaje, región, territorio y lugar aparecen asociados, no a una espacialidad diastemática, también objetiva, tridimensional, con puntos y distancias, sino a un espacio temporalizado diastásico, que es justamente la exterioridad frente a la interioridad, la espacialidad topológica estricta donde aparece el índice climático del Norte y el Sur.

La geografía, aun manteniéndose en un estadio naturalista, fenomenológicamente ingenuo, ha acabado rompiendo tales nociones confusas y naturales, iniciando un movimiento “regresivo” que guarda grandes concomitancias y correspondencias con las configuraciones de los niveles fenomenológicos[14]. Superando el estadio “clásico”, la geografía debe delimitar las configuraciones que exceden el espacio diastemático, inscribiéndose claramente en niveles que se corresponden con los niveles fenomenológicos de exterioridad o de mera alteridad. Esto quiere decir que ya no son de recibo ni la actitud “filosofista” de aquellos para los que la geografía es una reflexión humanista sobre la posibilidad de acceder a modos subjetivos del conocimiento, ni la actitud “cientifista” de aquellos para los que no hay más conocimiento efectivo que el “positivo”. En las nuevas ciencias, que superan el estadio clásico, hay resultados que se corresponden con las configuraciones establecidas en la serie fenomenológica, de ahí la necesidad de una nueva geografía, una geografía fenomenológica, aún por hacer, y que tiene en la vida del sur su mundo de la vida.

 

[1] Álvarez Falcón, L. “América Latina y la Fenomenología del Sur”, en EIKASIA, Revista de Filosofía, n. 94, julio 2020.

[2] Janssen, P. «Einleitung», en Husserl, E, Die Idee der Phänomenologie, Fünf Vorlesungen, Hrg. u. eing. Walter Biemel. Husserliana vol. II, Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1973. p. IX. Vid. Biemel, W. «L´idée de la phénomenologie chez Husserl», en Écrits sur la Phénoménologie, Ed. Ousia, Bruxelles, 2009; pp. 21-46.

[3] Biemel, W. «Edmund Husserl. Persönliche Aufzeichnungen», en: Philosophy and Phenomenological Research, XVI, 1956, pp. 293 y ss. La agenda se encuentra en el Archivo bajo la signatura X x 5.

[4] Husserl, E. Philosophie als strenge Wissenschaft, editado por Wilhelm Szilasi, Vittorio Klostermann, Frankfurt am Main, 1965.

[5] Husserl, E. Ideen zu einer reinen Phänomenologie und phänomenologischen Philosophie. Allgemeine Einführung in die reine Phänomenologie, Max Niemeyer Verlag, Tübingen, 1993. Traducción al español: Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica, traducción de D. José Gaos, Fondo de Cultura Económica, México, 1997.

[6] Sánchez Ortiz de Urbina, R. «¿Fenomenología del Sur?», en EIKASIA, Revista de Filosofía, n. 95, septiembre, 2020.

[7] Husserl, E. Die Krisis der europäischen Wissenschaften und die transzendentale Phänomenologie, Einleitung in die Phänomenologische Philosophie, Editado por W. Biemel, Husserliana vol. VI, Beilage XXVIII. Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1969. Traducción al español: Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina.

[8] Álvarez Falcón, L. «Ortodoxia fenomenológica, fenomenología arquitectónica y estromatología», en VV.AA. Anuario Colombiano de Fenomenología. Volumen IX. Compiladores: Julio César Vargas Bejarano, Jeison Andrés Suárez Astaiza, Volumen IX, Colombia, 2017.

[9] Husserl, E. La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, trad. Julia V. Iribarne, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2008, p. 220.

[10] Sánchez Ortiz de Urbina, R. Estromatología. Teoría de los niveles fenomenológicos, Brumaria-Eikasia, Madrid, 2014, p. 405-425.

[11] Husserl, E. Umsturz der kopernikanischen Lehre in der gewöhnlichen weltanschaulichen Interpretation. Die Ur-Arche Erde bewegt sich nicht. Grundlegende Untersuchungen zum phänomenologischen Ursprung der Köperlichkeit der Räumlichkeit der Natur in ersten naturwissenschaftlichen Sinne. Alles notwendige Anfangsuntersuchungen, Texto D 17 (1934), en Marvin Farber (ed.), Philosophical Essays in Memory of Edmund Husserl, Cambridge (Mass.), 1940, pp. 307-325. Traducción francesa: L´arche-originaire Terre ne se meut pas. Recherches fondamentales sur l´origine phénoménologique de la spatialité de la nature, trad. D. Franck, en La Terre ne se meut pas, Paris: Minuit, 1989. Traducción española: La Tierra no se mueve, trans. Agustín Serrano de Haro, Madrid: Facultad de Filosofía, Universidad Complutense, 1995.

[12] Sánchez Ortiz de Urbina, R. op. cit. p. 383.

[13] Richir, M. “L’espace lui-même: libres variations phénoménologiques”, Épokhè, nº 4, 1994, p. 161.

[14] Santos, M. Por uma geografia Nova, Editora da Universidade de São Paulo, 6ª edición, São Paulo, 2004.

 

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Fenomenología, espacio y geografía2021-04-20T09:36:48+02:00

Fenomenología de la danza

2021-03-26T13:19:01+01:00

Fenomenología de la danza

Aproximación fenomenológica a la danza y a sus formas de representación

En los años 2014 y 2015 se celebraron en España dos congresos internacionales sobre Film de Danza. Los resultados de ambas investigaciones se publicaron con el patronazgo del Centre Coreogràfic de Dénia y del EATIM de Jesús Pobre, Alicante, España, interviniendo la Universidad de Zaragoza (UNIZAR) y la Universidad Politécnica de Valencia (UPV).

Seis años después, como resultado de la actualidad y vigencia de esta indagación, les presentamos dos de las intervenciones del área de fenomenología y teoría estética,  publicadas en edición bilingüe español-inglés y que abarcan la aproximación fenomenológica al cuerpo, a la danza y a su reproducción en forma de film.

Danza 1

 

Cuerpo, danza y espacialización. Diez tesis sobre una aproximación fenomenológica a la corporeidad en la danza y en sus formas de representación

Body, Dance and Spatialization. Ten Theses on a Phenomenological Approach to the Corporeality of Dance and its Forms of Representation

TEXTO COMPLETO 1

Danza 2

 

Arte y danza. Necesidad, estabilidad y trascendencia

Art and dance. Necessity, stability and transcendence

TEXTO COMPLETO 2

En el actual contexto teórico, dadas las evoluciones de la filosofía, del arte y de la sociedad, resulta urgente retomar las consideraciones sobre la función lúdica, reactiva, subversiva y representativa del cuerpo en la constitución de nuestra realidad; de su espacialización y de su temporalización, de su afectividad y de su simbolización, tanto en la esfera de lo privado como en la de lo público, siendo el nexo radical de unión en la imagen intersubjetiva de la sociedad contemporánea.

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Fenomenología de la danza2021-03-26T13:19:01+01:00

Espacio, geografía y mundo de la vida

2021-01-07T20:45:39+01:00

Fenomenología del sur.

Espacio, geografía y mundo de la vida

[Conferencia impartida en Belém, Estado de Pará. Brasil. 23/10/2020]

 

 

Ejercicio y representación. ― Los presupuestos fenomenológicos del mundo de la vida en el sur. ― Los dinamismos y efectuaciones de la subjetividad en la constitución del espacio. ― El espacio de intermediación. ― El nivel de la interfacticidad. Comunidad fenomenológica. ― Inconsciente simbólico. ― La deriva fenomenológica de la geografía.

Fenomenología del sur no es un concepto geográfico. Es un concepto estrictamente fenomenológico. Su distinción implica dilucidar lo que entendemos por “vida en el sur”, comprometiendo tanto el estatuto epistemológico de la filosofía fenomenológica como las concepciones contemporáneas de la geografía y el desarrollo histórico de la cultura en los mundos del sur. Plantear así este genitivo, “del sur”, implica una relación de posesión o pertenencia, expresa el todo del que se extrae una parte. Como concepto fenomenológico no debe conducir sólo a una lectura fragmentaria, regional, local, sino que debe evitar su abdicación como sistema, aunque sea como un sistema oculto, y quizá no formulable.

La filosofía fenomenológica debe exponer la vida como sistema sin anular la vida. Desde el mundo de la vida al imaginario colectivo, el sur, su tonalidad y su colorido afectivo determinan una transmisión diversa que da sentido a la presencia de una determinada corriente filosófica. La génesis de la fenomenología en América Latina y en el sur de Europa es diferenciable en su desarrollo por múltiples factores y aspectos. Estos factores y aspectos han quedado expuestos en una aproximación historicista y culturalista que adolece de un cierto prejuicio naturalista, amparado por una herencia positivista y un culturalismo aglutinante, inevitable en la narración de los acontecimientos de la filosofía en el sur[1].

[Ejercicio y representación.]

El éxito, auge y fracaso de las diferentes sistematizaciones y corrientes teóricas en América Latina (escolástica, liberalismo, positivismo, marxismo, estructuralismo, etc.), que se concretan en una determinada lengua filosófica y en una lectura histórico-crítica, se unen al amplio problema de las fórmulas filosóficas, a la oscilación inevitable entre el ejercicio y la representación, y al inevitable carácter sistemático de la filosofía. Las cosas mismas, ¿son representables? ¿Qué significa una fórmula filosófica? Hay una oscilación insalvable entre su ejercitación y su representación, entre lo que los escolásticos llamaban signación (in actu signato) y lo que llamaban ejercicio (in actu exercito). La fenomenología no es una fórmula expresada en definiciones. Husserl califica la filosofía como telos unitario e intento sistemático, pero su discurrir entraña lo que en otros momentos hemos calificado como “mirada fenomenológica”; un ejercicio no tematizado de experiencia previo a todo intento de sistematización y que debe aspirar a representarse como sistema.

La obra de Husserl es el más claro exponente de esta vieja dicotomía entre el ejercicio y la representación. En la introducción de Paul Janssen a la edición alemana de La idea de la fenomenología se habla de una crisis existencial en Husserl[2]. El 25 de septiembre de 1906, tal como Walter Biemel menciona en el año 1947, en su introducción a la mencionada La idea de la fenomenología, Husserl hace explícita esta tensión:

“Sin dilucidar, en rasgos generales, el sentido, la esencia, los métodos, los puntos de vista capitales de una crítica de la razón; sin haber pensado, esbozado, averiguado y demostrado un bosquejo general de ella, yo en verdad no puedo vivir sinceramente. Bastante he probado los suplicios de la oscuridad, de la duda que vacila de acá para allá. Tengo que llegar a íntima firmeza. Sé que se trata de algo grande, inmenso; sé que grandes genios han fracasado en la empresa”[3].

La “duda que vacila de acá para allá” muestra la imposibilidad de convertir en sistema su formulación filosófica. Sabemos que los esfuerzos programáticos de Husserl, sus intentos de resituación sistemática no fueron vanos, y que desembocaron en dos publicaciones centrales: el texto programático Filosofía como ciencia estricta[4] de 1911 e Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica[5] de 1913. Son los continuos, y siempre insuficientes, intentos de búsqueda de una exposición completa, aunque imposible, de la fenomenología, y que nos mostrarán la honda preocupación del pensador de Friburgo por una definitiva, aunque inalcanzable, resituación sistemática de su filosofía. El objetivo último de la fenomenología será ejercitar y representar, ser capaz de repetir algo sin que su fórmula se convierta en un texto sacralizado, pero sin renunciar al sistema. Tal como he dicho en otras ocasiones, hablamos de ese zu den Texten selbst (a los textos mismos) que parece sustituir perversamente al original zu den Sachen selbst (a las cosas mismas).

Paradójicamente, en su última obra, la Krisis, Husserl volverá a la dicotomía ejercicio y representación en un excepcional apéndice (Beilage XXVIII) que cierra el círculo de su ingente empresa filosófica y que aporta luz al sentido de la fenomenología de la vida en el sur. Citaremos en toda su extensión este texto en la traducción de Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina[6]:

“Seamos más claros. Lo que yo pretendo bajo el título de Filosofía, como meta y campo de mi trabajo, es algo que naturalmente yo sé. Y, sin embargo, no lo sé. ¿Quién es el auto-pensador a quien este “saber” le ha bastado siempre? ¿Quién es aquel para quien, en su vida de filósofo, la “filosofía” ha dejado de ser un enigma? Enigma, es decir, el sentido teleológico que llamamos “filosofía”, a cuya realización ha dedicado su vida empleando ciertas fórmulas expresadas en definiciones. Pero sólo los pensadores de segundo orden que, en realidad, no deberían ser llamados filósofos, descansan en sus definiciones, matando con sus conceptos verbales el telos problemático del filosofar. Lo histórico está metido en ese “saber” oscuro como en los conceptos verbales de las fórmulas; lo histórico es, en su sentido propio, la herencia espiritual del que filosofa; y es evidente que incluye también a los otros con los que está en conexión y filosofa en amistad o enemistad críticas. Y, filosofando así, está también en conexión consigo mismo, con su manera anterior de entender y hacer filosofía; sabiendo que, en este proceso, la tradición histórica, tal como la ha entendido y utilizado, no ha dejado nunca de intervenir para motivarlo espiritualmente. La imagen de la historia que se hace, en parte formada por sí mismo, en parte recibida, su “poema de la historia de la filosofía”, sabe que es algo fijo y no fijo; y, sin embargo, cada “poema” le sirve, y puede servirle para comprenderse a sí mismo y a su proyecto en relación con el proyecto de los otros y con su “poema”; y le sirve finalmente para comprender lo común a todos: la filosofía como telos unitario y como intento sistemático de cumplir el sentido para todos, en conexión con los filósofos del pasado (en tanto que podamos dar de ese pasado versiones poéticas con sentido para nosotros)”[7].

Este fragmento final de la obra de Husserl nos descubre la continua duda y el irresoluble dilema que siempre acompañó a su empeño como filósofo y al programa de una filosofía fenomenológica futura. El pensador dedicó su vida a la realización de la filosofía, empleando ciertas “fórmulas” expresadas en definiciones. El asunto que preocupaba a Husserl era el de estas fórmulas filosóficas, el de la oscilación inevitable entre el ejercicio y la representación, y el del inevitable carácter sistemático de toda filosofía. Sus continuos meandros filosóficos, como si de un caudaloso río se tratase, van dibujando la resistencia a la sistematización y su propia exigencia, al igual que muestran la necesidad de una formulación como ejercicio frente a la solidez infecunda de las definiciones y a la sacralización de los textos. Los manuscritos estenografiados de Lovaina, el Kleingeld, la “calderilla”, y los intentos infructuosos de sistematización son la expresión de la dicotomía ejercicio y representación, y contra lo que pudiera haber parecido en un principio, los textos programáticos de Husserl bloquean, en general, el desarrollo de la fenomenología, el despliegue de la idea de intencionalidad, que es más evidente en los manuscritos de investigación[8].

“Emplear ciertas fórmulas expresadas en definiciones”, tal como Husserl señala en la Krisis, ha sido la dedicación de su vida. Sin embargo, sólo “los pensadores de segundo orden”, expresión muy contundente en este contexto, que, en realidad, no deberían ser llamados filósofos, descansan en sus definiciones, “matando con sus conceptos verbales el telos problemático del filosofar”. La conclusión de Husserl es definitiva y presenta el gran problema de la Fenomenología. La solidificación de los textos, de sus definiciones, el zu den Texten selbst (a los textos mismos), no corresponde al Dichtung de la filosofía, a “fórmulas expresadas en definiciones”, a la expresión de su ejercicio más allá de su representación. Sin embargo, es preciso ser capaz de repetir algo sin que su fórmula se convierta en un texto sacralizado y sin renunciar al sistema.

La Fenomenología del sur se convierte en una formulación, en una composición filosófica en la que descansa un sistema oculto, una tarea común, un telos unitario y un intento sistemático. Si esta propuesta no fuera más que una noción geográfica, estaríamos hablando de un eslogan propagandístico. La suma de las aproximaciones fenomenológicas que se formulan en los países del sur geográfico no da como resultado una fenomenología del sur. Es necesario indagar en la posibilidad de un sistema oculto que no descansa ni en fórmulas evidentes ni en textos sacralizados; un saber oscuro, no formulable, que no reposa en definiciones y que se muestra ante el ejercicio de la “mirada fenomenológica”.

La Fenomenología del sur es ese Dichtung de la historia de la filosofía al que alude Husserl, la búsqueda desesperada de lo común, del sentido para todos, que se muestra en una oscilación entre el ejercicio y su representación y que resuena en el mundo de la vida en tanto mundo intencional de objetos que supone observar, operar, recordar, imaginar, compartir. Mundo vivido no homogéneo sino modulado con anterioridad a la diversidad de los círculos culturales, contribuyendo esta misma modulación a su capacidad englobante de absorción en una universalidad borrosa típica donde resuena la universalidad de lo puramente humano.

[Los presupuestos fenomenológicos del mundo de la vida en el sur.]

El factum previo es un modo de descripción que alude al mundo de la vida (Lebenswelt) en una amplia extensión del término. El mundo vivido debe estar en la base misma de esta formulación espacial, topológica, geográfica. No habría disritmia si no fuese porque en la experiencia básica del mundo vivido, la universalidad puramente eidética es gestionada por referencia a otra universalidad, no eidética: la universalidad propiamente humana de una comunidad. Esta comunidad de singulares, no sustantivable sin embargo, en una acepción naturalista y metafísica, ni como pueblo, ni como nacionalidad, ni como especie humana, ni como humanidad, es previa a cualquier intento de substrucción, de substruere, poner un cimiento innecesario, en el sentido de basamento para obtener una superficie en terreno accidentado. El mundo de la vida en el sur es este terreno accidentado, sobre el que se han ido depositando capas sedimentadas de sentido, institucionalizado simbólicamente y descrito en múltiples aproximaciones teóricas reduccionistas. Estas aproximaciones han constituido un ejercicio histórico-social por el que este mundo se ha constituido como tal, en un ejercicio crítico por el que deberíamos estar obligados a acceder a las cosas mismas en todo su esplendor y materialidad.

Esta posición central del mundo vivido como globalización básica hace que esa configuración suya de mundo de objetos compartidos con sus operaciones, con una universalidad borrosa típica, equidiste, por decirlo así, de otro tipo de universalidad, nada borrosa, pero muy diferente: el estrato donde se elaboran los sentidos, el nivel específicamente fenomenológico, donde se generan y deshacen interminablemente esbozos de sentidos, donde se dan las impresiones realmente originarias, desde donde se piensa, y donde se establece la universalidad de lo humano. Dice Husserl en la Krisis: “La intersubjetividad universal en la que se acaba resolviendo toda objetividad, es decir, toda síntesis, todo ser en general, no puede ser manifiestamente ninguna otra más que la humanidad que innegablemente es una parte componente del mundo”[9].

Podríamos resumir los presupuestos de este mundo vivido de la siguiente forma:

1.- Excluye un a priori universal previo. Es decir, no hay una ontología general, sino simplemente materia.

2.- Constituye una típica, no una eidética. Tipo es lo morfológicamente correcto y reconocible, coherente, familiar. Típica ligada a una praxis de enriquecimiento de sentidos.

3.- Supone una doxa compartida. Es algo subjetivo-relativo, determinado-indeterminado, pero con una objetividad que permite predicaciones no idealizadas.

4.- Es un mundo de evidencias originales con un horizonte de experiencia posible, que implica una normalidad, es decir, no hay todavía en este análisis partición de lo humano por mitologías en cuanto reduplicaciones de sentido, que estarían en la base de los círculos culturales en sentido estricto.

5.- Es una totalización sintética, con operaciones ligadas y abiertas, validaciones disponibles y renovadas (fungierenden Geltungen), con confirmaciones-denegaciones constantes. Unidad de una diversidad de experiencias infinitamente abiertas.

6.- Si bien la certeza está dada, el horizonte no está dado, ni cabe anticiparlo como proyecto.

7.- Es lo idéntico a aquello de que se habla: flujo de una lengua general, interpretable en la generalidad empírica.

8.- Supone una espacio-temporalidad objetiva, con simultaneidad y sucesividad continua.

9.- En el mundo vivido los otros sujetos son implicados intencionales de mi vida intencional original.

El mundo vivido es compartido intersubjetiva e interobjetivamente en el mismo espacio de referencia y en el mismo curso temporal continuo. Este presente simultáneo se extiende hacia atrás y hacia adelante, en forma de recuerdos y expectativas, conformando la realidad humana. A la posicionalidad actual, hay que añadir lo anterior y lo posterior. Lo pasado y lo anticipado constituyen uno y el mismo mundo objetivo, y ese mundo vivido puede considerarse como mundo de vida (Lebenswelt) de la humanidad. La Lebenswelt es el mundo al que se accede con anterioridad a cualquier ciencia. El mundo objetivo queda igualado con el mundo de la vida en cuanto comunidad completa de comunicación posible. El mundo vivido pasa a ser mundo de la vida en cuanto campo de batalla entre el enfoque de las ciencias humanas y el enfoque de las ciencias naturales.

[Los dinamismos y efectuaciones de la subjetividad en la constitución del espacio.]

Nos centraremos ahora en cómo se constituye la espacialidad en este mundo de la vida[10]. La afirmación provocadoramente anticopernicana, pero no ptolemaica, de que “la tierra (arkhé originaria) no se mueve”[11] significa que la fenomenología ha reconocido un hecho de la máxima radicalidad, que la realidad entera ha dejado de ser simplemente cósmica para pasar a ser realidad humana[12] y, a su vez, ha dejado de ser omnigea para ser geolocal.

El argumento de Husserl nos muestra el acceso a otra espacialidad, a otro nivel de espacialidad distinto del espacio copernicano en el que, evidentemente, la tierra se mueve. Esa espacialidad, exterioridad sin puntos ni distancias, es necesaria para que los cuerpos “funcionen”. La idea de espacio con la que hemos vivido es una idea en la que han confluido la ciencia clásica y la actitud naturalista. Es una idea de espacio práctica que implica nociones claras (puntos, instantes, distancias, simultaneidad) y que, sin embargo, resulta confusa. En escalas donde las actitudes clásicas no valen, cuando consideramos el espacio exterior desde el interior del Leib, del cuerpo vivido, hay que tener en cuenta los diferentes niveles de espacialidad y espacialización.

A la irreversibilidad, sucesividad y continuidad temporal, en implicación mutua, les corresponden ahora la exclusión, la exterioridad, y la distancia, también en relación de implicación. En el caso del espacio, es el juego de la inclusión/exclusión lo que hace la espacialización, el hacerse del espacio. En la serie fenomenológica distinguimos tres niveles de espacio: espacialización, espacialidad como exterioridad y espacialidad como distancia. Hay que distinguir tres niveles de espacialidad, aunque, en rigor, uno es de espacialización y los otros dos de espacialidad, en conjugación con lo que ocurre con el tiempo.

Hay, en contraposición con el hacerse del espacio y el tiempo, una espacialidad y temporalidad ya hechas, como espacio métrico, con puntos y distancias, conjugado con el tiempo continuo de presentes, siendo la simultaneidad la que liga la continuidad espacial a la temporal. En resonancia con este espacio, que denominamos diastemático, hay una espacialidad de orientación. Si la temporalidad espaciada, de mera sucesión, es mediadora entre la temporalización y la temporalidad de presentes, así también hay una espacialidad de mediación, la espacialidad de orientación, que media entre la espacialización y el espacio métrico de distancias de las operaciones intersubjetivas en el mundo efectivo.

[El espacio de intermediación.]

La mayor dificultad se encuentra en esa extraña configuración de espacialidad temporalizada sin distancias y de temporalidad espacializada sin presentes, esa espacialidad/temporalidad central y mediadora, donde se da la orientación y donde se distingue la interioridad de la exterioridad. Aparece de este modo el papel central de mediación de la espacialidad de orientación, donde se manifiesta la interioridad frente a una exterioridad dimensionada, sin que esa espacialidad necesite el anclaje de unas distancias fijas.

Clásicamente, a este espacio se le ha denominado lugar, tópos, pero podemos hablar de un espacio de intermediación como espacio topológico, o espacio de situación, de sinere, asignar un lugar, con sus dos funciones básicas de orientación y exteriorización. Esta topología fenomenológica se corresponde en otro nivel con la topología matemática, con sus nociones precisas de entorno abierto, vecindad, puntos límites o de acumulación, conjuntos cerrados, clausura, frontera, etc. La espacialidad diastásica o topológica es la que intermedia entre la espacialidad diastemática métrica y la espacialización de mera alteridad.

La suspensión y la inversión de lo natural rompen la continuidad aparente de la scala naturæ, dando lugar a una escala fenomenológica, con sus niveles fenomenológicos. Sólo entonces la espacialidad se escinde en una espacialidad de orientación y otra métrica. La espacialidad topológica de orientación anima, desde dentro, la espacialidad métrica de distancias. Sólo la consideración del espacio de intermediación como espacio topológico (orientación-localización-exterioridad) permitirá que el espacio métrico intersubjetivo “aguante” la llamada “primera idealización”, la generalización eidética de la típica, sin que el mundo vivido pierda su capacidad de absorción de la “segunda idealización”, la eidética científica.

Si la Tierra “no se mueve” y si el Leib “no se mueve”, no habrá una geografía naturalista, sino una geografía fenomenológica: la Tierra como suelo de la intersubjetividad. En lugar de un centro absoluto de coordenadas, tenemos un centro de orientación y, previo al espacio medible según dimensiones exactas, tenemos direcciones privilegiadas de acción: aproximación-lejanía, derecha-izquierda, arriba-abajo, Norte-Sur. El espacio de orientación sigue siendo un espacio transposible volcado hacia el futuro como la temporalidad espaciada.

La espacialidad topológica que media entre la espacialización y el espacio objetivo, es un espacio de orientación, no de coordenadas; un espacio de lugares, no de distancias, y un espacio en el que se abre la interioridad frente a la exterioridad. La orientación la impone la Tierra que se manifiesta como suelo, no como cuerpo que se mueve. Es por la Tierra por lo que el movimiento de sus partes o de otros cuerpos tiene sentido. Si la Tierra, en este espacio de intermediación, no es cuerpo sino suelo, es que hay una connivencia entre ella y el “reposo” o “movimiento” absolutos de los cuerpos que habitan en ella. Ahí tiene sentido nuestra Vida en el Sur. En ese caso, no hay distancias desde un centro privilegiado, sino direcciones privilegiadas desde un centro de orientación cuyo aquí absoluto es un topos, un lugar. Los ejes de orientación del cuerpo son previos a los ejes cartesianos de la espacialidad del siguiente nivel[13]. Además de espacio de orientación, el espacio intermedio es un espacio de lugar. Si la Tierra no es un cuerpo, sino que sólo tiene partes implícitas como cuerpos, es, sin embargo, un sistema de lugares. Husserl habla de la unificación en un solo lugar-suelo de una multiplicidad de lugares-suelos, de lugares-hogares

[El nivel de la interfacticidad. Comunidad fenomenológica.]

¿Hay un aquí privilegiado? El aquí absoluto es, paradójicamente, un “interior” exterior. Y precisamente ese aquí absoluto como lugar privilegiado nos proporciona la tercera característica de este espacio de intermediación, la interioridad, después de la orientación y la localidad. Sólo la visión naturalista concibe vulgarmente lo psíquico como interior. Tal “interioridad” sería puramente espacial, natural. La interioridad del Leib no es sino su lugar, el límite inmóvil, aunque insituable en el espacio, que envuelve al Leibkörper. Ese lugar “interior” envuelve “exteriormente” al cuerpo. Se cruzan la interioridad-exterioridad del espacio de distancias y la interioridad-exterioridad del espacio de lugares. Como el Leib no es un cuerpo, la noción aristotélica de lugar como límite inmóvil inmediato de un todo físico, se rompe, y el Leib como lugar desborda el cuerpo para ir al encuentro de otros aquíes absolutos como lugares análogos en una comunidad humana, más allá de la comunidad intersubjetiva de egos operatorios. Para esa comunidad “interfáctica” concreta de singulares no egoicos es el Sur nuestro punto cero de espacialización, conectado con la multiplicidad de los caminos de sentido como comunidad completa de comunicación posible, como una subjetividad colectiva in fieri, haciéndose.

[Inconsciente simbólico.]

El espacio de esta comunidad es un espacio compartido en interfacticidad, donde comienza el procedimiento de construcción conjunta de sentidos desde un inconsciente puramente fenomenológico a un inconsciente simbólico. Hay que derivar el inconsciente simbólico de este inconsciente fenomenológico. Cuando la subjetividad anónima, no egoica, aterriza en el territorio simbólico, con identidad y de mayor intencionalidad, se produce la inserción concreta y singular del sujeto en la institución simbólica. Es el paso, difícil, de la singularidad fenomenológica a la singularidad simbólica, trastienda inconsciente donde se elabora minuciosamente el sentido. En el inconsciente simbólico se produce la sedimentación de un núcleo de hábitos que al consolidarse el sentido se han instituido prematuramente «sin haber sido vividos». Es una especie de intriga simbólica que propende a la repetición y a su institucionalización apresurada en una comunidad cuyo índice climático tiene ya las señas simbólicas del Sur.

[La deriva fenomenológica de la geografía.]

La aportación de la geografía fenomenológica es, entonces, significativa, al menos para distinguir un nivel de espacialidad diferente de la espacialidad del mundo vivido después de la reducción. En este sentido nos atrevemos a decir que pensar la geografía como ciencia exige partir inexcusablemente de una descripción fenomenológica del espacio. De este modo, los conceptos de espacio, paisaje, región, territorio y lugar aparecen asociados, no a una espacialidad diastemática, también objetiva, tridimensional, con puntos y distancias, sino a un espacio temporalizado diastásico, que es justamente la exterioridad frente a la interioridad, la espacialidad topológica estricta donde aparece el índice climático del Norte y el Sur.

 

La geografía, aun manteniéndose en un estadio naturalista, fenomenológicamente ingenuo, ha acabado rompiendo tales nociones confusas y naturales, iniciando un movimiento “regresivo” que guarda grandes concomitancias y correspondencias con las configuraciones de los niveles fenomenológicos[14]. Superando el estadio “clásico”, la geografía debe delimitar las configuraciones que exceden el espacio diastemático, inscribiéndose claramente en niveles que se corresponden con los niveles fenomenológicos de exterioridad o de mera alteridad. Esto quiere decir que ya no son de recibo ni la actitud “filosofista” de aquellos para los que la geografía es una reflexión humanista sobre la posibilidad de acceder a modos subjetivos del conocimiento, ni la actitud “cientifista” de aquellos para los que no hay más conocimiento efectivo que el “positivo”. En las nuevas ciencias, que superan el estadio clásico, hay resultados que se corresponden con las configuraciones establecidas en la serie fenomenológica, de ahí la necesidad de una nueva geografía, una geografía fenomenológica, aún por hacer, y que tiene en la vida del sur su mundo de la vida.

 

[1] Álvarez Falcón, L. “América Latina y la Fenomenología del Sur”, en EIKASIA, Revista de Filosofía, n. 94, julio 2020.

[2] Janssen, P. «Einleitung», en Husserl, E, Die Idee der Phänomenologie, Fünf Vorlesungen, Hrg. u. eing. Walter Biemel. Husserliana vol. II, Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1973. p. IX. Vid. Biemel, W. «L´idée de la phénomenologie chez Husserl», en Écrits sur la Phénoménologie, Ed. Ousia, Bruxelles, 2009; pp. 21-46.

[3] Biemel, W. «Edmund Husserl. Persönliche Aufzeichnungen», en: Philosophy and Phenomenological Research, XVI, 1956, pp. 293 y ss. La agenda se encuentra en el Archivo bajo la signatura X x 5.

[4] Husserl, E. Philosophie als strenge Wissenschaft, editado por Wilhelm Szilasi, Vittorio Klostermann, Frankfurt am Main, 1965.

[5] Husserl, E. Ideen zu einer reinen Phänomenologie und phänomenologischen Philosophie. Allgemeine Einführung in die reine Phänomenologie, Max Niemeyer Verlag, Tübingen, 1993. Traducción al español: Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica, traducción de D. José Gaos, Fondo de Cultura Económica, México, 1997.

[6] Sánchez Ortiz de Urbina, R. «¿Fenomenología del Sur?», en EIKASIA, Revista de Filosofía, n. 95, septiembre, 2020.

[7] Husserl, E. Die Krisis der europäischen Wissenschaften und die transzendentale Phänomenologie, Einleitung in die Phänomenologische Philosophie, Editado por W. Biemel, Husserliana vol. VI, Beilage XXVIII. Martinus Nijhoff, The Hague, Netherlands, 1969. Traducción al español: Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina.

[8] Álvarez Falcón, L. «Ortodoxia fenomenológica, fenomenología arquitectónica y estromatología», en VV.AA. Anuario Colombiano de Fenomenología. Volumen IX. Compiladores: Julio César Vargas Bejarano, Jeison Andrés Suárez Astaiza, Volumen IX, Colombia, 2017.

[9] Husserl, E. La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, trad. Julia V. Iribarne, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2008, p. 220.

[10] Sánchez Ortiz de Urbina, R. Estromatología. Teoría de los niveles fenomenológicos, Brumaria-Eikasia, Madrid, 2014, p. 405-425.

[11] Husserl, E. Umsturz der kopernikanischen Lehre in der gewöhnlichen weltanschaulichen Interpretation. Die Ur-Arche Erde bewegt sich nicht. Grundlegende Untersuchungen zum phänomenologischen Ursprung der Köperlichkeit der Räumlichkeit der Natur in ersten naturwissenschaftlichen Sinne. Alles notwendige Anfangsuntersuchungen, Texto D 17 (1934), en Marvin Farber (ed.), Philosophical Essays in Memory of Edmund Husserl, Cambridge (Mass.), 1940, pp. 307-325. Traducción francesa: L´arche-originaire Terre ne se meut pas. Recherches fondamentales sur l´origine phénoménologique de la spatialité de la nature, trad. D. Franck, en La Terre ne se meut pas, Paris: Minuit, 1989. Traducción española: La Tierra no se mueve, trans. Agustín Serrano de Haro, Madrid: Facultad de Filosofía, Universidad Complutense, 1995.

[12] Sánchez Ortiz de Urbina, R. op. cit. p. 383.

[13] Richir, M. “L’espace lui-même: libres variations phénoménologiques”, Épokhè, nº 4, 1994, p. 161.

[14] Santos, M. Por uma geografia Nova, Editora da Universidade de São Paulo, 6ª edición, São Paulo, 2004.


 

Espacio, geografía y mundo de la vida2021-01-07T20:45:39+01:00
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